sábado, 27 de abril de 2024

1970. Dom V B Yo soy la vid y vosotros los sarmiento

1970. Dom V B  Yo soy la vid y vosotros los sarmiento  

Jn 10,8-18

Texto

1Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador. 

2A todo sarmiento que no da fruto en mí lo arranca, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto. 3Vosotros ya estáis limpios por la palabra que os he hablado; 4permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. 

5Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada. 6Al que no permanece en mí lo tiran fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen y los echan al fuego, y arden. 7Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que deseáis, y se realizará. 8Con esto recibe gloria mi Padre, con que deis fruto abundante; así seréis discípulos míos.

 

Hermanos:

1. Estamos en el domingo V de Pascua; ya hemos pasado la raya de la mitad de los cincuenta días de Pascua. Hemos contemplado a Jesús Resucitado en sus apariciones, primeros tres domingos pascuales; hemos escuchado a Jesús Buen Pastor que guía a su Iglesia, así el domingo pasado; y hoy y los domingos siguientes vamos a escuchar palabras de despedida que Jesús dice en la Cena.

La primera lectura es de los Hechos de los Apóstoles, y en Pascua nunca se lee el Antiguo Testamento, para significar que las promesas están cumplidas; los Hechos de los Apóstoles nos cuentan cómo nace la Iglesia comenzando en Jerusalén, cómo se va expandiendo por las regiones vecinas hasta llegar a Roma, donde se acaba el libro, sin llegar a narrar el martirio de Pedro y de Pablo. En estas lecturas de los Hechos vamos viendo cómo vive en unidad la Iglesia en Jerusalén, cómo nacen los ministerios al servicio de la caridad, cómo comienza la misión, cómo llega a los confines de la tierra.

Centrémonos en el Evangelio.

2. El Evangelio de san Juan, sin querer hacer de menos a ninguno de los Evangelios anteriores, que ya estaban escritos, adopta un tono distinto. Jesús habla con graves sentencias, en un estilo de revelación, de entrada a un conocimiento misterioso que se ofrece a los iniciados, a nosotros que hemos recibido el Espíritu Santo en el bautismo. Para uno que no es creyente y discípulo de Jesús, seguramente que el Evangelio de san Juan no le dice nada. Le parecerá como una elucubración espiritual, digna de respeto, y casi como un libro esotérico. Tampoco podrá aceptar los otros tres libros que nos hablan de la vida de Jesús. Pero el Cuarto Evangelio, así llamado el Evangelio de san Juan, tiene ese carácter de revelación que trae Jesús.

 

3. La alegoría de la vid es justamente eso. Es la revelación de la intimidad de Jesús con el Padre – tema que atraviesa todo el Evangelio – intimidad a la que somos invitados todos nosotros, sus discípulos. Jesús vive en unidad plena con el Padre, hasta el grado de decir: “Yo y el Padre somos uno”, y nosotros de hemos de vivir en unidad y fusión con Jesús, “permaneciendo” en él y a través de él con el Padre. “Permanecer” es una palabra que se repite hasta siete veces en la sección de este Domingo.

Este pasaje de hoy podemos resumirlo en dos frases o mensajes centrales:

Jesús es la Vid y mi Padre es el viñador.

Jesús es la Vid y nosotros los sarmiento.

Tratemos de recibir lo que el Señor nos quiere comunicar. Bien es cierto que cada uno recibe la Palabra de Dios con unos perfiles que quizás el otro ni los puede sospechar.

1Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador. El labrador, exactamente el que trabaja la tierra, en este caso el que cultiva la viña, el viñador. Nunca se le había dado a Dios este nombre.

Jesús es la vid “verdadera”. Pero ¿es que hay alguna vid que sea falsa? La vid o es lo que es o no es vid. Al decir “verdadero” Jesús nos quiere elevar a otro plano de realidades. Lo mismo cuando nos dice que él es el verdadero pan de la vida. El pan de la mesa es pan, de mejor o peor calidad, pero es pan, pero si nos dice que él es el pan verdadero, nos quiere hablar de otro pan, de otra alimentación, de otra vida.

Pues lo mismo aquí. Jesús es la vid, pero no la vid de estos viñedos. La vid que cultivan los viñadores nos sirve de referencia para hacer una alegoría de realidades diferentes, verdaderas y sublimes. Y la primera aplicación que Jesús hace en esta alegoría es así, hablando el trabajo del Padre: 2A todo sarmiento que no da fruto en mí lo arranca, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto.

Un sarmiento que no dé frutos que no dé su racimo, está de sobra: ¡Fuera! Pero si este sarmiento, si esta vid, está dando fruto, hay que podarla; hay que meterle la podadera e ir cortando y cortando para que dé fruto. Es muy delicado el trabajado de podar, y si uno no ha trabajado mucho en la vid no puede ser podador, porque hará un estropicio. Al podar con la podadera la vid sufre, pierde en apariencia y hasta se queda fea; pero si no se hace esta tarea, la vid no dará esos racimos recios y fragantes, a los que está destinada.

3. Hermanos, la lección es más que evidente. Tiene que venir la podadera en nuestra vida para que demos frutos sólidos y sabrosos. Los escritos sagrados, y en concreto la Carta los Hebreos nos dice que Jesús por el sufrimiento humano aprendió la obediencia y llegó a la perfección; fue “consumado” – esta es la palabra – por el sufrimiento. Eso le hacía ser hermano nuestro en todo.

A lo mejor el sufrimiento nos viene por la maldad humana, por la injusticia. No importa; detrás está la mano de Dios. Hace falta mucha fe para verlo así. Porque a lo mejor hasta tengamos que luchar contra esa injusticia que no debiera existir.

Otras veces el sufrimiento viene sin saber por qué, sin culpa de nadie: un niño que nace con una malformación de unos padres ejemplares en todo sentido; un cáncer en el cuerpo, sin ningún abuso de comida o bebida que pueda explicarlo. ¿Por qué, por qué, Dios mío? Un abandono que se ha producido, una muerte que nadie esperaba. ¿Por qué, Dios mío? ¿En qué te he ofendido? No es eso; Dos te ha sometido a la prueba porque te ama y quiere que des más fruto: que tu fe sea más pura, que tu amor sea más entregado.

Esto es, pues, una primera aplicación de la alegoría. Pero sigamos más adentro, que no es menos importante.

4. 5Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada. Esa es la segunda parte de esta alegoría.

Hasta podríamos decir que todo el Evangelio de san Juan gira en torno a este pensamiento: nuestra unión total en Jesús, para que por nuestra unión con él alcancemos la unión total con Dios, con el Padre, y así se abre en nuestra vida el mundo infinito de las realidades divinas. Quien a Dios tiene, nada le falta; solo Dios basta, escribió en unos versos sencillos santa Teresa, que sin duda los cantaban las hermanas.

El sarmiento sin la cepa es nada, porque de la cepa recibe la savia que va a nutrir los racimos. El cristiano, separado de Jesús, es nadie, porque sin mí no podéis hacer nada.

Esta unión con Jesús tiene dos características:

Es a una unión recíproca: yo con él y él conmigo. ¿Es un matrimonio? Es más; el poder divino que nos une nos compenetra totalmente, como no puede acontecer en ningún matrimonio de la tierra.

Y además Jesús nos da una palabra que repite y repite. Esta unión se llama “permanecer”. Es una unión que lo unifica todo y da pleno sentido a nuestra vida, pues Dios lo envuelve todo.

Acaso estamos empleando un lenguaje que llamarán místico, pero la realidad es así.

Pero aquí no termina. Hay una aplicación o derivación increíble: 7Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que deseáis, y se realizará.

¿Esto quiere decir que si yo tengo un ser querido muy enfermo y pido la curación, esa curación se va a producir? No es precisamente ese el sentido, porque quizás esa misma enfermedad, e incluso la muerte, es una gracia especialísima que Dios le está concediendo. Lo que Jesús nos está diciendo es que si hay entre él y yo una unión perfecta, han desaparecido todos los miedos, y sus quereres son los míos y los míos los suyos. Cuando hay plena confianza no hay permisos que pedir. Tú ya sabes que puedes disponer de lo mío, como tuyo. Esto es lo que Jesús nos está diciendo.

Hermanos, estamos hablando no con un lenguaje moralizador, sino con un lenguaje de perfectos. Pero estamos leyendo simplemente el Evangelio que la Iglesia nos propone.

Terminemos simplemente.

Señor Jesús, tú eres la vid y yo soy el sarmiento unido a ti. Que nunca me separe de ti, para que mi vida sea un racimo sabroso para deleite tuyo, mío, y de mis hermanos. Amén, aleluya.

Cuautitlán Izcalli, sábado, 27 de abril de 2024.

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