Jesús: solo Dios es bueno
Perspectiva
Ayer fue Pentecostés (24 mayo 2015) y
hoy hemos reanudado el tiempo ordinario, tomando la ruta donde la dejamos antes
de iniciar la Cuaresma. Comenzamos hoy la semana octava del tiempo ordinario;
la cadena se proseguirá hasta la semana 34.
Tomando el hilo de la “lectio continua”
de los Evangelios de las 34 semanas (que es el ciclo anual Marcos – Mateo –
Lucas), hoy corresponde la perícopa de “El hombre rico”: Mc 10,17-31. El hombre
rico que ha guardado los mandamientos “desde mi juventud” (v. 20), o “el joven”
rico según Mt 19,20; o “el dignatario” rico según Lc 18,18: “uno de los jefes”.
La teología de la
llamada “vida consagrada”
Una página esplendorosa del Evangelio
desde donde hay que trabajar la teología de la vida que llamamos “vida
consagrada” (si bien toda vida cristiana es vida consagrada desde el bautismo)
no como un “plus”, una categoría superior de la vida cristiana, sino como una
exigencia específica que puede brotar en el corazón de un cristiano, de una
cristiana, como expresión en él de la totalidad de la alianza. La alianza, que
es el modo específico en que Dios se nos ha revelado, tiene dentro una
vitalidad inexhausta. Amar al Señor, tu
Dios, “con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas” (Deut
6,5) ensancha el corazón a lo infinito; todo cabe en ese ángulo abierto que
arranca en el punto original de la Alianza. Yo seré vuestro Dios y vosotros
seréis mi pueblo; así es para todo discípulo de Jesús. Las consecuencias personales
aparecerán según el don del Espíritu.
Jesús viene a decirle: No hay ideal
superior a la Alianza proclamada por Dios, pero he aquí que esa Alianza “a ti”
te está insinuando algo: vende lo que
tienes, dalo a los pobres y sigueme. Eso que sientes dentro, es verdad:
hazlo. El hombre no tuvo valor, porque era rico, y en vez de marcharse liberado
en el ejercicio de su libertad, se marchó frustrado de sí mismo y triste.
Desde estos planteamientos vitales habrá
que iniciar la teología concreta de la vida consagrada.
Maestro bueno
No era este pensamiento el que hoy
provoca mi reflexión, sino que quisiera adentrarme, de algún modo, en esa
proclamación soberana de Jesús: “No hay nadie bueno más que Dios”.
El hombre que se acerca a Jesús conquistó de
repente el corazón de Jesús. “Jesús se le quedó mirando, lo amó y le dijo: Una
cosa te falta…”
Esta reacción amorosa de Jesús – que luego va a ser
desengaño – no es una equivocación, no es una falta de visión y de psicología…
Sería aberrante el tachar a Jesús, visto lo visto, de optimista ingenuo. Aquel
hombre de un pasado íntegro y de horizontes bellos merece nuestra admiración,
puesto que tuvo la de Jesús.
Según esto hemos de valorar la interpelación para
entrar en diálogo: “Maestro bueno…” Por supuesto no es un cumplido; no es una
cortesía mundana; es una intuición en profundidad de algo que ha percibido el
hombre en Jesús. Ha visto la bondad. A un Maestro se le pide Sabiduría, más
bien que Bondad. Aquí la Bondad cobija la Sabiduría.
El Maestro que ha aparecido es el “Maestro Bueno”.
Si es bueno, será sabio, porque la Bondad de Dios es la Sabiduría de Dios.
Hemos entrado en un círculo divino para apreciar la
fuente que hemos alcanzado. Jesús es el maestro Bueno, Jesús es el Maestro
Sabio, Jesús es el maestro de Dios.
Si una exégesis crítico-literaria no dispone de
recursos para definir estos perfiles de la interpelación-invocación, nos
estamos adentrando en el texto con unos parámetros de fe que nos posibilitan
hablar así.
Solo Dios es bueno: perfiles del
Dios único de Jesús
Jesús esquiva – o acaso rechaza – el apelativo de
“Bueno”.
Un texto sorprendente, porque aparecería que con
esta negativa queda disminuido el honor de Jesús, igual al Padre, como aparece
en otros textos evangélico.
Ha habido, pues, escrúpulos dogmáticos para cambiar
la frase y hacer que en Mateo quede transformada de este modo: “¿Por qué me
preguntas qué es bueno? Uno solo es Bueno” (Mt 19,17).
Esto quiere decir que el texto de Marcos, que
produce cierta fricción, hay que dejarlo como ésta. Anotemos tres matices:
El primer, Jesús remite a Dios, desviando la
atención de sí. Dios es el absoluto original.
En segundo lugar Jesús proclama que Dios es Bueno.
En tercer lugar, Jesús añade que solo Dios merece
el nombre de Bueno; en concreto: “No hay nadie bueno más que Dios”.
Aquí comenzaría nuestra reflexión para “hipotizar”
(si así podemos hablar) sobre por dónde va la Teología de Jesús. He aquí unos
puntos que nos pueden poner en ruta, en la caravana de todos los buscadores de
Dios.
1. El Dios de Jesús es el Dios de Israel, el Dios
de la Alianza; no es otro Dios que él se haya encontrado, se haya inventado en
sus reflexiones místicas. El Dios de la Alianza tiene esta nota primigenia:
solo es conocido, porque ha entrado en el ámbito de la historia. Dios existe,
existiendo en mí, amándome a mí, volcándose en mí. El Otro sería un Dios inventado,
referencia de nuestros oscuros miedos, de las culpabilidades que nos agarrotan.
El Dios de la Alianza es el Dios de voluntad amorosa, que expulsa de su círculo
el miedo; es el Dios que da seguridad y esperanza.
2. Ese Dios, del que Jesús habla con suma
reverencia, está proclamando de modo pleno el sentido de la humanidad de
Cristo. Si Dios es el solo Bueno, el solo digno de adoración, Jesús-Hombre es
la apertura total a ese Dios.
3. Ante ese Dios hay que quitar a la humanidad,
incluida la humanidad de Jesús, el calificativo de Bueno. El área donde habita
el único Bueno es Dios mismo; no alguien fuera de Dios. Toda otra bondad que el
hombre descubra será siempre participada y fluyente de la Bondad divina. De
hecho Dios ha vertido su única Bondad en el mundo creado. “Y vio Dios que era
bueno” (Gn 1,10 y vv. sucesivos).
La Bondad de Dios está en el mero hecho de
revelarse, de darse a conocer al hombre, de alguna manera saliendo Dios de sí
mismo en la historia. Dios es Bueno porque se da a sí en el hecho de darse a
conocer. Su Bondad va derramada en su propio conocimiento.
4. El que Jesús excluya toda otra Bondad fuera de
Dios, está diciendo que su vida está del todo consagrada a esa Bondad, que él
adora, en la cual se sumerge y que él recibe. La Bondad de Dios es la vida de
Jesús de Nazaret. como judío orante ha gustado el salmo del Buen Pastor (Sal
23), Pastor “hermoso”. Y ha podido saborear el último versículo del salmo: “La
Bondad (exactamente Lo Bueno, tob) y
la Piedad (hesed) me perseguirán
todos los días de mi vida” (v. 6ª). La Bondad de Dios – el Dios Bueno – nos
persigue, nos acompaña, se adhiere a nosotros… todos los días de mi vida.
5. El Dios de Jesús es el “solo Dios”. Y así
aparecerá en el final de la escena: “Es imposible para los hombres, no para
Dios. Dios lo puede todo” (Mc 10.27). con esta frase, de corte al exterior tan
negativo, Jesús traslada al hombre a la órbita del poder divino. Y diremos:
Todo lo que nosotros podemos, pasar a ser participación del poder divino. El
poder es gratuidad; nuestro poder es la fuerza de la gratuidad de Dios. La
frase de Jesús se explica con otro dicho de sus labios. “Si algo puedes, ten
compasión de nosotros y ayúdanos” (Mc 9,22), le había dicho el padre del hijo
con un espíritu inmundo. Y Jesús, que pro su abandono sentía en sí todo el
poder de Dios, le respondió: “¿Si puedo? Todo es posible al que tiene fe” (v.
23). Palabra que se interpreta: Dios puede todo en favor del que tiene fe. Esa
fe-abandono tiene su lugar originario en la actitud reverencial y amorosa de Jesús
frente a Dios.
6. En suma, el Dios de Jesús es el único Dios
verdadero, por ser “el solo Dios”. Lo cual nos reclama para reconfigurar toda
nuestra vida desde Dios y para Dios. Dios es la vida fontanal de toda vida; más
aún, sin caer en el panteísmo, que diluye a Dios, Dios es nuestra vida.
7. Ante ese Dios Jesús va a exponer al hombre, que
era rico, las exigencias que brotan de la Alianza. Realmente Dios se nos abre a
lo infinito.
Nota: Este artículo ha sido un poco ampliado - enriquecido - después de haberlo puesto ayer..
