Al Espíritu, herencia de la Pascua
Esta tarde de Pentecostés, al remate de las
Vísperas, la rúbrica del libro de la Liturgia de las Horas nos advertía: “Terminadas las II Vísperas del domingo de
Pentecostés, concluye el tiempo pascual”.
Después de haber gustado persistentemente durante siete
semanas tan bellos, bellísimos… texto, una cierta nostalgia envolvía el alma.
¿Por qué se tiene que acabar el tiempo de Pascua…? Pero al vida es un “cursus”
hacia el encuentro… y también la Pascua rueda año tras año.
Ahora bien, para nuestro consuelo hemos de saber
dos cosas:
- que todo domingo es Pascua,
- y que toda la liturgia lo que celebra como
realidad central y fontanal es el misterio pascual de Cristo, desde el que todo
fluye.
Por tanto, pasó la Pascua, sí para “vivir en Pascua”.
El Espíritu ha venido mística y sacramentalmente a nuestros
corazones. El Espíritu es la herencia de la Pascua.
Al Espíritu de Jesús, a quien llamamos Espíritu Santo,
le dedicamos este himno, herencia de la Pascua.
Abierto a lo infinito, yo te
adoro,
Espíritu de amor y de belleza,
que moras en mi alma y la
fecundas,
haciéndola capaz de tu presencia.
Nací para ser tuyo eternamente,
partícipe ya hoy de tu
excelencia;
Espíritu de gracia y de unidad
que en toda perfección se
transparenta.
Espíritu dulcísimo, que eres,
para llegar a Dios la bella senda,
y en Dios revelación, confín
abierto,
mi paz, mi libertad, mi dicha
llena.
Espíritu en mi vida, día a día,
sorpresa y la verdad de una
promesa;
y de la santa Iglesia esposa y
madre
al corazón divina confidencia.
Espíritu, perenne y pura Pascua,
regalo de Jesús hasta su vuelta,
mi ser entero se abre cual
regazo,
y de tu inmenso amor lleno se
queda.
¡En ruta, hermano, en gloria y
alabanza
a Dios, que es nuestra historia
verdadera!
¡Bendita Trinidad que nos habita
y está anunciando la morada
eterna!
Guadalajara,
Jalisco, 24 mayo 2015, al terminar las II Vísperas de Pentecostés
No hay comentarios:
Publicar un comentario