Jesucristo,
Único, Sumo y Eterno Sacerdote
Nota introductoria
La
Fiesta de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote se celebra el jueves siguiente a
Pentecostés. No es una fiesta del calendario universal de la Iglesia, sino una
fiesta que la Santa Sede concede (así lo ha manifestado) a las Iglesias particulares
que lo soliciten.
El que
fue arzobispo de Valencia Mons. José María Lahiguera es el Fundador de las
Oblatas de Cristo Sacerdote junto con la Madre María del Carmen Hidalgo de
Caviedes y Gómez. Mons. Lahiguera (cuya causa de canonización está introducida)
antes y durante el Concilio trabajó porque esta fiesta la introdujera la
Iglesia como fiesta del Calendario universal. “se dirige por escrito a la
Comisión Conciliar de Liturgia e, incluso en la intervención que tuvo en el
Aula Conciliar del esquema sobre los sacerdotes el 25 de octubre de 1965 –en la
que habló de la responsabilidad de los obispos, de la dirección espiritual de
los sacerdotes, de los ejercicios espirituales–, llegó a proponer ‘como monumento
litúrgico del Concilio la institución de la Fiesta de Cristo Sacerdote’. Esta
propuesta fue rubricada por 194 Padres Conciliares, de los cuales cinco eran
Cardenales. En principio la propuesta no prosperó, pero como la Instrucción
para la aplicación de la Constitución Conciliar sobre la Sagrada Liturgia de 24
de junio de 1970 permitía a las congregaciones religiosas solicitar la
aprobación de los textos litúrgicos de su Titular, se elaboraron los textos
para la Misa y la Liturgia de las Horas de Cristo Sacerdote, que fueron
aprobadas por la Sagrada Congregación para el Culto Divino por rescripto de 21
de diciembre de 1971” (Sitio de Internet Cruzada por Cristo según consulta del
día de hoy, 28 mayo 2015).
Para España
se solicitó el año 1973. “Por fin el 5 de julio de 1973 la asamblea plenaria de
la Conferencia Episcopal Española, después de mucho trabajo, sufrimiento y
sobre todo oración suplicante y confiada por parte de Don José María, aprobó la
petición a la Santa Sede, que fijó su inserción con fecha 22 de agosto de 1973,
fijando su celebración en el jueves siguiente a la solemnidad de Pentecostés”
(De la misma fuente).
Es una
fiesta recibida igualmente en el Calendario de la Iglesia en México (véase en
el Apéndice del volumen III de la Liturgia de las Horas) y en otras parte.
Diré
con sencillez que dos de los tres himnos que tiene el Libro de las Horas son de
mi autoría. Son himnos escritos en marzo de 1980. Véase las circunstancias,
escritas entonces.
Añadamos
que la oposición de un sector a esta fiesta es debido (a mi parecer) a que el
contenido espiritual del sacerdocio de Cristo está, sin más, incluido en la
celebración de la pasión, Muerte y Resurrección del Señor.
Sólo el amor halló tal sacerdocio
“Para
la fiesta de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote, que en Navarra se celebraba en
las Esclavas de Cristo Sacerdote en Javier. Está firmado en Burlada, a 17 de
marzo de 1980. Se lo entregué a mi amigo José María Imízcoz, delegado del
clero, y lo leyó en la concelebración que compartimos en Javier en dicha
fiesta, después de la comunión. El
himno fue enviado a Mn. Pedro Farnés”.
Nota. Acerca de las Hermanas Oblatas de Cristo Sacerdote, hemso de decir que fueron fundadas el año de 1938.
Sobre José María Lahiguera: Su Causa fue introducida en 1992; en 2011 fueron aprobadas las virtudes heroicas. Es, por lo tanto, Venerable.
La Cofundadora Madre María del Carmen Hidalgo: nació en Madrid en 1913; murió en 2001. Su causa fue introducida el 14 de septiembre de 2013. Es, pro tanto la Sierva de Dios.
Nota. Acerca de las Hermanas Oblatas de Cristo Sacerdote, hemso de decir que fueron fundadas el año de 1938.
Sobre José María Lahiguera: Su Causa fue introducida en 1992; en 2011 fueron aprobadas las virtudes heroicas. Es, por lo tanto, Venerable.
La Cofundadora Madre María del Carmen Hidalgo: nació en Madrid en 1913; murió en 2001. Su causa fue introducida el 14 de septiembre de 2013. Es, pro tanto la Sierva de Dios.
Sólo el amor halló
tal sacerdocio:
el vino de la copa
ya no es vino,
el pan es hoy la
entrega de su cuerpo,
y en su nombre consagran
sus ministros.
No quiso recibir
aquella unción
que hacía
sacerdotes interinos;
no se purificó, no
entró en el Templo
con la sangre de
extraños sacrificios.
No vistió la
esplendente vestidura,
puesto en cruz, sin
honor y malherido;
ni dio la bendición
con gesto augusto
desde el altar,
muriendo entre bandidos.
El rito fue el amor
y la obediencia,
la ofrenda fue la
Pascua de sí mismo;
viviendo entre
nosotros fue Pontífice
y de sus días hizo
su servicio.
Gloria a ti,
Jesucristo, nuestro Hermano,
que fuiste
sacerdote compasivo;
intercede glorioso
ante tu Padre,
con quien vives y
reinas por los siglos. Amén.
Eres tú nuestro Pontífice
El
título que puse dice: Himno de Laudes a
Jesucristo, Sumo y Eterno sacerdote, con fecha de la Anunciación del Señor
de 1980 en Burlada (Navarra). Fue enviado a Mosén Pedro Farnés. Domingo Cols (organista
de la Catedral de Barcelona) le puso música.
Eres tú nuestro
Pontífice,
oh Siervo
glorificado,
ungido por el
Espíritu,
de entre los
hombres llamado.
Eres tú nuestro Pontífice,
Hijo de Dios
encarnado;
tu corazón es la
casa
de todos los
desgraciados.
Eres tú nuestro
Pontífice;
el culto de los
cristianos
tu palabra que
acontece
y el Cuerpo
santificado.
Eres tú nuestro
Pontífice,
el que tendiste la
amno
a la mujer rechazada
y al ciego
desamparado.
Eres tú nuestro
Pontífice;
moría en cruz
clavado
y abrías al senda
nueva
detrás del velo
rasgado.
Eres tú nuestro
Pontífice,
hoy junto al Padre
sentado;
hoy por la Iglesia
intercedes,
nacida de tu
costado.
Eres tú nuestro Pontífice;
¡Cristo, te
glorificamos!
(Que tu santo
rostro encuentre
digno de ti
nuestros cantos! Amén.
Tres Himnos a Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote,
con motivo de mis XXV años de ordenación sacerdotal (2 abril 1960),
escritos en Jerusalén en marzo de 1985
Herido del pecado voy buscando
(Oficio de lectura)
Nota previa. La Conferencia Episcopal Española – y otras
Conferencias del Episcopado universal (así la Conferencia Mexicana) – han
solicitado una celebración sacerdotal de Cristo en calidad de “fiesta”. Se hace
esta celebración en el jueves que sigue a Pentecostés.
Honrar
a Cristo Sacerdote con un día señalado puede tener como fruto espiritual para
los sacerdotes mayor afianzamiento en la vocación para la que han sido
elegidos, y para el pueblo cristiano mayor sensibilización de cara al gran
misterio del Sacerdocio de Cristo y del sacerdocio “ministerial” que él ha
otorgado a algunos miembros de la Iglesia.
* * *
El
sacerdocio es, de algún modo, un hecho universal en las religiones. El hombre
busca un mediador que facilite tener propicio a Dios. Esa experiencia honda del
ser humano retratan las tres primeras estrofas de este himno. El hombres,
consciente del pecado, busca, como sea, un agarradero, un hombre entre los
hombres señalado por Dios.
Buscamos
a alguien en quien pueda yo descargar la carga de mi culpa, en quien halle paz
que nadie me la robe, en quien pueda oír la palabra y oráculo de Dios y ver el
semblante del Creador.
¿Adónde
he de acudir, si entre los hombres no veo a ese a quien busco? Las tres
estrofas posteriores nos muestran a Cristo Sacerdote. La Carta a los Hebreos –
solo ella – llama a Cristo Sacerdote y propone una teología sacerdotal. De la
Carta a los Hebreos tomamos esa terminología aplicada a Cristo: eterno,
compasivo, Hermano.
El
sacerdocio de Jesús es para nosotros algo único: tú juntas en tu carne lo que
nadie jamás pudo ofrecer al dar sus dones.
En la
doxología se habla de la reconciliación del universo y de la sangre de Jesús,
términos que no son exclusivos del lenguaje sacerdotal, sino que pertenecen sin
más a la comprensión del misterio cristiano (cf. p.e. 2Co 5,19; 1Jn 1,7).
Herido del pecado
voy buscando
oráculo y ofrenda y
sacerdote;
¿en dónde, Creador,
está tu tienda
y a quién has
señalado entre los hombres?
Descargue yo la
carga de mi culpa
y tenga paz que
nadie me la robe,
y pueda percibir tu
voz segura
y ver tu amable faz
cuando es de noche.
¿A dónde he de
acudir, clamando ayuda,
en dónde está el
amor, decidme, en dónde?,
¿en dónde está la
sangre que me limpie,
el Santo que se
apiade de este pobre?
Eterno, compasivo,
dulce Hermano,
que vienes a morir
y nos socorres,
tú juntas en tu
carne lo que nadie
jamás pudo ofrecer
al dar sus dones.
¡Oh Cristo,
sacerdote y holocausto,
oráculo, verdad de
corazones,
oh Cristo vivo,
puente de mortales,
oh Dios de Dios, oh
Hombre sin reproche!
¡A ti que
conciliaste el universo
y en sangre tuya
hiciste nuevo el orbe,
a ti sea la gloria
eternamente,
a ti, Jesús, amor
de los amores! Amén.
Rufino María Grández (letra) – Fidel
Aizpurúa (música), capuchinos, Himnario
de las Horas. Editorial Regina, Barcelona 1990, pp. 159-162. (Para la música
anota el compositor: Cántese de modo tranquilo y lleno, de estilo totalmente
hímnico. Los otros dos himnos que siguen (Laudes y Vísperas) pueden ser
cantados con la misma melodía.
Pasó el sangriento valle de la muerte
(Laudes)
El
sacerdocio de Jesús se consuma en el paso (Pascua) de la muerte al Padre. Este
tránsito, esta entrada celeste, es el gozne de la teología de la Carta a los
Hebreos. En nuestra contemplación bien podemos unir los datos específicos de
una teología sacerdotal con la visión del Jesús pascual, matriz de todo el
pensamiento de la Iglesia.
Mirad
al Hombre: Ecce Homo! (Jn 19,5). Lo
vemos como sacerdote entrando en el santuario celeste, en la presencia del
Padre. Pero ¡qué diferencia con los sacerdotes antiguos! (estrofas segunda y
tercera).
Jesús
va al Padre “a través del velo” (Hb 10,20) y él mismo nos anuncia en qué
consiste su sacerdocio (estrofas cuarta y quinta).
Este
Jesús que nos habla es Jesús Resucitado, el Jesús de las apariciones. Mirad mis
manos llenas, ved mis llagas: “Les mostró las llagas y el costado” (Jn 20,20).
Jesús glorioso con su sacerdocio abraza al mundo: Mirad conmigo al mundo que yo
abrazo. Los hombres son sus hermanos – “no se avergüenza de llamarles hermanos”
(Hb 2,11) – y él se ha entregado sacerdotalmente para reunirlos a todos. Su
sacerdocio está ejercido en la Eucaristía: mirad mi bello cuerpo Eucaristía.
En la
doxología confesamos a Cristo como trono de la gracia según la expresión de Hb
4,16.
Pasó el sangriento
valle de la muerte
y al alba se
levanta embellecido;
¡mirad al Hombre,
ved al Sacerdote,
de gloria y blanca
túnica vestido!
No llevas en tus
manos la oblación,
cordero de inmolar
en sacrificio;
¿adónde vas,
ministro consagrado,
sin víctima mortal
para tu oficio?
No llevas el
incienso perfumado,
no agitas el
turíbulo encendido,
ni en agua de la
fuente te has bañado,
según al sacerdote
está prescrito.
Al Padre voy,
pasando tras el velo,
bañado fui en la
cruz de mi martirio;
mirad mis manos
llenas, ved mis llagas,
la víctima escogida
fui yo mismo.
Mirad conmigo al
mundo que yo abrazo,
mirad a mis
hermanos reunidos,
mirad mi bello
cuerpo Eucaristía
y ved conmigo al
Padre complacido.
¡Oh Cristo,
Sacerdote a quien miramos,
oh trono de la
gracia al que acudimos,
a ti suban las
laudes de la Iglesia,
cantando ya tu
gloria por los siglos! Amén
Rufino María Grández (letra) – Fidel
Aizpurúa (música), capuchinos, Himnario
de las Horas. Editorial Regina, Barcelona 1990, pp. 159-162. (Puede
cantarse con la mismo melodía que el del Oficio de lectura).
A la hora de la tarde en el Cenáculo
(Vísperas)
Los
fieles cristianos han meditado el misterio del sacerdocio de Cristo como
misterio del Cenáculo; y la Iglesia nos sigue exhortando en este sentido al dar
las orientaciones litúrgicas para la misa vespertina “in Coena Domini” el Jueves
Santo.
Ponemos
nuestros ojos en tres momentos del Cenáculo:
- El
lavatorio de los pies (estrofa segunda).
- La
entrega del pan y del vino (estrofa tercera).
- La
oración de Jesús (Jn 17), llamada en la exégesis, desde el siglo XVIII, “la
oración sacerdotal” (estrofa cuarta).
El
lavatorio de los pies, dándoles tu amor en diaconía ¿no es, en el fondo, el
misterio de la entrega sacerdotal? El misterio de ese lavatorio de Jesús es
inexhausto.
Jesús
entrega el pan y el vino con santas palabras y manda hacer el memorial;
aparecen los sacerdotes de la Nueva Alianza: sellados de poder para el servicio,
ministros sois de amor y Eucaristía.
La
oración de Jesús, oración sacerdotal, epíclesis de la Pasión, es el motivo para
que hoy de nuevo en la Iglesia (estrofa quinta) reunida esta tarde ruegue
conmovida a Jesús, el Buen Pastor, por sus sacerdotes.
A la hora de la
tarde en el Cenáculo
de amor augusto fue
la despedida;
en esa tu mirada,
en tu latido
la historia
universal se estremecía.
Bajaste hasta los
pies de los discípulos,
donándoles tu amor
en diaconía;
así también
vosotros, mis amigos,
el uno al otro daos
vuestra vida.
Tomad, comed mi
cuerpo, pan sabroso,
bebed el rojo vino,
sangre mía;
sellados de poder
para el servicio,
ministros sois de
amor y Eucaristía.
Y luego mi Señor
oró a su Padre,
cual Sumo Sacerdote
se ofrecía;
por ellos ruego, oh
Dios, oh Padre mío:
conságralos a ti
por mi agonía.
Aquí, Jesús, tu
Iglesia bienamada
en esta tarde ruega
conmovida:
bendícelos,
protégelos, condúcelos,
oh Buen Pastor que
nuestros pasos guías.
¡Oh Cristo,
Sacerdote para siempre,
invicto defensor de
tu familia,
la Iglesia te
confiesa, te da gracias,
y viéndote triunfar
se regocija! Amén.
Rufino María Grández (letra) – Fidel
Aizpurúa (música), capuchinos, Himnario
de las Horas. Editorial Regina, Barcelona 1990, pp. 159-162. (Puede
cantarse con la mismo melodía que el del Oficio de lectura).
Nuevo material véase en: mercaba.org / fr.
Rufino María Grández / El pan de unos versos / Año Sacerdotal en poesía.
(Guadalajara, Jal. 26 de mayo de 2015, Jesucristo
Sumo y Eterno Sacerdote).
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