Homilía en el domingo V de Pascua 2015
Sobre Jn 14,1-12
Observación oportuna:
Como podrá observar quien lea o escuche esta grabación (y lo advertimos en la misma
grabación), hay un error al seccionar como Evangelio del Domingo V de Pascua, año B,
el texto de Juan 14,1-12, que corresponde al año A.
Texto
evangélico:
«No se
turbe vuestro corazón, creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi
Padre hay muchas moradas; si no, os lo habría dicho, porque me voy a prepararos
un lugar. Cuando vaya y os prepare un lugar, volveré y os llevaré conmigo, para
que donde estoy yo estéis también vosotros.
Y adonde
yo voy, ya sabéis el camino».
Tomás le
dice: «Señor, no sabemos adonde vas, ¿cómo podemos saber el camino?».
Jesús le
responde: «Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por
mí. Si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre. Ahora ya lo
conocéis y lo habéis visto».
Felipe le
dice: «Señor, muéstranos al Padre y nos basta». Jesús le replica: «Hace tanto
que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha
visto al Padre. ¿Cómo dices tú: “Muéstranos al Padre”? ¿No crees que yo estoy
en el Padre, y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia.
El Padre, que permanece en mí, él mismo hace las obras. Creedme: yo estoy en el
Padre y el Padre en mí. Si no, creed a las obras.
En
verdad, en verdad os digo: el que cree en mí, también él hará las obras que yo
hago, y aun mayores, porque yo me voy al Padre. Y lo que pidáis en mi nombre,
yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo
Hermanos:
1. Los tres domingos últimos de la cincuentena
pascual – a saber, los domingos V, VI y VII – están dedicados al Cenáculo, a
las conversaciones que tiene Jesús con sus discípulos después de la Cena, que
concluyen con la solemne oración sacerdotal del Señor antes de entrar en su
Pasión. Esa majestuosa y confiada oración de Jesús es como la consagración de
su santa Muerte y Resurrección; con palabras especializadas de la liturgia
podríamos llamarla la “Epíclesis de la Pasión y Resurrección del Señor, del
Misterio pascual”.
Juntando el estilo de las conversaciones de Jesús
en la Cena, podríamos hablar de “la
espiritualidad del Cenáculo”.
¿Qué es lo que esto significa? Que con los
apóstoles toda la Iglesia ha entrado en el Cenáculo y escucha a su Señor que
habla. Jesús se dirige a nosotros. En realidad, si se han escrito estos
capítulos divinos, no es tanto como un recuerdo de lo que Jesús dijo, sino como
un testimonio de lo que Jesús está diciendo a nosotros, que somos su Iglesia,
la comunidad santa reunida en torno a su persona, ahora presente en la
Eucaristía, celebrando el culto dominical.
2. Esta espiritualidad del Cenáculo tiene un
protagonista. No es Jesús; mucho menos nosotros; es el Padre. Jesús se va al
Padre y tiene unas palabras últimas que decirnos. Estas palabras finales son
acerca de la vida que él va a vivir con el Padre y con nosotros. Se marcha,
pero se va a quedar de una manera diferente y más eficaz.
Jesús nos va a enseñar cómo hay una inmanencia
entre él y el Padre, entre el Padre y él; y esta fusión inmanente de vida entre
el Padre y él va ser la corriente de vida que se establece entre él y nosotros.
Todo esto es sublime y, al mismo tiempo, muy sencillo.
Además nos encontramos con una característica
sorprendente: que lo que dice Jesús – que es la más alta mística que pueda
pensarse – no lo dice para una élite de discípulos, sino para el discípulo como
tal, para mí, por ejemplo. Yo estoy llamado a esa comunión de vida con Jesús,
Hijo de Dios que marcha al Padre.
Muy en resumen, esto es “la espiritualidad del Cenáculo”,
que habría que perfilar y enriquecer en puntos particulares; por ejemplo, cuál
es la función que atribuye Jesús al Espíritu en la Iglesia, que inicia su
camino. y en el corazón de los discípulos.
3. Señor,
muéstranos al Padre y nos basta, le dice Felipe. Jesús responde con una
palabra de revelación: Hace tanto que
estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto
al Padre.
Esta es la inmanencia de que hablo: Jesús vive en
el Padre, el Padre vive en Jesús. La religión cristiana tiene este punto
particular que no lo tiene ninguna otra: que
Dios está en un hombre, porque este hombre es Dios. “Dios de Dios, luz de
luz, Dios verdadero de Dios verdadero”. Es el msiterio de la Encarnación que
resplandece, más que en Belén, en la pascua del Señor.
Así pues, nuestro Dios es Jesús. Desde otra
perspectiva a este Dios a quien adoramos podemos llamarle nuestro hermano.
4. Este Jesús Dios nuestro se marcha, y nos dice: Cuando vaya y os prepare un lugar, volveré y
os llevaré conmigo, para que donde estoy yo estéis también vosotros.
En este modo de hablar, la confianza llega a
límites que no conoce la experiencia humana. “Os llevaré conmigo”, dice la
traducción. El texto original del Evangelio parece sugerir algo más íntimo y
entrañable, más amoroso: Os llevaré hacia mí, junto a mí, como insinuando un
abrazo tiernísimo que nos va a dar Jesús en su vuelta.
Si tomamos estas palabras en serio, como hay que
tomarlas, se nos hace muy difícil,
imposible más bien, a quienes creemos en Jesús y hemos puesto nuestra vida en
él, introducir un lenguaje de temor, el lenguaje del infierno. Jesús dice que
se adelanta para prepararnos lugar; creámosle de corazón. Y ordenemos toda
nuestra vida de acuerdo a esta seguridad. Jesús ya me ha preparado y me ha
reservado un lugar junto a sí.
5. En este pasaje hay otra frase
absoluta que vamos a tratar de explicar: el que
cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aún mayores, porque yo me
voy al Padre.
En estas frases hay dos cosas que hemos de
distinguir:
Primera, que los creyentes en Jesús
haremos las mismas obras que sj realizó en este mundo. El campo de las
maravillas de Dios queda abierto para nosotros; lo que Jesús hizo lo podemos
hacer nosotros. Él expulsó demonios, él realizó milagros. Esos dones se los ha
dado a al Iglesia.
Segunda: y aún
mayores, porque yo me voy al Padre. La obra mayor que comenzó a hacer la Iglesia,
ya desde el principio, y que Jesús no pudo hacer fue la conversión del mundo.
Jesús actuó en un área reducidísima de kilómetros cuadrados. Inmediatamente la
Iglesia después de él, salió al mundo entero. Bien es verdad que, como dijo Juan
Pablo II en la encíclica “Redemptoris misio”, la misión de la Iglesia de cara
al mundo entero está en sus comienzos. Lo cual nos ha de animar totalmente a
entregar nuestra vida a la misión.
6. Hermanos, concluimos, y concluimos tendiendo nuestros
ojos a Jesús que vive en el Padre.
Señor Jesús,
tú estás junto al Padre y nos aguardas; tú nos has preparado y reservados
lugar: tú, que eres nuestro hermano, eres nuestro Dios en la tierra y en el
cielo. Nos juntamos a ti, porque en ti hemos encontrado la acogida del Padre,
su amor y su ternura eterna. Amén.
Guadalajara, sábado 2 de mayo de 2015.
No hay comentarios:
Publicar un comentario