domingo, 14 de febrero de 2016

776. Al eco de sus palabras (Visita del Papa Francisco a México) – La Casita

La casita

“Les agradezco que me reciban en esta Catedral, «casita», «casita» prolongada pero siempre «sagrada», que pidió la Virgen de Guadalupe, y por las amables palabras de acogida que me han dirigido

La necesidad de familiaridad habita en el corazón de Dios. Nuestra Señora de Guadalupe pide, pues, únicamente una «casita sagrada». Nuestros pueblos latinoamericanos entienden bien el lenguaje diminutivo –una casita sagrada- y de muy buen grado lo usan. Quizá tienen necesidad del diminutivo porque de otra forma se sentirían perdidos. Se adaptaron a sentirse disminuidos y se acostumbraron a vivir en la modestia.
La Iglesia, cuando se congrega en una majestuosa Catedral, no podrá hacer menos que comprenderse como una «casita» en la cual sus hijos pueden sentirse a su propio gusto. Delante de Dios sólo se permanece si se es pequeño, si se es huérfano, si se es mendicante. El protagonista de la historia de salvación es el mendigo.
«Casita» familiar y al mismo tiempo «sagrada», porque la proximidad se llena de la grandeza omnipotente. Somos guardianes de este misterio. Tal vez hemos perdido este sentido de la humilde medida divina, y nos cansamos de ofrecer a los nuestros la «casita» en la cual se sienten íntimos con Dios. Puede darse también que, habiendo descuidado un poco el sentido de su grandeza, se haya perdido parte del temor reverente hacia un tal amor. Donde Dios habita, el hombre no puede acceder sin ser admitido y entra solamente «quitándose las sandalias» (cf. Ex 3, 5) para confesar la propia insuficiencia” (El Papa Francisco a los Obispos en la Catedral de la Ciudad de México, 13 febrero 2016).

Una casita sagrada
son los ojos de María,
y a esta casita me vengo
cuando me voy a la Villa.

En esta casita santa
Dios está cerca, cerquita,
Dios está siempre dispuesto,
y puedo venir ahorita.

Dios es mi Padre, mi Dios,
mi verdadera familia,
mi Creador que me quiere,
con su ternura inifinita.

Puedo ser gran pecador
– no me dejes, Madrecita –,
mas si un día me desvío,
me acogerá mi casita.

De vocación soy pequeño,
gloria que nadie me quita,
y mi historia es muy preciosa,
por pequeña muy bonita.

Quitad de mi corazón
grandezas y vanas cuitas,
que lo mío es lo sencillo
como una flor margarita.

Vengan de nuevo al regazo
de la Virgen de la ermita;
así era el santuario
que pidió la Morenita.

No hay mexicano en el mundo
que no tenga aquí su cita,
la Madre es Madre de todos,
cada quien su comidita.

La casa de Nazaret,
muy limpia, pobre y chiquita,
esa es la Casa de Dios,
la que el Verbo necesita.

Es la Casa de la Iglesia:
¡vengan, a todos invita;
con confianza y reverencia
junto a la Madre bendita.

Nuestra casa es un  hogar
de sencillez y alegría;
los hijos somos hermanos
para servir sin envidia.

La casa tiene una reina
y hay flores en la mesita,
el amor nunca se apaga,
tampoco la lamparita.

Y también mi corazón
es casa en que Dios habita;
¿puedo tener el honor
de tu apreciada visita?

Rufino María Grández,

Misionero de la Misericordia

sábado, 13 de febrero de 2016

775. Al eco de sus palabras (Visita del Papa a México). La mirada de la Virgen


 La mirada de la Virgen:
le pido que me mire


El Papa, que ayer llegó a México, dijo a los 75 periodistas que le acompañaban en el avión: “Mi deseo más grande es detenerme ante la imagen de la Virgen de Guadalupe, este es un misterio que se estudia y se estudia pero no existen explicaciones humanas, incluso el estudio más científico dice que esto es una cosa de Dios".
Hoy ha sido recibido en el palacio presidencial, y al comienzo de su discurso ha dicho al Presidente Peña Nieto y a todas las autoridades y diplomáticos que allí estaban: 
"Le agradezco, señor Presidente, las palabras de bienvenida que me ha dirigido. Es motivo de alegría poder pisar esta tierra mexicanas que ocupa un lugar especial en el corazón de las Américas. Hoy vengo como misionero de misericordia y paz pero también como hijo que quiere rendir homenaje a su madre, la Virgen de Guadalupe, y dejarse mirar por ella". Al concluir  el discurso: "Y me pongo bajo la mirada de María, la Virgen de Guadalupe -le pido que me mire- para que, por su intercesión, el Padre misericordioso nos conceda que estas jornadas y el futuro de esta tierra sean una oportunidad de encuentro, de comunión y de paz". Era un discurso de estado, sorprendente.
.
A continuación ha ido a la catedral y, a puerta cerrada ha abierto su corazón a los obispos. Hemos leído luego su discurso: ¡bellísimo! Les ha hablado mil veces de la mirada de la Virgen: “Como hizo San Juan Diego, y lo hicieron las sucesivas generaciones de los hijos de la Guadalupana, también el Papa cultivaba desde hace tiempo el deseo de mirarla. Más aún, quería yo mismo ser alcanzado por su mirada materna. He reflexionado mucho sobre el misterio de esta mirada y les ruego acojan cuanto brota de mi corazón de Pastor en este momento”.
Y ha seguido: “Una mirada de ternura. Ante todo, la «Virgen Morenita» nos enseña que la única fuerza capaz de conquistar el corazón de los hombres es la ternura de Dios. Aquello que encanta y atrae, aquello que doblega y vence, aquello que abre y desencadena no es la fuerza de los instrumentos o la dureza de la ley, sino la debilidad omnipotente del amor divino, que es la fuerza irresistible de su dulzura y la promesa irreversible de su misericordia”.
Les ha dicho a los Obispos. “En las miradas de ustedes, el Pueblo mexicano tiene el derecho de encontrar las huellas de quienes «han visto al Señor» (cf. Jn 20,25), […]  Si nuestra mirada no testimonia haber visto a Jesús, entonces las palabras que recordamos de Él resultan solamente figuras retóricas vacías”.
Dicen que dentro de la retina de la Virgen ha quedado el retrato de Juan Diego, arrodillado ante ella. “Como enseña la bella tradición guadalupana, la «Morenita» custodia las miradas de aquellos que la contemplan, refleja el rostro de aquellos que la encuentran. Es necesario aprender que hay algo de irrepetible en cada uno de aquellos que nos miran en la búsqueda de Dios. Toca a nosotros no volvernos impermeables a tales miradas. Custodiar en nosotros a cada uno de ellos, conservarlos en el corazón, resguardarlos.
Sólo una Iglesia que sepa resguardar el rostro de los hombres que van a tocar a su puerta es capaz de hablarles de Dios”.
Por la tarde ha celebrado en la basílica de Guadalupe. Ha vuelto sobre al mirada de la Virgen y ha citado – mejor, "recitado" en oración - un soneto, que en el oficio divino que usamos aquí en América se encuentra en las II Vísperas de la Virgen (el Papa como jesuita fue profesor de literatura).

Deja mirar, mirarte simplemente,
[en el breviario: Mirarte simplemente, madre]
dejar abierta sola la mirada,
mirarte toda sin decirte nada,
decirte todo mudo y reverente

No perturbar el viento de tu frente,
sólo acunar mi soledad ajada
en tus ojos de madre enamorada
y en tu nido de tierra transparente

Y allí, de tu mirada en la espesura,
la envejecida sangre de mis venas
filtra y decanta toda su basura

Mirarte, Madre, contemplarte apenas,
el corazón callado en tu ternura
en tu blanco silencio de azucenas.

Luego el Papa, quitados los ornamentos sacerdotales, ha querido estar un rato sencillamente  ante la Virgen, mirando  dejándose mirar.
Al concluir esta jornada de gracia, de paz y de ternura, yo también deposito mi Plegaria ante la Virgen, dejándome mirar por ella.

Plegaria a la Virgen de Guadalupe

Tus ojos de cielo y tierra
son la más dulce mirada,
toda la historia de México
en ellos está guardada.

Ojos de paz y ternura
que a nadie y nunca maltratan,
ojos de misericordia
que siempre nos acompañan.

Ojos bellos, ojos puros
que en su luz a todos bañan,
los ojos de la humildad
cuando el ángel le anunciaba.

En esos ojos yo quiero
poner mi vida y mi alma,
tener allí mi retrato
en la pupila sagrada.

Como Juan Diego quedó
mirándole cara a cara;
en el iris se imprimió
cuando la Madre le hablaba.

Y con ojos de ternura
de la Virgen agraciada
yo miraré a mis hermanos
y veré a Jesús que salva.

Yo me quedo aquí mirando,
lleno de paz y esperanza,
y entonces sentí un milagro:
que la Virgen me miraba.

Era cual suave murmullo
palpitando en mis entrañas:
que la Virgen allí estaba,
¡que era mi madre y me amaba!


Guadalajara, Jalisco, sábado 13 febrero 2016

jueves, 11 de febrero de 2016

774. Domingo I de Cuaresma C – Jesús ante Dios, su Padre, con el Espíritu en el desierto


Homilía para el domingo I de Cuaresma, ciclo C
Lc 4,1-13

Texto evangélico:
4 1 Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán y el Espíritu lo fue llevando 2 durante cuarenta días por el desierto, mientras era tentado por el diablo. En todos aquellos días estuvo sin comer y, al final, sintió hambre. 3 Entonces el diablo le dijo: «Si eres Hijo de Dios, di a esta piedra que se convierta en pan». 4 Jesús le contestó: «Está escrito: “No solo de pan vive el hombre”». 5 Después, llevándole a lo alto, el diablo le mostró en un instante todos los reinos del mundo 6 y le dijo: «Te daré el poder y la gloria de todo eso, porque a mí me ha sido dado, y yo lo doy a quien quiero. 7 Si tú te arrodillas delante de mí, todo será tuyo». 8 Respondiendo Jesús, le dijo: «Está escrito: “Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto”». 9 Entonces lo llevó a Jerusalén y lo puso en el alero del templo y le dijo: «Si eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo, 10 porque está escrito: “Ha dado órdenes a sus ángeles acerca de ti, para que te cuiden”, 11 y también: “Te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece contra ninguna piedra”». 12 Respondiendo Jesús, le dijo: «Está escrito: “No tentarás al Señor, tu Dios”». 13 Acabada toda tentación, el demonio se marchó hasta otra ocasión.

Hermanos:
1. El miércoles pasado iniciamos la Cuaresma con el Miércoles de Ceniza. El profeta que se lee el Miércoles de Ceniza es el profeta Joel. Joel es una trompeta. Tocad la trompeta en Sión, | proclamad un ayuno santo, | convocad a la asamblea.
El Miércoles de Ceniza es como un toque de trompeta, y este Domingo es la inauguración solemne es la inauguración solemne de este tiempo sagrado que la liturgia se atreve a llamar “venerable sacramento de Cuaresma”. Los sacramentos de la Iglesia son siete, ni uno más ni uno menos: el bautismo, la confirmación, la Eucaristía, la penitencia o confesión, el orden sagrado (diáconos y sacerdotes), el matrimonio, y la unción de los enfermos.
Y, sin embargo, los santos Padres y la Liturgia han utilizado esta expresión para identificar la Cuaresma, “el venerable sacramento cuaresmal”, palabra que es equivalente a “misterio”: celebrar el misterio de la cuaresma. Sacramento es una acción sagrada, con signos visibles, que expresan un contenido espiritual. El tiempo de cuaresma, vivido por toda la Iglesia, es justamente esto. Todos los cristianos nos ponemos de acuerdo para hacer una peregrinación, no a la puerta de nuestra catedral, la Puerta Santa del Jubileo, sino que nuestra peregrinación es hacia la Pascua. Todos oramos juntos, todos celebramos la Eucaristía juntos, todos unánimemente nos dedicamos a hacer obras de caridad, todos hacemos obras de penitencia, entre ellas el ayuno y la abstinencia. Este conjunto de prácticas, de signos compartidos en la Iglesia es lo que llamamos misterio y sacramento.
2. El sentido de la Cuaresma nos lo enseña Jesús, si reflexionamos con atención en el testimonio del Evangelio. ¿Para qué va Jesús al desierto?
No para hacer penitencia, no para vencer las tentaciones del diablo. Ni va al desierto para encontrarse consigo mismo, como nos puede ocurrir a nosotros: que necesitamos estar solos, descansar, dormir, dejar el teléfono, disfrutar de la naturaleza, oír el canto de los pájaros. Hemos escuchado el texto sagrado: Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán y el Espíritu lo fue llevando  durante cuarenta días por el desierto.
Jesús va al desierto rebosante del Espíritu y conducido por el Espíritu. Cuando uno está lleno de impresiones que le desbordan, necesita que le dejen solo, para saborear, para desmenuzar, para estar a solas con Dios. Jesús va al desierto, ante todo, para estar con Dios, su Padre.
Lo demás hay que entenderlo desde ahí, desde la vida profunda. Para esa vida profunda con Dios se ha establecida la Cuaresma. Para encontrarnos con Dios.
3. Claro que el encuentro con Dios produce el encuentro con uno mismo, como también el encuentro con los hermanos. Y encontrarse uno consigo mismo es encontrarse con toda la realidad de la propia existencia. A lo mejor en este momento nacen las lágrimas.
El año pasado, el Papa, el Miércoles de ceniza nos habló del “don de lágrimas”. Aludiendo a las palabras de la lectura del día, del profeta Joel “Entre el atrio y el altar | lloren los sacerdotes, | servidores del Señor, | y digan: | Ten compasión de tu pueblo, Señor; | no entregues tu heredad al oprobio | ni a las burlas de los pueblos” (Jl 2,17), decía con una voz humilde y muy conmovido:
“El profeta se detiene en particular en las oraciones de los sacerdotes, haciendo observar que debe estar acompañada por lágrimas. Nos hará bien pedir a todos, pero especialmente a nosotros, los sacerdotes, al comienzo de esta Cuaresma, pedir el don de las lágrimas, para hacer así nuestra oración y nuestro camino de conversión siempre más auténticos y sin hipocresía. Nos hará bien hacernos esta pregunta: ¿Lloro? ¿Llora el Papa? ¿Lloran los cardenales? ¿Lloran los obispos? ¿Lloran los consagrados? ¿Lloran los sacerdotes? ¿Está el llanto en nuestras oraciones?”.
Y luego añadió: “Saben, hermanos, que los hipócritas no saben llorar, se han olvidado de cómo se llora, no piden el don de lágrimas”
4. Hermanos: Hay muchos modos de llorar. En un funeral se llora de dolor; en una boda se puede llorar de alegría. Yo puedo llorar de arrepentimiento y dolor por mis pecados, ante mí mismo. Yo puedo llorar de compasión al ver tantas desgracias, como cuando decimos: Esta película me ha hecho llorar. Yo puedo llorar ante el Crucifijo, de ternura y gratitud. Yo puedo llorar ante Jesús Resucitado de felicidad, de alegría.
El don de lágrimas es una de las cosas más preciosas que pide san Ignacio de Loyola en los Ejercicios Espirituales. Él lloró mucho, muchísimo, como lo sabemos por su Diario. De San Francisco sabemos por sus biógrafos que cada vez que recibía la Sagrada Comunión lloraba; sí, lloraba de amor.
5. ¿Para qué fue Jesús al desierto? Lo llevó el Espíritu para estar con Dios, su Padre. ¿Podemos imaginarnos lo que lloró Jesús? ¿Podemos imaginarnos lo que lloró Jesús de gozo y de ternura ante su Padre?
¿Puedo yo imaginarme que acaso Jesús en el desierto lloró por mí, por mis pecados, por mis ingratitudes, porque yo la he ofendido…? ¿Es una imaginación vana? Es la forma, hermanos – una forma – de enlazar mi vida con la suya sobre la base de que yo no soy indiferente para él. Ya san Pablo nos dijo: “Me amó, y se entregó por mí” (Gál 2,20). Yo soy parte cosustantiva de la vida de Jesús.
6. Señor Jesús, acabamos de iniciar la Cuaresma. Aquí, en México, estaremos con el Papa Francisco, que  nos hablará en los lugares escogidos como pastor de la Iglesia universal de lo que él crea más conveniente para este país, y seguramente que nuestras homilías estarán llenas de resonancia de lo que el Papa Francisco nos vaya diciendo.
En este momento, apenas comenzada la santa Cuaresma, te pedimos una gracia: Que nuestra Cuaresma, como los cuarenta días tuyos en el desierto sean, sobre todo, para estar con el Padre Dios y llenarnos de lo que late en su corazón, del amor con que me ama. Cuaresma de oración. Amén.
Guadalajara, jueves, 11 febrero 2016.

martes, 9 de febrero de 2016

773. Bienvenido, santo Padre - Poema junto a la Virgen

Bienvenido, santo Padre
(Poema junto a la Virgen)

En el logotipo de la Visita del Papa Francisco a México,
Misionero de Misericordia y Paz,
está la silueta de la Virgen de Guadalupe.


1. Bienvenido, santo Padre,
por el Señor enviado,
con pelliza de pastor,
de mayoral el cayado.

2. A los pies del Tepeyac,
cual peregrino cristiano,
le rezaréis a la Madre
y os pondréis a su cuidado.

3. Habéis dicho, muy sincero,
que venís a contagiaros
de la fe de los sencillos
de este pueblo mexicano.

4. El maestro fue Juan Diego,
quiera él acompañaros;
que vuestros ojos se llenen
de su ayate perfumado.

5. La tilma de Juan Dieguito
se hizo sagrado regazo,
pues la Madre parturienta
a su Hijo iba a dejarnos.

6. La historia quedó pintada
en ese divino cuadro:
Anunciación entre rosas,
México evangelizado.

7. La Madre del Tepeyac
es el secreto guardado;
es anuncio sin palabras
y nadie sabe explicarlo.

8. Id, santo Padre, a la Villa,
como tenéis programado,
la Madre sabrá deciros
lo que vais a predicarnos.

9. La Madre, solo la Madre…,
descansad, allí apoyado…,
y allí aprended dulcemente
lo que ella quiera enseñaros.


Guadalajara, Jalisco, 9 febrero 2016

domingo, 7 de febrero de 2016

772. Himnario para la Cuaresma de la Misericordia

Himnario para la
Cuaresma de la Misericordia

Misericordiae vultus - 5

1. Dulce es tu misericordia
si un día llego a gustarla,
si descubro mis pecados
cubiertos con tu mirada.

2. Dulce es sentir tu perdón,
que la Cuaresma regala :
¡seas bendita, Cuaresma,
por el Señor consagrada!

3. Mi corazón anhelante
con solo mi Dios se sacia,
¿por qué luchan en mi carne,
a muerte, pecado y gracia?

4. Jesús misericordioso,
vencedor en la batalla,
con la fuerza del Espíritu
muestra en mi tu vida santa.

5. Es tu cruz mi sanación,
la que me abraza y me salva,
yo la beso, yo la adoro,
salud de mi cuerpo y alma.

6. Jesús amado del Padre,
que en Cuaresma nos aguardas,
tu Iglesia te glorifica:
recibe su acción de gracias.

7. Pecadores redimidos,
gozamos de tu alianza:
eternamente bendito
seas la luz de la patria. Amén.

Guadalajara, 6 febrero 2016


Misericordiae vultus – 6

María, icono de una Iglesia que evangeliza porque es evangelizada
… María, después de haber acogido la Buena Noticia que le dirige el arcángel Gabriel, María canta proféticamente en el Magnificat la misericordia con la que Dios la ha elegido. La Virgen de Nazaret, prometida con José, se convierte así en el icono perfecto de la Iglesia que evangeliza, porque fue y sigue siendo evangelizada por obra del Espíritu Santo, que hizo fecundo su vientre virginal. En la tradición profética, en su etimología, la misericordia está estrechamente vinculada, precisamente con las entrañas maternas (rahamim) y con una bondad generosa, fiel y compasiva (hesed) que se tiene en el seno de las relaciones conyugales y parentales” (Papa Francisco, Mensaje para la Cuaresma 2016).

1. Por obra del Espíritu fecundo
el Evangelio vino a mis entrañas;
soy la evangelizada, la primera,
divino icono ante la luz sagrada.

2. Yo soy la pobrecilla de Jesús,
ser virgen es pobreza consumada,
y a título de pobre y de pequeña
de su misericordia fui colmada.

3. Sentía mis entrañas, que eran suyas,
caudal de amor, de paz y de esperanza,
y entonces yo canté sus maravillas,
al ver que la ternura se encarnaba.

4. En vientre de mujer se remecía
la compasión de Dios que en mí habitaba,
el mundo perdonado en mí latía
y yo era en ese amor santificada.

5. Bendito mi Señor, que a mí venía,
bendito mi Jesús, por ser su esclava,
bendito el Santo Espíritu mi esposo,
bendito el Padre, al ser su toda amada.

6. Contigo, Madre santa, en humildad,
la Iglesia agradecida exulta y canta:
¡oh Padre, Padre amado eternamente,
contigo para siempre, a ti las gracias! Amén.

Guadalajara, domingo antes de Cuaresma, 7 febrero 2016


jueves, 4 de febrero de 2016

771. Domingo 5 C – Jesús encomienda a Simón una misión: ser pescador de hombres

Homilía para el domingo 5 del tiempo ordinario, ciclo C
Lc 5,1-11


Texto evangélico:
5 1 Una vez que la gente se agolpaba en torno a él para oír la palabra de Dios, estando él de pie junto al lago de Genesaret, 2 vio dos barcas que estaban en la orilla; los pescadores, que habían desembarcado, estaban lavando las redes. 3 Subiendo a una de las barcas, que era la de Simón, le pidió que la apartara un poco de tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente.
 4 Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: «Rema mar adentro, y echad vuestras redes para la pesca». 5 Respondió Simón y dijo: «Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos recogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes». 6 Y, puestos a la obra, hicieron una redada tan grande de peces que las redes comenzaban a reventarse. 7 Entonces hicieron señas a los compañeros, que estaban en la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. Vinieron y llenaron las dos barcas, hasta el punto de que casi se hundían. 8 Al ver esto, Simón Pedro se echó a los pies de Jesús diciendo: «Señor, apártate de mí, que soy un hombre pecador». 9 Y es que el estupor se había apoderado de él y de los que estaban con él, por la redada de peces que habían recogido; 10 y lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Y Jesús dijo a Simón: «No temas; desde ahora serás pescador de hombres». 11 Entonces sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.

Hermanos:
1. El próximo domingo estaremos ya dentro de Cuaresma. Hoy seguimos con el curso de las lecturas precedentes. De la sinagoga de Nazaret, donde nos encontrábamos el domingo precedente, nos trasladamos a pocos kilómetros al interior de la tierra de Jesús y estamos en el Lago de Galilea.
Cuando uno visita Tierra Santa, una de las impresiones más íntimas y consoladoras se la lleva de ese lago, que llamamos el lago de Galilea o el Lago de Genesaret. Los judíos lo siguen llamando Kinnéret, que significa “arpa”, por la forma que tiene el lago, de alguna manera asimilada a un arpa para cantar los salmos. Hace falta alma de poeta para acercarse a este lago, que removió las fibras estéticas más puras del alma de Jesús.
¡Cuántas veces oró Jesús mirando a este lago! El peregrino piensa: Belén, Nazaret, Jerusalén…, las calles, las casas han cambiado. El lago es igual, el cielo que se refleja en las aguas del lago es igual, las colinas que rodean el lago son igual. Esto es lo que vio Jesús, lo que respiró Jesús; estos pájaros que se arremolinan por la noche para dormir por bandadas en los árboles los vio Jesús. En estas aguas que vienen desde el Hermón se bañó Jesús; de estos pescados del lago comió Jesús; parece como si estuviera ahí…

2. Y ¿cuál es el recuerdo más bello que Jesús guardó del lago? No sé si se pueda decir…, porque todos son puro Evangelio.
Para nosotros sí, el primer recuerdo del lago es aquel de la elección de los apóstoles.
Para entrar en esta escena divina, la liturgia nos muestra hoy la elección de Isaías, que había sido, hacía 700 años, en el templo de Jerusalén. Isaías vio a Dios.
Dice el texto sagrado (capítulo 6 de Isaías):
     Temblaban las jambas y los umbrales al clamor de su voz, y el templo estaba lleno de humo. Yo dije: «¡Ay de mí, estoy perdido! Yo, hombre de labios impuros, que habito en medio de gente de labios impuros, he visto con mis ojos al Rey, Señor del universo» (vv. 5-6).

3. En este momento Pedro ha visto a Dios en Jesús. Lo que ha ocurrido es una Teofanía; Dios se ha aparecido a Simón y a los apóstoles en su Hijo amado, Jesús. Señor, apártate de mí. Cuando el hombre está ante Dios, quisiera desaparecer, indigno ante la infinita santidad divina, pero al mismo tiempo quisiera fundirse con ese Dios que le fascina, porque nada ansía tanto el ser humano como encontrarse con Dios. Esa concordia de las dos cosas opuestas (oppositorum concordia) es la esencia de la experiencia espiritual .
Simón Pedro se siente unidísimo como nunca a Jesús cuando recibe la confianza plena de Jesús, cuando le dice: «No temas; desde ahora serás pescador de hombres».

4. Pescador de hombres es una expresión que las hemos poetizado…, pero hemos de pensar que en su sentido original quizás suene a algo diferente de lo que nosotros suponemos. Si Jesús le hubiera dicho: “vas a ser cazador de hombre”, nos habría parecido algo desentonado. Yo no quiero ser cazado por nadie… Yo soy libre, y lo que tenga que decidir en la vida, ha de ser decidido por mí, y nadie más.
Pues del mismo modo, Yo no quiero ser pescado por nadie, yo no quiero caer en el anzuelo de nadie, en las redes de nadie. Yo quiero ser yo en vida, muerte y eternidad. Fuera todos los cazadores, fuera todos los pecadores…

4. ¨Pero Jesús, con viejos pensamientos proféticos, ve que el mundo va camino de la perdición, y que hay que arrancarlos, como sea, del camino. Vete a pescar, pero no peces, sino hombres.
Con este pensamiento san Pablo dirá: Me he hecho débil con los débiles, para ganar a los débiles; me he hecho todo para todos, para ganar, sea como sea, a algunos. Y todo lo hago por causa del Evangelio, para participar yo también de sus bienes (2Cor 9,22-23).
Esta es la forma como ha entendido san Pablo eso de pescar: ganar, sea como sea, a algunos.
Quizás esto pueda herir nuestra sensibilidad, pero son frases bíblicas que están ahí y requieren nuestra inteligencia y compromiso.

5. De aquí nace la Iglesia evangelizadora que va a ser reconfirmada después de la resurrección de Jesús. Dios ha amado al mundo, a todos los hombres, sin excepción, y está pidiendo nuestro amor y valentía para dar este don al mundo. No temas; desde ahora serás pescador de hombres.
El relato de Isaías continúa con estas palabras: Uno de los seres de fuego voló hacia mí con un ascua en la mano, que había tomado del altar con unas tenazas; la aplicó a mi boca y me dijo: «Al tocar esto tus labios, ha desaparecido tu culpa, está perdonado tu pecado». Entonces escuché la voz del Señor, que decía: «¿A quién enviaré? ¿Y quién irá por nosotros?». Contesté: «Aquí estoy, mándame» (Is 6,5-6).

Hermanos, la misión de la Iglesia nace y se perpetua de este mandato de Jesús, que resonó por primera vez junto al lago de Galilea. Ayer y hoy la Iglesia vive por ese fuego divino. Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos recogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes.

6. Concluyamos, hermanos, orando a Jesús, que es el que guía a su Iglesia:
Señor Jesús, purifica mi corazón con tu brasa encendida, purifícalo de toda soberbia y vanidad, y dame humildad y valentía para echar las redes, en tu nombre, y ser pescador de hombres. Amén.

Guadalajara, jueves, 4 febrero 2016.

Cántico para la Comunión sobre este pasaje evangélico: Mar adentro, Simón, junto a mí