Jesús en el desierto, inicio de Cuaresma
Mc 1,12-15
Texto evangélico:
12 A continuación, el Espíritu lo empujó al
desierto.
13 Se quedó en el desierto
cuarenta días, siendo tentado por Satanás; vivía con las fieras y los ángeles
lo servían.
14 Después de que Juan fue entregado, Jesús se
marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios; 15 decía:
«Se ha cumplido el tiempo y está cerca el reino de Dios. Convertíos y creed en
el Evangelio».
Hermanos:
1. El Miércoles de Ceniza era el comienzo penitencial
de la Cuaresma, de los cuarenta días penitenciales que vive la Iglesia. Hoy,
primer domingo de Cuaresma, de los seis domingos que tiene la Cuaresma incluida
la Semana Santa, es la inauguración solemne de este tiempo, reunida toda la comunidad,
preparación de la Pascua, que los libros litúrgicos llaman “Sacramento de Cuaresma”.
¿Qué quiere decir esta expresión de “Sacramento
de Cuaresma”? Evidentemente la Cuaresma no es uno de los siete sacramentos que
tiene la Iglesia: Bautismo, Confirmación, Eucaristía, Penitencia, Orden sagrado, Matrimonio y Unción de los Enfermos, como se estudia en el Catecismo. Sacramento de Cuaresma, o
Misterio de Cuaresma, quiere significar cómo Dios, y no el hombre, es el que está
en el centro de este tiempo sagrado.
Es muy importante
percibir esto, porque, de lo contrario, se pueden desfigurar tanto el sentido de
este tiempo litúrgico, como las acciones que son propias de él. ¿Quién es el
protagonista de la Pascua? Cristo Jesús Resucitado: nadie lo va a dudar.
¿Quién es el
protagonista de la Cuaresma? El hombre
pecador que tiene que convertirse y hacer penitencia de sus pecados, para
prepararse a la Resurrección. Esta respuesta es incorrecta y falsa. El
protagonista de la Cuaresma es ni más ni menos que el protagonista de la Pascua,
porque, si no, romperíamos la unidad del único misterio. Cristo Jesús es el
protagonista de la Pascua; Cristo Jesús, el Señor, es el protagonista de la Cuaresma.
2.
Justamente este el significado de esta escena de Jesús en el desierto, inicio
de la Cuaresma todos los años, leamos el Evangelio de san Mateo, o el Evangelio
de san Marcos (como lo acabamos de escuchar) o el Evangelio de san Lucas. San
Agustín explicaba a los fieles de su Iglesia: Cuando Cristo era tentado, tú
estabas en esas tentaciones; cuando Cristo vencía en la tentación, tú estabas
en su victoria. San Agustín nos habla, pues, del Cristo total: Jesús y nosotros, que es el único Cristo que existe y
que vivimos.
Intuimos por
tanto que la Cuaresma tiene un sentido místico, que debemos percibir por la luz
del Espíritu Santo, y que desde ahí hemos de entender el misterio en que estamos
metidos.
3. San Marcos
es muy escueto al narrar este episodio de la vida de Jesús. No hablan de las tres
tentaciones, como dirán los otros dos Evangelios mencionados, de Mateo y de
Lucas.
Vamos a reflexionar
en esta escena, que llamaremos “escena grandiosa” que nos representa san
Marcos. Aquí, con Jesús, aparecen tres personajes:
- el Espíritu,
que le empuja al desierto,
- el diablo,
Satanás, que le tienta,
- los ángeles
que, vencida al tentación, le sirven.
O si queréis
cuatro personajes:
- el cuarto
son las fieras con que Jesús convive en este tiempo, las fieras del desierto.
Esta forma
de representar la escena, nos lanza una pregunta. Este relato ¿es real o es simbólico?
La humilde
respuesta que podemos aceptar es esta. Este relato es real, pero tiene una
enorme carga simbólica, y, sobre todo, tiene un contenido espiritual sin fondo.
Y en este contenido
espiritual es en lo que quisiéramos reflexionar para entender quién es este Jesús
del desierto y cuál es el desierto al que Jesús me llama.
Además, fijémonos
cómo en el Evangelio proclamado hoy unimos desierto e inicio del ministerio de
la predicación de Jesús.
4. Lo primero
de todo, hemos de pensar que los primeros cristianos cuando escribieron y
predicaron estas cosas, no las escribieron como relatos curiosos para conocer
la vida tan singular de Jesús, un extraño judío que hablaba de una forma nueva
del Padre Dios, sino que escribieron estos relatos como relatos de fe, para vivirlos
y celebrarlos en las reuniones cristianas, en la Eucaristía.
Llama la
atención que san Marcos no diga una palabra acerca del ayuno de Jesús. ¿Es que Jesús
no ayunó en el desierto? Obviamente sí ayunó, sin entrar en detalles. Si uno va
al diserto es para vivir en soledad y en austeridad. Si uno va al desierto es para
encontrarse consigo mismo y con Dios, y al mismo tiempo, y de manera peculiar,
con sus hermanos los hombres.
San Marcos nos
dice que Jesús fue al desierto empujado
por el Espíritu. Esto es lo importante; esta es la clave. La clave que nos
abre tres misterios inseparables: el misterio del bautismo, de donde viene Jesús;
el misterio del desierto, don está Jesús; el misterio de la predicación que
acto seguido va a comenzar.
Tres misterios
inseparables. Jesús es el enviado de Dios al mundo, al que quiere abrazar con
su vida entera desde el Espíritu.
Jesús es el
don del Padre al mundo. Y viene Jesús con el Espíritu Santo.
5. La misión
de Jesús es derrocar el reinado de Satanás, por así decir, y dar paso a la vida
nueva que Dios nos ofrece a todos. Jesús en el desierto vence a Satanás. Es
decir, Jesús va a entrar en el ministerio de su predicación, anunciando la
llegada del Reino de Dios, con la victoria realizada. Jesús, que es todo nuestro,
es, ante todo, todo de Dios su Padre, todo del Espíritu de Dios. Jesús es la
vida que Dios trae al mundo.
Ante esta
victoria conseguida, los ángeles el sirven. Estamos anticipando el misterio de
la resurrección. Jesús es el eje de cielo y tierra. Los ángeles, postrados, le
sirven, igual que los ángeles en el cielo sirven a Dios. Jesús es Dios, nos lo
ha dicho san Marcos en la primera línea del Evangelio: “Comienzo del Evangelio de
Jesucristo, Hijo de Dios”.
Este es el Jesús
de la tentación, Jesús de las victorias.
6. Y ¿qué
puede significar eso de que “vivía con las fieras”? Podría significar que Jesús
está viviendo en el desierto-desierto, lugar de desolación de indefensión…; o
acaso, puede significar lo contrario: el desierto de Jesús anuncia el paraíso
perdido, en el que Adán y Eva vivían con las fieras en armonía. En cualquier
caso, hermanos, la imagen que aquí tenemos de Jesús es primordialmente una
imagen teológica, una imagen sacramental, la imagen del Jesús de nuestra fe, de
ese Jesús que hoy está presente en mi vida.
7. Partiendo
de esta imagen de fe, ahora viene la pregunta: ¿qué tiene que ser para mí la
santa Cuaresma? La respuesta es lógica. La Cuaresma no puede ser otra cosa sino
una vida con Jesús, bajo la soberanía de Jesús, ante el Padre, guiado por el Espíritu
Santo, como lo fue Jesús guiado por el Espíritu.
¿Cuál es la
principal obra de Cuaresma? No es el ayuno, la penitencia, la mortificación. La
principal obra de Cuaresma es retirarse y estar con el Padre de Dios. Estar
ante mi Padre Dios, y Él nos dirá a cada uno lo que debamos hacer. A lo mejor
la voz que oímos en nuestro corazón es ésta: Hijo mío, la principal obra que
espero de ti en esta Cuaresma es, comenzando ya ahora, una buena confesión arrepentido
de tus pecados, purificado para iniciar una vida nueva, la que realmente
apetece tu corazón. Pero, hermanos, yo no puedo dar por nadie la respuesta de
lo que Dios nos pide, me pide, en esta Cuaresma.
Señor Jesús, que fuiste empujado por el Espíritu para ir
al desierto y estar con el Padre, empuja tú suavemente mi corazón para que
empiece con valor este tiempo sagrado que mi Padre Dios me concede. Amén.
Guadalajara,
viernes después de Ceniza, 16 de febrero de 2018.

