1161. Dom.
II, C. – Caná: Jesús, el esposo de su
Iglesia
Guadalajara, Jalisco,
viernes, 20 enero 2019.
Texto evangélico:
Jn2
1 A los tres días, había una boda en Caná de Galilea, y la madre
de Jesús estaba allí. 2 Jesús y sus discípulos estaban también
invitados a la boda.
3
Faltó el vino, y la madre de Jesús le dice: «No tienen vino». 4
Jesús le dice: «Mujer, ¿qué tengo yo que ver contigo? Todavía no ha llegado mi
hora». 5 Su madre dice a los sirvientes: «Haced lo que él os diga». 6
Había allí colocadas seis tinajas de piedra, para las purificaciones de los
judíos, de unos cien litros cada una. 7 Jesús les dice: «Llenad las
tinajas de agua». Y las llenaron hasta arriba. 8 Entonces les dice:
«Sacad ahora y llevadlo al mayordomo». Ellos se lo llevaron. 9 El
mayordomo probó el agua convertida en vino sin saber de dónde venía (los
sirvientes sí lo sabían, pues habían sacado el agua), y entonces llama al
esposo 10 y le dijo: «Todo el mundo pone primero el vino bueno, y
cuando ya están bebidos, el peor; tú, en cambio, has guardado el vino bueno
hasta ahora».
1[1]Este fue el primero de los signos
que Jesús realizó en Caná de Galilea; así manifestó su gloria y sus discípulos
creyeron en él.
Hermanos:
1. Caná de Galilea, una boda en Caná de
Galilea, es la apertura del Evangelio de san Juan, una vez que han pasado los
episodios iniciales de la llamada de los discípulos. El escritor, san Juan el
discípulo amado, nos da un comentario al suceso. Es un comentario esencial para
el resto del Evangelio. Dice el texto sagrado, como lo acabamos de escuchar, una
frase soberana que se puede desmembrar en tres afirmaciones. Escuchemos:
Este
fue el primero de los signos que Jesús realizó en Caná de Galilea; así
manifestó su gloria y sus discípulos creyeron en él.
Primer
signo, no emplea la palabra “milagro”, sino “signo”, es
decir paradigma de todo lo que viene.
Manifestó
su gloria: más que resolver una necesidad concreta, el hecho
fue que hubo una revelación de la gloria de Dios, que es la misma gloria de Jesús.
Y
en tercer lugar: la fe. La fe llega a su plenitud. Los
discípulos no habían sido engañados, no quedaron decepcionados: creyeron en él.
Creer en Jesús es lo mismo que creer en Dios.
Para san Juan este es un episodio
concreto, que ocurre en un lugar determinado, Caná de Galilea, pueblo sin
importancia, ubicado en región bien conocida. Un suceso que, de algún modo,
contiene toda la vida de Jesús.
Digamos una vez más, hermanos: el
Evangelio es revelación, la vida de Jesús es revelación.
2. Partiendo de esta idea matriz, de que
el Evangelio nos desborda, felizmente es más grande que todos nuestros
pensamientos, hemos de concretar con sencillez algunos perfiles, que pensamos
que están dentro el texto que queremos concretar. Podemos atenernos a los
siguientes:
Primero.
La vida de Jesús es una fiesta gozosa, es una boda; curiosa boda, donde la
figura principal, que es la novia, no aparece. Una boda sin novia.
Sosegundo. Una boda en el que el
protagonista es Jesús, pero en la que no tiene menos importancia la Madre de
Jesús; no María, que este nombre no suena, sino la Madre de Jesús, a quien se
llama “Mujer”.
Tercero.
Una boda en la que se ha servido un vino maravilloso que nadie esperaba, que es
en realidad el vino de la boda mesiánica.
Cuarto.
Una boda en que nos invita a pensar que toda la vida cristiana es la celebración
de una boda, llena de alegría, en la que Cristo es el esposo.
3. Hermanos, esta interpretación mística
del Evangelio no sé si tiene mucha audiencia en la sensibilidad de hoy, en la
que se acentúan tanto los compromisos sociales de nuestro ser cristianos. Pero los
textos sagrados están ahí. Debemos respetarlos, descifrarlos en su singularidad
y originalidad. Luego, sí, hacer las aplicaciones que Dios suscite en nuestro
corazón, según nuestra especial sensibilidad, según las necesidades por las que
estamos pasando.
Desde el profeta Oseas, siglo octavo
antes de Jesucristo, la imagen de Dios esposo de Israel es clásica en los
profetas. Y lo hemos recordado en el texto de la primera lectura de hoy, del
capítulo 62 de Isaías:
3Serás corona fúlgida en la mano del
Señor | y diadema real en la palma de tu Dios.
4Ya no te llamarán «Abandonada», |
ni a tu tierra «Devastada»; | a ti te llamarán «Mi predilecta», | y a tu tierra
«Desposada», | porque el Señor te prefiere a ti, | y tu tierra tendrá un
esposo.
5Como un joven se desposa con una
doncella, | así te desposan tus constructores. | Como se regocija el marido con
su esposa, | se regocija tu Dios contigo.
Nos parece excesivo aplicárnoslo a
nosotros mismos; pero es una verdad que está en las santas Escrituras y no la
podemos borrar: Jesús es el verdadero esposo de la Iglesia, el que la ama, el
que la cuida, el que la guía, el que la habita, el que el da sabiduría. Cierto
que la Iglesia es una institución humana, con sus representaciones visibles;
pero lo más importante no es lo que se ve. Es esta realidad íntima, que sustenta
todo lo demás.
A fuerza de leer periódicos, de ver
intrigas, escándalos, malos ejemplos, a lo mejor se nos introduce la idea de lo
que lo más importante en la Iglesia es tener un buena Papa, unos buenos
Obispos, unos buenos Sacerdotes. No nos equivoquemos: lo más importante en la
Iglesia es tener un buen Esposo. Y eso lo tenemos muy asegurado: Jesús es el esposo
que nunca nos va a abandonar.
4. Y lo segundo más importante es que la
Esposa brille por su fidelidad, por su santidad. La esposa de Cristo es toda la
Iglesia, todos y cada uno de nosotros. Lo que se busca en un matrimonio es la
felicidad de los esposos consiste en la entrega mutua, en la transparencia, en la
confianza. Todo esto es la santidad de los cristianos. Es más importante, más
influyente en la Iglesia, un acto de amor verdadero de un cristiano, de una
cristiana que todas las encíclicas de un Papa sabio. Esto lo dijo san Juan de
la Cruz con un lenguaje parecido: que un acto de amor puro vale más que todas las
acciones. Y esto no es condicionado por nuestros estudios, ni por otra
preparación humana. No lo olvidemos, hermanos.
5. Y luego viene el vino de la boda. ¿Qué
será este vino guardado hasta la boda del Mesías? Este vino, preparado por
Dios, guardado hasta el momento final, son todos los regalos que Dios nos da a
nosotros, amados por él. Son todos los dones del Espíritu que se nos regalan.
En una palabra, es la alegría de Dios en
medio de nosotros.
Y sus discípulos creyeron en él. No dice
que la Madre creyó en su Hijo, no. Sus discípulos, sí.
La misteriosa presencia de María continúa
hasta hoy. La Iglesia felizmente tiene una Madre, que no es otra sino la Madre
de Jesús.
Señor
Jesús, enséñanos el contenido misterioso de las santas Escrituras. Señor, haz
que gustemos los dones divinos que eso preparas para cada Domingo. Amén.
Nota muy importante. El viernes,
día 18, se inició el Octavario por la Unidad de los Cristianos, este año con el
lema de “Actúa siempre con toda justicia”
(Deut 16,20).