viernes, 18 de enero de 2019

1161. Dom. II, C. – Caná - Jesús, el esposo de su Iglesia

         1161. Dom. II, C. – Caná:  Jesús, el esposo de su Iglesia
 


Texto evangélico:
 Jn2 1 A los tres días, había una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. 2 Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda.
3 Faltó el vino, y la madre de Jesús le dice: «No tienen vino». 4 Jesús le dice: «Mujer, ¿qué tengo yo que ver contigo? Todavía no ha llegado mi hora». 5 Su madre dice a los sirvientes: «Haced lo que él os diga». 6 Había allí colocadas seis tinajas de piedra, para las purificaciones de los judíos, de unos cien litros cada una. 7 Jesús les dice: «Llenad las tinajas de agua». Y las llenaron hasta arriba. 8 Entonces les dice: «Sacad ahora y llevadlo al mayordomo». Ellos se lo llevaron. 9 El mayordomo probó el agua convertida en vino sin saber de dónde venía (los sirvientes sí lo sabían, pues habían sacado el agua), y entonces llama al esposo 10 y le dijo: «Todo el mundo pone primero el vino bueno, y cuando ya están bebidos, el peor; tú, en cambio, has guardado el vino bueno hasta ahora».
1[1]Este fue el primero de los signos que Jesús realizó en Caná de Galilea; así manifestó su gloria y sus discípulos creyeron en él.

Hermanos:

1. Caná de Galilea, una boda en Caná de Galilea, es la apertura del Evangelio de san Juan, una vez que han pasado los episodios iniciales de la llamada de los discípulos. El escritor, san Juan el discípulo amado, nos da un comentario al suceso. Es un comentario esencial para el resto del Evangelio. Dice el texto sagrado, como lo acabamos de escuchar, una frase soberana que se puede desmembrar en tres afirmaciones. Escuchemos:
Este fue el primero de los signos que Jesús realizó en Caná de Galilea; así manifestó su gloria y sus discípulos creyeron en él.
Primer signo, no emplea la palabra “milagro”, sino “signo”, es decir paradigma de todo lo que viene.
Manifestó su gloria: más que resolver una necesidad concreta, el hecho fue que hubo una revelación de la gloria de Dios, que es la misma gloria de Jesús.
Y en tercer lugar: la fe. La fe llega a su plenitud. Los discípulos no habían sido engañados, no quedaron decepcionados: creyeron en él. Creer en Jesús es lo mismo que creer en Dios.
Para san Juan este es un episodio concreto, que ocurre en un lugar determinado, Caná de Galilea, pueblo sin importancia, ubicado en región bien conocida. Un suceso que, de algún modo, contiene toda la vida de Jesús.
Digamos una vez más, hermanos: el Evangelio es revelación, la vida de Jesús es revelación.

2. Partiendo de esta idea matriz, de que el Evangelio nos desborda, felizmente es más grande que todos nuestros pensamientos, hemos de concretar con sencillez algunos perfiles, que pensamos que están dentro el texto que queremos concretar. Podemos atenernos a los siguientes:
Primero. La vida de Jesús es una fiesta gozosa, es una boda; curiosa boda, donde la figura principal, que es la novia, no aparece. Una boda sin novia.
Sosegundo. Una boda en el que el protagonista es Jesús, pero en la que no tiene menos importancia la Madre de Jesús; no María, que este nombre no suena, sino la Madre de Jesús, a quien se llama “Mujer”.
Tercero. Una boda en la que se ha servido un vino maravilloso que nadie esperaba, que es en realidad el vino de la boda mesiánica.
Cuarto. Una boda en que nos invita a pensar que toda la vida cristiana es la celebración de una boda, llena de alegría, en la que Cristo es el esposo.

3. Hermanos, esta interpretación mística del Evangelio no sé si tiene mucha audiencia en la sensibilidad de hoy, en la que se acentúan tanto los compromisos sociales de nuestro ser cristianos. Pero los textos sagrados están ahí. Debemos respetarlos, descifrarlos en su singularidad y originalidad. Luego, sí, hacer las aplicaciones que Dios suscite en nuestro corazón, según nuestra especial sensibilidad, según las necesidades por las que estamos pasando.
Desde el profeta Oseas, siglo octavo antes de Jesucristo, la imagen de Dios esposo de Israel es clásica en los profetas. Y lo hemos recordado en el texto de la primera lectura de hoy, del capítulo 62 de Isaías:

3Serás corona fúlgida en la mano del Señor | y diadema real en la palma de tu Dios.
4Ya no te llamarán «Abandonada», | ni a tu tierra «Devastada»; | a ti te llamarán «Mi predilecta», | y a tu tierra «Desposada», | porque el Señor te prefiere a ti, | y tu tierra tendrá un esposo.
5Como un joven se desposa con una doncella, | así te desposan tus constructores. | Como se regocija el marido con su esposa, | se regocija tu Dios contigo.

Nos parece excesivo aplicárnoslo a nosotros mismos; pero es una verdad que está en las santas Escrituras y no la podemos borrar: Jesús es el verdadero esposo de la Iglesia, el que la ama, el que la cuida, el que la guía, el que la habita, el que el da sabiduría. Cierto que la Iglesia es una institución humana, con sus representaciones visibles; pero lo más importante no es lo que se ve. Es esta realidad íntima, que sustenta todo lo demás.
A fuerza de leer periódicos, de ver intrigas, escándalos, malos ejemplos, a lo mejor se nos introduce la idea de lo que lo más importante en la Iglesia es tener un buena Papa, unos buenos Obispos, unos buenos Sacerdotes. No nos equivoquemos: lo más importante en la Iglesia es tener un buen Esposo. Y eso lo tenemos muy asegurado: Jesús es el esposo que nunca nos va a abandonar.

4. Y lo segundo más importante es que la Esposa brille por su fidelidad, por su santidad. La esposa de Cristo es toda la Iglesia, todos y cada uno de nosotros. Lo que se busca en un matrimonio es la felicidad de los esposos consiste en la entrega mutua, en la transparencia, en la confianza. Todo esto es la santidad de los cristianos. Es más importante, más influyente en la Iglesia, un acto de amor verdadero de un cristiano, de una cristiana que todas las encíclicas de un Papa sabio. Esto lo dijo san Juan de la Cruz con un lenguaje parecido: que un acto de amor puro vale más que todas las acciones. Y esto no es condicionado por nuestros estudios, ni por otra preparación humana. No lo olvidemos, hermanos.

5. Y luego viene el vino de la boda. ¿Qué será este vino guardado hasta la boda del Mesías? Este vino, preparado por Dios, guardado hasta el momento final, son todos los regalos que Dios nos da a nosotros, amados por él. Son todos los dones del Espíritu que se nos regalan.
En una palabra, es la alegría de Dios en medio de nosotros.
Y sus discípulos creyeron en él. No dice que la Madre creyó en su Hijo, no. Sus discípulos, sí.
La misteriosa presencia de María continúa hasta hoy. La Iglesia felizmente tiene una Madre, que no es otra sino la Madre de Jesús.
Señor Jesús, enséñanos el contenido misterioso de las santas Escrituras. Señor, haz que gustemos los dones divinos que eso preparas para cada Domingo. Amén.

Nota muy importante. El viernes, día 18, se inició el Octavario por la Unidad de los Cristianos, este año con el lema de “Actúa siempre con toda justicia” (Deut 16,20).

Guadalajara, Jalisco, viernes, 20 enero 2019.

1 comentario:

  1. VIERON Y CREYERON.

    En nuestra sociedad aún existe una “frase hecha” que nos dice “VER PARA CREER”. Los discípulos empezaron a creer que Jesús tenía unos poderes sobrenaturales, que nadie más poseía, justamente en el momento de realizar “el signo” de cambiar el agua en vino sin invocar a nadie. No antes. Entonces cabe hacerse la pregunta: si no creían en Jesús ¿por qué motivo le seguían?.

    Los creyentes somos bienaventurados porque, sin ver, creemos. Sin embargo aún hay muchos que necesitan un cierto “empuje” a su fe, algún hecho que les abra definitivamente los ojos, aunque ese hecho no sea tan extraordinario como el que experimentó el apóstol santo Tomás. San Pablo recobró la vista sólo después de que se le cayeran una especie de escamas de sus ojos. Tal muchos aún tengan escamas en sus ojos y necesiten ayuda.

    Es de constatar la fe de la Virgen María en su Hijo, pues de otro modo no le habría pedido la realización del milagro que tuvo lugar.

    Saludos.
    J.J.

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