Teofanía: Espiritualidad de Navidad
Estamos disfrutando estos días, la semana que va de
Epifanía al Domingo siguiente, el Bautismo del Señor (este año 6 a 23 de
enero), de la contemplación serena del misterio de la Encarnación, hecho
visible en Navidad.
“Teofanía” es manifestación de Dios. Desde hace muchos
siglos la liturgia Oriental ha unido, en su amorosa contemplación tres teofanías
en una. La Epifanía (Epiphaneia) es
la manifestación de la gloria de Dios a los gentiles, representados por los
Magos de Oriente. La Epifanía es Teofanía, y es Teofanía el Bautismo de Jesús,
cuando él es declarado Hijo amado del Padre; y Teofanía de nuevo es Caná,
cuando Jesús manifestó su gloria, dando comienzo a sus signos. Este legado de
Oriente lo hemos recogido, con veneración, en Occidente.
He aquí las antífonas de Laudes y Vísperas que
rezamos en la liturgia de las Horas en la solemnidad de los Santos Reyes.
“Laudes. Hoy
la Iglesia se ha unido a su celestial Esposo, porque, en el Jordán, Cristo ha
lavado los pecados de ella, los magos acuden con regalos a las bodas del Rey y
los invitados se alegran por el agua convertida en vino. Aleluya.
Vísperas. Veneramos este día santo,
honrado con tres prodigios: hoy la estrella condujo a los magos al pesebre; hoy
el agua se convirtió en vino en las bodas de Caná; hoy Cristo fue bautizado por
Juan en el Jordán, para salvarnos. Aleluya”.
Por otra parte, estos días tenemos lecturas
patrísticas bellísimas propias para la contemplación con estos santos
misterios. Hoy, martes 8 de enero, se recoge un texto atribuido a S. Hipólito,
eminente figura del siglo III, que nso ha transmitido en la “Traditio Hypoliti”
la primera Plegaria Eucarística que conocemos, matriz de lo que hoy llamamos
Canon II.
Nos deleitamos con una sección de este texto, y
tratamos de contemplar en poesía.
“…Éste es mi Hijo amado:
el que pasa hambre y alimenta a muchedumbres
innumerables,
el que se fatiga y rehace las fuerzas de los
fatigados,
el que no tiene dónde reclinar su cabeza y lo
gobierna todo con su mano,
el que sufre y remedia todos los sufrimientos,
el que es abofeteado y da la libertad al mundo,
el que es traspasado en su costado y arregla el
costado de Adán.
Mas prestadme mucha atención, porque quiero
recurrir a la fuente de la vida y contemplar la fuente de la que brota el
remedio.
El Padre de la inmortalidad envió al mundo a su
Verbo e Hijo inmortal, el cual vino a los hombres para purificarlos por el agua
y el Espíritu: y, queriendo hacerlos renacer a la incorrupción del alma y del
cuerpo, inspiró en nosotros un hálito de vida y nos revistió de una armadura
incorruptible.
Por tanto, si el hombre ha sido hecho inmortal será
también divinizado, y, si es divinizado por el baño de regeneración del agua y
del Espíritu Santo, tenemos por seguro que, después de la resurrección de entre
los muertos, será coheredero de Cristo”.
(Del Sermón en la santa Teofanía, atribuido a san
Hipólito, presbítero, Patrologia Griega de Migne, PG 10, 854. 858-859. 862)
TEOFANÍA
1. Envuelto en la Encarnación
me siento Teofanía,
luz de su luz celestial
en nuestra tierra encendida.
2. Unción de paz nos envuelve,
que es suavidad y armonía:
la Belleza brilla en carne,
la eternidad hoy principia.
3. Teofanía es Belén,
las aguas que purifican,
y el vino alegre de bodas
que en Caná Jesús servía.
4. Eterno y divinizado,
por Jesús, nueva semilla,
yo soy su hermano y su herencia
será herencia compartida.
5. La gracia se hace más gracia
en su divina sonrisa,
el perdón, perdón total
cuando sus párpados giran.
6. Dios humanado es mi canto,
Dios es mi paz y mi albricia:
¡Gloria al Padre y al Espíritu,
Gloria al Hijo de María! Amén.
Ciudad
de México, 8 de enero de 2019
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