martes, 8 de enero de 2019

1158. Teofanía: Espiritualidad de Navidad


 Teofanía: Espiritualidad de Navidad

Estamos disfrutando estos días, la semana que va de Epifanía al Domingo siguiente, el Bautismo del Señor (este año 6 a 23 de enero), de la contemplación serena del misterio de la Encarnación, hecho visible en Navidad.
“Teofanía” es manifestación de Dios. Desde hace muchos siglos la liturgia Oriental ha unido, en su amorosa contemplación tres teofanías en una. La Epifanía (Epiphaneia) es la manifestación de la gloria de Dios a los gentiles, representados por los Magos de Oriente. La Epifanía es Teofanía, y es Teofanía el Bautismo de Jesús, cuando él es declarado Hijo amado del Padre; y Teofanía de nuevo es Caná, cuando Jesús manifestó su gloria, dando comienzo a sus signos. Este legado de Oriente lo hemos recogido, con veneración, en Occidente.
He aquí las antífonas de Laudes y Vísperas que rezamos en la liturgia de las Horas en la solemnidad de los Santos Reyes.
Laudes. Hoy la Iglesia se ha unido a su celestial Esposo, porque, en el Jordán, Cristo ha lavado los pecados de ella, los magos acuden con regalos a las bodas del Rey y los invitados se alegran por el agua convertida en vino. Aleluya.
Vísperas. Veneramos este día santo, honrado con tres prodigios: hoy la estrella condujo a los magos al pesebre; hoy el agua se convirtió en vino en las bodas de Caná; hoy Cristo fue bautizado por Juan en el Jordán, para salvarnos. Aleluya”.
Por otra parte, estos días tenemos lecturas patrísticas bellísimas propias para la contemplación con estos santos misterios. Hoy, martes 8 de enero, se recoge un texto atribuido a S. Hipólito, eminente figura del siglo III, que nso ha transmitido en la “Traditio Hypoliti” la primera Plegaria Eucarística que conocemos, matriz de lo que hoy llamamos Canon II.
Nos deleitamos con una sección de este texto, y tratamos de contemplar en poesía.
“…Éste es mi Hijo amado:
el que pasa hambre y alimenta a muchedumbres innumerables,
el que se fatiga y rehace las fuerzas de los fatigados,
el que no tiene dónde reclinar su cabeza y lo gobierna todo con su mano,
el que sufre y remedia todos los sufrimientos,
el que es abofeteado y da la libertad al mundo,
el que es traspasado en su costado y arregla el costado de Adán.
Mas prestadme mucha atención, porque quiero recurrir a la fuente de la vida y contemplar la fuente de la que brota el remedio.
El Padre de la inmortalidad envió al mundo a su Verbo e Hijo inmortal, el cual vino a los hombres para purificarlos por el agua y el Espíritu: y, queriendo hacerlos renacer a la incorrupción del alma y del cuerpo, inspiró en nosotros un hálito de vida y nos revistió de una armadura incorruptible.
Por tanto, si el hombre ha sido hecho inmortal será también divinizado, y, si es divinizado por el baño de regeneración del agua y del Espíritu Santo, tenemos por seguro que, después de la resurrección de entre los muertos, será coheredero de Cristo”.
(Del Sermón en la santa Teofanía, atribuido a san Hipólito, presbítero, Patrologia Griega de Migne, PG 10, 854. 858-859. 862)

TEOFANÍA

1. Envuelto en la Encarnación
me siento Teofanía,
luz de su luz celestial
en nuestra tierra encendida.

2. Unción de paz nos envuelve,
que es suavidad y armonía:
la Belleza brilla en carne,
la eternidad hoy principia.

3. Teofanía es Belén,
las aguas que purifican,
y el vino alegre de bodas
que en Caná Jesús servía.

4. Eterno y divinizado,
por Jesús, nueva semilla,
yo soy su hermano y su herencia
será herencia compartida.

5. La gracia se hace más gracia
en su divina sonrisa,
el perdón, perdón total
cuando sus párpados giran.

6. Dios humanado es mi canto,
Dios es mi paz y mi albricia:
¡Gloria al Padre y al Espíritu,
Gloria al Hijo de María! Amén.

Ciudad de México, 8 de enero de 2019

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