viernes, 4 de enero de 2019

1156. Los Reyes Magos, el sueño de Dios Salvador


Los Reyes Magos, el sueño de Dios Salvador
M 2,1-12

Texto evangélico
Mt2 1 Habiendo nacido Jesús en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén 2 preguntando: «¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo». 3 Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó y toda Jerusalén con él; 4 convocó a los sumos sacerdotes y a los escribas del país, y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías. 5 Ellos le contestaron: «En Belén de Judea, porque así lo ha escrito el profeta: 6 “Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres ni mucho menos la última de las poblaciones de Judá, pues de ti saldrá un jefe que pastoreará a mi pueblo Israel”».
7 Entonces Herodes llamó en secreto a los magos para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, 8 y los mandó a Belén, diciéndoles: «Id y averiguad cuidadosamente qué hay del niño y, cuando lo encontréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo». 9 Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino y, de pronto, la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño. 10 Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. 11 Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. 12 Y habiendo recibido en sueños un oráculo, para que no volvieran a Herodes, se retiraron a su tierra por otro camino.

Hermanos:
1. El relato de los Reyes Magos, venidos de Oriente a adorar al Niño, pertenece a la Sagrada Escritura, y, por lo tanto, no es un cuentecillo para ilusionar y divertir a los niños. Es una revelación sagrada. Tantas veces hemos dicho que los Evangelios no son un libro de excelsa y perfecta moral; son un libro de revelación. La revelación se opera en el encuentro de Dios con el hombre. Dios llega hasta a mí, y yo, con humildad y agradecimiento, lo acojo. Mi vida queda entonces iluminada y transformada.
Dios se revela de múltiples maneras. Puede revelarse en una canción, en un poema…, en un acontecimiento de la vida, sea de alegría o de dolor. El Dios viviente, el Dios vivo y verdadero es el Dios presente en el horizonte de mi vida; el Dios de mi cercanía, el Dios de mi intimidad.

2. ¿Qué nos revela, pues este relato de los Magos de Oriente, peregrinos, guiados por la estrella, hasta Belén?
Para entender el mensaje, quisiera con ustedes despertar los más bellos sueños que bullen en el corazón. Acabamos de titular esta homilía “Los Reyes Magos, el sueño de Dios Salvador”.
Podríamos hablar de los sueños de los hombres, de los más nobles sueños que bullen en el corazón de los seres humanos. En este momento podemos sintetizarlos en tres:
-         La conquista del espacio.
-         La conquista de la humanidad entera como una comunidad de entendimiento, de amor, de fraternidad.
-         Y el tercero y el más importante: la conquista del propio corazón con un ansia indeleble de inmortalidad.

3. El jueves pasado, día 3 de enero de 2018, China puso su bandera en la cara oculta de la Luna, mediante una nave espacial que partió de la Tierra el 8 de diciembre. Es un hito en la historia de la humanidad. Hace cincuenta años el hombre llegó a la Luna, lo recordábamos meses atrás. China ha trazado su programa para que en 1936 de nuevo el ser humano ponga su planta en nuestro plantea vecino, cuya existencia se generó hace miles de millones de años.
El hombre se ha lanzado al espacio. Si hace dos mil años hubiésemos dicho en el Foro Romano o en el Areópago de Atenas, que el Hombre iba a pisar la luna, aparte de una locura, habría sido un pecado contra los dioses. Este sueño de conquistar el espacio no sabemos cómo se puede dilatar, ni calculamos tampoco la locura en que nos puede meter para dar una explicación a la existencia del mundo, desde nuestra frágil condición humana, tan grande y tan quebradiza.

4. La humanidad tiene otro sueño más inmediato, más factible aparentemente, pero en realidad más dificultoso: Que se rompan todas las fronteras humanas y nos consideremos una sola familia humana. Es un sueño que, al parecer, está en nuestras manos y que, por lo visto, nunca se va a realizar: que no haya guerra, que haya paz, que nos entendamos unos con otros sin ambición,
No es claro ni mucho menos, el que un día hayamos de llegar a la paz universal. El Concilio mencionó muchas veces la guerra (unas treinta veces), pero no pudo llegar a esta profecía.
“En la medida en que el hombre es pecador, amenaza y amenazará el peligro de guerra hasta el retorno de Cristo; pero en la medida en que los hombres, unidos por la caridad, triunfen del pecado, pueden también reportar la victoria sobre la violencia hasta la realización de aquella palabra: De sus espadas forjarán arados, y de sus lanzas hoces. Las naciones no levantarán ya más la espada una contra otra y jamás se llevará a cabo la guerra (Is 2,4)” (Gaudium et spes, 78).
En suma, hermanos, el deseo de la paz universal, del entendimiento y armonía mutua, es un sueño inmenso de todas las personas de bien, y está delatando los genes que llevamos dentro, puestos por Dios: Todos somos hermanos.

5. Hay un tercer anhelo, todavía más difícil que los anteriores: la conquista del propio corazón. El corazón es el lugar de todo lo posible: de todo amor soñado y toda guerra (dijimos en un verso…). En el corazón, en mi propio corazón, se fragua la historia de la humanidad. Ya los profetas dijeron: “Nada hay más falso y enfermo | que el corazón: ¿quién lo conoce? | Yo, el Señor, examino el corazón, | sondeo el corazón de los hombres | para pagar a cada uno según su conducta, según el fruto de sus acciones” (Jer 17,9-10).
6. Estos son los sueños de la humanidad que los traemos a la cuna de Belén. Hemos escuchado un texto del libro de Isaías: “Por amor a Sión no callaré, | por amor de Jerusalén no descansaré, | hasta que rompa la aurora de su justicia, | y su salvación llamee como antorcha. | Los pueblos verán tu justicia, | y los reyes tu gloria; | te pondrán un nombre nuevo, | pronunciado por la boca del Señor. |Serás corona fúlgida en la mano del Señor | y diadema real en la palma de tu Dios” (Is 60.1-3).
Este es el sueño de Dios para sus hijos: La paz, la felicidad, la gloria de una familia unida. Y todo esto en la humildad, la sencillez y la pequeñez de un Nino.

Señor Jesús, tu eres el sueño de Dios para los hombres. Haz que yo sea portador de ese sueño para mis hermanos los hombres. Haz que yo experimente tu salvación en mi corazón, la disfrute y la comparta con mis hermanos. Amén.

Guadalajara, Jalisco, viernes 4 enero 2018

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