El misterio del Bautismo de Jesús
Lc 3,15-16.
21-22
Texto evangélico
15Como el
pueblo estaba expectante, y todos se preguntaban en su interior sobre Juan si
no sería el Mesías, 16 Juan les respondió dirigiéndose a todos: «Yo
os bautizo con agua; pero viene el que es más fuerte que yo, a quien no merezco
desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y
fuego;
21 Y sucedió que, cuando todo el
pueblo era bautizado, también Jesús fue bautizado; y, mientras oraba, se
abrieron los cielos, 22 bajó el Espíritu Santo sobre él con apariencia
corporal semejante a una paloma y vino una voz del cielo: «Tú eres mi Hijo, el
amado; en ti me complazco».
Hermanos:
1. Hoy es la conclusión
de este misterio de Navidad, que se abrió en la Nochebuena, que tuvo su
celebración central el día 25 de diciembre con las tres misas en la Natividad
del Señor – a la noche, a la aurora y en el día – que se prolongó durante una
semana, hasta la octava de Navidad, 1 de enero, Solemnidad de Santa María,
Madre de Dios; y que tuvo su punto culminante en la fiesta de la Epifanía o
manifestación del Señor a los gentiles que vienen a adorarle, los Magos,
representantes de todos los que no han conocido a Jesús por la revelación de la
Alianza con Israel.
El pensamiento de la
Escritura, celebrado en la liturgia, está claro: Jesús es el Salvador
universal, lo mismo de judíos que de gentiles. Es más, a partir de este
momento, ya no podremos hablar de privilegios: todos a la par somos Hijos de Dios, por Jesucristo, nuestro Dios y nuestro
hermano.
2. Con palabras de
san Pablo a Tito, podemos expresare esta verdad:
“4 Mas cuando se manifestó la bondad de Dios
nuestro Salvador y su amor al hombre, 5 no por las obras de justicia
que hubiéramos hecho nosotros, sino, según su propia misericordia, nos salvó
por el baño del nuevo nacimiento y de la renovación del Espíritu Santo, 6 que
derramó copiosamente sobre nosotros por medio de Jesucristo nuestro Salvador, 7
para que, justificados por su gracia, seamos, en esperanza, herederos de
la vida eterna”.
El único
misterio de Cristo, que nunca jamás podremos abarcar, que es la Encarnación,
vida, pasión, muerte y resurrección del Señor, lo vamos gustando y saboreando
contemplándolo desde diversos perfiles, con reflejos nuevos, siempre
maravillosos. Nuestros hermanos de Oriente han gustado juntar Epifanía,
Bautismo y Bodas de Caná de Galilea, y nos han hablado de las tres Teofanía del
único Señor Jesucristo. Teofanía, es decir, revelación de Dios, es la
manifestación a los Magos; Teofanía es el bautismo de Jesús, cuando Jesús
escucha: Tú eres mi Hijo,
el amado; en ti me complazco; Teofanía es el agua
convertida en vino en las Bodas de Cana, cuando Jesús manifestó su gloria y sus
discípulos creyeron en él.
3. Nos detenemos hoy en esta manifestación
del Bautismo. Para un intérprete serio y documentado de los Evangelios, este
episodio – nos atrevemos a afirmar – es el episodio más importante y decisivo
de toda la vida de Jesús. Es el episodio que marca la ruta de su misión, el
episodio que nos da la verdadera identidad de Jesús, Siervo de Dios, Hijo amado,
y la misteriosa conciencia que de ello tiene.
¿Por qué Jesús fue al bautismo?, se
pregunta uno que tratar de indagar en serio la vida del Nazareno. Jesús no fue
al Bautismo como cuando a los doce años fue a la peregrinación de Jerusalén, o
cuando nosotros podemos ir a una peregrinación devota. Jesús no fue al bautismo
como quien acude a cumplir un acto devoto y laudable. Jesús no fue al bautismo
como uno más del pueblo, Ha sido san Lucas, y solo él, quien ha puesto a Jesús
en un bautismo general: cuando todo el
pueblo era bautizado, también Jesús fue bautizado. Esto no quiere decir que
la conciencia de Jesús fuese como la conciencia de los demás.
Este bautismo que las gentes recibían
como signo de conversión y de purificación de los pecados para acoger el reino
de Dios, no puede tener en Jesús tales connotaciones:
-
Jesús
no se bautiza como signo de conversión.
-
Jesús
no se bautiza como purificación de sus pecados.
-
Pero sí
Jesús se bautiza como signo de la inauguración de un mundo nuevo, que comienza,
que es la etapa final.
Por
eso, esta nota sorprendente que nos da el Evangelio de Juan: “Después de esto, fue Jesús con sus discípulos
a Judea, se quedó allí con ellos y bautizaba” (Jn 3,22). Y le comunicaron a
Juan «Rabí, el que estaba contigo en la
otra orilla del Jordán, de quien tú has dado testimonio, ese está bautizando, y
todo el mundo acude a él» (Jn 3,26).
Es
decir, Jesús acepta este movimiento bautismal. Luego se precisará: “aunque Jesús no bautizaba, sino sus
discípulos” (Jn 4,1).
Jesús
acepta, decimos, este movimiento bautismal y se pone a la cabeza. Ya durante su
vida no insistirá en ello. En su resurrección se reinaugura, y Jesús manda que
vayamos al mundo entero y que hagamos discípulos bautizando a las gentes en el
nombre del padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
4. Jesús,
pues, va al bautismo como inaugurador del tiempo nuevo, que para él es el
tiempo definitivo.
Se
introduce en el bautismo como obra de Dios, asumiendo en ello la misión con la
que se ha identificado. Y entra en oración: es una dato que lo ha tomado Lucas.
Y
entonces ocurre la Teofanía, del modo más personal y único.
Se abrieron
los cielos, apareció el Espíritu en forma de paloma, y habló el Padre. Habló el
Padre y lo que enunció solo se lo puede decir al Hijo:
«Tú eres mi Hijo, el amado; en ti
me complazco».
5.
Hermanos este es el misterio del bautismo: la autentificación del Hijo en la
misión definitiva que traía al mundo. Esta es la revelación suprema que se le
ha dado a Jesús. Desde aquí él ha de actuar.
Los Santos
Padres se han deleitado en decir que el bautismo de Jesús es la santificación
del cosmos, de la creación entera, desde las aguas del Jordán; y que Jesús fue
al bautismo para santificar las aguas de nuestro bautismo…
Son derivaciones
válidas, pero la raíz del misterio la tenemos que poner en algo absolutamente personal
y único que acontece en Jesús.
El bautismo
está directamente unido con la Encarnación y la Resurrección. Es la manifestación
trinitaria de la intimidad de Jesús, primicias y anticipo de su propia
glorificación en la resurrección.
Es esto
lo que hoy celebramos. No hay palabras en la Escritura para contener tan gran misterio.
Concluyamos
entrando en la oración de Jesús: Te
glorificamos, Padre, por el bautismo de tu Hijo amado. El bautismo de tu Hijo
ha sido el inició de nuestra salvación. A ti las gracias por siempre. Amén.
Guadalajara, sábado 12 de enero de 2018.
1.- Génesis XIX (Lot "adora" a dos ángeles).
ResponderEliminar2.- Génesis XXIII (Abraham "adora" a los hititas).
3.- Génesis XXVII (Abraham bendice a Jacob para que
todo el mundo le "adore").
4.- Génesis XXXIII (Jacob "adora" a Esaú).
5.- Génesis XLIII (los hermanos "adoran" a su
hermano José).
6.- Ruth II (Ruth "adora" a Boaz).
7.- 1 Samuel XXV (Abigail "adora" a los siervos de David)
8.- 1 Samuel XXVIII (Saúl "adora" el hombre muerto
Samuel).
9.- 2 Samuel I (un hombre "adora" a David).
10.- 2 Samuel IX (Mefiboset "adora" a David).
11.- 2 Samuel XIV (una mujer "adora" a David)
12. Salmo V (David "adora" al Templo).
13.- Mateo II.
Sobran los comentarios.
Saludos.
J.J. VOX CLAMANTIS IN DESERTO.
En el texto anterior se exponen casos en los que se utiliza la misma palabra para expresar lo mismo, que evidentemente NO ES ADORAR. En ningún caso bíblico los hombres adoraron a hombres. Lo que sí hacían eran unas reverencias especiales (postración hasta el suelo) cuando se trataba de personajes especialmente importantes (reyes).
ResponderEliminarTampoco en el caso de san Mateo II, en la escena de los magos, en la que, como se sabe, los magos SE POSTRARON ante Jesucristo, reconociendolo REY DE LOS JUDÍOS descendiente del rey David (Herodes no era judío, sino idumeo, y no era descendiente del rey David, sino impuesto por Roma).
Saludos. J.J.
Bellísima explicación. Mil gracias.
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