sábado, 12 de enero de 2019

1159. El misterio del Bautismo de Jesús


El misterio del Bautismo de Jesús
Lc 3,15-16. 21-22

Texto evangélico
15Como el pueblo estaba expectante, y todos se preguntaban en su interior sobre Juan si no sería el Mesías, 16 Juan les respondió dirigiéndose a todos: «Yo os bautizo con agua; pero viene el que es más fuerte que yo, a quien no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego;

21 Y sucedió que, cuando todo el pueblo era bautizado, también Jesús fue bautizado; y, mientras oraba, se abrieron los cielos, 22 bajó el Espíritu Santo sobre él con apariencia corporal semejante a una paloma y vino una voz del cielo: «Tú eres mi Hijo, el amado; en ti me complazco».

Hermanos:
1. Hoy es la conclusión de este misterio de Navidad, que se abrió en la Nochebuena, que tuvo su celebración central el día 25 de diciembre con las tres misas en la Natividad del Señor – a la noche, a la aurora y en el día – que se prolongó durante una semana, hasta la octava de Navidad, 1 de enero, Solemnidad de Santa María, Madre de Dios; y que tuvo su punto culminante en la fiesta de la Epifanía o manifestación del Señor a los gentiles que vienen a adorarle, los Magos, representantes de todos los que no han conocido a Jesús por la revelación de la Alianza con Israel.
El pensamiento de la Escritura, celebrado en la liturgia, está claro: Jesús es el Salvador universal, lo mismo de judíos que de gentiles. Es más, a partir de este momento, ya no podremos hablar de privilegios: todos a la par somos Hijos de Dios, por Jesucristo, nuestro Dios y nuestro hermano.

2. Con palabras de san Pablo a Tito, podemos expresare esta verdad:
4 Mas cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador y su amor al hombre, 5 no por las obras de justicia que hubiéramos hecho nosotros, sino, según su propia misericordia, nos salvó por el baño del nuevo nacimiento y de la renovación del Espíritu Santo, 6 que derramó copiosamente sobre nosotros por medio de Jesucristo nuestro Salvador, 7 para que, justificados por su gracia, seamos, en esperanza, herederos de la vida eterna”.
El único misterio de Cristo, que nunca jamás podremos abarcar, que es la Encarnación, vida, pasión, muerte y resurrección del Señor, lo vamos gustando y saboreando contemplándolo desde diversos perfiles, con reflejos nuevos, siempre maravillosos. Nuestros hermanos de Oriente han gustado juntar Epifanía, Bautismo y Bodas de Caná de Galilea, y nos han hablado de las tres Teofanía del único Señor Jesucristo. Teofanía, es decir, revelación de Dios, es la manifestación a los Magos; Teofanía es el bautismo de Jesús, cuando Jesús escucha: Tú eres mi Hijo, el amado; en ti me complazco; Teofanía es el agua convertida en vino en las Bodas de Cana, cuando Jesús manifestó su gloria y sus discípulos creyeron en él.

3. Nos detenemos hoy en esta manifestación del Bautismo. Para un intérprete serio y documentado de los Evangelios, este episodio – nos atrevemos a afirmar – es el episodio más importante y decisivo de toda la vida de Jesús. Es el episodio que marca la ruta de su misión, el episodio que nos da la verdadera identidad de Jesús, Siervo de Dios, Hijo amado, y la misteriosa conciencia que de ello tiene.
¿Por qué Jesús fue al bautismo?, se pregunta uno que tratar de indagar en serio la vida del Nazareno. Jesús no fue al Bautismo como cuando a los doce años fue a la peregrinación de Jerusalén, o cuando nosotros podemos ir a una peregrinación devota. Jesús no fue al bautismo como quien acude a cumplir un acto devoto y laudable. Jesús no fue al bautismo como uno más del pueblo, Ha sido san Lucas, y solo él, quien ha puesto a Jesús en un bautismo general: cuando todo el pueblo era bautizado, también Jesús fue bautizado. Esto no quiere decir que la conciencia de Jesús fuese como la conciencia de los demás.
Este bautismo que las gentes recibían como signo de conversión y de purificación de los pecados para acoger el reino de Dios, no puede tener en Jesús tales connotaciones:
-         Jesús no se bautiza como signo de conversión.
-         Jesús no se bautiza como purificación de sus pecados.
-         Pero sí Jesús se bautiza como signo de la inauguración de un mundo nuevo, que comienza, que es la etapa final.
Por eso, esta nota sorprendente que nos da el Evangelio de Juan: “Después de esto, fue Jesús con sus discípulos a Judea, se quedó allí con ellos y bautizaba” (Jn 3,22). Y le comunicaron a Juan «Rabí, el que estaba contigo en la otra orilla del Jordán, de quien tú has dado testimonio, ese está bautizando, y todo el mundo acude a él» (Jn 3,26).
Es decir, Jesús acepta este movimiento bautismal. Luego se precisará: “aunque Jesús no bautizaba, sino sus discípulos” (Jn 4,1).
Jesús acepta, decimos, este movimiento bautismal y se pone a la cabeza. Ya durante su vida no insistirá en ello. En su resurrección se reinaugura, y Jesús manda que vayamos al mundo entero y que hagamos discípulos bautizando a las gentes en el nombre del padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

4. Jesús, pues, va al bautismo como inaugurador del tiempo nuevo, que para él es el tiempo definitivo.
Se introduce en el bautismo como obra de Dios, asumiendo en ello la misión con la que se ha identificado. Y entra en oración: es una dato que lo ha tomado Lucas.
Y entonces ocurre la Teofanía, del modo más personal y único.
Se abrieron los cielos, apareció el Espíritu en forma de paloma, y habló el Padre. Habló el Padre y lo que enunció solo se lo puede decir al Hijo:
«Tú eres mi Hijo, el amado; en ti me complazco».
5. Hermanos este es el misterio del bautismo: la autentificación del Hijo en la misión definitiva que traía al mundo. Esta es la revelación suprema que se le ha dado a Jesús. Desde aquí él ha de actuar.
Los Santos Padres se han deleitado en decir que el bautismo de Jesús es la santificación del cosmos, de la creación entera, desde las aguas del Jordán; y que Jesús fue al bautismo para santificar las aguas de nuestro bautismo…
Son derivaciones válidas, pero la raíz del misterio la tenemos que poner en algo absolutamente personal y único que acontece en Jesús.
El bautismo está directamente unido con la Encarnación y la Resurrección. Es la manifestación trinitaria de la intimidad de Jesús, primicias y anticipo de su propia glorificación en la resurrección.
Es esto lo que hoy celebramos. No hay palabras en la Escritura para contener tan gran misterio.

Concluyamos entrando en la oración de Jesús: Te glorificamos, Padre, por el bautismo de tu Hijo amado. El bautismo de tu Hijo ha sido el inició de nuestra salvación. A ti las gracias por siempre. Amén.

Guadalajara, sábado 12 de enero de 2018.

3 comentarios:

  1. 1.- Génesis XIX (Lot "adora" a dos ángeles).
    2.- Génesis XXIII (Abraham "adora" a los hititas).
    3.- Génesis XXVII (Abraham bendice a Jacob para que
    todo el mundo le "adore").
    4.- Génesis XXXIII (Jacob "adora" a Esaú).
    5.- Génesis XLIII (los hermanos "adoran" a su
    hermano José).
    6.- Ruth II (Ruth "adora" a Boaz).
    7.- 1 Samuel XXV (Abigail "adora" a los siervos de David)
    8.- 1 Samuel XXVIII (Saúl "adora" el hombre muerto
    Samuel).
    9.- 2 Samuel I (un hombre "adora" a David).
    10.- 2 Samuel IX (Mefiboset "adora" a David).
    11.- 2 Samuel XIV (una mujer "adora" a David)
    12. Salmo V (David "adora" al Templo).
    13.- Mateo II.
    Sobran los comentarios.
    Saludos.
    J.J. VOX CLAMANTIS IN DESERTO.

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  2. En el texto anterior se exponen casos en los que se utiliza la misma palabra para expresar lo mismo, que evidentemente NO ES ADORAR. En ningún caso bíblico los hombres adoraron a hombres. Lo que sí hacían eran unas reverencias especiales (postración hasta el suelo) cuando se trataba de personajes especialmente importantes (reyes).
    Tampoco en el caso de san Mateo II, en la escena de los magos, en la que, como se sabe, los magos SE POSTRARON ante Jesucristo, reconociendolo REY DE LOS JUDÍOS descendiente del rey David (Herodes no era judío, sino idumeo, y no era descendiente del rey David, sino impuesto por Roma).
    Saludos. J.J.

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