viernes, 15 de febrero de 2019

1167. Dom. VI, C – Jesús lanza a sus seguidores las Bienaventuranzas

                            Jesús lanza a sus seguidores las Bienaventuranzas
Lc 6,17. 20-26

Texto evangélico:
17Después de bajar con ellos, se paró en una llanura con un grupo grande de discípulos y una gran muchedumbre del pueblo, procedente de toda Judea, de Jerusalén y de la costa de Tiro y de Sidón.
Él, levantando los ojos hacia sus discípulos, les decía:
«Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el reino de Dios.
Bienaventurados los que ahora tenéis hambre, porque quedaréis saciados.
Bienaventurados los que ahora lloráis, porque reiréis.
Bienaventurados vosotros cuando os odien los hombres, y os excluyan, y os insulten y proscriban vuestro nombre como infame, por causa del Hijo del hombre.
Alegraos ese día y saltad de gozo, porque vuestra recompensa será grande en el cielo.
Eso es lo que hacían vuestros padres con los profetas.
Pero ¡ay de vosotros, los ricos, porque ya habéis recibido vuestro consuelo!
¡Ay de vosotros, los que estáis saciados, porque tendréis hambre!
¡Ay de los que ahora reís, porque haréis duelo y lloraréis!
¡Ay si todo el mundo habla bien de vosotros! Eso es lo que vuestros padres hacían con los falsos profetas.

Hermanos:
1. Hoy nos toca leer el Evangelio de las Bienaventuranzas. Desde pequeños a prendimos en el catecismo que las Bienaventuranzas son ocho. Quizás el maestro o la maestra, el catequista, nos obligó o nos invitó a aprenderlas de memoria.
No creo que esté reñido con la buena pedagogía que los niños aprendas estas cosas de memoria – sin forzarles, sin obligarles severamente – y que en su cabeza inocente retengan estas palabras de Jesús.
Las Bienaventuranzas que aprendimos son ocho, y el texto se toma del Evangelio de San Mateo. Con las ocho bienaventuranzas se abre el Sermón de la montaña.
En el pasaje de san Lucas que hemos leído las bienaventuranzas son cuatro, dirigidas en directos a los que están atendiendo las palabras de Jesús, y ocurre además que junto a las Bienaventuranzas hay otras cuatro Malaventuranzas, que son el revés de las Bienaventuranzas. De manera que estas temibles frases de Jesús valen también para interpretar por contraste la hermosura y la fascinación de las Bienaventuranzas.
Las Malaventuranzas no son maldiciones, no son veredictos de condena; son aviso, son amenaza, para quienes se ponen en peligro de entrar por ese mal camino.

2. Para interpretar correctamente las Bienaventuranzas, y más en concreto las Bienaventuranzas tal como están recogidas en este tercer Evangelio, que es el Evangelio de Lucas, hace falta saber que Jesús está hablando a un pueblo de seguidores que ya se han puesto en marcha.
A este pueblo que ya se ha lanzado a la aventura del seguimiento, a este pueblo generoso, aguerrido, que han aceptado todo riesgo, incluso a la muerte, yo le puedo hablar con este lenguaje.
Las Bienaventuranzas no son normas sapienciales de buen pensar, no son principios de la más alta sabiduría, que conviene tenerlos en cuenta en la vida.
No es este el sentido del lenguaje de Jesús.

3. Jesús está hablando a sus seguidores – a ellos y a nosotros lo mismo, porque las palabras de Jesús rompen los siglos y llegan vivas hasta hoy – y sus seguidores saben a qué se exponen, porque conoce las páginas de los profetas. No les fue bien a los profetas. Los excluyeron, y, al desecharlos, a algunos los mataron.
Uno de estos profetas fue Jeremías, profeta de dolor, de quien tomamos un pasaje como primera lectura, para que lo confrontemos con la enseñanza de Jesús.
Ese es el panorama, no nos engañemos.
Y a este ejército, lanzado ya al combate, Jesús le habla con una extraña exultación, con un lenguaje que rebota en los oídos del mundo.

4. las Bienaventuranza son una explosión de gozo, concreto y real, que viene de otra parte.
Bienaventurados vosotros, los pobres…
Bienaventurados vosotros los que ahora tenéis hambre…
Bienaventurados vosotros los que ahora lloráis…
Bienaventurados vosotros cuando os odien los hombres…
El panorama de lo que está pasando no es halagüeño. Y, sin embargo, Jesús les dice que se alegren, que se alegren ahora, sin esperar al mañana, que ha de ser ciertamente el premio definitivo, el triunfo.
Un hombre que está iluminado por un gran ideal, entrega alma y vida a lo que estáhaciendo. Los sufrimientos son enormes, incluso la muerte que es una amenaza real.
Sin embargo, le vemos a este nombre feliz en lo suyo, con un entusiasmo que irradia una misteriosa felicidad.
¿Se puedes ser feliz en la pobreza, en el hambre, en la persecución? SE puede ser feliz, y esas tribulaciones están despertando en lo más vivo del alma esa alegría habitada pro Dios, que es el don sublime de la vida.

5. Pensemos en hombres como san Francisco. Hombres que han estrujado la felicidad humana, al tiempo en que se veían en la máxima privación, ofrecida voluntariamente al Señor.
Jesús quiere que su Iglesia viva este extraño paradigma. La dicha de ser discípulo de Jesús, de seguir su doctrina, no  obstante que puede comprometer mi vida entera, es la dicha mayor que se concede a un hijo de Adán.

6. Y a la contra están los desgraciados que han escogido el otro camino. Nos resulta sorprendente escuchar a ese Jesús de la bondad, de la clemencia y de la dulzura definirse en frases como esta:
¡Ay de vosotros, los ricos, porque ya habéis recibido vuestro consuelo!
 Para Jesús no es una suerte ser rico. Jesús es reticente ante los ricos. No piensa que la riqueza sea precisamente una bendición de Dios. No tiene frases en esta dirección, que parecería ser buena y muy alentadora para los ricos que, con frecuencia, se han hecho ricos con honestidad profesional y a fuerza de grandes sacrificios.
Jesús, con rasgos de profeta habla acaloradamente y nos pone a todos ante el veredicto de nuestra vida.
Si hemos ido iluminados por el Evangelio, ¿qué escogemos, hermanos?
Somos el pueblo de las Bienaventuranzas; gocémoslas. Y nosotros olvidemos que por ser el pueblo de las Bienaventuranzas somos el pueblo del Calvario.
Lo que pasó con Jesús va a pasar con nosotros.
Jesús fue feliz al compartir la felicidad del Padre en el Evangelio que nos dio. Y al mismo tiempo, Jesús, el mayor bienhechor de la humanidad, fue rechazado.
Extraña lógica que opera en el corazón del hombre, y que nunca lograremos descifrar.

Le pedimos, pues, a Jesús:
Señor Jesús, danos comprender las Bienaventuranzas que lanzaste al mundo, y danos a gustar la dicha que en ellas se encuentra y que te dieron a ti vida y muerte. Amén.

Guadalajara, viernes 15 de febrero de 2019

domingo, 10 de febrero de 2019

1166. Dom. V, C. – Jesús, palabra y signo de Dios desde la barca

Jesús, palabra y signo de Dios desde la barca
Lc 5,1-11

Texto evangélico:
Lc5 1 Una vez que la gente se agolpaba en torno a él para oír la palabra de Dios, estando él de pie junto al lago de Genesaret, 2 vio dos barcas que estaban en la orilla; los pescadores, que habían desembarcado, estaban lavando las redes. 3 Subiendo a una de las barcas, que era la de Simón, le pidió que la apartara un poco de tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente. 4 Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: «Rema mar adentro, y echad vuestras redes para la pesca». 5 Respondió Simón y dijo: «Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos recogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes». 6 Y, puestos a la obra, hicieron una redada tan grande de peces que las redes comenzaban a reventarse. 7 Entonces hicieron señas a los compañeros, que estaban en la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. Vinieron y llenaron las dos barcas, hasta el punto de que casi se hundían. 8 Al ver esto, Simón Pedro se echó a los pies de Jesús diciendo: «Señor, apártate de mí, que soy un hombre pecador». 9 Y es que el estupor se había apoderado de él y de los que estaban con él, por la redada de peces que habían recogido; 10 y lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Y Jesús dijo a Simón: «No temas; desde ahora serás pescador de hombres». 11 Entonces sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.

Hermanos:
1. Hemos entrado en el Evangelio de san Lucas, Evangelio que nos acompaña este año, Y vamos recorriendo escenas que son estampas que son el comienzo y el fundamento de la vida de Jesús y de la Iglesia. Jesús se presenta en la sinagoga de su pueblo, hace su presentación con el profeta Isaías y lo allí ocurrido marca su destino. En el momento de hoy, Jesús, que ha comenzado su predicación andariega, escoge a sus primeros discípulos, a las dos parejas de hermanos, a saber: Pedro y Andrés; Santiago y Juan. Que da origen a una palabra de Jesús.
Este breve Evangelio de once versículos tiene dos partes: la predicación de Jesús a esa inmensa multitud que le sigue; y la pesca milagrosa, que da origen a esa palabra de Jesús, culmen y clave del relato: «No temas; desde ahora serás pescador de hombres».
La última línea da fe de la eficacia de la palabra creadora de Jesús: Entonces sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.
Vamos a seguir esos pasos, que, como decimos, están ya en los Evangelio.

2. La gente se agolpa en torno a Jesús para escuchar, de sus labios, las hermosas palabras que conducen a Dios, o, como dice muy sencillamente a Lucas para oír la palabra de Dios.
Los Evangelios cuenta que la gente, en multitudes, se acercaba a Jesús, asediaba a Jesús:
Una es para oírle,
Otra para tocarle y ser curados de sus enfermedades.
Haciendo una reflexión o aplicación espiritual diremos que este es el sentido de la reunión dominical de los cristianos: Venimos a la misa lo primero para oír a Jesús, que es la liturgia de la palabra, las lecturas sagradas; y venimos a la Eucaristía para ser curado de nuestras enfermedades, mediante la recepción del Cuerpo del Señor en la comunión.
En el pasaje de hoy, se acentúa la primera. Dice san Lucas: la gente se agolpaba en torno a él para oír la palabra de Dios.

3. Y a continuación el evangelista Lucas nos da un dato descriptivo que sugiere un pensamiento: estando él de pie junto al lago de Genesaret.
Jesús en pie, apretado por la gente en multitud, no está en el monte, a orilla del mar, y a una de las dos barcas, justamente la de Pedro, pide que le den el escenario adecuado, para que su voz y su figura ´puedan ser voz y figura para todos. En el sermón de la montaña Jesús se sentó en el monte y sus discípulos le rodearon. Y ahora se sienta en la barca, como maestro de los hombres, ante aquella multitud y ante todos. Su voz llega a nosotros, y nosotros le escuchamos, abriendo nuestra vida a la escucha.
Habla, Señor, que tu siervo escucha, había dicho el pequeños Samuel a Dios en el templo de Siló. Dios habló y Samuel escuchó, y de aquella noche surgió un profeta, encuentro de Dios que habla y del hombre que escucha.
Habla, Señor, que tu Iglesia escucha.

4. Y ahora nos habla Jesús de una manera singular. Nos habla con signos y nos habla con personas. Nos habla con una pesca milagrosa y nos habla con la persona de Pedro, Simón Pedro, justamente por él.
Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: «Rema mar adentro, y echad vuestras redes para la pesca»
Es una orden de Jesús que nos trae gran esperanza. Cuando Jesús habla quiere una gran cosecha, y aquí en el mar de Galilea, quiere una gran pesca.
Hermano, y hoy también quiere Jesús una gran cosecha, una gran pesca. Y hoy también Jesús nos está diciendo. Echad las redes para pescar.

5. Pedro, pescador, que entiende de pesca más que Jesús, dice que han estado bregando toda la noche y nos han pescado nada, pero que obedece: por tu palabra, echaré las redes.
Jesús es la verdadera pesca de la Iglesia, Jesús, ayer y hoy el mismo, y para siempre.
La pesca termina en un acto de adoración al Señor. A él le reconocemos como a verdadero Hijo de Dios y caemos a sus pies, como cayó Simón. Apártate de mí, soy un pecador. Y no era solo Pedro: lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón,

6. Y ahora viene la palabra definitiva de Jesús: «No temas; desde ahora serás pescador de hombres».
La palabra de Jesús, que hoy escucha Pedro, palabra de Dios que un día escuchó Isaías, el día de su vocación, y un día escuchará Pablo.
1 Os recuerdo, hermanos, el Evangelio que os anuncié y que vosotros aceptasteis, en el que además estáis fundados, 2 y que os está salvando, si os mantenéis en la palabra que os anunciamos; de lo contrario, creísteis en vano. 3 Porque yo os transmití en primer lugar, lo que también yo recibí: que Cristo murió por nuestros pecados según las Escrituras; 4 y que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; 5 y que se apareció a Cefas y más tarde a los Doce; 6 después se apareció a más de quinientos hermanos juntos, la mayoría de los cuales vive todavía, otros han muerto; 7 después se apareció a Santiago, más tarde a todos los apóstoles; 8 por último, como a un aborto, se me apareció también a mí.(1 Cor 15).

7. Querido hermanos:
Este es el Jesús de nuestra fe, en que hoy tenemos la inmensa dicha de creer y de anunciar.

Hermanos:
Miremos al Jesús de la barca, al que nos dijo: Rema mar a dentro, eslogan que tomó el Papa Juan Pablo II para iniciar el III milenio. Y digámosle como Pedro: Señor, por tu palabra echaré la red. Amén.

Lago de Guadalupe, Cuautitlán Izcalli (estado de México), domingo 10 de febrero de 2019.