Jesús lanza a sus seguidores las Bienaventuranzas
Lc 6,17.
20-26
Texto evangélico:
17Después de bajar con ellos, se paró
en una llanura con un grupo grande de discípulos y una gran muchedumbre del
pueblo, procedente de toda Judea, de Jerusalén y de la costa de Tiro y de
Sidón.
Él,
levantando los ojos hacia sus discípulos, les decía:
«Bienaventurados
los pobres, porque vuestro es el reino de Dios.
Bienaventurados
los que ahora tenéis hambre, porque quedaréis saciados.
Bienaventurados
los que ahora lloráis, porque reiréis.
Bienaventurados
vosotros cuando os odien los hombres, y os excluyan, y os insulten y proscriban
vuestro nombre como infame, por causa del Hijo del hombre.
Alegraos
ese día y saltad de gozo, porque vuestra recompensa será grande en el cielo.
Eso
es lo que hacían vuestros padres con los profetas.
Pero
¡ay de vosotros, los ricos, porque ya habéis recibido vuestro consuelo!
¡Ay
de vosotros, los que estáis saciados, porque tendréis hambre!
¡Ay
de los que ahora reís, porque haréis duelo y lloraréis!
¡Ay
si todo el mundo habla bien de vosotros! Eso es lo que vuestros padres hacían
con los falsos profetas.
Hermanos:
1. Hoy nos toca leer el Evangelio de las
Bienaventuranzas. Desde pequeños a prendimos en el catecismo que las
Bienaventuranzas son ocho. Quizás el maestro o la maestra, el catequista, nos
obligó o nos invitó a aprenderlas de memoria.
No creo que esté reñido con la buena
pedagogía que los niños aprendas estas cosas de memoria – sin forzarles, sin
obligarles severamente – y que en su cabeza inocente retengan estas palabras de
Jesús.
Las Bienaventuranzas que aprendimos son
ocho, y el texto se toma del Evangelio de San Mateo. Con las ocho bienaventuranzas
se abre el Sermón de la montaña.
En el pasaje de san Lucas que hemos leído
las bienaventuranzas son cuatro, dirigidas en directos a los que están
atendiendo las palabras de Jesús, y ocurre además que junto a las Bienaventuranzas
hay otras cuatro Malaventuranzas, que son el revés de las Bienaventuranzas. De
manera que estas temibles frases de Jesús valen también para interpretar por
contraste la hermosura y la fascinación de las Bienaventuranzas.
Las Malaventuranzas no son maldiciones,
no son veredictos de condena; son aviso, son amenaza, para quienes se ponen en
peligro de entrar por ese mal camino.
2. Para interpretar correctamente las
Bienaventuranzas, y más en concreto las Bienaventuranzas tal como están
recogidas en este tercer Evangelio, que es el Evangelio de Lucas, hace falta
saber que Jesús está hablando a un pueblo de seguidores que ya se han puesto en
marcha.
A este pueblo que ya se ha lanzado a la
aventura del seguimiento, a este pueblo generoso, aguerrido, que han aceptado
todo riesgo, incluso a la muerte, yo le puedo hablar con este lenguaje.
Las Bienaventuranzas no son normas
sapienciales de buen pensar, no son principios de la más alta sabiduría, que
conviene tenerlos en cuenta en la vida.
No es este el sentido del lenguaje de
Jesús.
3. Jesús está hablando a sus seguidores –
a ellos y a nosotros lo mismo, porque las palabras de Jesús rompen los siglos y
llegan vivas hasta hoy – y sus seguidores saben a qué se exponen, porque conoce
las páginas de los profetas. No les fue bien a los profetas. Los excluyeron, y, al
desecharlos, a algunos los mataron.
Uno de estos profetas fue Jeremías, profeta
de dolor, de quien tomamos un pasaje como primera lectura, para que lo confrontemos
con la enseñanza de Jesús.
Ese es el panorama, no nos engañemos.
Y a este ejército, lanzado ya al
combate, Jesús le habla con una extraña exultación, con un lenguaje que rebota
en los oídos del mundo.
4. las Bienaventuranza son una explosión
de gozo, concreto y real, que viene de otra parte.
Bienaventurados
vosotros, los pobres…
Bienaventurados
vosotros los que ahora tenéis hambre…
Bienaventurados
vosotros los que ahora lloráis…
Bienaventurados
vosotros cuando os odien los hombres…
El panorama de lo que está pasando no es
halagüeño. Y, sin embargo, Jesús les dice que se alegren, que se alegren ahora,
sin esperar al mañana, que ha de ser ciertamente el premio definitivo, el triunfo.
Un hombre que está iluminado por un gran
ideal, entrega alma y vida a lo que estáhaciendo. Los sufrimientos son
enormes, incluso la muerte que es una amenaza real.
Sin embargo, le vemos a este nombre
feliz en lo suyo, con un entusiasmo que irradia una misteriosa felicidad.
¿Se puedes ser feliz en la pobreza, en
el hambre, en la persecución? SE puede ser feliz, y esas tribulaciones están
despertando en lo más vivo del alma esa alegría habitada pro Dios, que es el
don sublime de la vida.
5. Pensemos en hombres como san
Francisco. Hombres que han estrujado la felicidad humana, al tiempo en que se
veían en la máxima privación, ofrecida voluntariamente al Señor.
Jesús quiere que su Iglesia viva este
extraño paradigma. La dicha de ser discípulo de Jesús, de seguir su doctrina,
no obstante que puede comprometer mi
vida entera, es la dicha mayor que se concede a un hijo de Adán.
6. Y a la contra están los desgraciados
que han escogido el otro camino. Nos resulta sorprendente escuchar a ese Jesús
de la bondad, de la clemencia y de la dulzura definirse en frases como esta:
¡Ay
de vosotros, los ricos, porque ya habéis recibido vuestro consuelo!
Para
Jesús no es una suerte ser rico. Jesús es reticente ante los ricos. No piensa
que la riqueza sea precisamente una bendición de Dios. No tiene frases en esta
dirección, que parecería ser buena y muy alentadora para los ricos que, con frecuencia,
se han hecho ricos con honestidad profesional y a fuerza de grandes
sacrificios.
Jesús, con rasgos de profeta habla
acaloradamente y nos pone a todos ante el veredicto de nuestra vida.
Si hemos ido iluminados por el
Evangelio, ¿qué escogemos, hermanos?
Somos el pueblo de las Bienaventuranzas;
gocémoslas. Y nosotros olvidemos que por ser el pueblo de las Bienaventuranzas somos
el pueblo del Calvario.
Lo que pasó con Jesús va a pasar con
nosotros.
Jesús fue feliz al compartir la
felicidad del Padre en el Evangelio que nos dio. Y al mismo tiempo, Jesús, el mayor
bienhechor de la humanidad, fue rechazado.
Extraña lógica que opera en el corazón
del hombre, y que nunca lograremos descifrar.
Le pedimos, pues, a Jesús:
Señor
Jesús, danos comprender las Bienaventuranzas que lanzaste al mundo, y danos a gustar
la dicha que en ellas se encuentra y que te dieron a ti vida y muerte. Amén.
Guadalajara,
viernes 15 de febrero de 2019