Recomendaciones en la despedida de Jesús
Jn 14,23-29
Texto evangélico:
[22 Le dijo Judas, no el Iscariote:
«Señor, ¿qué ha sucedido para que te reveles a nosotros y no al mundo?»].
23 Respondió Jesús y le dijo: «El que
me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos
morada en él. 24 El que no me ama no guarda mis palabras. Y la palabra
que estáis oyendo no es mía, sino del Padre que me envió.
25 Os he hablado de esto ahora que
estoy a vuestro lado, 26 pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que
enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya
recordando todo lo que os he dicho.
27 La paz os dejo, mi paz os doy; no
os la doy yo como la da el mundo. Que no se turbe vuestro corazón ni se
acobarde. 28 Me habéis oído decir: “Me voy y vuelvo a vuestro lado”.
Si me amarais, os alegraríais de que vaya al Padre, porque el Padre es mayor
que yo. 29 Os lo he dicho ahora, antes de que suceda, para que
cuando suceda creáis.
Hermanos:
1. Este Evangelio que hemos escuchado es
una sección de las palabras de despedida que Jesús pronuncia en la última Cena.
Se nos habla de cosas divinas en un lenguaje familiar y coloquial:
- La morada de Dios en el corazón el creyente.
- La asistencia del Espíritu en la
Iglesia.
- La alegría que debemos tener de que
Jesús vuelva al Padre.
En la homilía nos centramos en el
Evangelio, y de ello quiero hablar. Pero sin apartar el corazón de ese centro que
es Jesús, vamos a prestar atención a lo que nos han narrado los Hechos de los
Apóstoles, el libro que vamos leyendo durante todos los domingos de Pascua. Es
la vida de la Iglesia. Escenas que nos cuentan cómo comenzó esta aventura en la
que estamos metidos y seguimos.
2. El texto de hoy es un informe
precioso y profundamente iluminador para las circunstancias sucesivas que se
van dando en la Iglesia, y que es necesario afrontar y resolver. Es el primer
concilio que se celebró en la Iglesia, el Concilio de Jerusalén ante un problema
surgido de primerísima importancia. La misión de la Iglesia está en marcha y
Pablo y Bernabé acaban de volver de la primera gran misión que se ha llevado a
cabo. El Evangelio se ha expandido de Jerusalén, primero por Antioquía de Siria
y luego, dándose a la mar, en la isla de Chipre y en la región sur de Asia
Menor, lo que hoy se llama Turquía. El Evangelio es de todos. Pero al anunciar
el mensaje de Jesús a los paganos, que nada saben de Moisés y de los Profetas, ha
surgido un gran problema: Para ser cristiano ¿hay que ser primero judío, puesto
que la salvación vino por los judíos, como dijo Jesús a la Samaritana? ¿Tiene
que entrar uno en el pueblo de la antigua alianza, mediante la circuncisión, obligándose
a guardar la ley de Moisés?
Parece que sí y parece que no. Jesús era
judío y al octavo día fue circuncidado. Es lógico que los discípulos de Jesús practiquen
igualmente la circuncisión y se comprometan a guardar la Ley de Moisés. Y ¿no
dijo Jesús: Yo no he venido a destruir al Ley ni los profetas, sino a llevarlos
a su plenitud?
Pero parece que no, porque Jesús ha
venido a hacer nuevas todas las cosas, desde su raíz. Y he aquí que los apóstoles
bautizan y desciende el Espíritu Santo igual sobre judíos que sobre gentiles.
3. Hubo discusiones acaloradas. Se reunió
la asamblea en Jerusalén. Todos pudieron hablar, y se dio paso al argumento de los
hechos. Dios no hace distinciones, nosotros no podemos hacerlas. No hace falta la
circuncisión para ser discípulo de Cristo; no hace falta atenerse a las
prescripciones que dio Moisés para practicar el Evangelio.
De modo transitorio se tomaron algunos
acuerdos básicos, muy pocos, para no herir la sensibilidad de los hermanos procedentes
del mundo judío, pero los principios quedaron claros para siempre.
4. En tiempo reciente han surgido en la
Iglesia problemas muy serios con referencia a la procreación y al matrimonio.
Hay que reunirse, hay que escuchar y confrontar pareceres, porque sobre los
mismos problemas podemos pensar diferente, y hay que pedir la luz del Espíritu
para que al final Pedro, es decir, el sucesor de Pedro dé una palabra
autorizada.
Justamente el Evangelio de hoy, en una
de sus sentencias, nos hablaba de esto: 25
Os he hablado de esto ahora que estoy a vuestro lado, 26 pero el
Paráclito, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os
lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho.
¿Qué dice el Evangelio sobre el control
de la natalidad? El Evangelio no dice nada sobre el control de la natalidad.
Por lo tanto, los matrimonios pueden obrar según su parecer. No es esa la
solución. El Espíritu Santo os irá recordando. El Espíritu Santo, que sigue vivo
y operando en los pastores y en los fieles, os irá recordando. El Espíritu
Santo es el que no dice: Esto sí va de acuerdo con la doctrina de Jesús y esto
no va de acuerdo.
Tantos y tantos problemas que nos lanza
la vida, y que piden respuesta. Dios no nos abandona, y con sencillez y
confianza vamos viviendo y obteniendo respuestas.
5. La primera de las recomendaciones que
hoy encontramos en las palabras de Jesús, recogidas para este domingo, nos trae
un gran consuelo: El que me ama guardará
mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él.
Esto es lo que se llama el misterio de
la inhabitación de la Santísima Trinidad en el alma.
“He hallado mi cielo en la tierra,
porque el cielo s Dios y Dios está conmigo”. Esto es el centro de la espiritualidad
de una joven carmelita, llamada sor Isabel de la Trinidad, hoy santa Isabel de
la Trinidad, que en su juventud oyó este mensaje, entró monja en el Carmelo y murió los 26 años.
6. Nunca olvidaré lo que una señora me
contaba (antes de venjr yo a esta ciudad) a propósito de la muerte de su hija a
los 18 años. Murió en cuarenta días, con una enfermedad muy rara que no se le
pudo detectar. Iba perdiendo la vista.
- Mamá ¿dónde está Dios?
Y su madre respondía:
- Hija mía, Dios está en todas partes;
está en el cielo, está en la tierra, está en las flores, está en las plantas,
está en los árboles.
La hija sonreía y le contestaba:
- No,
mamá, no entiendes nada. Dios ha creado las flores y las plantas, pero no
está ahí. Dios está en tu corazón y en el mío.
7. Naturalmente que esta respuesta le llenaba
a la madre de emoción y de orgullo por tener una hija santa que se estaba
muriendo. Dios está en los pajaritos y en las plantas… Pero es diferente. Ahí
no vive ahí. Dios vive en mi corazón. ¿Nos damos cuenta de lo que esto significan?
Mi corazón es la sede de la Trinidad.
Mi corazón es el lugar donde Dios habita, donde Dios habla, donde Dios quiere
tener una diálogo de amor conmigo. Si efectivamente yo creo esto, hermanos, el
cielo ha comenzado en mí.
Estamos invitados.
Bástenos este pensamiento para concluir
esta homilía, no sin antes dirigir nuestra mirada a María, la Madre del Señor
(estamos en el mes de mayo). María ha sido el Sagrario del Espíritu Santo. En
su intimidad personal, en su propia carne femenina se hizo carne el Hijo de
Dios.
Señor
Jesús, hazme sentir tu divina presencia, pues moras en mí. Y enséñame a
escuchar ahí tu palabra y a sentir la presencia y la dulzura de tu amor. Amén.
Guadalajara, viernes, 24 de mayo de
2019.