viernes, 24 de mayo de 2019

1214. Dom. VI Pascua 2019 – Recomendaciones en la despedida de Jesús


Recomendaciones en la despedida de Jesús
Jn 14,23-29


Texto evangélico:
[22 Le dijo Judas, no el Iscariote: «Señor, ¿qué ha sucedido para que te reveles a nosotros y no al mundo?»].
23 Respondió Jesús y le dijo: «El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él. 24 El que no me ama no guarda mis palabras. Y la palabra que estáis oyendo no es mía, sino del Padre que me envió.
25 Os he hablado de esto ahora que estoy a vuestro lado, 26 pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho. 
27 La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy yo como la da el mundo. Que no se turbe vuestro corazón ni se acobarde. 28 Me habéis oído decir: “Me voy y vuelvo a vuestro lado”. Si me amarais, os alegraríais de que vaya al Padre, porque el Padre es mayor que yo. 29 Os lo he dicho ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda creáis.

Hermanos:
1. Este Evangelio que hemos escuchado es una sección de las palabras de despedida que Jesús pronuncia en la última Cena. Se nos habla de cosas divinas en un lenguaje familiar y coloquial:
- La morada de Dios en el corazón el creyente.
- La asistencia del Espíritu en la Iglesia.
- La alegría que debemos tener de que Jesús vuelva al Padre.
En la homilía nos centramos en el Evangelio, y de ello quiero hablar. Pero sin apartar el corazón de ese centro que es Jesús, vamos a prestar atención a lo que nos han narrado los Hechos de los Apóstoles, el libro que vamos leyendo durante todos los domingos de Pascua. Es la vida de la Iglesia. Escenas que nos cuentan cómo comenzó esta aventura en la que estamos metidos y seguimos.

2. El texto de hoy es un informe precioso y profundamente iluminador para las circunstancias sucesivas que se van dando en la Iglesia, y que es necesario afrontar y resolver. Es el primer concilio que se celebró en la Iglesia, el Concilio de Jerusalén ante un problema surgido de primerísima importancia. La misión de la Iglesia está en marcha y Pablo y Bernabé acaban de volver de la primera gran misión que se ha llevado a cabo. El Evangelio se ha expandido de Jerusalén, primero por Antioquía de Siria y luego, dándose a la mar, en la isla de Chipre y en la región sur de Asia Menor, lo que hoy se llama Turquía. El Evangelio es de todos. Pero al anunciar el mensaje de Jesús a los paganos, que nada saben de Moisés y de los Profetas, ha surgido un gran problema: Para ser cristiano ¿hay que ser primero judío, puesto que la salvación vino por los judíos, como dijo Jesús a la Samaritana? ¿Tiene que entrar uno en el pueblo de la antigua alianza, mediante la circuncisión, obligándose a guardar la ley de Moisés?
Parece que sí y parece que no. Jesús era judío y al octavo día fue circuncidado. Es lógico que los discípulos de Jesús practiquen igualmente la circuncisión y se comprometan a guardar la Ley de Moisés. Y ¿no dijo Jesús: Yo no he venido a destruir al Ley ni los profetas, sino a llevarlos a su plenitud?
Pero parece que no, porque Jesús ha venido a hacer nuevas todas las cosas, desde su raíz. Y he aquí que los apóstoles bautizan y desciende el Espíritu Santo igual sobre judíos que sobre gentiles.

3. Hubo discusiones acaloradas. Se reunió la asamblea en Jerusalén. Todos pudieron hablar, y se dio paso al argumento de los hechos. Dios no hace distinciones, nosotros no podemos hacerlas. No hace falta la circuncisión para ser discípulo de Cristo; no hace falta atenerse a las prescripciones que dio Moisés para practicar el Evangelio.
De modo transitorio se tomaron algunos acuerdos básicos, muy pocos, para no herir la sensibilidad de los hermanos procedentes del mundo judío, pero los principios quedaron claros para siempre.

4. En tiempo reciente han surgido en la Iglesia problemas muy serios con referencia a la procreación y al matrimonio. Hay que reunirse, hay que escuchar y confrontar pareceres, porque sobre los mismos problemas podemos pensar diferente, y hay que pedir la luz del Espíritu para que al final Pedro, es decir, el sucesor de Pedro dé una palabra autorizada.
Justamente el Evangelio de hoy, en una de sus sentencias, nos hablaba de esto: 25 Os he hablado de esto ahora que estoy a vuestro lado, 26 pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho.
¿Qué dice el Evangelio sobre el control de la natalidad? El Evangelio no dice nada sobre el control de la natalidad. Por lo tanto, los matrimonios pueden obrar según su parecer. No es esa la solución. El Espíritu Santo os irá recordando. El Espíritu Santo, que sigue vivo y operando en los pastores y en los fieles, os irá recordando. El Espíritu Santo es el que no dice: Esto sí va de acuerdo con la doctrina de Jesús y esto no va de acuerdo.

Tantos y tantos problemas que nos lanza la vida, y que piden respuesta. Dios no nos abandona, y con sencillez y confianza vamos viviendo y obteniendo respuestas.

5. La primera de las recomendaciones que hoy encontramos en las palabras de Jesús, recogidas para este domingo, nos trae un gran consuelo: El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él.
Esto es lo que se llama el misterio de la inhabitación de la Santísima Trinidad en el alma.
“He hallado mi cielo en la tierra, porque el cielo s Dios y Dios está conmigo”. Esto es el centro de la espiritualidad de una joven carmelita, llamada sor Isabel de la Trinidad, hoy santa Isabel de la Trinidad, que en su juventud oyó este mensaje, entró monja en el Carmelo y murió  los 26 años.

6. Nunca olvidaré lo que una señora me contaba (antes de venjr yo a esta ciudad) a propósito de la muerte de su hija a los 18 años. Murió en cuarenta días, con una enfermedad muy rara que no se le pudo detectar. Iba perdiendo la vista.
- Mamá ¿dónde está Dios?
Y su madre respondía:
- Hija mía, Dios está en todas partes; está en el cielo, está en la tierra, está en las flores, está en las plantas, está en los árboles.
La hija sonreía y le contestaba:
- No, mamá, no entiendes nada. Dios ha creado las flores y las plantas, pero no está ahí. Dios está en tu corazón y en el mío.

7. Naturalmente que esta respuesta le llenaba a la madre de emoción y de orgullo por tener una hija santa que se estaba muriendo. Dios está en los pajaritos y en las plantas… Pero es diferente. Ahí no vive ahí. Dios vive en mi corazón. ¿Nos damos cuenta de lo que esto significan?
Mi corazón es la sede de la Trinidad. Mi corazón es el lugar donde Dios habita, donde Dios habla, donde Dios quiere tener una diálogo de amor conmigo. Si efectivamente yo creo esto, hermanos, el cielo ha comenzado en mí.
Estamos invitados.
Bástenos este pensamiento para concluir esta homilía, no sin antes dirigir nuestra mirada a María, la Madre del Señor (estamos en el mes de mayo). María ha sido el Sagrario del Espíritu Santo. En su intimidad personal, en su propia carne femenina se hizo carne el Hijo de Dios.

Señor Jesús, hazme sentir tu divina presencia, pues moras en mí. Y enséñame a escuchar ahí tu palabra y a sentir la presencia y la dulzura de tu amor. Amén.

Guadalajara, viernes, 24 de mayo de 2019.

No hay comentarios:

Publicar un comentario