Yo y el Padre uno somos
(Meditatio,
ruminatio)
“ 27
Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen, 28
y yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre, y nadie las arrebatará
de mi mano. 29 Mi Padre, lo que me ha dado, es mayor que todo, y
nadie puede arrebatarlas de la mano de mi Padre. 30 Yo y el Padre
somos uno” (Jn 10,27,30, Evangelio de hoy, Domingo IV del tiempo de Pascua)
“Egô
kai ho Páter, en esmen.
Ego
et Pater unum sumus”.
Meditando estas palabras la capuchina
Sierva de Dios Sor Consolata Bertone advertía que nadie puede arrebatar a la
oveja de los brazos de Jesús, pero ella – misteriod e la humana libertad… - sí
se puede escapar.
Meditando estas palabras yo, Misionero
de la Misericordia, y aplicándolas al Sacramento de la Misericordia y de la
ternura de Dios, me pregunto: ¿Y o habremso complicado este divino Sacramento,
que es puro derroche de la compasión de Dios y de la paz del corazón?
“Yo y el Padre uno
somos”,
me dice el texto
sagrado,
y buscando yo medito
lo que Dios ha
revelado.
- ¿De qué hablabas, mi
Señor,
cuando así nos has
hablado?
- Hablaba de mis
ovejas,
abriéndome a mi rebaño.
No enseñé Filosofía
que estudiar yo no he
estudiado,
hablaba lo que sabía,
lo que a mi Padre he
escuchado.
Hablaba de intimidades
que nunca habían
sonado,
hablaba yo para ti,
que ahora estás
asombrado.
Mis ovejas me conocen
me conocen y las amo,
que en el amor, solo así,
se conoce a Dios amado.
Me conocen y me siguen,
porque saben bien mis
pasos,
y con esta intimidad
jamás podrá haber
engaño.
Y mi secreto cordial
es que ellas son mi
regalo,
el Padre a quien
pertenecen
a mí me las ha entregado.
Son mías, don de mi
Padre,
bajo mi amante cayado,
y nadie fuerte…, más
fuerte,
las va a sacar de mis
brazos.
Que el Creador que es
mi Padre
las mantiene con su
mano,
y el Padre y yo somos
uno
para un rebaño sin
daño.
Uno con Dios Salvador,
de la muerte yo
salvado;
uno en la fuerza
pascual
que en todo mal ha
triunfado.
Yo y el Padre uno
somos,
en la Biblia de milagros,
uno en la fuerza y la
paz
con el Espíritu Santo.
Yo y el Padre somos uno
para ti, que has
confiado:
no temas, porque eres
mío,
de pecados perdonado.
* * *
Y ahora vengan los
teólogos
reunidos en senado
para hablar con
precisión
de Jesús, Verbo
Encarnado.
¿Qué es ousía, qué es hipóstasis,
que en el Verbo se han
juntado?
Una Esencia y tres
Personas,
un solo Dios personado…
Misterio de los
misterios
para el cielo
reservado.
Me quedo en adoración,
a la Palabra arrimado.
Yo y el Padre uno
somos…
Yo quiero ser
penetrado,
por ese amor salvador
y en él ser unificado.
¡Piedad de mí, mi
Señor,
hazme sentir lo que
hablo.
que yo soy un peregrino,
y tan solo quiero
amaros! Amén.
Guadalajara,
Jalisco, 12/13 mayo 2019.
Domingo
– Lunes, IV semana de Pascua
9. La luz que la Pascua irradia
(La
Virgen María en la Resurrección)
La resurrección de Jesús es misterio
mariano, en el sentido de que es la raíz de todos los misterio, origen y cima.
En la resurrección vimos la virginidad.
En la resurrección la divina maternidad.
En la resurrección palpábamos las
primicias de María Asunta en cuerpo y alma a los cielos, en la espera de que vayamos
nosotros a la zaga de la esposa santa del Verbo de Dios.
Cantemos.
La luz que la Pascua irradia
ha llegado hasta María,
y en la Pascua de su
Hijo
de la Asunta es
profecía.
Dios ha unido Madre e
Hijo
y de dos hizo una vida,
de cara a la Trinidad,
de cara a nuestra
familia.
Resucita la Cabeza
y el Cuerpo entero
respira;
el triunfo de la
Belleza
a la Virgen santifica.
Muy dulce de contemplar
esa presencia
escondida,
pura gracia de
Evangelio
para quien cree y
admira.
Y de María hasta mí
yo en silencio percibía
que fluye resurrección
y de una fuente salía.
Junto a la cruz firme
estaba
y luego no aparecía,
la fe gustaba el
misterio
y el misterio Sol se
hacía.
Yo llego hasta ti,
Jesús,
como María vivía,
la fe es creación y
asombro,
y es mi Hora y alegría.
Amén.
Guadalajara,
Jalisco, Virgen de Fátima 2019.
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