viernes, 31 de mayo de 2019

1216. Domingo de la Ascensión 2019 – Gozo, alabanza, misión y Espíritu


Gozo, alabanza, misión y Espíritu
Lc 24,46-53



Texto evangélico:
46 Y les dijo: «Así está escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día 47 y en su nombre se proclamará la conversión para el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. 48 Vosotros sois testigos de esto. 49 Mirad, yo voy a enviar sobre vosotros la promesa de mi Padre; vosotros, por vuestra parte, quedaos en la ciudad hasta que os revistáis de la fuerza que viene de lo alto».
50 Y los sacó hasta cerca de Betania y, levantando sus manos, los bendijo. 51 Y mientras los bendecía, se separó de ellos, y fue llevado hacia el cielo. 52 Ellos se postraron ante él y se volvieron a Jerusalén con gran alegría; 53 y estaban siempre en el templo bendiciendo a Dios.

Hermanos:
1. Los cincuenta días de la Pascua del Señor tienen una cima significativa en la fiesta de la Ascensión, que hoy celebramos, y el remate glorioso en la solemnidad de Pentecostés.
¿Qué nos dice, pues, la fe sobre la Ascensión del Señor?
San Lucas nos da la respuesta.
La Ascensión del Señor es el cierre de la vida de Jesús, Hijo de Dios, en su presencia en medio de nosotros en la tierra, y es el comienzo de esa nueva presencia que va a tener con nosotros, hasta su vuelta.
En su forma de escribir este evangelista, juntando los dos libros que nos ha entregado, es decir el tercer Evangelio o Evangelio según san Lucas, con la historia sucesiva, que es la historia de los Apóstoles, los Hechos de los Apóstoles, ha establecido las etapas de la Historia de la salvación, haciendo un empalme ordenado.
Jesús predicó el Reino de Dios, que lo unió a su intervención personal, como ningún profeta lo había hecho. San Lucas nos presenta la historia de Dios, de una manera progresiva en estos períodos:
- Antes de Jesús: la historia antigua que llega hasta Juan Bautista.
- El tiempo de Jesús: Y este tiempo se va a cerrar con la Ascensión.
- El tiempo de la espera hasta el retorno de Jesús, que lo podemos llamar “el tiempo de la Iglesia”.
Según ello, de acuerdo a lo que han dicho los estudiosos de la Biblia Jesús es “el centro del tiempo” (die Mitte der Zeit)

2. Por ciertas palabras de Jesús se podía prever que el final, es decir, esa intervención, esa aparición en gloria era un evento que podía irrumpir de un  momento a otro. San Lucas, que escribe cuando la experiencia de la Iglesia va adelante, nos dice que no: que podemos aguardar tranquilos, que no podemos contar con el final de la historia como algo que va a irrumpir cualquier día, siendo nosotros testigos.
El tiempo de Jesús pasó, y ahora estamos en el tiempo de la Iglesia, de duración indefinida, que nadie conoce, siglos y siglos que pueden convertirse en milenios. Nosotros tenemos una tarea que cumplir, - una misión que realizar - que no puede ser anulada por el pensamiento de una inminente venida del Señor.

3. Veamos, pues, lo que hoy hemos escuchado: primero en el Evangelio, relato que San Lucas empalmará con los Hechos de los Apóstoles.
En la muerte de Jesús se han cumplido las profecías. Los acontecimientos ocurridos no han sido la historia del azar. Han sido el cumplimiento de las Escrituras: la muerte de Jesús, y el triunfo de Jesús sobre la muerte en su Resurrección, dos acontecimientos que nunca se podrán separar. Ni Pasión sin Resurrección, ni Resurrección sin Pasión.
Si rompemos esta unidad, rompemos la vida de Jesús.
E igualmente si rompemos esta unidad rompemos nuestra propia vida, que ha de ser asimilada a la de Jesús.

4. En esa aparición terminal Jesús les ha hablado a los suyos de esta unidad que ha llevado el misterio de su vida, pero les ha anunciado que tampoco el remate es la Resurrección, sino la venida del Espíritu.
Sin la llegada del Espíritu no tendría sentido la vida de Jesús, observémoslo bien.
La vida de Jesús se concluye en las maravillas que el Espíritu Santo está haciendo hoy en medio de nosotros.
Digamos, pues, con rotundo convencimiento:
- Jesús sin la Iglesia no es Jesús.
- Y la Iglesia sin Jesús no es la Iglesia.
La unidad es total y esencial.

5. Estamos poniendo en términos nuestros la conversación final que tuvo Jesús con sus apóstoles. Y ahora vienen esos tres versículos maravillosos que cierran el Evangelio:
- los sacó fuera de Jerusalén, hacia Betania
- levantando las manos los bendijo,
- y se separó de ellos
- y ellos lo adoraron
- vuelven a Jerusalén
- y estaban de continuo en el Templo.
Según el Evangelista no hay una ruptura entre el Pueblo de Israel y la Fe cristiana; no hay una ruptura, sino un paso.
Con los hechos que narra nos invita él a contemplar, pero al mismo tiempo con los hechos pone los sentimientos. Y es muy bello y muy consolador advertir esto. Valoremos exactamente estas palabras: y se volvieron a Jerusalén con gran alegría; y estaban siempre en el templo bendiciendo a Dios.
La separación de Jesús no produce tristeza sino alegría, y ese estado permanente de alegría se va a expresar en la alabanza y bendición de continuo en el Templo.

6. Podemos saborerar, como se hace en la lectio divina de la Escritura,
- la bendición final de Jesús
- la alegría que inunda el corazón de los apóstoles
- y la alabanza y bendiciones en el Templo.

Para bendecir Jesús alzó las manos. Es la bendición del Sumo Sacerdote que eleva y ensancha las manos como capturando el favor divino que viene del cielo. Jesús se va, pero deja a todo Dios en medio de nosotros. Y él mismo se queda. El cristiano, por definición, será para siempre un “bendecido por Dios”, un bendito de Jesús. Yo llevo esa bendición y nadie me la puede arrancar.

Por eso, la alegría es nota esencial del ser cristiano. Jesús ha hablado en la Cena, como lo hemos escuchado reiteradamente estos días. La momentánea desaparición de Jesús dejará tristes a los apóstoles, pero el regreso de Jesús en la Resurrección les traerá una alegría indeleble.
Jesús se marcha al cielo, y esto es para nosotros alegría que nadie nos puede quitar.

Por eso los apóstoles, de regreso a Jerusalén, bendicen al Señor, y esa bendición es una actitud continua y permanente.
Grabémoslo muy bien en el corazón. El cristiano es un amado por Dios, un bendecido por Dios, y alguien que, al sentirse así, responde con la bendición.

Esto nos dice el Evangelio de hoy, hermanos.
Pero hemos titulado esta homilía: Gozo, alabanza, misión y Espíritu.
A la partida de Jesús sigue la misión de los suyos. A la partida de Jesús sigue el envío del Espíritu. Son evidencias del texto sagrado de hoy. Pero por razón de brevedad no nos prolongamos en la exposición de esas inmensas verdades de la fe, que son el sustento de nuestra vida.

Señor Jesús Resucitado, que hoy asciendes junto al Padre, nos gozamos con tu infinita alegría. Que la Gracia de tu bendición nos llene de gozo hasta la hora del encuentro. Amén.

Guadalajara, Jalisco, viernes 31 de mayo de 2019 (Visitación de María)

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