Ante la tumba vacía
(El
Voto de la Ternura)
Y María esta fuera llorando (Jn 20,11)
Con amor eterno te quiero (Isaías
54,8).
Con amor eterno te amé,
por eso prolongué mi misericordia para contigo. (Jeremías
31,2)
Meditando, contemplando
ante la tumba vacía,
y llorando como ella
la tumba ¿qué me decía…?
Como Pedro y como Juan
vi lo que nunca veía:
que la Divina Escritura
era la tumba vacía.
Vacía de muerte humana,
llena de gloria divina;
vacía de mis pecados
y Dios que
resplandecía.
Y comprendí que la
historia
incierta de cada día,
si era la historia de
Dios
triunfo de Dios lo
sería.
Y supe que paz y amor,
que victoria y alegría,
que el laurel y la
esperanza
nunca en la tumba
serían.
Comprendí que Dios es
Dios
que su Hora es Hora
mía,
que mi vida es una
perla
que en su corona ponía.
Comprendí que amor
eterno
es promesa todavía,
comprendí que no
comprendo
la lectura de Isaías.
Comprendí Divinidad
en la vida decaída,
y comprendí que el
Espíritu
era el alma que regía.
Y un voto a los pies de
Cristo
con mis labios
profería:
Que seas tú, solo tú,
mi luz, mi criterio y
guía.
El Voto de la Ternura
a ese Voto llamaría:
que sea mi vida Pascua
igual y siempre
distinta.
Prometo solemnemente
ser Cirio de la
Vigilia,
ser Bautismo de Jesús
ante la tumba vacía.
Amén.
Guadalajara,
Domingo IV de Pascua, 12 mayo 2019,
tras
el retiro de la Fraternidad.
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