El mandamiento de Jesús
Jn 13,31-34
Texto evangélico:
31 Cuando salió, dijo Jesús: «Ahora
es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él. 32
Si Dios es glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí mismo: pronto
lo glorificará. 33 Hijitos, me queda poco de estar con vosotros. […]
34 Os doy un mandamiento nuevo: que
os améis unos a otros; como yo os he amado, amaos también unos a otros. 35
En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os amáis unos a otros».
Hermanos:
1. Los siete domingos que componen el
tiempo pascual tienen esta estructura:
- Los tres primeros, el referente del
Evangelio son las apariciones de Jesús.
- El cuarto, domingo pasado, todos los años
el Buen Pastor.
- El quinto, a partir de hoy, despedida
de Jesús en la Cena.
En Pascua leemos los Hechos de los Apóstoles,
los diversos momentos de la historia primitiva de la Iglesia que muestran cómo
el Resucitado está con nosotros y desde el cielo nos acompaña. Los Hechos de
los Apóstoles nos muestran a la comunidad primitiva en su vida íntima, en sus
diversos ministerios, y en la misión, como contemplamos hoy a Pablo y Bernabé
recorriendo las regiones de Asia Menor.
2. Hoy Jesús nos habla del mandamiento
del amor, que es lo que celebremos en Jueves Santo. Vamos a volver sobre lo
mismo, como meditación pascual.
Las palabras de Jesús podemos
concentrarlas en estos cuatro puntos, que se graben eficazmente en el corazón y
que del corazón pasen a la vida.
- El primero es que el mandamiento de
Jesús es “mandamiento nuevo”.
- El segundo es que este mandamiento ya
está cumplido; sí, está cumplido en Jesús, el Señor, que nos va a servir de
modelo.
- El tercero es que este es el mandamiento
distintito entre todos.
- Y el cuarto es que este mandamiento es
lo que define y unifica y vitaliza a la comunidad.
3. Para Jesús el mandamiento del amor es
un mandamiento “nuevo”. Es nuevo aquello que antes no se conocía, que antes no
se había experimentado; en suma, algo que antes no existía.
Para Jesús lo que él está diciendo es nuevo: no se había dicho antes, no se
había practicado antes así como él lo está diciendo. Todo esto es muy serio,
porque se trata del amor, esa palabra sustancial que brota en el corazón de
todos los humanos como lo más auténtico de nosotros mismos.
Ahora resulta que tenemos que aprender
algo nuevo, nunca oído. Tenemos que aprender el amor.
Es nuevo lo que es tan viejo como el ser
humano. Y Moisés lo recogió en las Tablas de la Ley: Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con
todas tus fuerzas. Y otro libro mosaico, el Levítico, continúa: Amarás al prójimo como a ti mismo. Más
no se puede decir.
Y, sin embargo, “os doy un mandamiento
nuevo”, una palabra que sigue golpeando y repiqueteando en nuestro corazón.
Aquí tenemso, pues, la novedad que la
Iglesia aporta al mundo. Y esa novedad es su frescura y su juventud permanente.
4. “Como
yo os he amado”. Ahí está la absoluta novedad, el remate final del
mandamiento, que no ha de ser superado por ningún otro paradigma: Como yo os he
amado.
Jesús nos ha amado como Dios y como
hombre, Jesús nos ha amado mediante el perdón absoluto de nuestros pecados;
Jesús nos ha amado derramando su vida en la Cruz por nosotros.
En calidad de amor, en cantidad de amor,
en eternidad de amor, Jesús nos ha amado todo.
El amor verdadero, si es verdadero amor,
tiene que ser un amor gratuito, tiene que es un amor total, tiene que ser un
amor para siempre. Sobre este presupuesto, por ejemplo, se funda el amor
matrimonial, que es rechazado como proyecto de vida por las sociedades
avanzadas, porque ningún filósofo o sociólogo piensa que el amor humano tenga por
qué tener estas condiciones.
Pero es que Jesús ha pretendido que el
amor divino pase a ser amor humano, y que el amor humano solo pueda ser
calificado con el paradigma divino de su propio amor.
Esto es justamente la revelación y la
novedad del amor.
Repito, hermanos: amor gratuito (que es
amor a fondo perdido, sea correspondido o no), amor total, amor para siempre, duradero
para siempre.
5. Se comprende, pues, por pura lógica
de palabras que este tipo de amor nuevo, ya verificado en Jesús, es el signo distintito
de la comunidad.
Si uno es español o mexicano se le nota,
y no hay por qué disimularlo, por su modo de hablar, por su talante, por ese poso
de identidad que le ha dado la vida.
Si uno es cristiano, es decir, discípulo
de Cristo, se ha de notar que es distinto, no por tradiciones que se hayan ido
acumulando a lo largo de los siglos, como cada raza tiene las suyas, sino por
algo simple y sublime, como es el amor. Esa manera de amar, de perdonar, de
esperar, de aceptar, de acoger… eso justamente eso, precisamente eso, es lo que
nos califica como discípulos del Señor. Esa es nuestra identidad; esa es nuestra
sangre, nuestro ADN.
Uno de los modos que nos amenaza hoy de
perder nuestra identidad es condicionar el perdón a razones que no son
cristianas. “Tolerancia cero” decimos hoy cuando se trata de abusos a menores.
Eso es cierto, pero es verdadero solo a condición de que añadamos en el mismo
renglón: “Y perdón absoluto”, al modo como Dios perdona.
6. En fin, hermanos el último toque que
nos da Jesús, al hablar de amor, es que este amor es el que ha de gobernar la
comunidad, que luego se ha de proyectar hacia afuera. Pero, ante todo, el amor
es el alma de la propia comunidad.
Amor al esposo, amor a la esposa, amor
en el seno de la propia familia, antes que las obras de caridad que uno pueda
hacer hacia afuera. Que el amor, es cierto, si es sano, vivo, fuerte es un amor
que desde sí mismo se ha de proyectar hacia afuera.
En resumen, hermanos: El amor es la
palabra genuina que nosotros, discípulos de Jesús, hemos de regalarnos
mutuamente y hemos de ofertar a nuestros hermanos, los hombres. Hoy volvemos a
recibir esta palabra como mensaje de Jesús Resucitado.
Señor
Jesús, que el amor transforme enastar vida, y desde nuestra propia comunidad
irradie hacia nuestros hermanos, los hombres. Amén.
Guadalajara, Jalisco, jueves 16 de mayo de
2019
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