jueves, 16 de mayo de 2019

1212. Dom. V Pascua 2019 – El mandamiento de Jesús



El mandamiento de Jesús
Jn 13,31-34



Texto evangélico:
31 Cuando salió, dijo Jesús: «Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él. 32 Si Dios es glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí mismo: pronto lo glorificará. 33 Hijitos, me queda poco de estar con vosotros. […]
34 Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros; como yo os he amado, amaos también unos a otros. 35 En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os amáis unos a otros».

Hermanos:
1. Los siete domingos que componen el tiempo pascual tienen esta estructura:
- Los tres primeros, el referente del Evangelio son las apariciones de Jesús.
- El cuarto, domingo pasado, todos los años el Buen Pastor.
- El quinto, a partir de hoy, despedida de Jesús en la Cena.
En Pascua leemos los Hechos de los Apóstoles, los diversos momentos de la historia primitiva de la Iglesia que muestran cómo el Resucitado está con nosotros y desde el cielo nos acompaña. Los Hechos de los Apóstoles nos muestran a la comunidad primitiva en su vida íntima, en sus diversos ministerios, y en la misión, como contemplamos hoy a Pablo y Bernabé recorriendo las regiones de Asia Menor.

2. Hoy Jesús nos habla del mandamiento del amor, que es lo que celebremos en Jueves Santo. Vamos a volver sobre lo mismo, como meditación pascual.
Las palabras de Jesús podemos concentrarlas en estos cuatro puntos, que se graben eficazmente en el corazón y que del corazón pasen a la vida.
- El primero es que el mandamiento de Jesús es “mandamiento nuevo”.
- El segundo es que este mandamiento ya está cumplido; sí, está cumplido en Jesús, el Señor, que nos va a servir de modelo.
- El tercero es que este es el mandamiento distintito entre todos.
- Y el cuarto es que este mandamiento es lo que define y unifica y vitaliza a la comunidad.

3. Para Jesús el mandamiento del amor es un mandamiento “nuevo”. Es nuevo aquello que antes no se conocía, que antes no se había experimentado; en suma, algo que antes no existía.
Para Jesús lo que él está diciendo es nuevo: no se había dicho antes, no se había practicado antes así como él lo está diciendo. Todo esto es muy serio, porque se trata del amor, esa palabra sustancial que brota en el corazón de todos los humanos como lo más auténtico de nosotros mismos.
Ahora resulta que tenemos que aprender algo nuevo, nunca oído. Tenemos que aprender el amor.
Es nuevo lo que es tan viejo como el ser humano. Y Moisés lo recogió en las Tablas de la Ley: Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas. Y otro libro mosaico, el Levítico, continúa: Amarás al prójimo como a ti mismo. Más no se puede decir.
Y, sin embargo, “os doy un mandamiento nuevo”, una palabra que sigue golpeando y repiqueteando en nuestro corazón.
Aquí tenemso, pues, la novedad que la Iglesia aporta al mundo. Y esa novedad es su frescura y su juventud permanente.

4. “Como yo os he amado”. Ahí está la absoluta novedad, el remate final del mandamiento, que no ha de ser superado por ningún otro paradigma: Como yo os he amado.
Jesús nos ha amado como Dios y como hombre, Jesús nos ha amado mediante el perdón absoluto de nuestros pecados; Jesús nos ha amado derramando su vida en la Cruz por nosotros.
En calidad de amor, en cantidad de amor, en eternidad de amor, Jesús nos ha amado todo.
El amor verdadero, si es verdadero amor, tiene que ser un amor gratuito, tiene que es un amor total, tiene que ser un amor para siempre. Sobre este presupuesto, por ejemplo, se funda el amor matrimonial, que es rechazado como proyecto de vida por las sociedades avanzadas, porque ningún filósofo o sociólogo piensa que el amor humano tenga por qué tener estas condiciones.
Pero es que Jesús ha pretendido que el amor divino pase a ser amor humano, y que el amor humano solo pueda ser calificado con el paradigma divino de su propio amor.
Esto es justamente la revelación y la novedad del amor.
Repito, hermanos: amor gratuito (que es amor a fondo perdido, sea correspondido o no), amor total, amor para siempre, duradero para siempre.

5. Se comprende, pues, por pura lógica de palabras que este tipo de amor nuevo, ya verificado en Jesús, es el signo distintito de la comunidad.
Si uno es español o mexicano se le nota, y no hay por qué disimularlo, por su modo de hablar, por su talante, por ese poso de identidad que le ha dado la vida.
Si uno es cristiano, es decir, discípulo de Cristo, se ha de notar que es distinto, no por tradiciones que se hayan ido acumulando a lo largo de los siglos, como cada raza tiene las suyas, sino por algo simple y sublime, como es el amor. Esa manera de amar, de perdonar, de esperar, de aceptar, de acoger… eso justamente eso, precisamente eso, es lo que nos califica como discípulos del Señor. Esa es nuestra identidad; esa es nuestra sangre, nuestro ADN.
Uno de los modos que nos amenaza hoy de perder nuestra identidad es condicionar el perdón a razones que no son cristianas. “Tolerancia cero” decimos hoy cuando se trata de abusos a menores. Eso es cierto, pero es verdadero solo a condición de que añadamos en el mismo renglón: “Y perdón absoluto”, al modo como Dios perdona.

6. En fin, hermanos el último toque que nos da Jesús, al hablar de amor, es que este amor es el que ha de gobernar la comunidad, que luego se ha de proyectar hacia afuera. Pero, ante todo, el amor es el alma de la propia comunidad.
Amor al esposo, amor a la esposa, amor en el seno de la propia familia, antes que las obras de caridad que uno pueda hacer hacia afuera. Que el amor, es cierto, si es sano, vivo, fuerte es un amor que desde sí mismo se ha de proyectar hacia afuera.

En resumen, hermanos: El amor es la palabra genuina que nosotros, discípulos de Jesús, hemos de regalarnos mutuamente y hemos de ofertar a nuestros hermanos, los hombres. Hoy volvemos a recibir esta palabra como mensaje de Jesús Resucitado.

Señor Jesús, que el amor transforme enastar vida, y desde nuestra propia comunidad irradie hacia nuestros hermanos, los hombres. Amén.

Guadalajara, Jalisco, jueves 16 de mayo de 2019

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