Lo que diste y sigues dando
(Versos
peregrinantes)
“Esta es la voluntad del que me ha
enviado: que no pierda nada de lo que me dio, sino que lo resucite en el último
día. Esta es la voluntad de mi Padre: que todo el que ve al Hijo y cree en él
tenga vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día».
Yo soy el pan vivo que ha bajado del
cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi
carne por la vida del mundo» (Jn 6,39-40.51).
“Si no fuese verdad que nuestra carne es
salvada, tampoco lo sería que el Señor nos redimió con su sangre, ni que el
cáliz eucarístico es comunión de su sangre y el pan que partimos es comunión de
su cuerpo. La sangre, en efecto, procede de las venas y de la carne y de todo
lo demás que pertenece a la condición real del hombre, condición que el Verbo
de Dios asumió en toda su realidad para redimirnos con su sangre, como afirma
el Apóstol: Por este Hijo, por su sangre, hemos recibido la redención, el
perdón de los pecados.
Y, porque somos sus miembros, nos sirven
de alimento los bienes de la creación; pero él, que es quien nos da estos
bienes creados, haciendo salir el sol y haciendo llover según le place, afirmó
que aquel cáliz, fruto de la creación, era su sangre, con la cual da nuevo
vigor a nuestra sangre, y aseveró que aquel pan, fruto también de la creación,
era su cuerpo, con el cual da vigor a nuestro cuerpo. …” (Lectura de hoy, jueves
de la III semana de Pascua. La Eucaristía, prenda de resurrección, Del Tratado de san Ireneo, obispo, Contra
las herejías. Libro 5, 2, 2-3)
Lo
que diste y sigues dando
yo
lo recibo, Dios mío,
y
cómo quisiera en Pascua,
ser
un abrazo contigo.
Tu
carne, tu pura carne,
carne
del Verbo divino,
la
que sangrando pendía
de
la Cruz de mi suplicio,
hoy
es carne Eucaristía,
maná
del cielo escondido.
Hoy
es carne cotidiana,
en
mis labios, cuando digo:
“Tomad
y comedme todos”,
todos,
sí, los hijos míos,
que
soy vuestro hasta la entraña,
entregado,
pan comido;
que
soy sangre derramada
en
vuestras venas, un río
de
perdón y amor gratuito.
Pascua
feliz la que vivo
masticando
el Evangelio
verso
a verso, fruitivo,
gustando
vida de Dios,
mientras
voy de peregrino.
Dijeron
los santos Padres,
-
Irineo fue al principio -,
que
toda la creación
viene a la carne de Cristo.
Un
parentesto esencial
de
origen y de destino,
une
Verbo y universo
en
divino esponsalicio,
por
el Espíritu Santo
que
está en la entraña infundido.
Para
el Cuerpo del Señor
Dios
creó el mundo con trinos,
y
Jesús se alimentó
de
los frutos campesinos
que
Madre Tierra ofrecía,
y
allí fue la Encarnación
donde
Dios puso su nido.
Y
un día nos prometió
resucitarnos
consigo.
Y
en esta espera paciente
medito,
vuelvo y medito:
que
Dios es carne de amor,
en
un cuerpo circunscrito.
Dios
está aquí, yo confieso,
todo
el mundo es su latido,
la
Encarnación se hizo Pascua,
Pascua
se hizo el pan y el vino.
Y
mi esperanza futura
ya
se dónde deposito,
que
es en tu propio prodigio.
Seré
vida corporal
para
gloria de Dios Hijo,
seré
yo resurrección,
de
su carne revestido.
¡Gracias,
Dios mío, yo adoro…
Misterio
del uno y Trino,
y
me siento consagrado
a
mi Señor Jesucristo! Amén.
Guadalajara, Jalisco, 9 de mayo de 2019.
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