Hace
treinta años publicábamos un libro espiritual sobre la Resurrección del Señor: He
visto al Señor. La experiencia espiritual de los cristianos. (Ediciones
Edicep, Valencia 1992, 83 pp). Hoy volvemos sobre lo mismo, recordando aquel
testimonio del Evangelio de Juan: María la Magdalena fue y anunció a los
discípulos: «He visto al Señor y ha dicho esto» (Jn 20,18)
Jesús
Resucitado no es un pasado rememorativo, para aplicarnos lecciones y darnos
ánimos de vida. Jesús Resucitado es el hoy de Dios para la Iglesia santa y para
mí, y como al pasar las riberas del mundo, desaparecen materia, tiempo y
espacio, no soy menos privilegiado que la admirable Magdalena para anunciar a
mis hermanos: Hoy, que es Pascua, he visto al Señor y me ha dicho esto.
Desde
esta fe escribimos esta rima espiritual, en esta Pascua de gracia 2023.
Jn20 19Al anochecer de
aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las
puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en
medio y les dijo: «Paz a vosotros». 20 Y, diciendo esto, les enseñó
las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al
Señor. 21 Jesús repitió: «Paz a vosotros. Como el Padre me ha
enviado, así también os envío yo». 22 Y, dicho esto, sopló sobre
ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo; 23 a quienes les
perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les
quedan retenidos».24 Tomás,
uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. 25
Y los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor». Pero él les contestó:
«Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el
agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo».
26 A los ocho días, estaban otra vez dentro
los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se
puso en medio y dijo: «Paz a vosotros». 27 Luego dijo a Tomás: «Trae
tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas
incrédulo, sino creyente». 28 Contestó Tomás: «¡Señor mío y Dios
mío!». 29 Jesús le dijo: «¿Porque me has visto has creído?
Bienaventurados los que crean sin haber visto».
30 Muchos otros signos, que no están escritos
en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. 31 Estos han
sido escritos para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para
que, creyendo, tengáis vida en su nombre.
Hermanos:
1. El Domingo
pasado, Domingo de Pascua, fiesta de las fiestas, empezábamos nuestra homilía,
diciendo ¡Feliz Pascua del Señor! Con los mismos sentimientos, hoy podemos
comenzar con el mismo augurio: ¡Feliz pascua del Señor!, sintiendo al mismo
tiempo que todas nuestras palabras quedan cortas y resultan pobres y
descoloridas ante la belleza y magnitud del misterio que celebramos.
A este Domingo se
le ha puesto un título en la liturgia, cosa que no ocurre n ningún otro del
año, aunque varios domingos tinen intenciones particulares, “Domingo de la
Divina Misericordia”, pero, a la verdad, que hasta los mismos títulos resultan
incómodos, por el misterio infinito que celebramos rebasan los mismos títulos
que nosotros ponemos.
Cada día de la
semana pascual hemos contemplado, Evangelio a Evangelio, una aparición del
Señor; hoy, coronando esta primera semana de la cincuentena pascual, volvemos a
Juan, y la fe nos lleva al cenáculo, a lo que ocurrió aquella tarde del día que
hoy llamamos domingo, el primer día de la semana, dice el Evangelio, porque con
la resurrección del Señor comienza el calendario cristiano, y lo que ocurrió
una semana después.
2. Las palabras
humanas nos son necesarias para vivir mientras aquí vivimos, para entendernos y
relacionarnos, pero las palabras humanas no bastan para trasvasar lo divino a
lo humano, para unir lo infinito con lo infinito, la eternidad con el tiempo,
el misterio que lo visible.
El relato de Juan
nos ha dicho que miremos y que toquemos, que metamos el dedo en el agujero de
las manos llagadas, que metemos la mano enera en la llama del costado abierto,
que abierto viene desde el cielo. Pero un cuerpo celestial no tiene llagas, con
sangre o sin sangre, para introducir allí los dedos de nuestras manos o la mano
entera. Un cuerpo celestial queda divinizado, y solo divinamente se puede
comulgar con él. Ni la Filosofía ni la Biología nos pueden aclarar estas experiencias
divinas, a las que somos invitados. Yo no sé lo que significa la Física
cuántica, porque no he entrado nunca por estos rumbos; lo que sí sé y sabemos
que ninguna ciencia humana, ninguna experiencia de acá abajo, nos pueden
empalmar dando entrada al cuerpo de Cristo. Y, sin embargo, la letra del
Evangelio de hoy nos está diciendo, de modo concreto, que el cuerpo de Cristo
se nos brinda para que hagamos con él la experiencia del contacto espiritual,
para que veamos, toquemos, entremos.
La sorpresa
última es la frase final, cuando Jesús compara la suerte de Tomás con la suerte
nuestra: Felices, que por el contexto significa “más felices”, más felices que
tú Tomás, los que creen sin haber visto. Jesús está hablando de sus discípulos
que siguen de nosotros, de los discípulos reunidos en reunión memorial del
cuerpo y de la sangre, reunión memorial de cada domingo:
Tomás adoró al
Señor, rendido a sus plantas: Señor mío y Dios mío, y allí derramos su amor;
nosotros, más felices, entramos en contacto y abrazo con el Señor, entramos en
su cuerpo, nos aposentamos en su Corazón, a través del acto de fe, y somos más
felices que el mismo Tomás apóstol.
3. Volvamos al
principio de la escena. Al amanecer de aquel día fueron las apariciones a las
mujeres; al atardecer, lo que hemos escuchado.
Las puertas
estaban cerradas, por miedo a los judíos. Mas para el cuerpo de Jesús la casa
no tiene muros. Jesús acaba de traspasar, ya sin tiempo, el universo creado.
Del lugar donde está junto al Padre ha venido hasta nosotros. ¿No podrá llegar
a la sala de los apóstoles, y hoy a nuestra sala, sin tener que abrir la
puerta, sin tener que romper la pared…?
Así lo ha hecho.
Entró, vino, se
hizo presente. Y les saludó: ¡Shalom! Saludo de cortesía que se daban y se dan
todos los judíos, pero hoy sonaba distinto, porque era distinto. ¡La Paz! Pero
era distinto, porque dice el Evangelio que, al saludar, hizo un gesto
sacramental: Les mostró las manos y el costado. La paz que él daba
brotaba de allí. La Paz era un río espiritual de amor que brotaba de la Pasión
y muerte. Era blanca, era azul, era divina. Aquellas manos, aquel corazón se
han quedado abiertos, llegando hasta nosotros, porque la Paz sigue manando y
mando. San Pablo, al saludar al principio de sus cartas, ha redondeado esta paz
con una palabra, y les decía a los cristianos: ¡Gracia y Paz! Es decir,
que esa Paz era la gracia de Jesús que del cielo se desbordaba hasta nosotros.
4. Domingo de la
Divina Misericordia, decíamos antes, porque ese mensaje ha quedado plasmado
visualmente en esa imagen de la Divina Misericordia: Jesús, con vestidos
celestes, aparece desde el cielo, y con su mano derecha bendice y con la
izquierda está mostrando su corazón, y de este corazón manan dos haces de luz,
uno blanco y uno rojo, el agua y la sangre, que significan todo el caudal de
amor, nunca extinguido que mana del corazón de Jesús. Esta imagen quiere ser
una representación del Evangelio, y es el modo cómo Jesús se hizo ver a una
humilde religiosa polaca llamada santa Faustina Kowalska (25 agosto1905-
Cracovia, 5 octubre1938).
El mensaje que
deja esta humildísima hermana, en palabras de Jesús, recogidas del Diario
espiritual que escribió, es esta:
“Toda alma que
cree y tiene confianza en Mi Misericordia, la obtendrá. La última tabla de
salvación es recurrir a Mi Misericordia. Yo soy el amor mismo y la misma
misericordia”.
Hermanos, en la
Iglesia hay tantas imágenes y devociones de Jesús y de María. No demos ningún
valor mágico a ninguna de ellas. Son formas múltiples y legítimas. Pero ninguna
de ellas nos puede decir algo verdaderamente importante y definitivo en la fe,
que no esté ya contenido en el santo Evangelio.
El mensaje de la
Misericordia es un mensaje que mana de la Escritura.
5. La página de
hoy contiene una plenitud de sentido, pero el tiempo razonable de una homilía
nos impide profundizar en otras palabras de Jesús. Anotemos tan solo: Recibid
el Espíritu Santo. El Espíritu Santo, que es el Espíritu que animó a Jesús en
todo momento, el Espíritu por el cual fue encarnado en el seno de la Virgen
María, es el Espíritu que se otorga a la Iglesia como fruto de la Resurrección.
Y donde está el Espíritu está el pleno perdónd e los pecados.
Hermanos,
concluímos: ¡Verdaderamente ha resucitado el Señor!
Señor Jesús,
te pedimos que tu santa Resurrección sea experiencia real, viva y concreta en
nuestras almas y en nuestros cuerpos, y que toda nuestra vida sea un homenaje
de amor a este divino acontecimiento, que es tan actual para nosotros como para
tus apóstoles. Amén, aleluya.
Cuautitlán
Izcalli, Domingo octava de Pascua, 16 abril 2023.
Las Pascua es el hontanar
de los cantos de la Iglesia. Jesús es luz y misterio así lo contemplamos. Es
luz porque nos da ala clave de nuestra existencia total; es misterio, porque
jamás descifraremos la realidad infinita que contiene su persona, su nueva
condición que inicia el mundo nuevo.
Contemplamos su ser de
Resucitado, y nos deleitamos ene esta visión que vemos. Jesús es el anhelo
cumplido, el suyo y el nuestro; es el ríop infinito de vida que transforma el
universo, pues él inaugura los cielso nuevos y la tierra nueva. En suma, es el
Vencedor del pecado y la muerte; es el dador de la inmortalidad.
Y de esta manera, con el
corazón dilatado, cantamos (en versos decasílabos) la Pascua del Señor, un
himno que agregamos a los sencillos versos de Felicitación de este año.
Esplendente, mi Dios, oh
Jesús,
irradiante de luz y
misterio,
te adoramos con gozo
pascual,
porque hoy has llegado a
tu reino.
Eres tú el anhelo cumplido
del deseo inmortal que
tenemos,
del amor que nos mueve
insaciable
a ser hijos contigo en el
cielo.
Como un río de fuerza
infinita
de la nada saltó el
universo,
y era Dios que en tu
gracia iniciaba
toda historia hecha carne
en tu cuerpo.
Eres nuestro, el amor
encarnado,
que hoy nos toma consigo
en su vuelo,
eres quien eres, Alfa y Omega,
el inicio, el remate y el
centro.
Vencedor del pecado y la
muerte,
Vencedor de mi Yo, y mi
trofeo,
eres Dios que hasta mí te
abajaste
para hacerme en tu ser
tuyo entero.
¡Gloria a ti, el Viviente
por siempre,
esperanza feliz del
destierro,
tú serás el que eres y
eras,
Luz de Luz y Jesús
Nazareno! Amén, aleluya.
Áporo, Ejercicios espirituales, jueves de Pascua 13 de abril
de 2023.
Las apariciones de Jesús
tienen dos núcleos geográficos, que tienen su valor teológico: Jerusalén-Emaús
y Galilea:
-Jerusalén
(sepulcro, Cenáculo) y Emaús
-Galilea
(Lago Tiberíades, Monte alto).
Así los Evangelio. Y Pablo
añade: “y se apareció a más de 500 hermanos…”
En el Evangelio de la
Vigilia de este año, ciclo A, Mt 29,1-11 dice el ángel: “id aprisa a decir a
sus discípulos: “Ha resucitado de entre los muertos y va por delante de
vosotros a Galilea. Allí lo veréis”. Mirad, os lo he anunciado» (Mt 28,7).
Y a continuación Jesús:
Jesús les dijo: «No temáis: id a comunicar a mis hermanos que vayan a
Galilea; allí me verán» (v. 10).
Galilea es, pues, memoria
y promesa. Y el Evangelio de Mateo terminará en un monte de Galilea, con la
misión al mundo entero:
“Los once discípulos se
fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado.
Al verlo, ellos se
postraron, pero algunos dudaron.Acercándose a ellos, Jesús les dijo: «Se me ha dado todo poder en el
cielo y en la tierra.Id, pues, y haced
discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo
y del Espíritu Santo;enseñándoles a
guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los
días, hasta el final de los tiempos» (Mt 28,16-20).
En la homilía de la
Vigilia Pascual, se ha detenido en Galilea y ha recalcado:
“Recuerda tu Galilea y
camina hacia tu Galilea. Es el “lugar” en el que conociste a Jesús en persona;
donde Él para ti dejó de ser un personaje histórico como otros y se convirtió
en la persona más importante de tu vida. No es un Dios lejano, sino el Dios
cercano, que te conoce mejor que nadie y te ama más que nadie. Hermano,
hermana, haz memoria de Galilea, de tu Galilea; de tu llamada, de esa Palabra
de Dios que en un preciso momento te habló justamente a ti; de esa experiencia
fuerte en el Espíritu; de la alegría inmensa que sentiste al recibir el perdón
sacramental en aquella confesión; de ese momento intenso e inolvidable de
oración; de esa luz que se encendió dentro de ti y transformó tu vida; de ese
encuentro, de esa peregrinación. Cada uno sabe dónde está la propia Galilea,
cada uno de nosotros conoce dónde tuvo lugar su resurrección interior, ese
momento inicial, fundante, que lo cambió todo. No podemos dejarlo en el pasado,
el Resucitado nos invita a volver allí para celebrar la Pascua. Recuerda tu
Galilea, haz memoria de ella, reavívala hoy. Vuelve a ese primer encuentro.
Pregúntate cómo y cuándo sucedió; reconstruye el contexto, el tiempo y el lugar;
vuelve a experimentar las emociones y las sensaciones; revive los colores y los
sabores” (Homilía del Santo Padre en la Vigilia Pascual de 2023).
El próximo Sínodo –
pensamos – es para la Iglesia su Galilea. Al eco de estas evocaciones, el
Juglar del Evangelio, sacerdote, quiere cantar su Galilea y la Galilea de los
Hermanos
Iremos a Galilea,
como lo
dijo el Señor,
donde se
echaron las redes,
donde
será la misión.
Donde
sonó la llamada
a Simón
el pescador,
al lago
maravilloso
que el
rostro de Dios miró.
Iremos a
Galilea,
que el
Reino de Dios oyó,
Galilea
de paganos
y hoy
cuna de salvación.
A una
amada Galilea,
que bien
la conozco yo,
la de la
voz de mi vida
cuando
todo comenzó.
Es Pascua
en aquella tierra,
primer
amor e ilusión;
era Jesús
Nazareno
y
entonces me cautivó.
Hoy
vuelvo a sentir sus pasos,
me lo
dice el corazón,
y una
nueva juventud
sin años
apareció.
Él es el
mismo que fue,
yo más
firme seguidor;
que la
vida me ha enseñado
más
humidad y tesón.
Y las
canas de mis sienes
no han
borrado la pasión;
los
amores inocentes
maduran a
lluvia y sol.
Hoy ha
vuelto a mi memoria
cómo fue
mi vocación,
ingenuidad
a raudales,
pero él
mi convicción.
Él era mi
seminario,
y yo pura
aspiración;
él no
engaña ni ha engañado,
ni
tampoco fui traidor.
Y si
hasta aquí he llegado
es porque
él me acompañó,
la
historia de un sacerdote
es un
milagro de amor.
Volved,
pues, a Galilea,
que no es
relato ficción;
era
verdad, muy verdad,
lo que
entonces sucedió.
Y resuena
entre mis carnes
aquella
ardiente canción,
la
Canción del Misionero,
que a la
China se embarcó.
He pasado
muchos mares
hasta
estar en donde estoy,
mi velero
navegante
la Polar
lo dirigió.
Y aquí,
Jesús Evangelio,
me
encuentro a satisfacción,
y en este
mi desamarre
tú sabes
la dirección.
* * *
Galilea un alto Monte,
del Universo el balcón,
y allí Jesús les decía:
id al Mundo sin temor.
Id, amigos, proclamad
a toda la creación
el Evangelio de gracia
donde está la salvación.
El Viviente vive y reina
y el Amor es solo Amor,
la Cruz es árbol de vida,
que se hizo Resurrección.
Mi Internet es Galilea,
mis versos predicación;
soy su Juglar, mis amigos,
os pido vuestra atención.
La blanca Pascua yo canto,
la que vi en la oración,
Jesús no es muerto, es Viviente,
y el mundo ha de oír su voz.
Y yo he de ser su vocero
justo aquí a mi alrededor,
y él seguirá predicando
porque es el Hijo de Dios.
22. ¡Más allá de las montañas,
gloria a ti, Predicador.
tu Evangelio es la esperanza
que la Pascua reveló! Aleluya, aleluya,
aleluya.
Áporo,
Michoacán, Ejercicios espirituales a las Hermanas Franciscanas de la Inmaculada
Concepción, miércoles de Pascua, 12 abril 20