Iremos a Galilea
Las apariciones de Jesús tienen dos núcleos geográficos, que tienen su valor teológico: Jerusalén-Emaús y Galilea:
- Jerusalén (sepulcro, Cenáculo) y Emaús
- Galilea (Lago Tiberíades, Monte alto).
Así los Evangelio. Y Pablo añade: “y se apareció a más de 500 hermanos…”
En el Evangelio de la Vigilia de este año, ciclo A, Mt 29,1-11 dice el ángel: “id aprisa a decir a sus discípulos: “Ha resucitado de entre los muertos y va por delante de vosotros a Galilea. Allí lo veréis”. Mirad, os lo he anunciado» (Mt 28,7).
Y a continuación Jesús: Jesús les dijo: «No temáis: id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán» (v. 10).
Galilea es, pues, memoria y promesa. Y el Evangelio de Mateo terminará en un monte de Galilea, con la misión al mundo entero:
“Los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado.
Al verlo, ellos se postraron, pero algunos dudaron. Acercándose a ellos, Jesús les dijo: «Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos» (Mt 28,16-20).
En la homilía de la Vigilia Pascual, se ha detenido en Galilea y ha recalcado:
“Recuerda tu Galilea y camina hacia tu Galilea. Es el “lugar” en el que conociste a Jesús en persona; donde Él para ti dejó de ser un personaje histórico como otros y se convirtió en la persona más importante de tu vida. No es un Dios lejano, sino el Dios cercano, que te conoce mejor que nadie y te ama más que nadie. Hermano, hermana, haz memoria de Galilea, de tu Galilea; de tu llamada, de esa Palabra de Dios que en un preciso momento te habló justamente a ti; de esa experiencia fuerte en el Espíritu; de la alegría inmensa que sentiste al recibir el perdón sacramental en aquella confesión; de ese momento intenso e inolvidable de oración; de esa luz que se encendió dentro de ti y transformó tu vida; de ese encuentro, de esa peregrinación. Cada uno sabe dónde está la propia Galilea, cada uno de nosotros conoce dónde tuvo lugar su resurrección interior, ese momento inicial, fundante, que lo cambió todo. No podemos dejarlo en el pasado, el Resucitado nos invita a volver allí para celebrar la Pascua. Recuerda tu Galilea, haz memoria de ella, reavívala hoy. Vuelve a ese primer encuentro. Pregúntate cómo y cuándo sucedió; reconstruye el contexto, el tiempo y el lugar; vuelve a experimentar las emociones y las sensaciones; revive los colores y los sabores” (Homilía del Santo Padre en la Vigilia Pascual de 2023).
El próximo Sínodo – pensamos – es para la Iglesia su Galilea. Al eco de estas evocaciones, el Juglar del Evangelio, sacerdote, quiere cantar su Galilea y la Galilea de los Hermanos
Iremos a Galilea,
como lo dijo el Señor,
donde se echaron las redes,
donde será la misión.
Donde sonó la llamada
a Simón el pescador,
al lago maravilloso
que el rostro de Dios miró.
Iremos a Galilea,
que el Reino de Dios oyó,
Galilea de paganos
y hoy cuna de salvación.
A una amada Galilea,
que bien la conozco yo,
la de la voz de mi vida
cuando todo comenzó.
Es Pascua en aquella tierra,
primer amor e ilusión;
era Jesús Nazareno
y entonces me cautivó.
Hoy vuelvo a sentir sus pasos,
me lo dice el corazón,
y una nueva juventud
sin años apareció.
Él es el mismo que fue,
yo más firme seguidor;
que la vida me ha enseñado
más humidad y tesón.
Y las canas de mis sienes
no han borrado la pasión;
los amores inocentes
maduran a lluvia y sol.
Hoy ha vuelto a mi memoria
cómo fue mi vocación,
ingenuidad a raudales,
pero él mi convicción.
Él era mi seminario,
y yo pura aspiración;
él no engaña ni ha engañado,
ni tampoco fui traidor.
Y si hasta aquí he llegado
es porque él me acompañó,
la historia de un sacerdote
es un milagro de amor.
Volved, pues, a Galilea,
que no es relato ficción;
era verdad, muy verdad,
lo que entonces sucedió.
Y resuena entre mis carnes
aquella ardiente canción,
la Canción del Misionero,
que a la China se embarcó.
He pasado muchos mares
hasta estar en donde estoy,
mi velero navegante
la Polar lo dirigió.
Y aquí, Jesús Evangelio,
me encuentro a satisfacción,
y en este mi desamarre
tú sabes la dirección.
* * *
Galilea un alto Monte,
del Universo el balcón,
y allí Jesús les decía:
id al Mundo sin temor.
Id, amigos, proclamad
a toda la creación
el Evangelio de gracia
donde está la salvación.
El Viviente vive y reina
y el Amor es solo Amor,
la Cruz es árbol de vida,
que se hizo Resurrección.
Mi Internet es Galilea,
mis versos predicación;
soy su Juglar, mis amigos,
os pido vuestra atención.
La blanca Pascua yo canto,
la que vi en la oración,
Jesús no es muerto, es Viviente,
y el mundo ha de oír su voz.
Y yo he de ser su vocero
justo aquí a mi alrededor,
y él seguirá predicando
porque es el Hijo de Dios.
22. ¡Más allá de las montañas,
gloria a ti, Predicador.
tu Evangelio es la esperanza
que la Pascua reveló! Aleluya, aleluya, aleluya.
Áporo, Michoacán, Ejercicios espirituales a las Hermanas Franciscanas de la Inmaculada Concepción, miércoles de Pascua, 12 abril 20
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