El lago de Tiberíades se hizo antesala del ciel
La multiplicación de los panes en San Juan (Jn 6) es un texto eucarístico que lo leemos en Pascua, del sábado de la II semana hasta el sábado de la tercera semana. En el IV Evangelio se diría que suple a la institución de la santa Cena, que está ocupada por el lavatorio de los pies, el discurso de despedida y la oración oblativa al Padre, y, sean cuales sean los variados perfiles de la exégesis, hay que leerlo y entenderlo al aura de la Pascua que la iglesia gozosamente celebración. Bien podemos vivir el relato en la Fe: la multiplicación de los panes es la Eucaristía. Jesús es el que nos preside cuando toma el pan, bendice a Dios, y él mismo lo reparte. Y se entrega a sí m ismo porque él el Pan de vida, el Pan que nos da la inmortalidad pascual.
Con razón nos recuerda el Concilio a los sacerdotes: “La sagrada Eucaristía, en efecto, contiene todo el bien espiritual de la Iglesia, es decir, Cristo mismo, nuestra Pascua (Prebyterorum ordinis, 5).
Cantemos, pues, con iluminación pascual, el don de la Eucaristía.
El lago de Tiberíades
se hizo antesala del cielo;
era el banquete mesiánico
por el Mesías dispuesto.
Y él mismo, Verbo del Padre,
con sus manos fue sirviendo,
como el esposo adorado
que es esposo y camarero.
Los panes multiplicados,
don regalado del Reino,
eran el pan de la vida,
para el alma y para el cuerpo
Alerta, mi corazón,
que esto es divino misterio,
y no hay lengua razonable
para decir y entenderlo.
Y fueron todos saciados
al tope de sus deseos,
Dios es más grande, es sorpresa
Dios amor, Dios verdadero.
Aquella santa comida,
comensales en el suelo,
con prados de primavera
no era el maná del desierto.
Los que comieron maná
todos un día murieron,
pero este pan de los hijos
diviniza cuerpo y tiempo.
Quien come vida de Dios
como Dios vive en lo eterno,
que el ser del Resucitado
le hace ser su compañero.
Le hace sentarse a la mesa
de las nupcias del Cordero,
le hace cantar las canciones
del divino Cancionero.
Sobraron doce canastos
cuando las sobras cogieron,
que el amor siempre es sobrante
gratis a todos los vientos.
….
11. Esta humilde Eucaristía
celebrada en nuestros templos,
es la fiesta celestial
que un día celebraremos.
Es Jesús quien nos preside,
y su cuerpo es alimento,
y su sangre es nuestro vino
que de amor nos hace ebrios.
Es de locura divina,
si es que un día enloquecemos,
Cristo en gloria se aparece,
que es Dios mismo y se hace nuestro.
Como él vive por el Padre,
igual vida en él tenemos,
y en la divina unidad
así resucitaremos.
Y no hay nada de pensar
al recibir este Credo:
mi Jesús lo ha proclamado,
él hará que lo gustemos.
Ya no hay nada más allá,
más bello que este momento,
es toda revelación
el divino sacramento.
Salve, mi Dios humano,
en cruz y en sepulcro abierto;
eres luz en pozo oscuro,
eres consuelo y sustento.
Eres mi paz y armonía
y mi entero firmamento,
eres quien eres y todo,
mientras vamos a tu encuentro.
¿Dónde quién habremos de ir,
te diremos como Pedro,
si eres tú Palabra toda
y el signo más verdadero.
Te adoramos muy postrados,
te adoramos con mil besos,
y para más adorarte,
tu ser entero comiendo. Amén, aleluya.
Cuautitlán Izcalli, semana III de Pascua 2023.
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