viernes, 21 de abril de 2023

1878. Nicodemo era Maestro. Rima espiritual de Pascua en torno a Nicodemo

 

Nicodemo era Maestro


Pasada la singular semana de Pascua, que es toda ella como un Domingo, centrada en los evangelios de las apariciones de Jesús Resucitado, avanzamos en el tiempo pascual, guiados por el Evangelio de Juan, escuchando aquellos pasajes no leídos en Cuaresma. Los cuatro primeros días (lunes, martes, miércoles y jueves) están dedicados a la sección de Nicodemo (Jn 3,1-22). Nicodemo aparece solo en el IV Evangelio: aquí, defendiendo a Jesús en el Sanedrín (7,50), y en la sepultura de Jesús (19,39), que llevó unas cien libras (30 kilos) de mirra y áloe. En estos dos últimos casos Nicodemo es “el que visitó a Jesús de noche”. Pero ahora evocamos a Nicodemo, no de noche, sino como fiesta de Pascua.

Jesús se revela a Nicodemo y tres veces le dice: En verdad, en verdad te digo.

Jesús le revela al Espírity y le revela al Padre. Juan llegará a decir que el que ha nacido de Dios, porque lleva el semen del Padre, no puede pecar (1Jn 3,9).

Estamos en Pascua. Nicodemo había embalsamado el cuerpo de Jesús, había tocado el santísimo cuerpo pascual de Jesús.

 

Nicodemo era Maestro,

Nicodemo era judío,

versado en las Escrituras,

que buscaba más que libros.

 

Y una noche, sigiloso,

se fue a ver a otro Rabino;

no era rabino de estudios,

era Rabino de signos.

 

Tú eres venido de Dios,

así Nicodemo dijo,

que nadie podría hacer

lo que haces y hemos visto.

 

Hay que nacer de lo alto…,

Jesús le miraba fijo,

hay que nacer del Espíritu,

y del agua del bautismo.

 

Hay que nacer de lo alto,

del Espíritu divino

del Viento del que no sabes

donde va, de donde vino.

 

Nacer de Dios en la Pascua,

como nació Jesucristo,

Tú eres mi Hijo, el Amado,

y hoy te he engendrado vivo.

 

El salmo así lo decía,

y hoy nosotros repetimos:

el Espíritu es la Pascua

que nos revela a Dios Hijo.

 

El Dios de las maravillas

en la Pascua se hizo signo;

hay que mirar a lo alto

más allá del Crucifijo.

 

Fariseo Nicodemo,

hoy discípulo sumiso,

aquella noche sagrada

le descubrió el Paraíso.

 

Y con sus manos un día

tocó el cuerpo sacratísimo,

y lo ungió de mirra y óleo,

muy feliz de este servicio.

 

Fariseo y sanedrita,

fariseo pensativo,

hoy tu memoria agradable

nos trae un gozo muy íntimo.

 

Las palabras de Jesús

se meten en mis oídos:

Hay que nacer de lo alto

para poder recibirlo.

 

Que Jesús era del cielo,

y allí nos quiere consigo;

los secretos de su Padre

nos hablaba de camino.

 

Hoy es Pascua celestial,

después del mortal suplicio,

resurrección y ascensión

juntas en él se han unido.

 

Y el pequeño corazón

anhela el mismo destino:

estar donde está Jesús,

subir donde él ha subido.

 

Es de noche y ya clarea

el Cirio que fue prendido:

con la Fe, la llama ardiente,

que es el amor encendido.

 

Habla, Señor, sigue hablando,

como a aquel alumno tímido;

Nicodemo te entendió

porque fuiste compasivo.

 

Y en premio le concediste

ungir tu cuerpo purismo,

que es la gracia que te pido,

aunque de modo distinto.

 

En la santa Comunión

beso y como confundido,

que es la Pascua más sublime

del Viviente a sus queridos.

 

¡Seas tú por siempre amado,

eternamente bendito,

quien mostraste a Nicodemo

la verdad de Dios Altísimo! Amén. Aleluya.


 

 

Cuautitlán Izcalli, jueves 20 abril 2023

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