viernes, 19 de junio de 2026

2099 1043) Domingo de Pentecostés 2026

 z 

Domingo de Pentecostés 2026

Jn 20,19-23

Texto

 19Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros». 20Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. 21Jesús repitió: «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo». 22Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo; 23a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».

 

Hermanos:

1. En el Domingo de Pentecostés, que es la coronación de la cincuentena pascual, todos los años escuchamos ese relato milagroso de lo que ocurrió aquel día. Dios bajó a la tierra con fuerza y fuego, como en el Monte Sinaí. Llamaradas de fuego sobre las cabezas de los apóstoles. Una nueva creación aparecía en el mundo. Unos hombres ignorantes hablaban como Dios les inspiraba, y todos los entendían en su propia lengua:

Entre nosotros hay partos, medos, elamitas y habitantes de Mesopotamia, de Judea y Capadocia, del Ponto y Asia, 10de Frigia y Panfilia, de Egipto y de la zona de Libia que limita con Cirene; hay ciudadanos romanos forasteros, 11tanto judíos como prosélitos; también hay cretenses y árabes; y cada uno los oímos hablar de las grandezas de Dios en nuestra propia lengua»

Aquella invasión de Dios no era un revoltijo de gente alocada. Pedro tuvo que decir: No estamos ebrios, no. Bien al contrario, el Dios maravilloso era el Dios de la unidad.

 

2. Que Pablo nos lo explicará a su modo: Hay diversidad de carismas, pero un mismo Espíritu; hay diversidad de ministerios, pero un mismo Señor; y hay diversidad de actuaciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos. Pero a cada cual se le otorga la manifestación del Espíritu para el bien común.

Queridos hermanos: esto es la Iglesia que Jesús ha fundado, esta es la Iglesia a la que nosotros pertenecemos. Esto es la maravilla de Dios en la tierra.

Nosotros, con la ayuda de las ciencias que tenemos a nuestra disposición, hemos construido un gran tratado para decir qué es la Iglesia. La Iglesia es una sociedad perfecta, igual que un estado, pequeño o grande; es una sociedad perfecta. Por ser sociedad perfecta la Iglesia tiene el triple poder: poder legislativo para darse sus propias leyes, poder gubernativo, para gobernarse con sus propias leyes; y poder penal, coercitivo, para imponer penas a quien no las cumple, o incluso para excluir de la Iglesia, a quien no sea digno de pertenecer a ella. E incluso con una característica única: es una sociedad extendida por todas las naciones, abarcando una población de mil millones cuatrocientos mil habitantes.

 

3. Todo esto es verdadero, pero resulta raquítico para entender la verdad última de lo que es la Iglesia, revelada en los textos de esta celebración. La Iglesia, hermanos, es la Comunidad del Espíritu Santo, cuya alma y vida es la presencia de ese Espíritu que actúa en cada uno de nosotros. La Iglesia es la comunidad de Jesús, la que él estableció en la tierra y a la que está asistiendo desde el cielo. La Iglesia es la familia que ha establecido Dios Padre, por medio  e su amado Hijo Jesucristo, que se hizo hombre para formar esta comunidad de amor. Ninguna otra sociedad del mundo, por avanzada que sea, puede hablar con este lenguaje.

 

4. Dentro de unos días nos va a visitar el Santo Padre León XIV, sucesor del apóstol san Pedro, acontecimiento nacional de primerísima categoría. Entre los actos programados está una recepción el el parlamento de la nación con el discurso correspondiente. Es un acto social sumamente delicado. ¿Lo van a recibir como un líder mundial, que puede decir una palabra moral autorizada, o como un representante de Jesucristo que viene a entregarnos el Evangelio? Lo van a recibir como líder mundial que merece un respeto mundial. El Papa es eso ciertamente, porque representa a mil millones cuatrocientos mil habitantes de la humanidad, pero en la verdad más íntima el Papa es cosa distinta: el Papa es un enviado de Jesucristo, cuya misión es anunciar el Evangelio e invitarnos a la conversión y al amor.

La Iglesia que nace el día milagroso de Pentecostés es la Iglesia fundada por Jesús, la Iglesia del Espíritu Santo. Para entender estas cosas, veamos esa escena divina que ocurre en la tarde del día mismo de la Resurrección.

 

5. Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros».

Esto es lo que ocurrió. Jesús murió real y verdaderamente, derrotado por el poder religioso de los judíos y por el poner imperial de los romanos. Resumiendo, dice san Juan al principio de su Evangelio: Vino a los suyos, y los suyos no lo recibieron. El mundo fue hecho pro él y nada existe, si él no lo hubiera creado; y el mundo no lo reconoció.

Pero Jesús había vencido y estaba vivo, y aquella misma tarde vino a sus discípulos, encerrados, protegidos por miedo a los judíos. Vino y les dio el don de la paz. La paz es el conjunto de todos los bienes. La paz es el bienestar que se experimenta cuanto todo está en orden. Les da la paz para ellos, para que no tengan miedo y sean felices. Les da la paz, diciéndoles sin palabras: No soy un derrotado; soy un vencedor.  Todo lo ocurrido queda sellado con mi victoria.

Y, al decir estas palabras, que no eran ningún protocolo, les mostró las manos y el costado. Les estaba significando que la paz y todo bien nacía de ahí, de sus llagas, del fruto de su Pasión. Y entonces los discípulos se alegraron al ver al Señor, una alegría que ha traspasado los siglos y dura hasta hoy.

 

6. Y ahora Jesús va a hacer un gesto divino, que es el comienzo de la nueva vida. Sopló sobre ellos, lo mismo que dice la Biblia en la primera página, que cuando Dios formó al hombre de la tierra que había creado, sopló sobre sobre él; le infundió el Espíritu que tenía dentro, lo divinizó, y entonces el hombre fue hombre con espíritu. No era un animal, como como un animal de la tierra. Sopló e infundió espíritu de vida y el hombre fue constituido en dueño de la creación.

Ahora Dios sopla de nuevo para iniciar la nueva creación. Con este soplo divino el Espíritu de santidad vino sobre la Iglesia. Y les dijo Dios encarnado: Destruid el pecado. A quienes les perdonéis los pecados les quedan perdonados.  Les dio a los apóstoles el poder de distribuir la gracia de la Cruz. Esto no se había dicho nunca en el Antiguo Testamento. Los sacerdotes ofrecían sacrificios a Dios, pero los sacerdotes no podían perdonar los pecados. Los sacerdotes del Nuevo Testamento sí pueden perdonar los pecados con el poder del Espíritu Santo que les ha dado Jesucristo. Y es tan real y tan verdadero este poder, que Jesús lo acentúa con la forma contrario: Y a quienes no perdonéis no les quedan perdonados. Los constituye sus mensajeros plenipotenciarios.

 

7. Aquel día de la Resurrección quedó constituida la santa Iglesia de Jesucristo, destinada a santificar a los hombres. Esto es la santa Iglesia, hermanos, la comunidad santa de Jesús, llena de los dones del Espíritu Santo. Y cada uno de nosotros somos parte de esa Iglesia Santa. Y el Papa no es un líder mundial, que hay que respetar, aunque es cierto que lo es; el Papa es, ante todo, un siervo de Dios, encargada de comunicar la verdad que el Hijo de Dios nos ha traído, el perdón y el amor.

 

Alegrémonos, démosle gracias a nuestro Dios. Somos Iglesia, somos familia de Dios. En todo momento del día podemos vivir con Dios. Desde el cielo Jesús presente, Jesús Viviente, nos asiste. No renunciemos a esa paz que él quiere poner en nuestro corazón.

Señor Jesús, que desde el Padre has enviado a tu Espíritu de amor, el mismo Espíritu que vino sobre el seno de tu madre, María, y lo santifica, haz que nuestra vida, y mi vida en particular, esté todo llena del Espíritu de Pentecostés. Amén.

 

Pamplona, sábado 23 mayo 2026.

 

2098 (1042) Domingo de la Ascensión del Señor

 

2098 (1042) Domingo de la Ascensión del Señor

 

Domingo de la Ascensión del Señor

Mt 28,16-20

Texto

 Los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Al verlo, ellos se postraron, pero algunos dudaron. Acercándose a ellos, Jesús les dijo: «Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos».

Hermanos:

1. Este Domingo la Iglesia, en estas latitudes en que vivimos, celebra gozosamente la Ascensión, que en el Calendario general de la  Iglesia está puesta el jueves anterior, a los 40 días de ala Resurrección, como dice el texto bíblico de la primera lectura. De niños aprendimos aquel versito que decía: Tres Jueves hay en el año / que relucen más que el sol: / Jueves Santo, Corpus Christi / y el Día de la Ascensión.

La Ascensión de Jesús es esa última aparición de Jesús, con la que se cierra su presencia visible en medio de nosotros. Acabamos de escuchar las últimas palabras del Evangelio de san Mateo, que son dos: un mandato y una promesa.

El mandato es que hagamos discípulos a todos los pueblos, y la promesa es que él va a estar con nosotros todos los días hasta el fin del mundo.

Lo vamos a meditar, porque no hay cosa más bella y tranquilizadora que Jesús nos haya podido decir.

 

2. Pero también es bueno abrir otras páginas de la Sagrada Escritura y ver cómo los autores sagrados nos han transmitido este último momento. San Lucas termina su Evangelio con esas apalabras: “Y los sacó hasta cerca de Betania y, levantando sus manos, los bendijo. Y mientras los bendecía, se separó de ellos, y fue llevado hacia el cielo. Ellos se postraron ante él y se volvieron a Jerusalén con gran alegría; y estaban siempre en el templo bendiciendo a Dios” (Lc 24, 50-53). Luego escribió la historia primerísima de la Iglesia, los Hechos de los Apóstoles, cuyo inicio se ha tomado como primera lectura de hoy.

“…Una vez que comían juntos, les ordenó que no se alejaran de Jerusalén, sino «aguardad que se cumpla la promesa del Padre, de la que me habéis oído hablar, 5porque Juan bautizó con agua, pero vosotros seréis bautizados con Espíritu Santo dentro de no muchos días».

Continúa el texto sagrado:

“… recibiréis la fuerza del Espíritu Santo que va a venir sobre vosotros y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría y hasta el confín de la tierra». Dicho esto, a la vista de ellos, fue elevado al cielo, hasta que una nube se lo quitó de la vista. Cuando miraban fijos al cielo, mientras él se iba marchando, se les presentaron dos hombres vestidos de blanco, que les dijeron: «Galileos, ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo? El mismo Jesús que ha sido tomado de entre vosotros y llevado al cielo, volverá como lo habéis visto marcharse al cielo». Entonces se volvieron a Jerusalén, desde el monte que llaman de los Olivos, que dista de Jerusalén lo que se permite caminar en sábado” (Hech 1,4-5.8-12).

 

3. Hermanos, Jesús ha marchado al cielo y los apóstoles se han quedado mirando al cielo. Hablando de estas cosas a mediados de mayo, no me resisto a atrae a esta homilía la canción que se ha preparado para la visita del Papa.

“Alzo la mirada, mis ojos en Jesús

Alzo la mirada clavada en la Cruz

Cuando miro al cielo todo es nuevo con su luz

Alzo la mirada. Alzo la mirada. Alzo la mirada.

1ª No estoy hecho para mirar al suelo

    Al mirarte sé por qué nací

    Me creaste para mirar al cielo.

    Estoy inquieto hasta que no descanse en ti.

El Señor es mi fuerza y mi esperanza.

    No vacilaré -    Alzo la mirada-

    Él es la Roca de la salvación.

    En Él confío y no tiemblo”.

Y en esta canción se incluyen, se intercalan, luego luego tres peticiones cantadas:

“Por los que buscan la paz y la libertad. Para que encuentren en tus ojos donde descansar.

Por los que cruzan el mar buscando un hogar.    Para que vean más allá de la tempestad.

Por los que buscan la  paz y la libertad. Para que encuentren en tus ojos donde descasar”.

Imaginad qué espectáculo escuchar esta canción cantada por miles y miles de jóvenes, y por una concentración de acaso medio millón o un millón de participantes.

La canción ya ha corrido por Internet, y se puede escuchar con muchísima emoción.

 

4. Jesús, pues, ha subido al cielo, ha terminado su carrera en la tierra; ha estado con nosotros y ha sufrido cuanto se puede sufrir; ha sido rechazado por su propio pueblo; ha sido condenado al peor suplicio que entonces existía, clavado en la cruz, desnudo.  Pero Dios, su Padre lo ha resucitado, y le ha dado el premio infinito de su propia Gloria. Son cosas que no se pueden decir, pero que de alguna manera tenemos que expresarlas. Los primeros cristianos crearon Himnos, que proclamaban en la liturgia. San Pablo nos transmite hoy una muestra, y nos habla de lo que Dios hizo con su Hijo: cómo actuó

la eficacia de su fuerza poderosa, que desplegó en Cristo, resucitándolo de entre los muertos y sentándolo a su derecha en el cielo, por encima de todo principado, poder, fuerza y dominación, y por encima de todo nombre conocido, no solo en este mundo, sino en el futuro. Y todo lo puso bajo sus pies, y lo dio a la Iglesia, como Cabeza, sobre todo. Ella es su cuerpo, plenitud del que llena todo en todos” (Ef 1,19-23).

 

5. Ese Jesús que se ha ido al cielo nos ha mandado a sus discípulos que salgamos al mundo y que hagamos discípulos a todos los pueblos. ¿Cómo? Juntando dos cosas:

. bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo,

-       Y enseñándoles a guardar todo lo que él nos ha enseñado.

Las dos cosas son esenciales. Un cristiano que no sepa y practique lo que Jesús nos ha enseñado, aunque haya sido bautizado, no es un cristiano auténtico, de verdad. Sería un cristiano de nombre nada más.

Pero, además, y esto es lo más importante nos ha dado en firme una promesa: Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos.  Pase lo que pase, Él está presente, y nos va a atender en todas nuestras dificultades.

Un experto me puede decir: No son los mejores tiempos los que estamos viviendo; el ambiente que vivimos no es el más favorable, Yo, humilde cristiano, le puedo responder: No, hermano, no; estás mirando con una mirada corta, estás juzgando desde la sabiduría humana, pero hay otra cosa superior: Jesús está presente, él ve, él conoce, él actúa; él, por nuestro medio, hará lo que quiera hacer con las personas, del modo y en el tiempo que él quiera. La esencia de la vida de la Iglesia es la presencia de Jesús.

Si creemos esto, el panorama cambia completamente. Pues esta es nuestra fe, hermanos. Hermoso día de la Ascensión para saber y proclamar estas verdades, para disfrutarlas y consagra todo nuestro ser, nuestra disponibilidad a cumplir la misión que Jesús nos ha encomendado.

Señor Jesús, nos alegramos con toda tu comunidad santa, que es la Iglesia, la celebración el misterio de tu Resurrección y Ascensión a los cielos, y te pedimos con humildad y con fe que cumplamos con entusiasmo la misión que nos ahs encomendado. Amén.

 

Pamplona, viernes 15 de mayo de 2026.

2097 (1041) Yo estoy en el Padre y el Padre en mí y yo en vosotros

 

2097 (1041) Yo estoy en el Padre y el Padre en mí y yo en vosotros

 

Yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí y yo en vosotros

Jn 14,15-21

Texto

 15Si me amáis, guardaréis mis mandamientos. 16Y yo le pediré al Padre que os dé otro Paráclito, que esté siempre con vosotros, 17el Espíritu de la verdad. El mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce; vosotros, en cambio, lo conocéis, porque mora con vosotros y está en vosotros. 18No os dejaré huérfanos, volveré a vosotros19Dentro de poco el mundo no me verá, pero vosotros me veréis y viviréis, porque yo sigo viviendo. 20Entonces sabréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí y yo en vosotros21El que acepta mis mandamientos y los guarda, ese me ama; y el que me ama será amado por mi Padre, y yo también lo amaré y me manifestaré a él».

Hermanos:

1. En este Domingo VP de Pascua continuamos con las palabras  de despedida de Jesús, con el mismo pasaje del capítulo 14 de san Juan. Uno que va leyendo con atención, línea a línea, como se lee una carta de amor, estos capítulos de la Cena percibe claramente que hay un tono de confianza de intimidad que produce por sí solo una íntima sensación de consuelo, de paz, e incluso de alegría espiritual. Jesús se va, pero no se va. Nos lo dice expresamente: No os dejaré huérfanos, volveré a vosotros.

No nos deja huérfanos, en soledad y desamparo. Y yo le pediré al Padre que os dé otro Paráclito, que esté siempre con vosotros, 17el Espíritu de la verdad.

 

2. Nos asegura que nos va a enviar “otro” Paráclito. Paráclito es lo mismo que Abogado, Defensor, Consolador. ¿Y por qué dice “otro” Paráclito? Porque él ha sido eso, un Paráclito, una compañía que es ha llevado hasta el Padre y que les ha introducido en la intimidad del Padre, que los ha protegido y defendido. Mientars Jesús ha estado con ellos, no había nada que temer.

Ahora parece que todo se viene abajo, porque él se va. Pero no es así. Lo acabamos de oír: No os dejaré huérfanos, volveré a vosotros. Sigue dando explicaciones de lo que va a pasar. El mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce; vosotros, en cambio, lo conocéis, porque mora con vosotros y está en vosotros.

Es un lenguaje místico, para iniciados. No es un lenguaje  fantástico e ilusorio, para construir, mediante la fantasía, un mundo de ilusiones que apacigüe el corazón.

 

3. En estas confidencias e intimidades, llegamos a una frase que podemos tomarla el resumen y la esencia de todo el mensaje: Entonces sabréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí y yo en vosotros. (San Juan, capítulo 15, versículo 20).  Vamos a centrarnos en ella, y desde aquí, explicar cuál es el ser de la vida cristiana, el ideal de mi vida que quiero vivir en mi paso por este mundo.

Jesús habla en términos existenciales, o más exactamente para los estudiosos: San Juan ha recogido el mensaje verdadero de Jesús y nos lo ha transmitido a nosotros en estos términos abstractos y existenciales: Estas son las tres referencias:

-       Yo en el Padre

-       Vosotros en mí

-       Y yo en vosotros.

-       Y todo ello porque el Espíritu ha venido, porque Jesús Resucitado se lo ha pedido al Padre y el Padre se lo ha concedido, y el Espíritu Santo, Dios como el Padre y el Hijo, hace todas estas maravillas con su presencia.

4. Hermanos, estamos hablando del “mundo interior”, de ese mundo de realidades íntimas que cada uno lleva consigo. Es un mundo real, absolutamente real, y no diremos que tan real como el mundo exterior que ven nuestros ojos, porque el mundo interior es el que sustenta lo que pasa en el mundo exterior. Hoy hay guerra en el mundo y constantes amenazas de guerra. Para parar una guerra, para que no haya bombardeos, ni mísiles supersónicos destructores, basta que dos se siente a la mesa y digan: Sí quiero la paz o No quiero la paz y que siga la guerra. En un sí o en un no, que están dentro, se resuelve todo el conflicto.

Jesús nos da esta garantía: que él está en el Padre y el Padre está en él, que si él habla es lo que escucha del Padre, que si él hace milagros es lo que ve hacer al Padre.

Y ahora nos dice que é quiere que nosotros estemos en él porque él va a estar en nosotros. Es decir, él quiere establecer unidad de vida: el Padre, él y nosotros. De esta unidad de vida vienen todos los bienes. Habrá desgracias externas que uno no puede evitar: terremotos, buenas o malas cosechas, enfermedades que uno no esperabab, cosas todas ellas que hacen sufrir, pero si hay unidad de vida con Dios, todo eso se vive de otra manera.

5. Hermanos, estamos tocando las esencias mismas de la vida para reflexionar y sacar consecuencia. Pensemos que Jesús ha predicador el Reino de Dios, el advenimiento de algo totalmente nuevo con él, pero Jesús no ha organizado ni mandado obras particulares. Edificad hospitales, cread escuelas para niños para adultos. Organizad instituciones sociales para el trabajo, para la cultura, para la política. Nunca ha dado ninguna consigna en ese sentidos. Son obras concretas que las debemos hacer sus discípulos, inspirados por esa vida divina que él ha dejado y cada uno en singulara o corporativa según as cuales que Dios le ha dado, según los medios  y ámbitos de cultura que va formando el devenir humano.

Él nos remite a lo central, a la vida con Dios. La única institución que él ha previsto es el grupo de sus discípulos, que él llama su Iglesia.  Todos los que seguimos su Evangelio somos su Iglesia. ¡Qué hermosamente nos aconseja nos aconseja san Pedro en el pasaje de su primera carta, que hemos leído hoy!

Glorificad a Cristo el Señor en vuestros corazones, dispuestos siempre para dar explicación a todo el que os pida una razón de vuestra esperanza, pero con delicadeza y con respeto, teniendo buena conciencia, para que, cuando os calumnien, queden en ridículo los que atentan contra vuestra buena conducta en Cristo. (1Pe 3,15-16).

Bien sabemos que el Bien y la Bondad se predican y se propagan por sí mismos, y a la larga el amor y la autenticidad de las personas es lo que vence, no precisamente los planes técnicos que uno quisiera diseñar.

Y lo mismo se confirma con el relato de la primera lectura, de los Hechos de los Apóstoles, que vamos leyendo en Pascua: Felipe bajó a la ciudad de Samaría y les predicaba a Cristo. El gentío unánimemente escuchaba con atención lo que decía Felipe, porque habían oído hablar de los signos que hacía, y los estaban viendo: de muchos poseídos salían los espíritus inmundos lanzando gritos, y muchos paralíticos y lisiados se curaban. La ciudad se llenó de alegría (Hech 8,5-8).

Hermanos, el mensaje es claro: vivir la vida de Dios que mora en nosotros, mantener nuestra unión constante, nuestra amistad con Cristo, que mora en nosotros. Pidámoselo a él mismo.

Señor Jesús, tú nos has dado unas consignas de despedida y yo quiero cumplirlas. Yo quiero vivir la vida de Dios, viviendo en mi corazón siempre contigo. Amén.

Pamplona, sábado 9 de mayo de 2026.

 

viernes, 15 de mayo de 2026

2096 (1040) Yo estoy en el Padre y el Padre en mí

 


Yo estoy en el Padre y el Padre en mí

Jn 14,1-12

Texto

1No se turbe vuestro corazón, creed en Dios y creed también en mí. 2En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no, os lo habría dicho, porque me voy a prepararos un lugar. 3Cuando vaya y os prepare un lugar, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo estéis también vosotros4Y adonde yo voy, ya sabéis el camino». 5Tomás le dice: «Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?». 6Jesús le responde: «Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí. 7Si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto». 8Felipe le dice: «Señor, muéstranos al Padre y nos basta». 9Jesús le replica: «Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: “Muéstranos al Padre”? 10¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, él mismo hace las obras. 11Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre en mí. Si no, creed a las obras. 12En verdad, en verdad os digo: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aun mayores, porque yo me voy al Padre.

 

Hermanos:

1. Ya estamos en el Domingo V de Pascua; dentro de tres semanas será el Domingo de Pentecostés, coronación de la Pascua del Señor.

A partir de hoy la Iglesia entra en el Cenáculo y escucha de labios de Jesús sus palabras de despedida, sus últimas recomendaciones, su oración al Padre, consagrando todo lo que va a venir. Recuerdo con agrado que, siendo joven profesor, debiendo explicar a mis alumnos estas palabras de la Cena, fui a comentarios científicos que las han explicado, y me impresionó lo que leí en un autor anglicano: la Iglesia entra en el Cenáculo. No es la pía consideración de un pastor que prepara su sermón fervorosamente para predicarlo a sus fieles, que está muy bien. Es la postura de un intérprete, teólogo, que quiere interpretar el texto sagrado desde la perspectiva en que se ha puesto el autor que lo ha escrito.

San Juan evangelista, el que recostó la cabeza sobre el pecho del Señor, ha sido muy libre para transmitir las palabras de Jesús, con un lenguaje espiritual que nos toca el corazón. Todo su Evangelio es profundamente afectivo y va directo al corazón. En la Cena Jesús se desborda. Nos deja lo que quiere que sean sus últimos recuerdos y mensaje, como un padre que se despide de sus hijos y quiere decirles sus últimas palabras. Son los capítulos 13, 14, 15, 16 y 17 del Evangelio. Tenemos que leerlos como un verdadero tesoro siempre por descubrir.

Hoy leemos el comienzo del capítulo 14.

2. Una consigna que Jesús nos da: No se turbe vuestro corazón, creed en Dios y creed también en mí.

Primero Jesús quiere quitarnos la turbación, el miedo. ¿Por qué  nos turbamos y de qué tenemos miedo? Nuestra turbación y nustros miedos son múltiples. Los que amamos a la Iglesia creemos tener razones para estar turbados, por todo lo que vamos viendo en torno, en la vida civil y en la vida íntima de la Iglesia.

Traigamos algunos ejemplos. Uno que escucha una sesión del parlamento, cómo se manejan los partidos unos y otros, al final se pregunta: Pero ¿adónde vamos a ir a parar? ¿Esa es la libertad de expresión, que propicia la democracia, la educación que nos enseñaron en la juventud? ¿Esos son los hombres y mujeres guías de una nación? ¿No nos estaremos equivocando…, por muy sabios y entendidos que sean los que hablan, hombres y mujeres, con una elocuencia de la que yo no puedo presumir?

Es un ejemplo, como digo. Pero hay cosas más graves. ¿Hacia donde avanza una sociedad en la que Dios no es una referencia real que orienta los verdaderos valores? ¿Qué significa el aborto y el divorcio? ¿Son meras conveniencias que nosotros decidimos, o Dios no tendrá que ver en ello como verdadero autor de la dignidad humana?

Y si miramos también a la Iglesia más adentro, también tenemos motivos de turbación. Tantas y tantas casas religiosas que se van cerrando, casas de formación en las que nos formamos, que en aquellos tiempos brillaban, seminarios florecientes hoy vacíos, convertidos hoy en centro de acogida o en geriátricos, utilidades muy buenas, pero que están indicando que aquello ya ha pasado…

3. No se turbe vuestro corazón, nos dice Jesús. Creéis en Dios, creed lo mismo en mí. Y lo primero nos da la seguridad total de nuestro final.  Les está hablando a unos hombres que tienen la vida por delante, no a unos ancianos como buena parte de nosotros, que vemos que el fin se acerca. Y les dice que él les va a preparar la casa del cielo. Su vida no ha sido un fracaso, aunque muchos la consideren así, y la vida de ellos va a tener el mismo final. me voy a prepararos un lugar. Cuando vaya y os prepare un lugar, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo estéis también vosotros.

La promesa de Jesús es rotunda, y es la cima de nuestra esperanza. Donde está Él, hemos de estar nosotros. Es lo más hermoso que se puede decir a un anciano, y es una palabra reveladora que se le puede decir a un joven o a un hombre emprendedor.  Lo que definitivamente queremos es alcanzar con certeza el éxito final de mi vida, el cielo, la vida con Jesús Resucitado, porque todo lo demás pasa y se hunde en el olvido.

4. Ahora bien, Jesús deja una tarea que hacer, en la cual estamos todos involucrados. Y aquí dice unas palabras misteriosas que solo un creyente las puede aceptar. el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aun mayores, porque yo me voy al Padre.

Es la última frase del Evangelio de hoy, pero no nos podemos saltar cosas importantísimas que Jesús nos ha dicho. Y quizás la más importante era esta: Yo soy el Camino y la Verdad y la Vida. Jesús para sus discípulos es todo. No se puede decir más en tan pocas palabras. Nadie sino Él ha podido decir lo que acabamos de escuchar. Ni nadie lo podrá decir nunca jamás.

Estas palabras se refieren al sentido total de la existencia. La vida humana se abre a múltiples posibilidades, y cada uno de nosotros, como ciudadano del mundo ha de considerarse protagonista de la historia humana, con una misión que cumplir, sea reconocida o ignorada por los demás. Yo no puedo medir ni la importancia ni la eficacia de mi vida porque de mí se forje en mi entorno la opinión que. Hay vidas que dejan huella, y otras que no la dejan, que desaparecen con la tumba. Ahora bien, solo Dios es el árbitro de la historia, y el único que conoce lo que aquí nos pasa. Sólo Él conoce los hilos con los que se teje la historia. Y yo me puedo considerar agente de esta historia de Dios en medio de los hombres, que los cristianos llamamos “Historia de salvación”.

Jesús se adelante, se pone en el centro, y nos dice: Yo soy el Camino y la Verdad y la Vida.

Hermanos, miremos a Jesús y Él nos dará la respuesta verdadera de lo que vamos buscando en la vida. Tengamos plena seguridad de ello.

5. Un último comentario para la frase importantísima que hemos citado: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aun mayores, porque yo me voy al Padre.

En el primer envío que Él hizo de sus apóstoles para anunciar el Reino, les dio sus propios poderes divinos: Id y proclamad que ha llegado el reino de los cielos. Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, arrojad demonios. Gratis habéis recibido, dad gratis (Mt 10,7-18).

Y efectivamente los apóstoles comprobaron que esto era verdad, que no solamente predicaban el Evangelio del Reino, sino que curaban enfermos y arrojaban demonios. A lo mejor nuestra fe es tibia, si comprobamos que en nuestro ministerio no ocurren estas cosas.

En la Cena Jesús añade algo más. No solamente dice que el que cree en mí, hará las obras que yo hago, sino que añade:  y aun mayores, porque yo me voy al Padre.

Jesús o pudo hacer todo, sino un poco; Jesús no salió al extranjero a anunciar el Reino de Dios, tuvo que restringirse a la pequeña región de Palestina. Sus discípulos saldrán al mundo y el Evangelio podrá llegar hasta los confines de la tierra. Pero Jesús da una razón: las hará mayores, “porque me voy al Padre”. Desde el Padre Él tiene que completar la obra que inció en la tierra.

Jesús Resucitado es el Viviente, y Él actúa. Si nosotros estamso aquí, si tenemos palabras para anunciarle es porque Él nos ha atraído y Él nos alienta e inspira. Jesús Resucitado sigue actuando.

Estamos en Pascua, hermanos, que es la culminación de la obra de Jesús. ¡Qué gozo saber y confesar que Él es el Camino, la Verdad y la Vida, y saber y sentir que toda nuestra vida está centrada en Él!

Señor Jesús, te sentimos presente en tu Iglesia; tú eres el Camino, la Verdad y la Vida, y en ti podemos toda nuestra confianza para vivir el presente y tener segura nuestra eternidad. Amén.

Pamplona, sábado, 2 de mayo de 2026.

2097 (1041) Yo estoy en el Padre y el Padre en mí y yo en vosotros

 

Yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí y yo en vosotros

Jn 14,15-21

Texto

 15Si me amáis, guardaréis mis mandamientos. 16Y yo le pediré al Padre que os dé otro Paráclito, que esté siempre con vosotros, 17el Espíritu de la verdad. El mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce; vosotros, en cambio, lo conocéis, porque mora con vosotros y está en vosotros. 18No os dejaré huérfanos, volveré a vosotros19Dentro de poco el mundo no me verá, pero vosotros me veréis y viviréis, porque yo sigo viviendo. 20Entonces sabréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí y yo en vosotros21El que acepta mis mandamientos y los guarda, ese me ama; y el que me ama será amado por mi Padre, y yo también lo amaré y me manifestaré a él».

Hermanos:

1. En este Domingo VP de Pascua continuamos con las palabras  de despedida de Jesús, con el mismo pasaje del capítulo 14 de san Juan. Uno que va leyendo con atención, línea a línea, como se lee una carta de amor, estos capítulos de la Cena percibe claramente que hay un tono de confianza de intimidad que produce por sí solo una íntima sensación de consuelo, de paz, e incluso de alegría espiritual. Jesús se va, pero no se va. Nos lo dice expresamente: No os dejaré huérfanos, volveré a vosotros.

No nos deja huérfanos, en soledad y desamparo. Y yo le pediré al Padre que os dé otro Paráclito, que esté siempre con vosotros, 17el Espíritu de la verdad.

 

2. Nos asegura que nos va a enviar “otro” Paráclito. Paráclito es lo mismo que Abogado, Defensor, Consolador. ¿Y por qué dice “otro” Paráclito? Porque él ha sido eso, un Paráclito, una compañía que es ha llevado hasta el Padre y que les ha introducido en la intimidad del Padre, que los ha protegido y defendido. Mientars Jesús ha estado con ellos, no había nada que temer.

Ahora parece que todo se viene abajo, porque él se va. Pero no es así. Lo acabamos de oír: No os dejaré huérfanos, volveré a vosotros. Sigue dando explicaciones de lo que va a pasar. El mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce; vosotros, en cambio, lo conocéis, porque mora con vosotros y está en vosotros.

Es un lenguaje místico, para iniciados. No es un lenguaje  fantástico e ilusorio, para construir, mediante la fantasía, un mundo de ilusiones que apacigüe el corazón.

 

3. En estas confidencias e intimidades, llegamos a una frase que podemos tomarla el resumen y la esencia de todo el mensaje: Entonces sabréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí y yo en vosotros. (San Juan, capítulo 15, versículo 20).  Vamos a centrarnos en ella, y desde aquí, explicar cuál es el ser de la vida cristiana, el ideal de mi vida que quiero vivir en mi paso por este mundo.

Jesús habla en términos existenciales, o más exactamente para los estudiosos: San Juan ha recogido el mensaje verdadero de Jesús y nos lo ha transmitido a nosotros en estos términos abstractos y existenciales: Estas son las tres referencias:

-       Yo en el Padre

-       Vosotros en mí

-       Y yo en vosotros.

-       Y todo ello porque el Espíritu ha venido, porque Jesús Resucitado se lo ha pedido al Padre y el Padre se lo ha concedido, y el Espíritu Santo, Dios como el Padre y el Hijo, hace todas estas maravillas con su presencia.

4. Hermanos, estamos hablando del “mundo interior”, de ese mundo de realidades íntimas que cada uno lleva consigo. Es un mundo real, absolutamente real, y no diremos que tan real como el mundo exterior que ven nuestros ojos, porque el mundo interior es el que sustenta lo que pasa en el mundo exterior. Hoy hay guerra en el mundo y constantes amenazas de guerra. Para parar una guerra, para que no haya bombardeos, ni mísiles supersónicos destructores, basta que dos se siente a la mesa y digan: Sí quiero la paz o No quiero la paz y que siga la guerra. En un sí o en un no, que están dentro, se resuelve todo el conflicto.

Jesús nos da esta garantía: que él está en el Padre y el Padre está en él, que si él habla es lo que escucha del Padre, que si él hace milagros es lo que ve hacer al Padre.

Y ahora nos dice que é quiere que nosotros estemos en él porque él va a estar en nosotros. Es decir, él quiere establecer unidad de vida: el Padre, él y nosotros. De esta unidad de vida vienen todos los bienes. Habrá desgracias externas que uno no puede evitar: terremotos, buenas o malas cosechas, enfermedades que uno no esperabab, cosas todas ellas que hacen sufrir, pero si hay unidad de vida con Dios, todo eso se vive de otra manera.

5. Hermanos, estamos tocando las esencias mismas de la vida para reflexionar y sacar consecuencia. Pensemos que Jesús ha predicador el Reino de Dios, el advenimiento de algo totalmente nuevo con él, pero Jesús no ha organizado ni mandado obras particulares. Edificad hospitales, cread escuelas para niños para adultos. Organizad instituciones sociales para el trabajo, para la cultura, para la política. Nunca ha dado ninguna consigna en ese sentidos. Son obras concretas que las debemos hacer sus discípulos, inspirados por esa vida divina que él ha dejado y cada uno en singulara o corporativa según as cuales que Dios le ha dado, según los medios  y ámbitos de cultura que va formando el devenir humano.

Él nos remite a lo central, a la vida con Dios. La única institución que él ha previsto es el grupo de sus discípulos, que él llama su Iglesia.  Todos los que seguimos su Evangelio somos su Iglesia. ¡Qué hermosamente nos aconseja nos aconseja san Pedro en el pasaje de su primera carta, que hemos leído hoy!

Glorificad a Cristo el Señor en vuestros corazones, dispuestos siempre para dar explicación a todo el que os pida una razón de vuestra esperanza, pero con delicadeza y con respeto, teniendo buena conciencia, para que, cuando os calumnien, queden en ridículo los que atentan contra vuestra buena conducta en Cristo. (1Pe 3,15-16).

Bien sabemos que el Bien y la Bondad se predican y se propagan por sí mismos, y a la larga el amor y la autenticidad de las personas es lo que vence, no precisamente los planes técnicos que uno quisiera diseñar.

Y lo mismo se confirma con el relato de la primera lectura, de los Hechos de los Apóstoles, que vamos leyendo en Pascua: Felipe bajó a la ciudad de Samaría y les predicaba a Cristo. El gentío unánimemente escuchaba con atención lo que decía Felipe, porque habían oído hablar de los signos que hacía, y los estaban viendo: de muchos poseídos salían los espíritus inmundos lanzando gritos, y muchos paralíticos y lisiados se curaban. La ciudad se llenó de alegría (Hech 8,5-8).

Hermanos, el mensaje es claro: vivir la vida de Dios que mora en nosotros, mantener nuestra unión constante, nuestra amistad con Cristo, que mora en nosotros. Pidámoselo a él mismo.

Señor Jesús, tú nos has dado unas consignas de despedida y yo quiero cumplirlas. Yo quiero vivir la vida de Dios, viviendo en mi corazón siempre contigo. Amén.

Pamplona, sábado 9 de mayo de 2026.