sábado, 14 de abril de 2012

225. Al coronar la primera semana de Pascua


Meditación y exégesis
sobre el Evangelio de san Juan 20,19-31


Hermanos

1. La liturgia pascual iniciada en la Vigilia de la Pascua del Señor y que va a durar cincuenta días se abrió con los sucesos ocurrido en lo que los Evangelios llaman “el primer día de la semana”. Definitivamente la resurrección del Señor marca la cabeza del calendario, el primer día de la semana, cuando María Magdalena y las otras mujeres acudieron de madrugada al sepulcro.
En ese día se acumularon los acontecimientos. Y siete días después fue de nuevo Jesús al encuentro de los suyos. Es obligado que a la semana de Pascua recordemos lo que sucedió precisamente ese mismo días. Recordad que es el episodio de la aparición de Jesús a los apóstoles, presente Tomas. Para comprender mejor la escena, enlazamos con la primera aparición, y como lo describe san Juan leemos las dos pariciones juntas, escritas por el mismo evangelista. Este es el Evangelio de hoy.

2. ¿Qué pasó cuando Jesús se mostró a los apóstoles? Se abría una puerta definitiva entre el cielo y la tierra, entre nuestra doliente historia y la nueva historia de Jesús; en suma, nacía el mundo nuevo. Si era verdad todo esto, había que repensar todo el fenómeno humano desde sus propias raíces.
Los Evangelios están escritos con la conciencia de que, con el estilo de relatos sencillos, se está dando respuesta necesidades vitales del hombre a toda su historia y su futuro.
Al anochecer de aquel día Jesús entra en comunicación con su comunidad de discípulos. “Al anochecer…” ¿Acaso de una manera tácita se está aludiendo a una reunión en oración que viven los discípulos “con las puertas cerradas por miedo a los judíos”. Podría ser y con esto explicaríamos mejor el carácter mistérico y litúrgico que se establece en las palabras de Jesús. “La paz con vosotros”, les dice, saludo habitual de cortesía y de afecto entre los judíos.
Pero no así lo que sigue: “Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado” (Jn 20,20). Este signo del Señor nos introduce en un mundo totalmente distinto del que corresponde a las relaciones habituales. Les mostró las manos y el costado… ¿Qué es lo que realmente les mostraba, y qué pretendía con ello? Ningún gesto de este género acontece en vida de Jesús. Es el Jesús espiritual de la resurrección el que puede manifestarse así, insinuando una intimidad amorosa, que es el tránsito de lo humano a lo divino. Si muestra el costado, es porque muestra la llaga del costado. Y si muestra las manso y el costado, es porque efectivamente en manos y costado están mostrando su intimidad.

Cabe, a partir de ahora, una relación personal nueva del crucificado. Que no habría podido darse anteriormente. Nos encontramos, de este modo, con la primera revelación que hace Jesús a su comunidad. Con este gesto, Jesús les entrega el don de su cuerpo y de su intimidad.
La respuesta fue la alegría honda y liberadora que experimentaron los discípulos. El eco de aquella alegría resuena hoy en el Evangelio: “Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor” (v. 20). La fuente de la alegría cristiana es ver al Señor, y esa fuente nunca nos ha de faltar. La alegría la tenemos asegurada si la alegría es un don que recibimos, no un producto que nosotros fabricamos.
Estamos de lleno, como bien podemos apreciar, en una escena espiritual, una escena que pertenece a la mística cristiana, a la que estamos invitados en la medida en que avanzamos por los caminos de Dios.
La relación de intimidad que aquí se expresa, se abre y queda inaugurada para los cristianos. Jesús con su muerte nos ha posibilitado un modo nuevo de relación con Dios, que él nos lo garantiza. Entrar en la senda de la meditación y contemplación de los Evangelios es abrir las puertas a la confianza y a la familiaridad con Dios.
“Dentro de tus llagas, escóndeme”, rezamos en la oración del “alma de Cristo”. Esa aspiración de entrar y vivir en las llagas de Cristo se basa en los Evangelios, y, en especial, en el pasaje que estamos meditando.

3. Ahora Jesús da a su comunidad una encomienda: la misión contemplada en su raíz auténtica y pura: “Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo. Y dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: Recibid el Espíritu Santo…”
Nos encontramos, hermanos, en la pura teología de la Trinidad. El Padre es el origen no originado y el que envía; el Espíritu es el que santifica, pues nada puede ser santificado si no ha sido transformado por el Espíritu de Dios.
En esta escena se encadena la era y la misión e Jesús con la era y la misión de la Iglesia. La Trinidad es la fuente de la misión, ayer y hoy. Somos enviados desde Dios, somos santificados por el Espíritu Santo, somos destinados a llevar la santidad de Dios al mundo, mediante el perdón de los pecados”.

4. Siguiendo con el relato, advertimos que en el grupo apostólico falta Tomás, y los discípulos le anunciaron: ¡Hemos visto al Señor! Tomás exige una prueba: ver y tocar el cuerpo divino del Señor, donde está la historia de la Pasión y la vida de la resurrección. Y Jesús, que ha negado a los fariseos las pruebas para creer, le brinda a Tomás, amorosamente, la prueba del tacto para que se rinda y lo acepte como Hijo de Dios resucitado.
“¡Señor mío y Dios mío!” es el acto de adoración y entrega de Tomás, que tanats veces los cristianos han proferido cuando el sacerdote alza y muestra la hostia consagrada.
El final de la escena es un a bienaventuranza que el Señor nos dirige a nosotros: “¡Bienaventurados los que crean sin haber visto!”(v. 29).
Fue grande el privilegio de los apóstoles contemporáneos del Señor. No es menor el nuestro, porque la fe alcanza los mismos bienes celestiales que se dieron a los apóstoles de Jesús.

5. Al llegar a esta coronación semanal de la Pascua de Jesús, hay un pensamiento dominante que puede ser el resumen de todo lo que hemos vivido. La Pasión y Muerte de Jesús, a la que ha seguido su santa Resurrección, nos llevan a una evidencia: Dios nos ha amado. Nos ha amado infinitamente porque Dios es infinito; nos ha amado de una manera mayor que la cual no era posible. Porque nos ha amado dándonos a su propio Hijo.
El Beato Juan Pablo II, siguiendo una inspiración de una santa a la que él mismo le declaró el honor de los altares, Santa Faustina Kowalska, decreto que es Domingo siguiente a Pascua sea llamado el Domingo de la misericordia.
Domingo de la Divina Misericordia porque Dios es amor, y todo el amor de Dios se nos ha dado en su Hijo.
Señor Jesús, amor del Padre, concédeme llenarme de este amor. Y ser entre mis hermanos un signo humilde y real, fresco y fragante de ese amor que tú nos has entregado. Amén.

Felicidades al Papa

El día de mañana (16 de abril de 2012) el Santo Padre Benedicto XVI cumplirá, con la gracia de ds, siete años de pontificado; el día 19 fue elegido Papa y a partir de este día en los documentos su firma será: en el octavo año de pontificado.
En estos siete años Benedicto XVI podemos resumir así el balance externo de su ministerio:

-23 viajes internacionales (el último a México y Cuba);
-23 países visitados;
-26 viajes dentro de Italia;
-4 sínodos de obispos;
-3 jornadas mundiales de la juventud;
-3 encíclicas e infinidad de otros documentos, como las catequesis en las audiencias públicas de los miércoles, en las que ha recorrido toda la historia de la Iglesia, a través de los santos,
- llama especialmente la atención sus homilías, que nos encantan por su sencillez y dabiduría
-2 años dedicados uno a San Pablo y otro al Sacerdocio;
-2 libros, Jesús de Nazaret y Luz del mundo.
Y lo que san Pablo dice: "La solicitud por todas las iglesias". Y una solicitud especialísima ha sido la purificación de la Iglesia en los graves abusos sexuales ocurridos. 
El Señor sea su bendición, su consuelo y su fuerza, y cuente con el amor sincero de la Iglesia.

Sábado, 14 abril 2012.

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