La
gracia y gloria del martirio
En la tradición capuchina, SAN FIDEL DE SIGMARINGA – que la Orden Capuchina celebra como
fiesta y la Familia Franciscana como memoria obligatoria – es, por excelencia,
entre nuestros santos, el santo que expresa cómo la misión es misión hasta el
martirio. Pero la oración del día nos dice que el martirio es gracia, solo
gracia, no merecimiento nuestro, gracia aun en las condiciones absurdas de
luchas de religión, que no debería haberse dado.
Señor
Dios, que te has dignado conceder la palma del martirio a San Fidel de
Sigmaringa cuando, abrasado en tu amor, se entregaba a la propagación de la fe,
concédenos, te rogamos, que arraigados, como él, en el amor, lleguemos a conocer
el poder de la resurrección de Jesucristo. Que vive y reina contigo.
Oh Señor,
¡transfórmame completamente en Ti! Mi intención es suplicarte de modo especial
que me hagas totalmente conforme a tu santísima Humanidad en todas tus
virtudes, tribulaciones, penas y tormentos; y sobre todo en tu abyección,
humildad y anonadamiento. (San Fidel de Sigmaringa)
SEMBLANZA DE SAN FIDEL
Oktavian
Schmucki, nacido en Suiza (1927) y
capuchino desde 1948, es una de las figuras intelectuales más eminentes de la
Orden, con varios centenares de publicaciones, especialmente de historia y
espiritualidad franciscana. Entre sus obras descuella, como algo monumental, la
Bibliografía sobre san Fidel de Sigmaringa
(Roma 2004, más de 900 páginas), donde recoge todo cuanto ha hallado publicado
en bibliotecas y conventos. He aquí la vida y semblanza de San Fidel escrita
anteriormente por nuestro autor en la obra de múltiples autores El Señor me
dio hermanos. Biografías de santos, beatos y venerables capuchinos.
Sevilla: El Adalid Seráfico.
PROTOMÁRTIR DE "PROPAGANDA
FIDE"
Fidel de Sigmaringa, protomártir
de Propaganda Fide, beatificado por Benedicto XIII el 24 de marzo de 1729 y
canonizado por Benedicto XIV el 29 de junio de 1746, es el santo capuchino que
murió en edad más temprana - a los 44 años- y es también el que menos años
transcurrió en el claustro: sólo vivió diez años como capuchino, de 1612 a
1622. Nació en 1578 en la entonces minúscula ciudad de Sigmaringa , en las
riberas del Danubio, en el Principado de Hohenzollern. Sus padres fueron Juan
Roy, rico empresario hostelero del Adler y más tarde miembro del gobierno
municipal y burgomaestre, y de Genoveva Rosenberger, natural de la ciudad
protestante de Tubinga, convertida al catolicismo cuando contrajo matrimonio el
28 de diciembre de 1567. El futuro santo, Marcos (llamado familiarmente Marx),
quinto de los seis hijos que tuvo el matrimonio, hizo sus primeros estudios en
su ciudad natal. En su testamento, que redactó antes de hacer la profesión
religiosa (1613), afirmó "haber sido instruido en la fe apostólica, romana
y única verdadera, que le habían transmitido sus queridísimos padres" y de
"haber sido educado en las buenas costumbres, en la disciplina y en el
temor de Dios".
Marcos, para realizar los
estudios superiores, se trasladó a Friburgo de Brisgovia, donde en el colegio
de los jesuitas profundizó en las disciplinas humanísticas, pasando después a
estudiar filosofía, que, en 1601, coronó con un brillante doctorado; al mismo
tiempo se esforzaba por aprender la lengua italiana y francesa. Marcos era una
persona particularmente abierta a la amistad, de inteligencia brillante, amante
de la belleza y de la música, y muy habilidoso en el manejo de distintos
instrumentos musicales. De 1601 a 1604 siguió los cursos de jurisprudencia. En
1591 Marcos y sus hermanos sufrieron con crudeza el duro golpe de la muerte de
su padre. Y no había pasado un año desde su desaparición, cuando la viuda y
madre Genoveva volvió a desposarse en segundas nupcias con Gabriel Rieber de
Ebingen. Fidel expresará en su testamento su disgusto y desaprobación del segundo
matrimonio de su madre, que a él y a sus hermanos les pareció inoportuno e
incomprensible.
Antes de finalizar sus estudios
de derecho, Marcos recibió la invitación, en 1604, de acompañar, como guía, a
un cierto número de estudiantes universitarios de familias nobles, en una
visita a las provincias de los Países Bajos que estaban bajo la dominación
española, Francia e Italia, con la intención de que ampliaran el horizonte de
sus experiencias humanas. El vivió este viaje como una verdadera y propia peregrinación,
animando con su ejemplo a los amigos a una vida más espiritual.
Después de su regreso a Friburgo
en 1611, se doctoró con aplauso en derecho canónico y civil en la ciudad de
Willingen. Marcos fue nombrado asesor del tribunal supremo en Ensisheim, capital
de la entonces Austria anterior, y al mismo tiempo abrió un despacho de
abogado. En su trabajo observó las exigencias de una absoluta honestidad y se
prodigó preferentemente entre los pobres. Una serie de experiencias negativas y
la actitud de muchos colegas de profesión, que actuaban sin escrúpulos y
proponían arreglos de las causas sin ningún pudor, para embolsar más dinero, le
hicieron perder cada vez más el gusto por su profesión y le llevaron a pensar
en la vida religiosa. Marcos leyó entonces la obra del jesuita Jerónimo Piatti
(+1591) sobre la vida consagrada, pero no se decidió todavía por una Orden
religiosa concreta (cartujos, jesuitas o capuchinos), aunque tenía cerca el
ejemplo de su hermano Jorge, que se hizo capuchino en 1604 con el nombre de
fray Apolinar.
Probablemente en junio de 1612
pidió al ministro provincial de los capuchinos de la provincia de Suiza,
Alejandro de Altdorf, que lo admitiera en la Orden. El superior, para probarlo,
le hizo esperar y le sugirió que antes se hiciera ordenar sacerdote. Una vez
recibida la ordenación sacerdotal y renovada la petición de admisión, el padre
Ángel Visconti de Milán lo acogió finalmente en el noviciado de Friburgo de
Brisgovia el 4 de octubre de 1612, imponiéndole el nombre de Fidel. Durante el
año de prueba, aunque decidido a recuperar los treinta y cuatro años "perdidos",
no faltaron sugestiones y fuertes tentaciones de volver al mundo, pero él
superó y resistió, con decisión y empeño, a toda clase de dudas. En aquel
periodo escribió, únicamente para uso personal, una colección de oraciones y meditaciones,
de carácter preferentemente recopilador, que manifiestan el tono afectivo y contemplativo
de su espiritualidad, y que fueron parcialmente publicadas más adelante en
Friburgo con el título de Exercitia spiritualia seraphicae devotionis
(1746 y 1756). Fidel, antes de emitir los votos (4 octubre 1613), redactó su
testamento, en el que dejó becas de estudio para jóvenes católicos pobres de la
familia Roy o de otros allegados.
Después de un año de formación
religiosa en Friburgo, Fidel inició en Constanza los cuatro años de teología
bajo la guía del padre Juan Bautista Fromberger, de origen polaco, para
terminarlos en 1618 en Frauenfeld. Seguidamente ejerció con gran éxito el
ministerio de la predicación en el convento de Altdorf. Ese mismo año (1618)
fue nombrado guardián del convento de Rheinfelden. Según la costumbre de
entonces, al año siguiente fue trasladado como predicador y probablemente también
como guardián, al convento de Felkirch, donde no sólo reconquistó a un cierto
número de soldados evangélicos a la fe católica, sino que incluso promovió un
proceso judicial contra una señora convertida al luteranismo.
En septiembre de 1620 la
obediencia lo llamó a presidir la comunidad capuchina de Friburgo (Suiza), pero
en 1621 volvió a la ciudad de Feldkirch. Además del cargo de superior se le
confió la asistencia espiritual de la tropa, a la que durante una epidemia de
fiebre petequial prestó los más humildes servicios, sin preocuparse del peligro
de contagio que aquel servicio conllevaba. Siguiendo a los soldados hacia el
cantón de los Grisones, predicó los sermones de Adviento en Marienfeld,
consiguiendo para la fe católica al noble Rodolfo de Gugelberg de Malans. Un
caso similar de conversión, la del conde Rodolfo Andrés de Salis, en Zizers, al
inicio de 1622, revela su método de dirigirse sobre todo a los jefes de los
reformados, para acometer, en un segundo momento, el regreso a la fe católica
de todo el pueblo. Fidel, para sostener su actividad contra la Reforma,
escribió algunos opúsculos apologéticos, que sin él saberlo fueron publicados
en la imprenta; pero no se nos ha conservado ningún ejemplar.
Entre febrero y abril de 1622 el
santo, por encargo del nuncio y de su ministro provincial, trabajó como
misionero apostólico en la región de Prättigau (Pretigovia), dependiente
políticamente de Austria, donde la población se había pasado en buena parte a
la reforma de Zwinglio. En un periodo de grandes tensiones, agravadas por las
injerencias de las potencias europeas extranjeras, como Francia, España y la
República de Venecia, el archiduque Leopoldo V de Austria decidió que el ejército
ocupara la región, bajo la guía del coronel Luis de Baldirone, provocando la
ira del pueblo con una serie de acciones violentas. En medio de esta situación
explosiva Fidel continuó exponiendo la fe católica con predicaciones, disputas
y coloquios, a pesar de la constante oposición y la cerrazón casi total cuando
anunciaba estas iniciativas. Él, conociendo la gran influencia que ejercía la
predicación subterránea de los zwinglianos y previendo con claridad su
martirio, redactó el llamado "Mandato de punición" o "Los Diez
artículos de la religión", con el que, entre otras cosas, la autoridad
civil debía prohibir el culto protestante, enviaba al exilio a sus ministros y
obligaba a todos los cristianos a participar, los domingos y días festivos, en
la predicación católica. En una época en que la libertad de conciencia era tan
pisoteada y vituperada sorprende sobremanera el punto sexto, que establecía que
nadie podía ser obligado a aceptar la fe católica, a confesarse y a participar
en la misa.
La publicación del Mandato, el 19
de abril, fue el detonante de la sublevación general del pueblo. El 23 de abril
Fidel celebró la misa y subió al púlpito en la iglesia de Grüsch, donde recibió
la invitación para predicar al día siguiente, domingo, 24 de abril, en Seewis.
Pero aquella deferencia no era más que un pretexto para eliminar al temible
protagonista de la actividad contrarreformista. Mientras comenzaba el sermón
(según una tradición él glosaba el pasaje de Ef 4, 5-6), en el auditorio
estallaron reacciones muy vivas y violentas, llegando alguno a disparar, pero
sin que consiguiera alcanzarlo. Fidel descendió del púlpito, se arrodilló delante
del altar mayor y salió de la iglesia por una puerta lateral, camino de Grüsch.
Después de recorrer unos pocos metros, se vio rodeado de un grupo de revoltosos
que le preguntaron si estaba dispuesto a aceptar su fe. Él respondió que no era
ese precisamente el motivo por el que había llegado a aquel valle, sino por la
esperanza de que un día hubieran dado adhesión a su fe. Después de unos
momentos de incertidumbre, uno de los rebeldes le golpeó la cabeza con la
espada. El mártir, cayendo de rodillas con la cabeza cortada exclamó: "¡Jesús,
María! ¡Ven en mi auxilio, oh Dios mío!". Sólo un fanatismo enorme y
desmesurado explica la inaudita ferocidad con la que los asesinos se ensañaron
con su cuerpo con horcas, mazas y palos.
Al día siguiente, fiesta de san
Marcos, el sacristán Juan Johanni dio tierra al cadáver. Mientras la cabeza del
mártir fue exhumada en octubre de ese mismo año 1622 y trasladada a la iglesia
de los capuchinos de Feldkirch, el resto de sus despojos fue enterrado solemnemente
el 5 de noviembre del mismo año en la cripta de la catedral de Coira. El 16 de
febrero de 1771 su fiesta fue extendida a toda la Iglesia universal. Es patrón
de la región de Hohenzollern y de los juristas. Sus atributos, en la
iconografía, son la maza, la espada y la palma.
Oktavian Schmucki
HIMNO EN LA FIESTA DE SAN FIDEL
Fiel testigo Fidel,
siervo de Cristo,
cristiano hasta la
muerte por amarle,
caído cual cayeron los
apóstoles,
hoy la Iglesia te rinde
su homenaje.
Por Cristo lo mataron
los hermanos,
aquéllos y nosotros en
combate,
cuando la misma fe
bruñía espadas
y la fraterna saña
hacía mártires.
Fue derribado al pie
del ara santa,
resonando en sus labios
el mensaje;
el pan y la palabra y
el martirio
fueron la prueba del
amor más grande.
Gime la Madre Iglesia
dolorida,
rasgada por la fe que
el Cuerpo parte;
sea, pues, hoy la
herida desangrada
sello divino que hace
nuestras paces.
¡Victoria a Cristo,
Verbo misionero,
que por el orbe la
palabra esparce;
y a sus fieles, la
palma de la vida,
que él entrega en manos
de su Padre! Amén.
(Himno: fr. Rufino
María Grández)
Querdido Padre Rufino:
ResponderEliminarSolo quiero decirle que lo extraño mucho, demasiado. Ojalá Usted se encuentre bien, ya regrese yo en verdad extraño sus homilias tan hermosas y el saber que está cerca de nosotros es una sensación de mucha paz y tranquilidad.
Cuidese mucho y espero de corazón saber pronto de Usted o verlo ya por aqui entre nosotros que tanto le extrañamos.
Dios me lo bendiga, un abrazo.