Invitación a leer el capítulo
del Pan de vida de san Juan
(Evangelio de san Juan,
capítulo 6)
Hermanos
1. Hoy, viernes de la segunda semana de Pascua
abrimos el capítulo 6 del Evangelio de san Juan, que nos va a dar alimento
espiritual y meditación para ocho días continuos, desde hoy hasta el final de la próxima semana.
Tantas veces he pensado en lo que de
jóvenes se nos ha aconsejado: la dirección espiritual, que, aunque no de modo
necesario, ha ido muy unida a la confesión; se entiende que a la confesión
frecuente, periódicamente mantenida con perseverancia. Pero esta praxis ha
experimentado una fuerte sacudida en la Iglesia, cosa que no es de momento
analizarla.
Ahora bien, en la Iglesia ha emergido
algo que en nuestra adolescencia no conocíamos: la lectura continua de la
Escritura. Y la liturgia ha tomado las riendas. Si uno considera atentamente
este nuevo comportamiento, y si recapacita en que la Escritura, que solo se
puede leer a la luz del Espíritu – que nos asiste en todo momento – es
manantial inexhausto de luz y de consuelo, acaso podrá apreciar con una luz
nueva que la Escritura del día a día es una objetiva, certera y poderosa
dirección espiritual de la Iglesia. ¿Y por qué no también mía, en concreto? Si
nos ponemos con sencillez ante las páginas de la Biblia, jamás nos retiraremos
sin recibir una luz de esas divinas palabras. Pero no la leermso como se lee un
libro de estudio, ni, menos, como se lee el periódico.
2.
Decíamos, pues, que tenemos ocho días seguidos (salvo el Domingo) para leer el
capítulo 6 del cuarto Evangelio, que nos está acompañando estos días. Se trata
de la multiplicación de los panes, contada con el estilo propio de san Juan.
Hoy los primeros quince versículos.
Jesús se marchó a la otra parte del lago
de Galilea (o de Tiberíades). Lo seguía mucha gente, porque habían visto los
signos que hacía con los enfermos. Subió Jesús entonces a la montaña y se sentó
allí con sus discípulos. Estaba cerca la Pascua, la fiesta de los judíos. Jesús
entonces levantó los ojos, y al ver que acudía mucha gente, dice a Felipe:
- «¿Con qué compraremos panes para que
coman éstos?»
Lo decía para tantearlo, pues bien sabía
él lo que iba a hacer. Felipe le contestó:
- «Doscientos denarios de pan no bastan para que a cada uno le toque un pedazo.»
Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dice:
- «Doscientos denarios de pan no bastan para que a cada uno le toque un pedazo.»
Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dice:
- «Aquí hay un muchacho que tiene cinco
panes de cebada y un par de peces; pero, ¿qué es eso para tantos?»
Jesús dijo:
- «Decid a la gente que se siente en el
suelo.»
Había mucha hierba en aquel sitio. Se
sentaron; sólo los hombres eran unos cinco mil. Jesús tomó los panes, dijo la
acción de gracias y los repartió a los que estaban sentados, y lo mismo todo lo
que quisieron del pescado. Cuando se saciaron, dice a sus discípulos:
- «Recoged los pedazos que han sobrado;
que nada se desperdicie.»
Los recogieron y llenaron doce canastas
con los pedazos de los cinco panes de cebada, que sobraron a los que habían
comido. La gente entonces, al ver el signo que había hecho, decía:
- «Éste sí que es el Profeta que tenía
que venir al mundo.»Jesús entonces, sabiendo que iban a llevárselo para proclamarlo
rey, se retiró otra vez la montaña él solo.
3. La descripción dramática del episodio
tiene su clímax en la exclamación que se levante del corazón del pueblo al ver
el “signo”: Este es verdaderamente el
profeta que va a venir al mundo (v. 14).
Bien sé que, leído el Evangelio desde la
realidad pobre de América Latina, se ha querido extraer un fecundo sentido de
los cinco panes de cebad y dos peces que tiene un muchacho y ha pedido Jesús.
Con aquello Jesús ha remediado divinamente la necesidad, enseñándonos la
teología del compartir. Si compartiéramos, la necesidad primaria del hambre en
el mundo, estaría resuelta. Claro que el compartir no es el repartir para todos
lo que hoy está, sino que el compartir es movilizar todas las fuerzas desde la
raíz y concordar no solo estrategias, sino corazones, porque el ser humano es,
ante todo, corazón.
4. El sentido íntimo de la grandiosa
escena no parece que esté en el compartir . derivación legítima, si el Espíritu
te impulsa por ahí – sino que la concentración del sentido se verifica en la
proclamación que el pueblo sencillo hace de Jesús: Este es verdaderamente el profeta que va a venir al mundo.
El pueblo dice la verdad, al mismo tiempo
que se equivoca. Dentro de la “vox populi” está la “vox Dei”, pero hay que
arrimarse a la verdad onda para entrar en sintonía.
Efectivamente Jesús es profeta, mejor
dicho, El Profeta, como es El pastor y El rey, pero no precisamente como ellos
lo quieren aprisionar. No es el Profeta-Rey para estructurar un nuevo orden
social y político, y darle a Israel esplendor y hegemonía, sino Profeta- Siervo
que va a entregar su vida para la salvación.
5. Y ahora, sí, entra un hermano para
detenerse contemplativamente en la declaración canónica, profesión rotunda de
la categoría de Jesús. ¿Quién es él? He aquí la respuesta:
- El que va a venir al mundo.
- El Profeta, como profeta fue Moisés. “El
Señor, tu Dios, te suscitará de entre los tuyos, de entre tus hermanos, un
profeta como yo. A él lo escucharé”.
Son los profetas, que no han faltado en la
historia de Israel, pero entre todos ellos, hay uno que los rebasa a todos, por
ser quien es y pro venir e donde viene. El cumplimiento ha rebasado a la
profecía, porque Jesús es el irrepetible de la historia de Israel. Como Elías y
Elíseo, hace signos. Como Isaías, tiene palabras de iluminación y consolación;
como Hijo, tiene consigo toda la divinidad.
Y por ser Profeta-Hijo, su signo va a ser
el Pan de vida, que no vino en el desierto por manos de Moisés, pero que hoy
está llegando por manos de Jesús.
¡El pan de vida, la Eucaristía! va a ser
el signo de Jesús.
6. Acaba de comenzar nuestra meditación,
que ahora, en el fondo, la tiene luminar el Espíritu Santo, don del corazón.
Dispongámonos a que Dios pueda hablarnos
libremente. Él es el verdadero y genuino profeta, que tiene todo el libro de Dios
que necesita el hombre.
Y si Jesús es el profeta, el mundo es
como una caravana que lo va buscando para que nos dé todo lo que él tiene, que
es justamente todo lo que nos falta.
Sin darnos cuenta podemos hacer del relato
evangélico y querer reconvertir a nuestra historia, cuando el Evangelio va más
allá para contarnos que lo que ocurrió por la bendición de Jesús es verdadero y
presente.
No cometamos nosotros la torpeza de
querer arrebatar a Jesús para hacerle rey de nuestras aspiraciones terrenales,
de nuestros deseos de grandeza.
Jesús nos trae al Dios de la alianza, y
eso, como lo da Jesús, nadie hasta hoy, ni nadie nos lo va a dar.
6. Jesús, desde el pedestal del amor,
está irradiando amor en el mundo, amor que llega a mi boca y a mi corazón en el
Pan de vida, amor que para recibirlo me pide abra mi corazón en un acto
enamorado de fe.
Hermanos, dejémonos conducir por el Espíritu
de Dios, y durante ocho días escuchemos al que nos habla del Pan de vida.
Jesús, que nos ha dado la revelación, sea
nuestro Maestro, nuestro único Maestro.
¡A él la gloria y todo el amor que él
mismo sembró en el corazón! Amén.
Viernes, 20 de abril de 2012.
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