Pensamientos pascuales
Hermanos:
1. Es Pascua – ayer tercer domingo de Pascua – y
la presencia de Jesús es particularmente intimidad. La intimidad es el abrigo
de la confidencia. Hemos cerrado los tres domingos primeros en los cuales la
Iglesia, atónita de amor, contempla a Jesús en sus apariciones. Ya lo
recordábamos en la homilía de ayer. El cuarto es el Domingo del Buen Pastor (A
Jn 10,1-10; B 11-18; C 27-30). Y los tres siguientes también son domingos de
intimidades: Jesús, cara a la muerte, se explaya con los suyos en el Cenáculo,
y abre su corazón a nuevas confidencias sobre su Iglesia. (El último de esta
terna, el domingo VII, todos los años algún párrafo de la oración sacerdotal de
Jesús: Jn 17)
2. Y, al mismo tiempo, este Jesús que se despide
nos deja una encomienda: anunciar el
Evangelio a toda la creación. Jesús quiere que la historia y el cosmos se
impregnen de Evangelio, que es sal de la tierra y luz del mundo.
Sal de la tierra y luz del mundo, no porque el
Evangelio sea en sí mismo un producto divino, capaz de sanar e iluminar; sino
sal de la tierra y luz del mundo en cuanto que el Evangelio es palabra viviente
en labios de los discípulos y, sobre todo, vida visible en la vida de los
discípulos del resucitado.
En suma, la frase de Jesús es esta: “Vosotros
sois la sal de la tierra” (Mt 5,13). “Vosotros sois la luz del mundo” (Mt
13,14).
El Evangelio debe llegar a todo el mundo. Y esto
por dos razones:
- porque la calidad y el destino del mensaje es
este;
- y porque Jesús nos ha enviado a anunciar la
Buena Nueva a todos los hombres.
4. Pero hay más: el destinatario del Evangelio
es el cosmos, la creación entera. Es el sentido obvio, el más inmediato, de la
palabra de Jesús en Marcos:
“Id al mundo entero
y proclamad el EVANGELIO
a toda la creación” (Mc 16,13).
La creación entera queda sacramentalizada por el
Evangelio. Y lo mismo la Historia. Es decir, toda la realidad divina queda
evangelizada, y las er evangelizada queda divinizada.
¿Qué puedo hacer yo? Muy poquito, lo cual es
mucho y muchísimo, si ese “poquito” es el todo mío, el completo de mis
posibilidades. Lo demás, que lo principal y acaso el todo, lo hace Jesús desde
el cielo: “Despue´s de hablarles, el Señor Jesús fue llevado al cielo y se
sentó a la derecha de Dios. Ellos se fueron a predicar por todas partes, y el Señor
cooperaba confirmando la palabra con las señales que los acompañaban” (Mc
16,19-20). Que es un pensamiento similar a la última palabra de Jesús en la Oración
de la Cena: “Les he dado a conocer y les daré a conocer tu nombre” (Jb 17,26). Jesús
en el cielo sigue actuando.
5. La Pascua es, pues, tiempo de gozo para la
Comunidad creyente y tiempo del anuncio de la Buena Noticia.
Surge la pregunta que se hace el cristiano:
¿Cómo anunciar a Jesús – y cómo anunciarle – para que el anuncio llegue al
confín de la tierra, llegue, incluso, a la creación y participen en el mensaje
bestias y animales, mares y ríos, montañas y colinas, para que toda la creación,
a una con nosotros, alabe al Señor?
Nosotros, sacerdotes, anunciamos a Jesús en la Iglesia:
en la homilía, en el confesionario…;
lo anunciamos en el catecismo,
lo anunciamos (si somos profesores) en el aula,
lo anunciamos (si somos escritores) en lo que
escribimos…
Son muchos los espacios y momentos que nos
sirven de plataforma para el anuncio.
Pablo, cristiano, lo anunciaba en las asambleas
cristianas; pero iba también a sus antiguas sinagogas. Discutía en el ágora (la
Plaza) y del ágora de Atenas lo llevaron al areópago.
“Discutía, pues, en la sinagoga con los judíos y
con los adoradores de Dios y diariamente en el ágora con los que allí se
encontraban; incluso algunos filósofos epicúreos y estoicos conversaban con él.
Algunos decían: ¿Qué querrá decir este charlatán? Y otros: Parece que es un
predicador de divinidades extranjeras. Porque anunciaba a Jesús y la
Resurrección. Lo tomaron y lo llevaron al areópago, diciendo: ¿Se puede saber
cuál es esa nueva doctrina de que hablas? Pues dices cosas que nos suenan
extrañas y queremos saber qué significa todo esto. Todos los atenienses y los forasteros
residentes allí no se ocupaban en otra cosa que en decir o en oír la última
novedad” (Hechos de los Apóstoles 17,17-21).
6. Hoy nos preocupa a todos la nueva
evangelización que es evangelización “nueva”:
“Aunque el término Nueva Evangelización se
empleó en Medellín y Puebla, es el Papa Juan Pablo II quien da un gran impulso
a ella como una de las expresiones que mejor sintetizan el programa apostólico
de su pontificado, no sólo como doctrina sino como práctica pastoral.
En 1983
Juan Pablo II
así se expresó ante los Obispos del CELAM reunidos en Haití: "La
conmemoración del medio milenio de Evangelización tendrá su significación plena
si es un compromiso de ustedes como Obispos, junto con su presbiterio y fieles;
compromiso no de reevangelización, pero sí de una Nueva Evangelización:
NUEVA en su
ardor,
en sus
métodos
y en su
expresión"
(Documento de preparación para el Sínodo de la nueva evangelización, octubre de
2012).
7. Ayer, domingo III de Pascua, salieron en mi
pueblo a evangelizar en el ágora de mi pueblo, quiero decir, en la Plaza de
España, a anunciar a Cristo Resucitado. Yo mismo, rompiendo cierta barrera de
pudor, me hice presente en el grupo. Estuvieron (estuvimos) cantando con dos guitarras
esas canciones vibrantes de los neocatecumenales, cantando algún salmo,
leyendo algún texto de la Escritura, y dieron dos testimonios… Fueron tres
cuartos de horas. A mí, sacerdote, me pidieron que diera una bendición. Les
bendije a ellos y bendije a mi pueblo: imploré la bendición de Dios sobre mi
pueblo. Eran las cuatro y media de la tarde, tiempo silencioso… Algún pío transeúnte
se detuvo; unos muchachos que jugaban con sus patines, siguieron con sus patines,
unas hermanas musulmanas que pasaron con su larga vestimenta respetuosamente siguieron
su camino
En mi corazón van y vienen pensamientos. La
nueva evangelización pide, por de pronto, en el evangelizar una conversión
humilde y total, y la generosidad total es parte de esa conversión total.
La nueva evangelización (que se hace dentro y
fuera del templo) pide, si quiere ser anunciadora, cordial y dialogante, pide
El lugar
adecuado,
el tiempo
adecuado,
el modo
adecuado. Y la belleza es un modo excelentísimo.
Y pide sobre todo…, sobre todo…, valor. Valor
sin agresividad, valor sin excentricidades, pero valor, pasión de amor.
Aquí comienza un discurso.
Y si un lector benévolo lee esta página, a él
tímidamente me dirijo: Hermano, hermana, ¿no te urgen por dentro el anuncio de Jesús?
Me he acordado de ese “poquito” que pensó santa
Teresa de Jesús que podía hacer ella en el momento en que se encontraba la Iglesia
“En este tiempo vinieron a mi noticia los daños
de Francia y el estrago que habían hecho los luteranos y cuánto iba en
crecimiento esta desventurada secta. Me dio gran fatiga y, como si yo pudiera
algo o fuera algo, lloraba con el Señor y le suplicaba remediase tanto mal.
Me parecía que mil vidas pusiera yo para remedio
de un alma de las muchas que allí se perdían. Y como me vi mujer y ruin e imposibilitada
de aprovechar en lo que yo quisiera en el servicio del Señor, y toda mi ansia
era, y aún es que, pues tiene tantos enemigos y tan pocos amigos, que esos
fuesen buenos, determiné a hacer eso poquito
que era en mí, que es seguir los consejos evangélicos con toda la perfección
que yo pudiese y procurar que estas
poquitas que están aquí hiciesen lo mismo, confiada en la gran bondad de
Dios, que nunca falta de ayudar a quien por Él se determina a dejarlo todo…”
(Camino de perfección, capítulo I).
Acaso yo también pueda hacer un poquito por la nueva evangelización.
El Señor me lo inspire y yo sea fiel a su
inspiración.
Alfaro, 23 abril 2012
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