Ha llegado la Belleza - 4
Para una nueva
evangelización,
opción por la poesía
1. Si fueron de perdón sus ojos,
luz pura aquellas sus pupilas,
sus dogmas dichos con parábolas
mirando flores y avecillas,
Jesús es
nuevo mundo:
Él es la Poesía.
2. Si fue de encarnación su cuerpo,
que Dios amándose quería,
con otro igual a sí y distinto,
con vida suya, vida mía,
Jesús es
mundo ansiado:
Él es la Poesía.
3. Si Cristo es Hijo, el Unigénito,
y el universo en él respira,
si fue el poema de su Padre,
quien para él la tierra hacía,
Jesús es
mundo bueno:
Él es la Poesía.
4. Si fue vecino de sandalias,
y el mismo pan que yo comía,
y en cruz murió con anchos brazos
surgiendo vivo al claro día,
Jesús es
mundo amado:
Él es la Poesía.
5. Si adentro existe una morada
y nunca de mi Dios vacía,
y Él se hace diálogo en mi mesa,
porque Jesús lo prometía,
Jesús es
mundo mío:
Él es la Poesía.
6. Venid, Poetas del Anhelo,
que rasgáis cielo y fantasía,
Jesús es Verbo Dios humano
que todo verbo crea y cría,
Jesús es
mundo bello:
Él es la Poesía.
Guadalajara, Jal., 24 julio 2012.
Un veterano profesor de teología, Robert P.
Imbelli (S.I), acaba de escribir un artículo: El
desafío de la nueva evangelización: Dos poetas para el Sínodo (La sfida della
nuova evangelizzazione : Due poeti per il Sinodo, L’Osservatore Romano, 6 de
julio). Bien sabemos – y sentimos – que nosotros, los creyentes necesitamos “nuevas
palabras” para anunciar el mensaje, siempre anunciado y nunca acabado de decir.
Lo recuerda el “Instrumentum laboris” del próximo Sínodo de Obispos, convocado
para octubre: “La Iglesia siente que es su deber lograr imaginar nuevos instrumentos
y nuevas palabras para hacer audibles
y comprensibles también en los nuevos desiertos la palabra de la fe que nos ha
regenerado para la vida, aquella verdadera, en Dios” (n. 8).
El citado profesor, con palabras de un filósofo
católico canadiense (Charles
Taylor A Secular Age, 2007, traducción
italiana 2009),
nos propone como indicadores de lenguaje, cara a la nueva evangelización, para
hablar bellamente del Dios de la hermosura y comunión, a dos poetas: “dos
grandes poetas católicos: el sacerdote inglés Gerard Manley Hopkins y el laico francés Charles Péguy. Hopkins ha reavivado el sentido sacramental de un
mundo ‘al cual se le ha encomendado la grandeza de Dios’. Péguy han transmitido
de modo poético un sentido vivo de la comunión de todos los santos, uniendo el
cielo y la tierra”.
Ninguna competencia tengo para hablar del joven
poeta Gerard Manley Hopkins (1844-1889), primero anglicano, luego sacerdote
jesuita, cuya poesía fue dada a conocer como obra póstuma. Ni tampoco poseo un conocimiento
especial del tan famoso Charles Péguy.
Ahora bien, desde el corazón, sede última de la
verdad y de la fe, brújula del mundo, puedo decir dos cosas en esta coyuntura:
1) La primera, que Jesús ha expresado la fe
mediante la poesía de sus parábolas. Y no se diga que las parábolas son el
vestido y que debajo está el cuerpo. No, las parábolas no son la ropa que se
quita y se pone; a lo menos, serán la piel misma del cuerpo, y sin piel no hay
cuerpo.
2) Y segunda, que Jesús mismo es la Belleza que
anuncia, Jesús mismo es la Poesía Él es
la Poesía.
Al cobijo de cuanto expreso, y como mero anhelo,
puro gemido, me ha salido del alma (en este clima de retiro) ese poema: Él es la Poesía.
* * *
Señor Jesucristo,
Palabra del Padre y Fruto del Espíritu,
que anunciaste los misterios del Reino
con el lenguaje hermoso de las parábolas,
concédenos (concédeme)
la hermosura de tus labios
que manaba de tu puro corazón,
para crear en el mundo una mesa de hermanos;
haznos discípulos de tus palabras
y descúbrenos
que tú mismo eres la Belleza de tu Padre,
anhelo del sediento corazón
y festín de nuestra vida. Amén.
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Via pulchritudinis - Porta amoris,
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