Canción de gratitud y alabanza
en la profesión perpetua
de los hermanos menores capuchinos
Enrique Rodríguez,
Justino Sánchez,
Óscar A. Majano,
Aldo F. Muñoz,
Cristian A. Barragán.
Guadalajara, Jal., sábado 28 mayo 2012
Y una semana antes
Pedro Romero
(Dallas, Texas).
La
casa de ha llenado de algarabía por dar familiar acogida, como se ha podido, a
cuantos van llegando, desde ayer tarde – muchos de bien lejos – a esta fiesta
espiritual de la profesión perpetua de nuestros hermanos de esta jurisdicción llamada
Viceprovincia de los Hermanos Menores Capuchinos de México y Texas, amparada por la Virgen de Guadalupe. Los
hermanos que hoy profesan prometiendo según la Regla de San Francisco de Asís
vivir toda la vida “en obediencia, sin nada propio y en castidad”, hicieron un
día su noviciado, y han observado durante cinco años, en este caso, la vida
evangélica que hoy profesan para siempre.
Santo
Tomás de Aquino dice que la vida consagrada es una ofrenda de “holocausto”. En
el holocausto la víctima se entrega entera, sin guardarse nada para otros
fines. La Iglesia recibe en la Eucaristía los votos pronunciados, que solo se
pueden emitir con plena humildad y confianza. Fiados únicamente en el amor
y misericordia de Jesús, podemos pronunciar nuestros votos y perseverar en
ellos.
En
esta madrugada brindo a mis hermanos este poema, como humilde oración, pensando
que su ofrecimiento es también nuestra profesión renovada, al tiempo que la
fidelidad que el Señor nos ha concedido, por su sola gracia, sea estímulo para
ellos.
Comenzaron anoche las Olimpíadas en Londres... 204 países, algo grandioso y deslumbrante. Aquí, solo Jesús sea nuestra medalla, trofeo y victoria. Solo él.
Comenzaron anoche las Olimpíadas en Londres... 204 países, algo grandioso y deslumbrante. Aquí, solo Jesús sea nuestra medalla, trofeo y victoria. Solo él.
La
Virgen María con su materna intercesión nos acompañe.
Guadalajara-Zapopan,
Jalisco, sábado 28 de julio de 2012.
1. Por Cristo,
en Él y con Él,
porque de Cristo
me fío,
yo hago voto, yo
prometo,
yo me entrego en
sacrificio.
2. Nada guardo
para mí,
y todo lo
deposito
sobre el altar
que recoge
la sangre de
Jesucristo.
3. Es holocausto
de amor,
don a fuego
consumido:
por las llamas
del Espíritu
suba el aroma
ofrecido.
4. Gracias,
Padre de ternura,
por atreverme a
decirlo,
gracias porque
es milagro
el verme así
bendecido.
5. Siento en mis
venas moverse
las aguas de mi
bautismo;
no es mérito lo
que es gracia
de mi Dios
enternecido.
6. Y siento que
no estoy solo
con mis hermanos
testigos,
soy para ellos
reclamo
y ellos son mi
dulce alivio.
7. Todos juntos
enlazados
con el cordón de
Francisco,
con un solo
corazón
hoy profesamos
lo mismo.
8. Ten piedad, mi
Dios amante,
de unos hijos
pobrecitos;
somos tuyos, y
tu pecho
ha de ser
nuestro cobijo.
9. Gracias y paz
y alegría,
por este don
recibido,
y a Ti la
gloria, el amor
por los siglos
de los siglos.
Guadalajara,
Jal., sábado 28 julio 2012
Fr. Rufino María
Grández

No hay comentarios:
Publicar un comentario