Homilía en el domingo 25 del tiempo ordinario, ciclo B
Mc
9,30-37
(El día 23 de septiembre, que este año de 2012 es domingo,
se celebra la fiesta de San Pío de Pietrelcina, 1888-1968.
Textos para la Misa y Oficio de San Pío)
se celebra la fiesta de San Pío de Pietrelcina, 1888-1968.
Textos para la Misa y Oficio de San Pío)
Texto:
Se fueron de
allí y atravesaron Galilea; no quería que nadie se enterase, porque iba
instruyendo a sus discípulos. Les decía: “El Hijo del hombre va a ser entregado
en manos de los hombres y lo matarán; y después de muerto, a los tres días
resucitará”. Pero ellos no entendían lo que les decía y les daba miedo preguntarle.
Llegaron a
Cafarnaún, y una vez en casa, les preguntó: “¿De qué discutíais por el camino?”
Ellos callaban, pues por el camino habían discutido quién era el más importante.
Se sentó, llamó a los Doce y les dijo: “Quien quiera ser el primero, que sea el
último de todos y el servidor de todos. Y tomando un niño, lo puso en medio de
ellos, lo abrazó y les dijo: “El que acoge a un niño como este en mi nombre, me
acoge a mí; y el que me acoge a mí, no me acoge a mí, sino al que me ha enviado”.
Hermanos:
1. Podéis recordar: el domingo pasado el texto
era el de la confesión del apóstol san Pedro, Tú eres el Mesías.
Jesús no rechaza esta confesión. Al contrario,
la asume, la acepta, porque se identifica con ella, y sabe que las palabras que
el discípulo ardiente le ha lanzado con amor y generosidad vienen de Dios. Dios
le ha inspirado al apóstol para poder hablar de esa manera, porque solo Dios sabe
que este Jesús de Nazaret es el Mesías.
Jesús no rechaza, pero sí completa lo que los
demás no le han dicho, ni pueden decirle. Recordemos el texto pasado. Y empezó a instruirles: “El Hijo del hombre
tiene que padecer muchos, ser reprobado por los ancianos, sumos sacerdotes
y escribas, ser ejecutado y resucitar a
los tres días”. Se lo explicaba con toda claridad. Este fue el primer
anuncio de la Pasión.
2. Y hoy estamos en el segundo. Jesús emprende
el camino de Jerusalén y va instruyendo aparte a los discípulos. Hay ciertas
cosas que solamente en secreto y confidencia se pueden anunciar. Y Jesús sabe
que el anuncio de la Pasión no es un pronóstico con el que alguien aventura el
futuro, sino que es algo aprendido en la intimidad del ser. Son cosas que se
saben por revelación, por esa comunión e intimidad que media entre el Padre y Jesús.
Todos los seres humanos, si abrimos con ánimo
sincero el corazón a la divinidad, encontramos dentro una palabra que Dios, nuestro
Padre, talla en nosotros y es guía en el camino. Es la palabra de nuestro destino,
hermanos.
La palabra que Jesús lleva dentro es el Evangelio,
y esta palabra tiene una versión personal: su propia muerte. Se afirma Jesús en
el primer anuncio solemne y en esta afirmación Jesús vuelve a lo mismo: El Hijo del hombre va a ser entregado en
manos de los hombres y lo matarán; y después de muerto, a los tres días resucitará.
Fijémonos bien que la muerte no es la palabra
final de Jesús, en ningún caso. La palabra que Dios daba a sus siervos los
profetas no terminaban en destrucción, sino, al final, en un horizonte de
esperanza. Si la palabra no encierra esperanza nunca se llamará palabra de Dios,
ni para nosotros en particular, ni para nadie.
Un profeta de muerte nunca será profeta. Un
profeta de dolor sí es profeta, si con el dolor anuncia la consolación de Dios,
el triunfo y la soberanía de Dios en la vida.
He aquí, pues, lo que Jesús lleva dentro que lo
comparte con sus íntimos.
3. Pero en este momento san Marcos nos da un
toque de atención, que es un rasgo psicológico de lo más vivo y auténtico que
encontramos en los Evangelios.
Dice san
Marcos: Pero ellos no entendían lo que les
decía y les daba miedo preguntarle.
No entendían y no quieren meterse en este
terreno, que es sospechoso. ¿Adónde nos
puede llevar este modo de hablar? Hay en la vida cosas que no nos atrevemos a
preguntar, con la sospecha de que la respuesta nos va a comprometer a nosotros.
Hay en la juventud preguntas que quedan flotando
y que no se las quiere atrapar, por si acaso. ¡Cuántas veces un joven sospecha:
Pero ¿adónde me lleva esto?! Mas no quiere decírselo a sí mismo… ¡Cuántas
vocaciones de generosidad abortadas antes de nacer, porque no se quiso encarar
la pregunta y la respuesta que pedían!
En suma, hermanos: ellos no entendían lo que les decía y les daba miedo preguntarle. El
miedo a preguntar a Dios no es bueno, porque nos deja en la ignorancia y en la
cobardía. El retardar las preguntas y dejarlas para mañana, y mañana para otro
día, tampoco es bueno…, pues puede ser que ese día nunca llegue.
4. Está, pues, claro el mensaje y corre la
escena. Llegan a Cafarnaún, que era el término del viaje, y Jesús sí tiene una
pregunta que hacer, y la hace: “¿De qué
discutíais por el camino?
Y de nuevo el evangelista psicólogo nos da un
toque de su arte. Nos dice Marcos: Ellos
callaban, pues por el camino habían discutido quién era el más importante.
Un dato precioso para entrar en el corazón de
los apóstoles, que, al cabo, es lo que pasa en nuestro corazón: ser importante.
¿Quién es el más importante en el grupo elegido? O ¿quién es el más importante hoy
en la Iglesia? O ¿quién es el más importante, el más famoso, el más poderoso…
allí donde yo estoy y trabajo…, si soy religioso, en mi propia comunidad
religiosa?
En años recientes los documentos de la Iglesia se
han atrevido a hablar del “carrierismo” (en italiano, hacer “carriera”), cosa
que existe en la política civil y eclesiástica: a ver quién llega a más, a ver
quién escala más alto, el “arribismo”. También en los cargos eclesiásticos, también…,
y no hay que admirarse, porque este virus ya apareció en el Colegio Apostólico…
Gracias a Dios, no sabemos, en este caso, los nombres
de la conversación… A lo mejor uno de ellos era Judas, hombre de valer y de
confianza, a quien se le había entregado la bolsa. ¿Quién es el más importante?,
pregunta ambiciosa para escalar puestos y cumbres, pregunta malsana que ronda nuestro
corazón.
5. Jesús tiene ciertamente una respuesta a tal
pregunta: Quien quiera ser el primero,
que sea el último de todos y el servidor de todos.
Hay palabras sagradas en la vida que solo se
pueden decir si uno, antes de decirlas, las ha cumplido. De otro modo, sería
pecado. Y Jesús ha cumplido lo que está diciendo: Jesús es el último de todos,
el servidor de todos.
Meditando estas cosas un hombre que había sido
refinado y mundano y derrochador, Carlos de Foucauld (1858-1916), que luego fue
el hermanito Carlos – y hoy el Beato Carlos de Foucauld – escribió: Nadie puede
ocupar el último puesto, porque ya está ocupado, Jesús se lo ha reservado para
sí. Ese ha sido el puesto de Jesús.
Ese es el verdadero puesto de los seguidores de Jesús.
6. Y ahora, para coronar esta escena y este
magisterio, tenemos un gesto entrañable, que nos llega al alma. Nos agrada el
volver a recordarlo. Jesús, que está en una casa, llama a un niño pequeño, lo
pone en medio entre sus rodillas, le da un abrazo de cariño, y a todos una sublime
lección:
- Miradlo: el que acoge a un niño como este
pequeño, me acoge a mí. Yo soy el pequeño
en el mundo. Pero el que me acoge a mí, el más pequeño, acoge al Dios infinito,
a mi Padre celestial.
Hermanos, ante esto ¿qué podemos decir?
Pidamos al Señor la gracia de no ser importantes,
de ser infinitamente pequeños para ser
como Jesús y acoger al Dios de la gloria. Amén.
Guadalajara, 19 septiembre 2012.
Cántico de comunión sobre este Evangelio: El niño en brazos de Jesús.
Cántico de comunión sobre este Evangelio: El niño en brazos de Jesús.
No hay comentarios:
Publicar un comentario