Homilía en el domingo 26 del tiempo ordinario, ciclo B
Mc
9,38-48
Texto:
Juan le
dijo: “Maestro, hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre, y se lo
hemos querido impedir, porque no viene con nosotros”. Jesús respondió:
“No se lo
impidáis, porque quien hace un milagro en mi nombre no puede luego hablar mal
de mí. El que no está contra nosotros está a favor nuestro.
Y el que
os dé a beber un vaso de agua porque sois de Cristo, en verdad os digo que no
quedará sin recompensa.
Y el que
escandalice a uno de estos pequeñuelos que creen, más le valdría que le
encajasen en el cuello una piedra de molino y lo echen al mar.
Si tu mano
te hace caer, córtatela: más te vale entrar manco en la vida, que ir con las
dos manos a la gehenna, al fuego que no se apaga.
Y, si tu
pie te hace caer, córtatelo: más te vale entrar cojo en la vida, que ser echado
con los dos pies a la gehenna.
Y, si tu
ojo te hace caer, sácatelo: más te vale entrar tuerto en el reino de Dios, que
ser echado con los dos ojos a la gehenna,
donde el gusano no muere y el fuego no se apaga.
Hermanos:
1. La Iglesia guarda el Evangelio de Jesús como
tesoro precioso en el que está su vida. Lo guarda pero no en un cofre o en un
armario sagrado, ni tampoco en un libro precioso, adornado con esmaltes y
piedras preciosas y llevado procesionalmente hasta el altar al iniciar la
celebración de la Eucaristía.
La Iglesia guarda el Evangelio anunciándolo y
predicándolo; lo guarda, sobre todo, viviéndolo en la vida de los cristianos.
Las cosas de Dios solo se entienden cuando se viven, y esto es la tradición
pura de la Iglesia, como nos lo ha explicado el Concilio. La Tradición no es un
depósito precioso guardado en una caja fuerte; la sagrada Tradición es toda la
vida de Jesús, con su infinita riqueza, que nunca se acabará, vivida por los
cristianos.
Esta introducción sirve como entrada para
explicar este conjunto de sentencias de Jesús, el Maestro, que san Marcos nos
ha conservado, y, con sus propios matices, los otros evangelistas.
¡Cómo ha meditado la Iglesia las palabras de
Jesús para sacar de ellas vida en las circunstancias en que estaba viviendo!
Así lo vamos a hacer ahora nosotros.
2. He ahí primero un episodio sorprendente con
un protagonista, de parte del grupo de los Doce, que nosotros no lo
esperábamos: Juan.
Jesús lanzaba demonios. Esto ha llamado
muchísimo la atención, y he aquí que una buena persona, que no es adepto al grupo,
también se ha puesto a echar demonios invocando el nombre de Jesús Nazareno. A
Juan, que habla no en nombre propio, sino en nombre de sus compañeros, no le
parece bien: se lo hemos querido impedir,
porque no viene con nosotros. Como diciendo: De acuerdo que lance demonios,
pero que se atenga a las consecuencias, que venga con nosotros. No se puede
usurpar tu nombre y por su cuenta hacer estos prodigios.
¿Es celo de Dios?, se pregunta uno. ¿Es
envidia?, ese pecado subterráneo, que es un pecado muy feo y sucio que anda por
ahí por la alcantarilla, y que no lo queremos reconocer, porque si bien lo
pensamos nos envilece. ¿Es soberbia y deseo de dominación? Tantas miserias
pueden corroer nuestro confuso corazón…
En realidad, no lo sabemos. Nos sentimos inclinados
a dispensar con indulgencia la opinión de Juan, que, repito, es la opinión
compartida por sus compañeros.
2. Lo que sí sabemos es que la opinión de Jesús
es distinta: No se lo impidáis, porque
quien hace un milagro en mi nombre no puede luego hablar mal de mí. El que no
está contra nosotros está a favor nuestro.
Esta sentencia de Jesús nos produce un gran
consuelo, como para dirigirle una oración de Jesús:
Jesús, llena el mundo de milagros y maravillas,
donde sea, por quien sea y como sea, y danos un corazón generoso para ver y
aceptar con júbilo todo lo que vas haciendo en este mundo que nos ha tocado
vivir. El mundo está lleno de gente buena, pero el mal hace más ruido que el
bien.
Señor, que haya milagros por todas partes y que
nuestros ojos sean limpios para verlos y admirarlos.
3. Hermanos, esto al principio del Evangelio.
Pero luego el texto sagrado ha juntado diversas sentencias del Maestro, dichas
entonces o en otras ocasiones:
- Una, la del vaso de agua.
- Otra, la de los pequeñuelos y la rueda de
molino.
- Y la tercera, la del escándalo de la mano, el
pie, o el ojo.
Vamos a reflexionar sobre estas sentencias,
sentencias proféticas, sentencias de sabiduría.
4. ¡Qué sentencia más hermosa y agradable la del
vaso de agua! Dar un vaso de agua… La familia tiene su tinaja de agua para
beber… Dar un vaso de agua – que no es dar dinero –, que no es desprenderte de
tus bienes…, que es una cosa tan pequeña y tan humana. Dar un vaso de agua… Y
Jesús dice: el que os dé a beber un vaso
de agua porque sois de Cristo, en verdad os digo que no quedará sin recompensa.
Ya veis: un vaso de agua dado a quien sea por
amor al Señor no se olvidará en toda la eternidad, tendrá una recompensa
eterna.
Tantas aplicaciones podemos sacar de aquí…,
aunque no sean exactamente la exégesis de este texto sagrado.
Por ejemplo, cuando se acerca un pobre a
nosotros, nunca dejemos de dar, no digo dinero (que muchas veces no habrá que
darlo), pero sí una mirada, una sonrisa, una palabra. Nunca demos dinero a un
necesitado sin darle al mismo tiempo, un saludo, una mirada, una sencilla
palabra…, en suma, un pedacito de nuestro corazón. La mirada es importante:
mirar a la cara a las personas, mirarle a los ojos, es decir, mirarle a su
sufrimiento, mirarle a su corazón.
5. La segunda sentencia de Jesús es la de los
pequeños. El que escandalice a uno de estos pequeños, más le valdría que le
pongan de collar una piedra de molino y que lo tiren al mar…
¡Cómo se atrevía Jesús a decir estas cosas…!
Pues las decía; tal era su estilo. Pero observemos algunos detalles esenciales.
Jesús habla de la comunidad cristiana, de los
que creen.
Jesús habla de los pequeños, de uno de estos pequeñuelos que creen. Los
pequeñuelos de Dios no son solo los niños, sino también los humildes, los
sencillos, los ignorantes, en una palabra, los indefensos, los que necesitan
una protección especial porque por sí solos no se valen. Nosotros, los grandes,
los sabios o entendidos (o así nos lo creemos), los poderosos… podemos hacer un
destrozo en la comunidad si aplastamos a los pequeñuelos.
En esa hipótesis, el collar de la rueda de
molino y la sepultura en el mar.
6. La tercera sentencia de Jesús habla de la
mano, el pie y el ojo… Jesús hablaba así, de un modo tan plástico, tan
concreto…
Cortar la mano al ladrón es una barbaridad que
se ha practicado y se practica como castigo en ciertas formas fanáticas de
religión…
Jesús no habla de cortar la mano a nadie, ni el
pie, ni de sacar el ojo a nadie. Jesús está hablando de uno mismo: si tu mano
te escandaliza, córtatela…
Es claro, hermanos, que Jesús en ningún caso,
absolutamente en ninguno, nos pide una mutilación para alejarnos de un pecado,
aunque haya habido hombres santos que, para guardar la castidad, se hayan
mutilado los genitales. Eso nunca jamás lo ha pedido Jesús ni nos lo va a
pedir.
Eso no dice Jesús. El Señor nos dice que en la
vida puede haber situaciones en que nos debemos jugar el todo: hay que cortar
por lo sano y de modo total.
Lo hemos visto en los médicos. “Mire, la
gangrena empezó por los dedos, pasó al pie, y está empezando ya en la pierna… y
de aquí va a invadir todo el cuerpo. Usted decida”. Y el enfermo o la enferma
decide: Cortar la pierna.
En el terreno espiritual de esto se trata. En la
vida pueden llegar situaciones en que la única solución sea esta: Hay que
cortar. “… más te vale entrar tuerto en
el reino de Dios, que ser echado con los dos ojos a la gehenna, donde el gusano no muere y el fuego no
se apaga”.
7. Hermanos, esto nos ha dicho el Señor.
Señor Jesús, tú que nos has dado la luz, danos
el valor y la paz para seguirte. Amén.
Me ha gustado mucho la homilia de este día. Destaco la oración que encierra: Jesús, llena el mundo de milagros y maravillas, donde sea, por quien sea y como sea, y danos un corazón generoso para ver y aceptar con júbilo todo lo que vas haciendo en este mundo que nos ha tocado vivir.
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