Homilía
en el domingo IV de Pascua
Jn
10,27-30
Texto
evangélico
27 Mis ovejas
escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen, 28 y yo
les doy la vida eterna; no perecerán para siempre, y nadie las arrebatará de mi
mano. 29 Mi Padre, lo que me ha dado, es mayor que todo, y
nadie puede arrebatarlas de la mano de mi Padre. 30 Yo y el
Padre somos uno
Hermanos:
1. Hay muchas
definiciones para decir y definir qué es la Iglesia. Según el acierto del
lenguaje, puedo decir: Todas son verdaderas, pero todas incompletas; por lo
tanto, todas son peligrosas. La razón última es muy simple: la Iglesia, al fin,
es un puro misterio de la misericordia
de Dios, que trata de representar y hacer visible, al Hijo de su amor, y esta,
su más pura esencial, solo Dios la conoce.
Voy a dar tres
definiciones para que percibamos el alcance de lo que decimos.
Primera: La
Iglesia es una sociedad, una sociedad perfecta humano-divina, autónomo, con
todos los elementos necesarios para alcanzar la finalidad que persigue. Al
punto he de añadir: una sociedad jerárquicamente organizada, con medios
materiales y espirituales para alcanzar la salvación.
Sobre esta
definición se ha creado el Derecho Canónico, sabiendo que el Derecho es del
todo necesario para que funcione una sociedad. Cada individuo es un sujeto
participante con sus derechos y sus obligaciones.
Una definición
verdadera y, al mismo tiempo, altamente peligrosa, porque en este tipo de
concepción de Iglesia es sumamente difícil – por no decir prácticamente
imposible – hacer el equilibrio y balanceo entre lo humano y lo divino, e
instintivamente se va a dar más importancia a lo jurídico, a lo institucional,
que al aspecto divino, que queda fuera de control. Hay una palabra determinante,
que la tiene la autoridad, y el súbdito tiene que acatarla.
2. Otra
definición diferente: La Iglesia es el Pueblo de Dios que camina a la
salvación, cayendo y levantándose, conducido por Jesucristo que está vivo en
medio de su pueblo y representado en los pastores. La perspectiva es distinta,
es estilo que se crea es diferente. El pueblo de Dios pasa a primer plano y el
caminar con sus tropiezos y levantadas es la tarea permanente. No es cuestión
de cambios de palabras, sino de algo más profundo: la manera de asumir las
realidades últimas.
3. Puedo dar
una tercera definición. La Iglesia aquí en la tierra es la comunidad de los
salvados, por gracia, que es conducida por Cristo Resucitado, el Buen Pastor
bajo la soberanía del Padre que la ama eficazmente a todos y cada, de modo
personal.
Esta definición
mística de la Iglesia es real. Trata de la Iglesia presente aquí en la tierra,
con las dificultades que pueda tener entre sus miembros, e inmersa en los
avatares del mundo.
Pone en
evidencia lo más bello que tiene la Iglesia, que es su riqueza infinita, pero esta
definición no entra en los problemas de ese rudo combate que se puede suscitar
día a día.
4. Hermanos, el
Concilio abordó este asunto, cuando trató de meditar sobre qué es la Iglesia en
una de las constituciones centrales, que es la Lumen gentium. Tuvo que
examinar las santas Escrituras, porque allí mismo se encuentran ópticas
diferentes. La Iglesia es santa e inmaculada, como nos la muestran las cartas
de la Cautividad, así Efesios y Colosenses; pero la Iglesia está llena de
miserias como aparece en las Cartas a los Corintios. Y el Pueblo de Dios, con
historias tan desagradables en el Antiguo Testamento sigue siendo el Pueblo amado
de Dios con personas maravillosas y escándalos que nos dejan estupefactas y
adoloridos.
Ahora bien,
cuando uno explica las Sagradas Escritura tiene que explicarla como Palabra de
Dios, que llega hasta nosotros de un modo iluminador y terminante.
5. Según todo
ello, cómo abordar el Evangelio de hoy. ¿Quién está hablando? Jesús nuestro
pastor celestial. La segunda lectura nos invita a contemplar la Iglesia
celestial, que viene de la tierra:
«Estos que
están vestidos con vestiduras blancas, ¿quiénes son y de dónde han venido?». Yo
le respondí: «Señor mío, tú lo sabrás». Él me respondió: «Estos son los que
vienen de la gran tribulación: han lavado y blanqueado sus vestiduras en la
sangre del Cordero. Por eso están ante el trono de Dios, dándole culto día y
noche en su templo. El que se sienta en el trono acampará entre ellos. Ya no
pasarán hambre ni sed, no les hará daño el sol ni el bochorno. Porque el
Cordero que está delante del trono los apacentará y los conducirá hacia
fuentes de aguas vivas. Y Dios enjugará toda lágrima de sus ojos». (Ap 7,13-17).
El Cordero los
apacentará; el Cordero será su pastor.
6. Desde esta
visión celestial escuchemos las palabras que Jesús nos dice hoy. He aquí siete
afirmaciones soberanas, absolutas:
1.
Mis ovejas escuchan mi
voz,
2.
y yo las conozco,
3.
y ellas me siguen,
4.
y yo les doy la vida
eterna;
5.
no perecerán para
siempre,
6.
y nadie las arrebatará
de mi mano.
Este Evangelio
de intimidad, no por ser de intimidad es menos real. Las cosas más reales son
las que llevamos en el corazón. Las cosas más reales son las que habla el Señor
en el corazón. Jesús, Hijo de Dios, dice que sus ovejas escuchan su voz. ¿Es
que Jesús sigue hablando? Ciertamente: Jesús sigue hablando, me sigue hablando
a mí.
El texto
sagrado me dice que Jesús me conoce a mí, personalmente a mí, que hay
establecida una vinculación recíproca de conocimiento y amor, que es el alma de
nuestra vida y amistad.
Ellas me
siguen, y yo les voy vida eterna.
Jesús me está
dando lo que nadie me puede dar y nadie me puede quitar: vida eterna, la que él
tiene recibida del Padre.
7. Es Jesús
Resucitado el que me habla, a mí oveja suya que nadie podrá arrebatar de su
mano.
Mi Padre, lo que me ha dado, es
mayor que todo, y nadie puede arrebatarlas de la mano de mi Padre. Yo y el
Padre somos uno.
Hermanos, esto es lo más puro de la Iglesia, la
relación que Cristo establece con cada una de sus ovejas. Cada uno somos amados
con un amor infinito del Padre, que ha puesto todo en manos de su Hijo. La
Iglesia renace en las almas, dijo un célebre teólogo, nos recordó en cierta
ocasión Pablo VI, porque desde ahí es desde donde se alcanza la visión más
pura.
Señor Jesucristo, Buen Pastor, sé
tú mi pastor, solo tú, y hazme experimentar que, más allá de todos mis buenos
consejeros, más allá de todas las jerarquías, por dignas que sean, tú eres mi
Pastor y tú me llevas a la vida eterna. Amén,
Guadalajara, Jalisco, jueves 14 abril 2016.
Iglesia
misericordia
Himnario
de la Misericordia – 13
1. Iglesia misericordia,
que quiere serlo de veras,
cuando se cierran las puertas
y abierta una sola queda.
2. Iglesia, albergue de pobres,
que nadie en la calle duerma;
que, tirado a la intemperie,
a solas nadie se muera.
3. Iglesia siempre en salida,
que amada, cariño entrega,
que sirve, sirviendo gratis,
sin reclamar recompensa.
4. Cual hospital de campaña
de hermanos que están en guerra,
que a cualquier herido acoge
y venga de donde venga.
5. Iglesia de la verdad,
que escucha, calla y acepta,
y acepta lo inaceptable,
que una madre siempre acierta.
6. Iglesia representada
en la entrañable enfermera,
ternura en ojos y dedos
para curar sin que hiera.
7. Iglesia que es antesala,
de la Sala de la Fiesta,
para esperar al Esposo
cuando Jesús aparezca.
8. Iglesia soñada mía,
poesía siempre nueva,
un beso en tu rostro bello:
¡bien sabes lo que revela!
Guadalajara, Jal., ante el Evangelio
comentado,
Viernes 15 abril 2016
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