Homilía
en el domingo V de Pascua, ciclo c
Jn 14,23-29
Texto evangélico:
23 El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y
haremos morada en él. 24 El que no me ama no guarda mis
palabras. Y la palabra que estáis oyendo no es mía, sino del Padre que me
envió. 25 Os he hablado de esto ahora que estoy a vuestro lado,
26 pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que enviará el Padre
en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os
he dicho.
27 La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy yo como la da el
mundo. Que no se turbe vuestro corazón ni se acobarde. 28 Me
habéis oído decir: “Me voy y vuelvo a vuestro lado”. Si me amarais, os
alegraríais de que vaya al Padre, porque el Padre es mayor que yo. 29 Os
lo he dicho ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda creáis.
Hermanos:
1. Hemos avanzado en la Pascua del Señor y estamos
en el domingo VI. Estamos escuchando a Jesús en sus palabras de despedida de
sobremesa en aquella Última Cena sacratísima, de la que nació la Eucaristía. En
la sección tomada para este domingo, en tan pocas palabras (7 versículos), Jesús
nos habla de cosas esenciales en la Iglesia:
- De lo que llamamos “inhabitación de la Santísima
Trinidad” en el corazón del creyente, del discípulo.
- De la venida del Espíritu Santo y de la misión
que va a cumplir a lo largo del tiempo en la Iglesia.
- De la paz que Jesús nos da, que la da no como la
da el mundo.
- De la alegría que debe embargarnos por la vida
nueva que emprende Jesús junto al Padre.
2. Estas son cuatro grandes revelaciones, cuatro
fecundos temas de reflexión, de meditación cristiana para situarnos con firmeza
y plenitud en el sitio y en la misión que nos corresponde. Es un lenguaje
espiritual para iniciados en los misterios de Dios, para la Iglesia confidente
de los secretos de su esposo, que es Jesús. Quien estuviera fuera de órbita,
pensaría – y pensará – que esta literatura esotérica es simplemente la mística
de un grupo religioso, que seguramente merece respeto sin pretender reclamar
una relevancia social.
Pero como cada uno recibe la Palabra de Dios en la
situación personal que vive, y esta situación no es meramente individual sino
que tiene un contorno en el cual estamos vinculados y, por lo tanto,
comprometidos, quienes hemos nacido en España y la llevamos en la propia
sangre, hemos de añadir que el mensaje lo recibimos en esta situación de
discusión política, abocados a las nuevas elecciones, que por decreto firmará
S. M. el Rey de España. Como “la sangre no es agua”, y como el mundo es una
aldea global, al punto podemos tener información de lo que está pasando a la
otra orilla del Atlántico, en mi tierra, en mi patria. Lo que es dolor de mis
hermanos es dolor mío; lo que es anhelo suyo, es también anhelo mío. Haré
alguna reflexión, al curso de estos pensamientos, acudiendo a la inspiración de
la sagrada Escritura.
3. Nos vamos a detener en el primero de estos
cuatro puntos mencionados. El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo
amará, y vendremos a él y haremos morada en él.
Una joven francesa, llamada Isabel Catez, hoy Beata
Isabel de la Trinidad, escribió un día:
"La Trinidad: aquí está nuestra morada, nuestro
hogar, la casa paterna de la que jamás debemos salir... Me parece que he
encontrado mi cielo en la tierra, puesto que el cielo es Dios y Dios está en mi
alma. El día que comprendí eso todo se iluminó para mí."
"Creer que un ser que se llama El Amor habita en
nosotros en todo instante del día y de la noche y que nos pide que vivamos en sociedad
con El, he aquí, os lo confío, lo que ha hecho de mi vida un cielo anticipado"
'Mi Esposo quiere que yo sea para Él una humanidad
adicional en la cual Él pueda seguir sufriendo para gloria del Padre y para
ayudar a la Iglesia".
4. Detrás de este lenguaje místico, que debemos respetar,
porque han sido personas sinceras que han vivido lo que dicen, hay unas
verdaderas soberanas que nos invitan a reflexionar. Se trata de algo que es
Filosofía y Teología: la inmanencia de Dios en la creación, en cada uno de los
seres, especialmente en el ser humano, y en la Historia. Si Dios es Creador, por necesidad tiene que ser
presencia en el ser que ha creado; no una presencia muerta, que entonces no
sería presencia, sino presencia vivificante.
Si Dios no estuviera presente, si no hablara, si no se
dejara sentir, si no fuera guía y luz, Dios no sería el Dios vivo y verdadero,
a quien adorar, en quien vivir y gozar: sería un ídolo de madera para darle
incienso, cantos y procesiones.
Pero Dios, evidentemente, no es eso. Dios es alguien. Dios
no es una cosa; ni tampoco una energía, porque con una energía yo no puedo
establecer una relación de amor.
5. La Sagrada Escritura en el Antiguo y Nuevo Testamento ha
tomado la imagen del esposo para decir quién es Dios. Dios es un esposo de
amor. Su esposa es la comunidad de Israel, es la Iglesia, soy yo mismo.
Pero las imágenes, por muy bellas que sean, no cumplen lo
que anuncian, puesto que la realidad es más hermosa y firme que todo
pensamiento. Dios es inmanencia, nos dice este pasaje de san Juan. Dios es como
el Yo aposentado en mi yo, más íntimo que lo íntimo de mí mismo, dijo el
filósofo y teólogo san Agustín. Dios es mi hogar, Dios es mi mesa, Dios es
dulce compañía para siempre.
Incluso más: Dios es Los Tres en mí – Padre, hijo y Espíritu
Santo – para entablar un diálogo de amor que, iniciando en el tiempo, se hunde
en al eternidad.
Estamos hablando, hermanos, de la deificación de la vida
de esta verdad central de la presencia de Dios en la raíz de mi ser.
6. Y he mencionado antes la situación de esa comunidad a
la que pertenezco por mi origen, que la historia, en sus avatares, le ha dado
un nombre y una enseña: España. Justamente estos días me ha tocado explicar
este libro esplendente, bellísimo, del Antiguo Testamento, el último de todos,
en la serie cronológica, llamado sencillamente Sabiduría. Este libro se abre de repente con estas
palabras dirigidas a todos los gobernantes de la tierra: “Amad la justicia,
gobernantes de la tierra, | pensad correctamente del Señor | y buscadlo con
sencillez de corazón. | Porque se manifiesta a los que no le exigen pruebas | y
se revela a los que no desconfían de él” (Sab 1,1-2).
El que escribió estas palabras unos 50 años antes de Jesucristo
era un judío griego muy culto, excelente escritor, que había leído a Moisés y
había leído a Platón, y tenía el valor de dirigirse a todos los gobernantes de
la tierra. “Escuchad, reyes, y entended; | aprended, gobernantes de los
confines de la tierra” (6,1).
¿Podríamos llevar hoy estas palabras al Consejo de las Naciones?,
les comentaba a los alumnos; porque, al fin, no son palabras de un fanático, ni
de un ignorante, sino de un Sabio que ha pensado y proclamado que el Espíritu de
Dios se pueda aposentar en todo ser humano recto de corazón, más allá de Israel.
La vida adquiere su pleno sentido cuando entra en la
+órbita de sus última posibilidades, que son Dios.
7. Hermanos, a nosotros se nos da la posibilidad de vivir
con Dios, de gustar a Dios, de gozar a Dios en las raíces más vivas de mi ser.
Señor Jesús, hazme un creyente de verdad y concédeme la
gracia de acoger tus palabras de despedida. Amén.
Guadalajara, viernes 30 de abril de 2016, santa Catalina
de Siena, doctora de la Iglesia.
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