viernes, 5 de octubre de 2018

1126. Dom. XXVII B – Jesús y la belleza del matrimonio



Jesús y la belleza del matrimonio
Mc 10,2-10


Video grabado el sábado y subido el lunes


Texto evangélico:
2 Acercándose unos fariseos, le preguntaban para ponerlo a prueba: « ¿Le es lícito al hombre repudiar a su mujer?». 3 Él les replicó: « ¿Qué os ha mandado Moisés?». 4 Contestaron: «Moisés permitió escribir el acta de divorcio y repudiarla». 5 Jesús les dijo: «Por la dureza de vuestro corazón dejó escrito Moisés este precepto. 6 Pero al principio de la creación Dios los creó hombre y mujer. 7 Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer 8 y serán los dos una sola carne. De modo que ya no son dos, sino una sola carne. 9 Pues lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre».
10 En casa, los discípulos volvieron a preguntarle sobre lo mismo. 11 Él les dijo: «Si uno repudia a su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra la primera. 12 Y si ella repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio».
Hermanos:
1. Este Evangelio en torno al matrimonio habla de dos cosas: de la belleza extática del matrimonio según el proyecto de Dios, y de la fealdad del divorcio y del adulterio, un pecado cuya responsabilidad recae lo mismo en el hombre que en la mujer, porque los derechos matrimoniales del uno y del otro son los mismos. No tiene más derecho el hombre que a la mujer para divorciarse; no tiene más derecho la mujer que el hombre. No es más pecado el adulterio del hombre que el adulterio de la mujer; y lo mismo: no es más pecado el adulterio de la mujer que el adulterio del hombre.
Es muy duro que para hablar del matrimonio nos olvidemos de la belleza suprema del matrimonio, y comentemos las dificultades, los fallos, las irregularidades.
Es muy penoso hablar de estas cosas feas, aunque sean harto reales. En esta homilía y esta vez yo me quiero olvidar de los matrimonios rotos, y voy a hablar de la belleza del matrimonio en sí, tal como Dios lo pensó.
Queremos olvidarnos de Moisés para volver nuestros ojos a Jesús, solo a Jesús. Hablemos, pues, de estos tres puntos:
- El matrimonio que Dios fundó.
- El matrimonio que Jesús ratificó
- El matrimonio de dos jóvenes que con toda la ilusión de su vida, unen su amor para siempre ante Dios.
             
2. ¿Cuál es el matrimonio que Dios quiso? Para entender lo que Dios proyecto tenemos que abrir las dos primeras páginas de la Biblia. Son dos relatos diferentes, los dos presididos por el mismo Dios, los dos con la misma finalidad: la gloria de Dios y la dignidad, la plenitud y la felicidad del hombre.

“Dijo Dios: «Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza; que domine los peces del mar, las aves del cielo, los ganados y los reptiles de la tierra». Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó, varón y mujer los creó.
 Dios los bendijo; y les dijo Dios: «Sed fecundos y multiplicaos, llenad la tierra y sometedla; dominad los peces del mar, las aves del cielo y todos los animales que se mueven sobre la tierra»” (Gen 1,26-28).
Varón y mujer los creó. Así lo dice la Biblia y es clara la intención: Varón y mujer.
Y los bendijo, y les regaló en esta bendición dos poderes:
- el poder de ser fecundo y poblar la tierra
- y el poder de dominar toda la tierra.

3. Ahora si pasamos a la página segunda, nos encontramos con otro relato de nuestros orígenes: Dios había creado al hombre y lo puso en el paraíso. Y le regaló el mundo entero. Adán, como dueño y señor, puso nombre a todos los seres vivientes. Todo era suyo, más rico no podía ser, pero le faltaba algo. “Y cada ser vivo llevaría el nombre que Adán le pusiera. Así Adán puso nombre a todos los ganados, a los pájaros del cielo y a las bestias del campo; pero no encontró ninguno como él, que le ayudase” (Gen 2,19-20).
Entonces Dios creó a la mujer, se al presentó a Adán y se produjo el primer éxtasis de amor de la historia: “« ¡Esta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne! … ». Por eso abandonará el varón a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne. Los dos estaban desnudos, Adán y su mujer, pero no sentían vergüenza uno de otro” (Gen, 2-23-25).
Este es el matrimonio que Dios ha pensado: hombre y mujer, los dos en perfecta unidad, en perfecta transparencia. Este es el amor matrimonial.
Claramente nos está diciendo el texto sagrado que para el hombre la mujer es la cúspide de la creación, y que nos e puede cambiar una mujer por el mundo entero.
Esto es una verdad que no se agota. Los poetas lo dicen a su modo. Las Rimas de Bécquer es un librito de poesía muy sencilla, poesía pura, publicado en 1868. La rima XXIII tiene cuatro versos y dice así:
Por una mirada, un mundo,
por una sonrisa, un cielo,
por un beso… ¡yo no sé                                                                 
qué te diera por un beso!

4. Este es el matrimonio de Dios. Y entonces preguntan a Jesús por qué Moisés permitió el matrimonio, que es como preguntarle, por qué Moisés cambió el matrimonio. Efectivamente, Moisés cambió el matrimonio, rebajó el matrimonio. Y esto fue por el pecado…
Jesús  habla de la dureza del corazón.
Él quiere restaurar el matrimonio. Él quiere volver al matrimonio primero, cuyo modelo es el génesis.
Dice el Señor al principio de la creación Dios los creó hombre y mujer.
Jesús quiere dar marcha atrás, al origen…, recuperar el bello proyecto de Dios, que en realidad es una marcha hacia adelante.
El matrimonio en la Comunidad mesiánica de Jesús es esto: uno con una y para siempre. Y embellecido con un amor que Adán y Eva todavía no habían conocido.
San Pablo llegó a escribir. “Maridos, amad a vuestras mujeres como Cristo amó a su Iglesia: Él se entregó a sí mismo por ella, para consagrarla, purificándola con el baño del agua y la palabra, y para presentársela gloriosa, sin mancha ni arruga ni nada semejante, sino santa e inmaculada” (Ef 5,25-27).

5. A los jóvenes cristianos que buscan el matrimonio la Iglesia les propone este ideal. ¿Es posible? Para las legislaciones civiles, no. El matrimonio en un tanto por ciento muy elevado es un fracaso. Para el Evangelio sí es posible el matrimonio que Jesús ha pensado; con su gracia es posible. Y entonces sí el matrimonio es fuente de los más puros gozos que Dios tiene preparados.
Estamos hablando de estas cosas en el momento en que los obispos, representantes de todas las conferencia episcopales están reunidos en Roma, del 3 al 28 de este mes, en el Sínodo que tiene como tema, después de larga preparación compartida: Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional.
Ese documento que es el tema de discusión de estos días está puesto en las redes, en Internet, y todos los interesados lo podemos leer.
Allí están tres obispos de España: el de la Rioja, el de Barcelona, el de Valladolid; y cuatro obispos de México: el de Tapachula, el de Netzahualcóyotl, y auxiliar de Tlalnepantla y Monterrey.

Señor Jesús, muy alto has puesto el ideal del matrimonio que quieres para tus discípulos; pero ene se matrimonio está nuestra liberación y nuestra paz.
Danos la gracia y la esperanza para que el matrimonio realice ese ideal de amor y fecundidad que tú y tu Padre habéis propuesto. Amén.

Guadalajara, Jalisco, viernes 5 de octubre de 2018.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Los Evangelios, al hacer mención de la escena en la que se le pregunta a Jesús su opinión acerca del divorcio, coinciden en el hecho principal: el divorcio es algo que va contra los principios divinos contenidos en el libro del Génesis. El evangelista san Mateo añade que los discípulos apostillaron a Jesús diciéndole: SI ESA ES LA CONDICIÓN DEL HOMBRE, NO TRAE CUENTA CASARSE. En otras palabras, mejor no casarse que tener sobre la cabeza la espada de Damocles del posible divorcio.
Sin embargo, y Jesús también lo menciona, Moisés legisló sobre el divorcio, autorizándolo en ciertas circunstancias y especificando detalles jurídicos al respecto. El motivo aducido de esa actitud fue… “la dureza de los corazones de los israelitas”… Se permitió “por la dureza del corazón”….
Para Jesús el divorcio se permite sólo “en caso de fornicación”, es decir, en caso de infidelidad conyugal, y aún así no se permite un nuevo matrimonio. El divorciado ha de permanecer así… al menos hasta que el otro cónyuge fallezca.
Es de todos sabido que el matrimonio no es un estado de “beatitud permanente”. Tiene sus roces y sus dificultades, que en ocasiones se van limando día tras día hasta conseguir uniones que llegan a celebrar sus bodas de oro. Pero a veces esos roces son tan insuperables… que producen una rápida hecatombe Una antigua reflexión al respecto nos dice que “si tu noviazgo fue una comedia, tu matrimonio será un drama”.
Durante el noviazgo muchas parejas ocultan su verdadera identidad-personalidad. Viven un permanente engaño. En todo momento ambos muestran “un jardín de flores”… sin pensar que, más pronto que tarde, al caer el telón, se dan cuenta de que todo su noviazgo fue un “teatro” que ocultaba verdades oscuras. Y entonces se acaba la comedia para empezar el drama… o la tragedia.
Juan José.

Anónimo dijo...

NADIE CONSTRUYE UN BARCO PARA QUE SE HUNDA... PERO ALGUNOS ACABAN EN EL FONDO DEL MAR.

NADIE CONTRAE MATRIMONIO PARA DIVORCIARSE... PERO ALGUNOS ACABAN EN DIVORCIO.

Juan José.

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