1129 Dom. XXIX B – Jesús
nos invita a amar, ocupando el último lugar
Jesús nos invita a amar, ocupando el último lugar
Mc 10,35-45
Texto
evangélico:
35 Se le
acercaron los hijos de Zebedeo, Santiago y Juan, y le dijeron: «Maestro,
queremos que nos hagas lo que te vamos a pedir». 36 Les preguntó: «¿Qué queréis
que haga por vosotros?». 37 Contestaron: «Concédenos sentarnos en tu gloria uno
a tu derecha y otro a tu izquierda». 38 Jesús replicó: «No sabéis lo que pedís,
¿podéis beber el cáliz que yo he de beber, o de bautizaros con el bautismo con
que yo me voy a bautizar?». 39 Contestaron: «Podemos». Jesús les dijo: «El
cáliz que yo voy a beber lo beberéis, y seréis bautizados con el bautismo con
que yo me voy a bautizar, 40 pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no
me toca a mí concederlo, sino que es para quienes está reservado».
41 Los otros
diez, al oír aquello, se indignaron contra Santiago y Juan. 42 Jesús,
llamándolos, les dijo: «Sabéis que los que son reconocidos como jefes de los
pueblos los tiranizan, y que los grandes los oprimen. 43 No será así entre
vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor; 44
y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos. 45 Porque el Hijo del hombre
no ha venido a ser servido, sino a servir y dar su vida en rescate por muchos».
Hermanos:
1. El año litúrgico avanza. Estamos en
el domingo XXIX del tiempo ordinario del año litúrgico, tiempo que se compone
de 34 domingos, para iniciar luego el Adviento.
Domingo XXIX que tiene una
característica especial: Hoy es el Domingo Mundial de Misiones, que lo
celebramos en el Sínodo de los Obispos en Roma sobre Vocación y misión de los jóvenes hoy, a concluirse el próximo
domingo. Como todos los años, el Papa ha escrito un mensaje para este día,
dirigido a la juventud y a través de los jóvenes a todos los católicos. Esos
pensamientos del Papa, llenos de entusiasmo sincero que procede de la fe han
sido puestos en un eslogan: Cambia el
mundo.
El panorama que acabo de describir tiene
aquí en México una imagen muy singular: esa caravana de migrantes hondureños,
que cruza el país y que los vimos en la frontera de Guatemala-México rumbo al Norte
a la frontera con los Estados Unidos. Lo que haya de suceder Dios lo sabe. Es
desgarrador, humanamente hablando, ver esa masa humana de gentes que van en
busca de vida, de pan, de trabajo, de familia… Uno quisiera apartar los ojos
del televisor, porque ve el tremendo problema y no ve la solución, y se rompe
el alma ante ese espectáculo.
2. Es el fondo vivo para que tomemos el
Evangelio: Qué nos dice Jesús, o, mejor, ¿qué me dice Jesús en estas palabras,
que terminan con esta sentencia: el Hijo
del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y dar su vida en rescate
por muchos?
No pocos estudiosos de la Biblia han
pensado: No ha podido decir Jesús eso: se lo han puesto en sus labios.
Jesús, según el Evangelio, ha venido a
dar su vida, a entregar su vida por “muchos”. Esos “muchos” no son una porción
muy grande de la familia humana. En el sentir judío ese “muchos” es equivalente
a todos.
Las palabras de Jesús han repercutido en
la consagración de la Eucaristía. Este es
el cáliz de mi sangre, sangre de la nueva y eterna alianza que será derramada por
vosotros y por todos los hombres. Así decíamos antes, significando que la
Eucaristía y la muerte de Jesús eran por toda la humanidad, la de ayer, la de
hoy, la que viene. Desde hace años nos ha dicho la Iglesia: No, no tengamos
miedo de decir “por muchos”, según el lenguaje de la Biblia, porque no
excluimos a nadie. Jesús muere por todos.
De manera que cuando el sacerdote está
pronunciando esas palabras un poco inclinado sobre el cáliz, puede ver delante
de sus ojos que van pasando miles y miles, la caravana del sufrimiento humano,
que hoy se llama migración, y que tienen tantos nombres como nombres tiene el
dolor de los que sufren.
3. Esto que Jesús dice tiene su
historia. Hoy en la primera lectura suenan unas palabras que las escuchamos en
Viernes Santo: “El Señor quiso triturarlo con el sufrimiento, | y entregar su
vida como expiación: | verá su descendencia, prolongará sus años, | lo que el
Señor quiere prosperará por su mano.
Por los trabajos de su alma verá la luz,
| el justo se saciará de conocimiento. | Mi siervo justificará a muchos, |
porque cargó con los crímenes de ellos” (Is 53,10-11). Es lo que se llaman los Cantos del Siervo de Yahveh, en los
cuales el pensamiento del Antiguo Testamento llega a su cumbre más pura. Dios
nos va a salvar no por esplendorosas victorias. Nos va a salvar por el
sufrimiento; mejor dicho, solo por el sufrimiento.
¿Quién es, pues, ese Siervo de Yahveh?
Acaso todo el pueblo de Israel, o un individuo de ese pueblo, que puedo ser yo,
y que ciertamente es Jesús. Es lo que confesamos los cristianos: Jesús nos ha
salvado porque ha aceptado ser el último de todos, porque ha ocupado un lugar
que ya nadie se lo puede quitar, porque ha tomado mis pecados y los ha cargado
sobre sí para presentarlos a Dios, su Padre. Nunca sabremos decirte “Gracias”,
Jesús.
4. Pues bien, hermanos, ahora con este panorama
volvamos al principio de la escena. Casi
se nos antoja ridículo que dos de sus discípulos de más confianza, dos de los
apóstoles, los hijos de Zebedeo, Santiago y Juan, se acerquen a Jesús y quieran
pedirle algo: Maestro, queremos que nos
hagas lo que te vamos a pedir.
¿Qué querían pedirle? Concédenos sentarnos en tu gloria uno a tu
derecha y otro a tu izquierda.
Era una petición amorosa, muy ingenua. Y
seguramente no podemos criticarlos, porque quedaríamos avergonzados si
prestáramos atención a lo que nosotros pedimos. Porque, la verdad, estaban
dispuestos a todo.
¿Podéis
beber el cáliz que yo he de beber, o de bautizaros con el bautismo con que yo
me voy a bautizar?». Contestaron: «Podemos».
Y efectivamente, Jesús les dio entonces,
la mayor gracia que Dios puede conceder al mejor servidor: ser partícipes del
cáliz del Hijo.
5. Un pensamiento para el Domund.
Jóvenes, la vida es vuestra. ¿Estáis dispuesto a beber el cáliz de Jesús?
Porque de esto se trata.
¿Estáis dispuesto a servir, a ocupar el
último lugar, aunque nadie se entere, a amar con todo el corazón, porque solo
el amor es el camino de la redención?
Jóvenes y mayores: ¿Estáis dispuestos –
es decir – estamos dispuestos, estoy dispuesto a aceptar la lógica del amor? El
amor, nos dice el Papa en su mensaje, no tiene límites.
6. Hermanos, este es el mensaje del Domingo,
y de todas y cada una de nuestras celebraciones: el amor, el servicio, el
último lugar. Lo demás Dios lo hará, porque Él nos amó primero y nos sigue
amando.
Señor
Jesús, por tu misericordia, hazme partícipe de aquel amor que te llevó a ti a
ocupar el último lugar, a morir en la cruz por mí. Amén.
Cuautitlán Izcalli, sábado 20 de octubre
de 2018
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