lunes, 9 de septiembre de 2019

1251 Desde la selva y el río Napo


Dios de amor, Dios de la vida

Dios es Uno y Trinidad, Dios es Dios Encarnación. Dios, al a obrar, deja la huella divina de lo que es, y no puede obrar de otra manera. Si un día, por pura gracia y misericordia, llegamos a sabr que Jesús es Dios Encarnado, desde esa revelación pudimos ver al mundo pudimos ver el mundo, con una visión que ante no teníamos. La huella de la Encarnación, la huella de la Trinidad ha quedado grabada en el corazón  del cosmos y en el corazón del hombre. El cosmos es infinitamente bello por Dios Encarnado, y más hermoso es el hombre – radiante en el humilde, en el pequeño, en el pobre (lo dijo Jesús) – que es el rostro del Verbo Encarnado.
“En el principio era el Verbo…” (Jn 1,1), el Verbo concreto, el Verbo historia, es decir: En el principio era Jesús.
Por él es bella la creación.

Dios de amor, Dios de la vida,
lo que creaste, Señor,
lleva impreso en sus entrañas
rasgos de tu corazón.

En un misterio infinito
de ternura y compasión
todo el mundo es un regalo
del don de la Encarnación.

Te adoramos, Padre amado,
viéndote como te vio,
tu Hijo cuando miraba
desde ti la creación.

Eres fuente de las aguas
eres belleza y color,
eres canto de los pájaros
y moras en cada flor.

El mundo es el Paraíso,
que nuestra culpa dañó,
que un día será liberado
por Jesús el Redentor.

Eres Dios resplandeciente
en cada hermano menor,
en cada hombre y mujer
que vive a  mi alrededor.

Esa presencia divina
es tu divina mansión,
más preciosa que la tierra,
más clara que el claro sol.

El Espíritu que un día
era mi Dios Creador,
hoy es mi Dios cotidiano,
compañía y oración.

Beso y abrazo este mundo
redimido en tu perdón,
Dios está aquí y se nota
su aroma de bendición.

En este templo grandioso,
gracias, mi Dios, siempre Dios.
Dios de paz y de alegría,
en Jesús revelación. Amén,


Coca, Francisco de Orellana, junto al río Napo, 9 septiembre 2019

No hay comentarios:

Publicar un comentario