viernes, 20 de septiembre de 2019

1256. Dom XXV, C – Jesús se pronuncia frente al Dinero


Jesús se pronuncia frente al Dinero


Texto evangélico:
Lc16 1 Decía también a sus discípulos: «Un hombre rico tenía un administrador, a quien acusaron ante él de derrochar sus bienes. 2 Entonces lo llamó y le dijo: “¿Qué es eso que estoy oyendo de ti? Dame cuenta de tu administración, porque en adelante no podrás seguir administrando”. 3 El administrador se puso a decir para sí: “¿Qué voy a hacer, pues mi señor me quita la administración? Para cavar no tengo fuerzas; mendigar me da vergüenza. 4 Ya sé lo que voy a hacer para que, cuando me echen de la administración, encuentre quien me reciba en su casa”. 5 Fue llamando uno a uno a los deudores de su amo y dijo al primero: 6 “¿Cuánto debes a mi amo?”. Este respondió: “Cien barriles de aceite”. Él le dijo: “Toma tu recibo; aprisa, siéntate y escribe cincuenta”. 7 Luego dijo a otro: “Y tú, ¿cuánto debes?”. Él dijo: “Cien fanegas de trigo”. Le dice: “Toma tu recibo y escribe ochenta”.
8 Y el amo alabó al administrador injusto, porque había actuado con astucia. Ciertamente, los hijos de este mundo son más astutos con su propia gente que los hijos de la luz.
9 Y yo os digo: Ganaos amigos con el dinero de iniquidad, para que, cuando os falte, os reciban en las moradas eternas.
10 El que es fiel en lo poco, también en lo mucho es fiel; el que es injusto en lo poco, también en lo mucho es injusto. 11Pues, si no fuisteis fieles en la riqueza injusta, ¿quién os confiará la verdadera? 12 Si no fuisteis fieles en lo ajeno, ¿lo vuestro, quién os lo dará?
13 Ningún siervo puede servir a dos señores, porque, o bien aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se dedicará al primero y no hará caso del segundo.
No podéis servir a Dios y al dinero».

Hermanos:
1. En ningún pasaje como este se ha pronunciado Jesús acerca del dinero. Su valoración es absolutamente negativa, y humildemente tenemos que saber desde dónde y por qué.
Cuando uno quiere hacer una pequeña filosofía acerca del dinero, fácilmente llega a la conclusión de que el dinero fue un invento de la humanidad necesario y bueno.  Así lo entendemos, así lo usamos. Pero Jesús no nos habla de una filosofía, ni de ninguna sociología.
Seguramente que desde una sana filosofía y sociología habrá que pasar, con sumo cuidado, a una teología cristiana, cosa altamente delicada. En cierta ocasión san Pablo escribió un párrafo sobre los ricos a su discípulo Timoteo, un párrafo que ha dado mucho que hablar a los exegetas. Le decía así:
“A los ricos de este mundo ordénales que no sean altaneros ni pongan su esperanza en la incertidumbre de la riqueza, sino en Dios que nos provee de todo en abundancia para que lo disfrutemos; que hagan el bien, sean ricos en buenas obras, generosos y dispuestos a compartir;  y así atesorarán un excelente fondo para el porvenir y alcanzarán aquella que es realmente la vida verdadera” (1 Tim 6,17-18).
San Pablo, pues, quiere cohonestar un hecho social con la opción de un cristiano.
Las palabras de Jesús las hemos de interpretar, tal como están, al margen de esas hipotéticas circunstancias de cómo ser rico, por fortuna y lances de la vida, y por el propio trabajo, y cómo ser al mismo tiempo un buen cristiano, “el cristiano rico”.
No hablamos de esto, hermanos.

2. Hablamos de un anuncio profético muy severo, de como Jesús ha visto la realidad peligrosa del dinero, como si fuera algo fatídico, engañador como el mismo demonio, dominador como el demonio. Al punto de que Jesús ha plasmado una frase tremenda, como una frase del decálogo: No podéis servir a Dios y al dinero.
Según este pronunciamiento, el Dinero es un Dios, opera como un Dios, y frente a él hay que tomar una opción: O Dios o el Dinero, las dos cosas juntas no pueden ir. Dios pide un servicio total, y el Dinero, de modo equivalente, el Dios Dinero, pide un servicio igual. Entonces una debe optar: O Dios o el Dinero.

3. Puede molestarnos el que Jesús sea tan absolutamente radical. Porque nosotros, al momento, queremos puntualizar: No hay que poner tal contradicción: Se puede servir a Dios con todo el corazón y hacer un buen uso del dinero.
Este discurso no es tan claro, si se parte no de la razón, sino de la experiencia. La corrupción impera escandalosamente en los gobiernos, por más que con palabras propagandísticas juren y perjuren de que ellos, no, de que todo va a ser limpio y transparente.

Pero no tenemos que mirar a los otros. Cada uno debe mirar a su propia casa, a la institución donde vive y de donde come, para ver si, en efecto, el Evangelio de Jesús es la guía. Es más, cada uno debe mirar a su propio corazón para preguntarse con sinceridad y verdad si alguna vez en la vida no se ha manchado con el dinero, al que Jesús le ha puesto un nombre fatal: dinero de iniquidad, o “dinero injusto”, manchado de injusticia.

3. Hoy oportunamente se nos han recordado párrafos de los profetas. Amós históricamente es el primer profeta que ha dejado profecías escritas (obra seguramente de sus seguidores, de esos círculos de hombres espirituales que siempre los ha habido), y ocho siglos antes de Jesucristo Amós había pronunciado estos terribles oráculos:
“Escuchad esto, los que pisoteáis al pobre | y elimináis a los humildes del país,           diciendo: «¿Cuándo pasará la luna nueva, | para vender el grano, | y el sábado, para abrir los sacos de cereal | —reduciendo el peso y aumentando el precio, | y modificando las balanzas con engaño—  para comprar al indigente por plata | y al pobre por un par de sandalias, | para vender hasta el salvado del grano?».
  El Señor lo ha jurado por la Gloria de Jacob: | «No olvidaré jamás ninguna de sus acciones»” (Am 8,4-7).

5. El Señor ponga en el corazón la enseñanza y decisión que cada uno necesitamos. Tres orientaciones podemos sacar de las palabras directas de Jesús:

Grabemos la primera: Ganaos amigos con el dinero de iniquidad, para que, cuando os falte, os reciban en las moradas eternas
La segunda enseñanza es la fidelidad: Fiel en lo poco, para ser fiel e íntegro en lo mucho y definitivo; fiel en lo ajeno, que es el dinero, para ser fiel en la gracia, que es lo nuestro, la verdadera riqueza con que Dios nos enriquece.
Y la tercera, la libertad, libertad frente al dinero, que no nos lo vamos a llevar al otro mundo.
Desnudos vinimos a este mundo, desnudos iremos cuando Dios nos llame. Nuestra riqueza, nuestra vestidura, nuestros haberes serán él mismo, las buenas obras que, por su misericordia, hayamos realizado; el amor que hayamos regalado en esta vida. Todo lo demás se quedará aquí abajo, en el olvido.

Señor Jesús, tus palabras son claras, iluminadoras y transformados. Concédeme, concédenos, la gracia de cumplirlas, porque ahí está nuestra verdadera felicidad. Amén.

Guadalajara, Jalisco, viernes 20 de septiembre de 2019.

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