Quiero dejar tras de mí
La vida es un mysterium, misterio que quiere decir: tremens et fascinans. Y la fe es el milagro que nos traslada al
corazón del misterio. Desde esa fe el amoroso amante quisiera proferir una
palabra de paz.
Escribo desde la cima: 82 Advientos
llevo en mi pecho, el próximo, si al Señor le place, será el 83.
Quiero dejar tras de mí
mi vida como regalo,
un alma pura y sencilla
que nunca quiso el
engaño.
¿Cómo me atrevo a decir
semejante desacato,
que no podrían firmar
quienes fueron mis
hermanos…?
Alto ahí…, pido
atención,
sin vanidad, sin halagos;
tengo un discurso
divino,
como niño acariciado.
Sin duda, mi amor,
Jesús,
muchas veces he errado,
pero una gota de sangre
ha todo purificado.
Siento paz, eternidad,
a tus ojos agraciado,
y no canto melodías
yo canto solo tu canto.
No canto para cantarme
con los ojos extasiados,
estoy mirando a tus
ojos,
y en ellos me encuentro
sano.
No apetezco una opinión
en perfumes recordado,
que es mucho más lo que
quiero
al acercarme a mi
ocaso.
Ser yo mismo en unidad
y contigo unificado,
ser no siendo en
comentarios
ser contigo derramado.
Acaso un alma gemela
me sepa junto a su
lado,
y comulguemos unidos
la comunión de los
santos.
La vída es un río y
fluye
de Dios a Dios
desbordado,
y ese río es mi trayecto,
amor de amante y amado.
Dios mío, mi Creador,
que el tiempo me has
regalado,
la eternidad me regalas
cuando termine en tus
brazos.
Entonces yo lo sabré
pues seré deificado,
y todo amor bienquerido
será en ti santificado.
Conocer, no conocer
no rompen amor soñado,
y entonces sí te diré
¡Dios mío, mi amor, te
amo!
Guadalajara,
Jalisco, noche, 18 septiembre 2019
Hermosísimo, muchas felicidades Padre Rufino!��
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