Jesús nos invita a escuchar la Palabra de Dios,
más importante que los milagros
Lc 16,19-34
Texto
evangélico:
Lc16
19 Había un hombre rico que se vestía
de púrpura y de lino y banqueteaba cada día. 20 Y un mendigo llamado
Lázaro estaba echado en su portal, cubierto de llagas, 21 y con
ganas de saciarse de lo que caía de la mesa del rico. Y hasta los perros venían
y le lamían las llagas. 22 Sucedió que murió el mendigo, y fue
llevado por los ángeles al seno de Abrahán. Murió también el rico y fue
enterrado. 23 Y, estando en el infierno, en medio de los tormentos,
levantó los ojos y vio de lejos a Abrahán, y a Lázaro en su seno, 24
y gritando, dijo: “Padre Abrahán, ten piedad de mí y manda a Lázaro que moje en
agua la punta del dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas
llamas”. 25 Pero Abrahán le dijo: “Hijo, recuerda que recibiste tus
bienes en tu vida, y Lázaro, a su vez, males: por eso ahora él es aquí
consolado, mientras que tú eres atormentado. 26 Y, además, entre
nosotros y vosotros se abre un abismo inmenso, para que los que quieran cruzar
desde aquí hacia vosotros no puedan hacerlo, ni tampoco pasar de ahí hasta
nosotros”. 27 Él dijo: “Te ruego, entonces, padre, que le mandes a
casa de mi padre, 28 pues tengo cinco hermanos: que les dé
testimonio de estas cosas, no sea que también ellos vengan a este lugar de
tormento”. 29 Abrahán le dice: “Tienen a Moisés y a los profetas:
que los escuchen”. 30 Pero él le dijo: “No, padre Abrahán. Pero si
un muerto va a ellos, se arrepentirán”. 31 Abrahán le dijo: “Si no
escuchan a Moisés y a los profetas, no se convencerán ni aunque resucite un
muerto”».
Hermanos:
1.
De entre todas las parábolas de Jesús, a esta podríamos llamarle, en sentido
literario, que es la más teatral. Jesús ha compuesto un teatro entre el cielo y
la tierra para darnos una lección de vida y eternidad. Y para mostrarnos de
modo dramático que le puede pasar a un rico que tiene todo y no tiene corazón.
Para
mejor entender esta sorprendente parábola de Jesús, permítanme hacer una breve
introducción de tipo cultural. Los predicadores de antes predicaban desde el
púlpito, sobre las cabezas de los oyentes, y con frecuencia a grandes
muchedumbre. Predicaban a pleno pulmón, nunca con papeles, como yo lo estoy haciendo
ahora con ustedes, y según el temperamento de cada uno se desarrollaban las
cualidades teatrales de cada quien. De hecho en los semanarios se nos enseñaba
el arte de la declamación, y terminados los estudios sacerdotales, antes de
ejercer plenamente el ministerio, se tenía el llamado “Curso de oratoria”. La
buena predicación, si nos remitimos a los antiguos oradores clásicos de Grecia
y de Roma, tenías sus reglas para componer su discurso, discursos que uno los
escribía de puño y letra y los aprendía de memoria. Discursos que había que
pronunciarlos con su entonación debida. Había, pues, en la predicación un
componente teatral, o para bien o para mal.
Los
antiguos misioneros componían sus sermonarios para hablar del cielo y del
infierno, de la salvación y de la condenación. Y todo ello con el dramatismo,
con la pasión, con el pathos, a que invitan estos temas.
Luego
vino el micrófono y el estilo nuevo de predicación, que es la homilía, de orden
sencillo y coloquial.
2.
Ciertamente, hermanos, que Jesús no fue un orador griego, como Demóstenes, ni
un orador romano como Cicerón. Fue un predicador popular, que predicaba, sí, en
las sinagogas explicando las Escrituras, pero más en la calle, en la plaza, en
las colinas. Incluso los exegetas nos dicen que “las parábolas del Reino” es un
género propio que Jesús ha inventado, que no conocían los antiguos rabinos
Centrándonos
exactamente en esta parábola dramatizada, ¿cuál es el núcleo del mensaje?
Es
legítimo sacar diversas lecciones, mirando la parábola de un perfil o de otro.
Podemos hacer un discurso de ricos y pobres, eterno tema de la Biblia desde los
profetas. Y será oportuno, porque Jesús ha escogido ambas figuras.
Ahora
bien, la frase fulminante y estremecedora, la más dramática de este drama
inventado, es la frase final.
Si no escuchan a Moisés y a los
profetas, no se convencerán ni aunque resucite un muerto.
Este
es el pensamiento de Jesús. La palabra de Dios es más eficaz que el milagro
estentoreo de un muerto que viniera a darnos un mensaje de lo que pasa en la
eternidad.
Yo,
ministro del Evangelio, predicador del mensaje de Jesús, tengo que tener
impreso en todo mi ser, en cuerpo y alma, que es más importante, más eficaz,
que yo anuncie la verdadera palabra del Señor, que el que yo pueda hacer
milagros de sanación o de expulsión de demonios.
3.
Pero al escribir esta homilía, en este mundo en que vivimos de la
intercomunicación, de las redes sociales, del whatsapp, me vienen las
informaciones de la gran manifestación que se prepara por parte del feminismo, en
pro de la despenalización del aborto, la Marea Verde Feminista. Serán miles y
miles de personas las que salgan mañana, sábado, en México, clamando por el
derecho al aborto
Hace
unas semanas se había una manifestación Pro-vida,
riadas de gentes que aquí en esta ciudad se veían en torno a la Plaza de la
Minerva.
En
España, mi patria, hace tiempo que la estadística oficial del Ministerio de
Sanidad pasó de los dos millones de abortos desde la despenalización del mismo
en 1985.
Y
si Jesús se inventó ese teatro de la tierra y el cielo, como un horrendo pensamiento se me ha presentado un doble
escenario: en la tierra el inmenso basurero de los abortos, y la caravana
celestial de esos millones y millones de seres vivientes, que no han
desaparecido, que llevan un mensaje que se escucha en la tierra: ¡Madre!, ¿por qué me has matado? Yo te
perdono, y una alabanza para Dios: ¡Gracias
por haberme creado y ser gloria tuya para siempre!
4.
Hermanos:
La
parábola del rico epulón, es decir, banqueteador, y del mendigo Lázaro, no es
un cuento de niños que Jesús se inventó para hacer más amena su predicación. Es
una terrible amenaza de Cristo, Profeta y Revelador del misterio de Dios: Si no os rendís ante la Palabra de Dios, no
hay milagro que os convierta. Pensadlo, porque Dios es el único soberano.
Señor Jesús, acepto tu lenguaje;
dame sabiduría para comprenderlo; líbrame de mi propio orgullo que ciega mis
ojos para comprenderte, y dame un corazón sencillo y dócil para gozar ya desde
ahora de todas tus enseñanzas.
Guadalajara,
Jalisco, viernes, 27 septiembre 2019
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