martes, 17 de septiembre de 2019

1253. Las Llagas de san Francisco


Meditación ante las Llagas de san Francisco
(Un poema)

Hoy 17 de septiembre la Orden celebra las llagas de San Francisco, la transverberación de cuerpo y alma que tuvo lugar en La Verna, en torno a la fiesta de la Cruz (14 de septiembre), montaña donde Francisco se había retirado, para orar y ayunar en la Cuaresma de San Miguel. Las Llagas de San diré, como resumen de todo, son el sacramento de la vida de Francisco, sacramentum amoris.
Francisco murió el año 1226 y dos años después fue canonizado (1228). El venerable Papa Gregorio IX mandó al ferviente y erudito Fray Tomás de Celeano que escribiera la vida de un santo, y la escribió (1230), con amor, con unción, con teología e historia.
El relato que hoy leemos es el de San Buenaventura, la Legenda Chori, o Legenda Minor, resumen de lo escrito en la Legenda maior, que Buenaventura presentó al capítulo general de 1263. La obra del seráfico doctor agradó, y el capítulo siguiente (1266), ordenó que fueran destruidas, dentro de la orden todas las biografías anteriores, Celano incluido, y se hiciera lo posible para que fueran destruidas también extra ordinem. Hoy nos parece una barbaridad semejante decisión, y es triste consuelo constatar que en caso similar la Orden de Predicadores dispuso lo propio. Pasaron unos cuantos siglos para que se recuperaran estas obras condenadas, escritas por santos varones.
El relato de las Llagas es el relato de un santo canonizado, si bien el testimonio primero es anterior a las biografías. ¿Se puede describir lo que pasó, sumo dolor, sumo gozo…? Se puede dejar constancia, nada más, de los fenómenos que siguieron.
Para describir este “sacramento” se acude al lenguaje bíblico, al encuentro de Isaías con su Dios en la vocación, que ocurrió en la visión del Templo (Is 6). Buenaventura asume la teología de Celano, pinta la escena, y luego narra unos milagros para probar la sobrenaturalidad de este fenómeno, nunca oído en la Iglesia, y corona este pequeño relato haciéndonos ver como las llagas son la coronación de lo que Dios había hecho en su siervo Francisco.
Hoy nosotros nos acercamos a este episodio y quedamos desbordados; acudimos, más bien, al Evangelio del día Lucas 9, 23-26): Entonces decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz cada día y me siga…” (v.23).
Ante este misterio meditamos humildemente
Llagas de Cristo en Francisco,
llagas de gozo y dolor,
llagas del mundo acogido,
puras llagas, puro amor.

Francisco, no más que discípulo
que el Evangelio aprendió:
seguir a Cristo es amarle,
ir de sus huellas en pos.

Jesús su cruz ha entregado
como el más precioso don;
vean mis ojos cegados
lo que ve mi corazón.

Mi camino franciscano
es ser hermano menor,
amar al primero y último,
amar y ser servidor.

Y cuál mi cruz ha de ser,
seas tú, no sea yo,
quien la escoja y besaré
la joya de tu Pasión.

¡Mi Jesús crucificado,
mi Calvario y Ascensión,
la gloria y paz por los siglos
a ti, mi resurrección! Amén.

Guadalajara, Jalisco, al concluir la fiesta de las Llagas de san Francisco 2019

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