Meditación ante las Llagas de san Francisco
(Un poema)
Hoy 17 de septiembre la Orden celebra
las llagas de San Francisco, la transverberación de cuerpo y alma que tuvo
lugar en La Verna, en torno a la fiesta de la Cruz (14 de septiembre), montaña
donde Francisco se había retirado, para orar y ayunar en la Cuaresma de San
Miguel. Las Llagas de San diré, como resumen de todo, son el sacramento de la
vida de Francisco, sacramentum amoris.
Francisco murió el año 1226 y dos años
después fue canonizado (1228). El venerable Papa Gregorio IX mandó al ferviente
y erudito Fray Tomás de Celeano que escribiera la vida de un santo, y la
escribió (1230), con amor, con unción, con teología e historia.
El relato que hoy leemos es el de San
Buenaventura, la Legenda Chori, o Legenda
Minor, resumen de lo escrito en la Legenda
maior, que Buenaventura presentó al capítulo general de 1263. La obra del seráfico
doctor agradó, y el capítulo siguiente (1266), ordenó que fueran destruidas,
dentro de la orden todas las biografías anteriores, Celano incluido, y se hiciera
lo posible para que fueran destruidas también extra ordinem. Hoy nos parece una barbaridad semejante decisión, y
es triste consuelo constatar que en caso similar la Orden de Predicadores
dispuso lo propio. Pasaron unos cuantos siglos para que se recuperaran estas
obras condenadas, escritas por santos varones.
El relato de las Llagas es el relato de
un santo canonizado, si bien el testimonio primero es anterior a las
biografías. ¿Se puede describir lo que pasó, sumo dolor, sumo gozo…? Se puede
dejar constancia, nada más, de los fenómenos que siguieron.
Para describir este “sacramento” se
acude al lenguaje bíblico, al encuentro de Isaías con su Dios en la vocación,
que ocurrió en la visión del Templo (Is 6). Buenaventura asume la teología de
Celano, pinta la escena, y luego narra unos milagros para probar la
sobrenaturalidad de este fenómeno, nunca oído en la Iglesia, y corona este
pequeño relato haciéndonos ver como las llagas son la coronación de lo que Dios
había hecho en su siervo Francisco.
Hoy nosotros nos acercamos a este
episodio y quedamos desbordados; acudimos, más bien, al Evangelio del día Lucas
9, 23-26): Entonces decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, que se
niegue a sí mismo, tome su cruz cada día y me siga…” (v.23).
Ante este misterio meditamos
humildemente
Llagas de Cristo en
Francisco,
llagas de gozo y dolor,
llagas del mundo
acogido,
puras llagas, puro
amor.
Francisco, no más que
discípulo
que el Evangelio
aprendió:
seguir a Cristo es
amarle,
ir de sus huellas en
pos.
Jesús su cruz ha
entregado
como el más precioso
don;
vean mis ojos cegados
lo que ve mi corazón.
Mi camino franciscano
es ser hermano menor,
amar al primero y
último,
amar y ser servidor.
Y cuál mi cruz ha de
ser,
seas tú, no sea yo,
quien la escoja y
besaré
la joya de tu Pasión.
¡Mi Jesús crucificado,
mi Calvario y
Ascensión,
la gloria y paz por los
siglos
a ti, mi resurrección!
Amén.
Guadalajara,
Jalisco, al concluir la fiesta de las Llagas de san Francisco 2019
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