La Cuaresma de Jesús con el Espíritu Santo
Lc 4,1-13
Texto evangélico:
Lc4 1 Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán y el Espíritu lo fue llevando 2 durante cuarenta días por el desierto, mientras era tentado por el diablo. En todos aquellos días estuvo sin comer y, al final, sintió hambre.
3 Entonces el diablo le dijo: «Si eres Hijo de Dios, di a esta piedra que se convierta en pan». 4 Jesús le contestó: «Está escrito: “No solo de pan vive el hombre”». 5
Después, llevándole a lo alto, el diablo le mostró en un instante todos los reinos del mundo 6 y le dijo: «Te daré el poder y la gloria de todo eso, porque a mí me ha sido dado, y yo lo doy a quien quiero. 7 Si tú te arrodillas delante de mí, todo será tuyo». 8 Respondiendo Jesús, le dijo: «Está escrito: “Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto”».
9 Entonces lo llevó a Jerusalén y lo puso en el alero del templo y le dijo: «Si eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo, 10 porque está escrito: “Ha dado órdenes a sus ángeles acerca de ti, para que te cuiden”, 11 y también: “Te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece contra ninguna piedra”». 12 Respondiendo Jesús, le dijo: «Está escrito: “No tentarás al Señor, tu Dios”».
13 Acabada toda tentación, el demonio se marchó hasta otra ocasión.
Hermanos:
1. La Cuaresma es un camino espiritual que se inicia hoy, que tiene seis etapas, seis semanas hasta la Pascua del Señor; y para completar el número de cuarenta días penitenciales (pues los domingos no son días de penitencia) se añaden unos días, para que el pregón inaugural de Cuaresma sea el Miércoles de Ceniza.
Para trazar lo que podríamos llamar el programa de Cuaresma, nos hacemos dos preguntas sencillas:
- ¿Qué fue la Cuaresma de Jesús?
- ¿Qué ha de de ser la Cuaresma para mí, que quiero seguir el camino de Jesús?
Escuchemos en profundidad el mensaje que acabamos de proclamar y allí encontraremos la respuesta que deseamos.
2. ¿Qué fue la Cuaresma para Jesús? No fue un tiempo de conversión, de purificación, de perdón de sus pecados, porque él estuvo en todo momento en perfecta comunión con la voluntad de Dios. Fue la Cuaresma del Espíritu Santo. El Espíritu Santo le llevó; el Espíritu Santo le acompañó durante cuarenta días.
En el bautismo sonó la voz del Padre que decía: “Tú eres mi Hijo, el amado; en ti me complazco”. Y se hizo visible el Espíritu que inundaba su corazón. Y justamente el principio del Evangelio de hoy dice que fue el Espíritu Santo el que llevó al desierto, mejor dicho y literalmente escrito “el Espíritu lo fue llevando durante cuarenta días por el desierto”. La Cuaresma, la Cuarentena, fue para Jesús el tiempo de la intimidad con Dios, su Padre, en comunión con el Espíritu Santo, un tiempo totalmente divino.
Durante ese tiempo el diablo, como describe el relato evangélico, quiso derribarle de su proyecto, presentándole un proyeco diferente, que no era de pecado, sino de triunfos, de placer y satisfacciones. Así Jesús no habría sido el Redentor del mundo, hermano de los hombres. El diablo no tuvo nada que hacer, y tuvo que retirarse hasta otro momento, dice el texto sagrado, hasta la Pasión. Jesús sale vencedor del demonio por la intimidad y la comunión con Dios.
Después de aquellos días comenzó el anuncio del Reino por Galilea, y así fue recorriendo su camino.
3. Reflexionando sobre estos hechos, la Iglesia nos ofrece cada año este tiempo singular, tiempo de salvación y de gracia, que, incluso en el lenguaje sagrado de la liturgia, se llega a llamar tiempo sacramental, “el sacramento Cuaresmal”. No es que la Cuaresma sea un sacramento más de los siete sacramentos, sino que es un tiempo instituido para que todos juntos, a través de signos y prácticas sagradas recibamos la gracia de salvación que Dios quiere concedernos.
Este año -nos atrevemos a decir – la Cuaresma tiene un color especial, azul y amarillo, esa bandera que ha entrada en nuestras casas, trayéndonos día a día, desde el 24 de febrero, noticias de dolor y de muerte, que a todos nos hacen sufrir. Más de un millón de hermanos nuestros, seres humanos como nosotros, y en su gran mayoría cristianos, han tenido que salir de su tierra, buscando seguridad, comida, trabajo, tranquilidad y paz, y dejando atrás su casa y su patria, y acaso su marido, su padre, su hermano, metido en guerra. Todo eso es más terrible que cualquier ayuno que nosotros queramos programar.
4. La Cuaresma, hermanos, es ese tiempo de gracia, tiempo amable y deseable, para encontrarnos con nosotros mismos, para bajar al fondo del corazón y, en la verdad más absoluta, que nadie me puede arrebatar, encontrarme, sin miedo, con Dios mi Padre, y en ese encuentro hallar una luz y una paz que nunca había experimentado. La guerra de fuera entra por los ojos en el mundo de nuestros sentimientos y pasiones, y nos evuelve neustaros más bellos anhelos. Institivamente queremos arreglar las injusticias con las mismas armas con que nos atacan, con la venganza, las bombas y la destrucción. Lo que tú me has hecho a mí, eso mismo te lo hago a ti, si puedo, y tengo derecho a hacer el doble mal, por reparación y castigo.
Esto que aprece justo es hacernso al guerra a nosotros mismos y ahogar los más bellos y generosos sentimientos de eprdón, de diálogo, de propuesta de otros ideales por lsoq que debe avanzar la humanidad. Nos aprece, peus, una conquista espiritual que, hasta el presente, las naciones de Europa no hayan querido responder a las armas con las armas, aceptando un combate que sería el comienzo de una nueva guerra mundial.
5. Bajar al propio corazón, ponernos en paz con nosotros mismos, y en ese silencio personal donde Dios habla preguntarnos: Qué me está diciendo mi Dios y Creador de cara a mí mismo y de cara a la familia humana. Y a lo mejor salta a mi corazón una pregunta que jamás me había hecho: ¿Y yo no podría acoger a una de esas familias, que emigran en el desamparo total? Si surge esa pregunta, no la dejemos escapar; démosle una respuesta. Por supuesto, la respuesta razonable, a través de instituciones y organismos que están trabajando en ello.
Los textos de las lecturas de hoy nos invitan a poner a Dios en el centro de nuestra existencia. Que con nuestros modos de proceder estemos confesando nuestra fe, la fe de que Dios, Creador y Padre de todos, es el que conduce la historia de los hombres. Pero escuchemos lo que hoy nos dice Pablo. ¿Dónde vamos a encontrar esa palabra de Dios, que sea luz y guía de nuestra vida?
“La palabra está cerca de ti: la tienes en los labios y en el corazón. Se refiere a la palabra de la fe que anunciamos. Porque, si profesas con tus labios que Jesús es Señor, y crees con tu corazón que Dios lo resucitó de entre los muertos, serás salvo” (Rom 8,8-9).
Hermanos, Dios está hablando a sus hijos a través de la misma vida. Acudamos al encuentro con él, mediante momento de oración. Esa será nuestra mejor Cuaresma. Lo demás viene por sí solo.
Señor Jesús, tú fuiste a tu Cuarentena, a tu Cuaresma para estar con tu Padre; haz que esta Cuaresma para mí sea, ante todo, un encuentro conmigo y contigo, que esa será mi verdadera conversión. Amén.
Jerusalén, sábado 4 de marzo de 2022.
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