Con María en el Calvario
Con algunos de mis hermanos de fraternidad he celebrado y presidido la Eucaristía en el Monte Calvario, en el mínimo altarcito que tiene una hornacina de la Virgen dolorosa. A la izquierda el altar de los Griegos (ortodoxos), donde se venera la roca que sostuvo la Cruz; a la derecha el altar de los Latinos (Católicos, Franciscanos). Aquí culmina el Vía Crucis de los viernes, para bajar luego a la Piedra de la Unción y al Santo Sepulcro. He celebrado en el Calvario, en el Gólgota. ¿Hasta el cielo…? Seguramente.
Y le he dicho al Señor: Gracias, Dios mío, por el don infinito de la Redención
Ten piedad de nosotros.
Te ofrecemos al mundo entero, que sufre, y que ahora está lacerado por una guerra, que ha ocasionado un millón y medio de desterrados de su patria.
He recordado: personas a quienes amo…, sucesos, de la vida que, al final, van todos a la eternidad. (Me he acordado de la niña rusa Teresita, Misionera Teresita, que hoy hace un año murió, con el amor de Jesús, en la Clínica de la Paz, en Madrid. De la que escribí un poemita, en su momento)
La Cruz es el amor de un Dios humanado que, pase lo que pase, no ha retirado su amor. La Cruz es nuestra salvación.
Y, sobre todo, he pensado que la Eucaristía de cada día, es el Calvario.
Con María en el Calvario
he celebrado la Misa;
primer lunes de Cuaresma
era hoy, de amanecida.
(Mi corazón era un mundo
de historias que revivían…
Hoy hace un año se fue
Misionera Teresita.
Era rusa; desde el cielo
ruega por su patria herida,
que termine esta locura
por hombres entretejida).
Calvario de sangre y fuego
el de Jesús aquel día,
un Calvario de locura
el de Ucrania y sus familias.
Y en manos de sacerdote
Calvario de Eucaristía,
toda la historia de Dios
para creerla y vivirla.
Y también la historia propia,
la de personas queridas,
en pan y vino presentes
y por Dios Amor leídas.
Y he pensado en el encuentro
cuando mi vida se extinga,
y el corazón anhelante
entregue al fin su fatiga.
Será la paz entre hermanos,
no más ritos, no más riñas,
y una lengua universal:
el amor del que moría.
Un altarcito pequeño,
la Virgen lo presidía;
la Madre, la Dolorosa,
con el Hijo una y misma.
Los pensamientos de Dios
en el Calvario caían,
y se hacían Sacramento
que la Iglesia recogía.
Son pensamientos de paz
y de perdón sin medida,
pura y divina amistad
que su Sangre comunica.
Y es la Misa cotidiana
la más grande maravilla:
Dios Trinidad se da Todo
y a ser suyos nos invita.
Es el Amor infinito
a criatura finita,
milagro de los milagros
que a sus hijos deifica.
Calvario de Sangre y fuego,
hoy vengo de despedida;
que un beso de adoración
quede en las plantas benditas.
El Calvario iluminado
por la fe sencilla y viva
se hace presencia real
en mi alma peregrina.
Cuando celebro el Misterio
que espacio y tiempo dominan,
y Dios es mi intimidad
y yo gozosa acogida.
Tierra Santa, Tierra Santa,
recuerdos que no se olvidan…,
mi Tierra sea oración,
que es la Tierra prometida.
Y en el encuentro amoroso,
que es la liturgia sencilla,
seas tú, Jesús, la historia
la tuya unida a la mía,
Adiós, Calvario precioso,
Joya por aquella Víctima,
Benditos los que custodian
las piedras que orando gritan.
Vuelvo al afán cotidiano
que es divino en su rutina,
y un verso, pido, Jesús,
que a tu bondad haga rima.
Tú eres, Jesús, todo amor,
tu memoria es poesía;
por tus ojos y tu faz
¡bendice mi juglaría!
Jerusalén, 7 marzo 2022
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