Comunión y familiaridad con Jesús Resucitado
Espiritualidad pascual
(Retiro dirigido a las Novicias Capuchinas
del Noviciado Federal. Guadalajara - Sábado 21 mayo 2022).
Ver el Himno al final.
I
RESUCITÓ – NO ESTÁ AQUÍ
“No os asustéis. A Jesús Nazareno, buscáis, el crucificado: resucitó, no está aquí” (Mc 16, 6).
Verdades centrales para acercarse con fe al misterio de Jesús Resucitado:
1ª – Jesús no está AQUÍ: No tiene un “sitio”, un espacio en todo el Universo creado, en millones y billones de cuerpos que pueblan el espacio conocido y desconocido del Universo…
Jesús – él mismo – inaugura un mundo nuevo, que se llama “cielos nuevos y tierra nueva”.
La puerta del Mundo Nuevo es la Eucaristía.
2ª – Jesús no está en este TIEMPO: La “cronología” se mide por el movimiento de los cuerpos, una de cuyas dimensiones (largo, ancho, profundo) es la duración. La duración marca los días: un día, dos días, cuarenta días. Son mediciones nuestras, internas a la materia del Universo. Jesús ha pasado estas medidas y mediciones; Jesús establece el HOY de Dios.
Por tanto, en su Resurrección:
1) Obra el remate del Misterio de la Encarnación.
2) Alcanza el destino de su propio Yo.
3) Abre en su Persona el Misterio que viene, la Realidad nueva a la que somos llamados.
4) Ante la Realidad que inicia la Resurrección de Cristo, el hombre queda mudo y absorto de admiración y se postra y adora.
El Cristiano Teólogo, el Pensador de las cosas de Dios, de pronto se queda atónito: Todo cuanto hemos ido pensando, articulando, definiendo… es Nada frente a la Luz infinita de Jesús Resucitado, que es la última Verdad de Dios, en la que se contienen todas las demás verdades.
El único camino para alcanzar la Resurrección es el éxtasis ante el Misterio que nos desborda. ¿Querrá el Señor darnos este éxtasis de Amor? La liturgia, en su sencillez, quiere llevarnos a ese éxtasis.
II
El CREYENTE ES ASUMIDO EN LA RESURRECCIÓN
En la Resurrección el ser humano adquiere su propia y nueva identidad. Yo soy yo siendo “yo en Cristo”, con una vinculación inmanente, no yuxtapuesta, a su persona. Con Cristo he sido
- concrucificado
- conmuerto
- consepultado
- conresucitado
- convivivicado
- consentado
- co(n)exaltado
- conglorificado
En la Resurrección de Jesús se ha manifestado, se nos ha “revelado”:
1º El misterio del Hijo y en él el misterio de Dios uno y Trino.
2º El misterio de la Eucaristía, comunión del Resucitado con la Iglesia peregrina.
3º El misterio de la Madre del Señor como Madre y Virgen.
4º El misterio de la Iglesia, guiada por Cristo
- que ha derrotado a la muerte
- y ha triunfado sobre el imperio del pecado.
5ª El misterio de los sacramentos, mediante los cuales participamos en la Santidad de Dios, por la Santidad del Hijo de Dios.
6ª Y las santas Escrituras son el punto de encuentro de esa “revelación”, que solo llega al alma a través del Espíritu Santo.
El encuentro con el Resucitado, siendo el encuentro con el Dios vivo y verdadero, es el encuentro conmigo mismo, en mi “mismidad”, siendo yo – hijo, hija de Dios – único e irrepetible.
- Mi reencuentro en la eternidad.
- Mi reencuentro en mi Identidad y Personalidad, la cual se ha ido forjando con mi Historia.
- Mi reencuentro con mi Vocación como tal, que se abre al futuro que Dios quiera para mí.
- La Resurrección de Jesús es mi Historia final.
La primera Comunidad Cristiana en Efesios (Ef 1) lo expresaba así:
4 Él nos eligió en Cristo antes de la fundación del mundo | para que fuésemos santos e intachables ante él por el amor.
5 Él nos ha destinado por medio de Jesucristo, | según el beneplácito de su voluntad, | a ser sus hijos,
6 para alabanza de la gloria de su gracia, | que tan generosamente nos ha concedido en el Amado.
7 En él, por su sangre, tenemos la redención, | el perdón de los pecados, | conforme a la riqueza de la gracia
8 que en su sabiduría y prudencia | ha derrochado sobre nosotros,
9 dándonos a conocer el misterio de su voluntad:
el plan que había proyectado 10 realizar por Cristo, | en la plenitud de los tiempos: | recapitular en Cristo todas las cosas del cielo y de la tierra.
III
MI TRATO PERSONAL CON JESÚS RESUCITADO
EN COMUNIÓN DE AMOR Y FAMILIARIDAD
¿Cuál ha de ser mi vivencia y trato con el Resucitado?
La Metafísica que hemos expuesto en la primera parte de alguna manera se deshace, y surge una relación “a mi modo”, al alcance de mis facultades y de lo que el Señor me otorgue.
Tenemos como bases:
- Todos y cada uno de los relatos de las Apariciones.
- Todo el Discurso de la Cena del Evangelio de san Juan, el Discípulo Amado, que recostó su cabeza sobre el pecho de Jesús (como yo puedo hacerlo).
- Y, en suma, todos los Evangelios que se convierten, sin más, en Evangelio del trato con el Resucitado.
Desde su nueva Realidad
- Jesús es Presencia
- Jesús es Comunión
- Jesús es Palabra
- Jesús es Abrazo, porque en él habita corporalmente (somáticamente) toda la Divinidad.
IV
VÍAS DE COMUNIÓN CON JESÚS RESUCITADO
El ser humano – el corazón – se plenifica siendo él mismo y siendo en apertura y relación. Hemos sido creados a imagen de la Trinidad para transcendernos a nosotros mismos.
Vías de comunión: conocimiento - sabiduría
Jesús habla y yo lo escucho. El “conocimiento” de Jesús va in crescendo hasta el final de la vida. Es la fe iluminada. El manantial de la Fe es Jesús mismo desde el seno del Padre. La frase última de Jesús en la “Oración Sacerdotal” antes de entrar en la Pasión es esta: Les he dado a conocer y les daré a conocer tu nombre, para que el amor que me tenías esté en ellos, y yo en ellos (Jn 17,26).
La obra de Jesús no ha terminado en la tierra, sino que continúa en el cielo.
Jesús es fuente de conocimiento que llega hasta a mí, y este conocimiento yo lo recibo como sabiduría.
- Orar es entrar en la escucha, y mediante esta entrada alcanzar y saber: quién es Dios /Jesús – cómo actúa y se revela.
San Pablo es testigo de esta experiencia cristiana:
“6 Sabiduría, sí, hablamos entre los perfectos; pero una sabiduría que no es de este mundo ni de los príncipes de este mundo, condenados a perecer, 7 sino que enseñamos una sabiduría divina, misteriosa, escondida, predestinada por Dios antes de los siglos para nuestra gloria. 8 Ninguno de los príncipes de este mundo la ha conocido, pues, si la hubiesen conocido, nunca hubieran crucificado al Señor de la gloria” (1Cor 2,6-8).
El conocimiento de Dios, de las cosas de Dios, pone la armonía en el corazón:
- disipa el desasosiego,
- da razón de la propia existencia,
- me sitúa y centra en mi misión,
- me da un cierto sentido de felicidad y de paz.
Y espontáneamente me hace pasar a comprender que lo que sucede, bajo la soberanía de Dios, tiene su sentido, aunque yo no lo perciba.
Los cauces del conocimiento son múltiples. Para este conocimiento “experiencial”, que es percibido como revelación, muy concretamente tenemos a nuestra disposición¨:
1. La Liturgia, lugar primordial para entender – celebrando – las santas Escritura.
2. Y más específicamente, el Evangelio de cada día.
El Evangelio de cada día no tiene fondo.
Es el alimento que nutre a toda la Iglesia en comunión día. El mismo Evangelio que yo escucho, lo están recibiendo otros, y está abriendo caminos de generosidad y de santidad.
El Evangelio de cada día viene a ser la evidencia de que Jesús, que nos preside, Jesús Resucitado es el que dirige en todo momento a la Iglesia, a la que sigue amando como esposa (y dentro e este amor estoy yo).
Vías de comunión: el amor
El conocimiento lleva al amor, están de tal manera ambas realidades, que en la vida espiritual se unifican en una: es el conocimiento amoroso: conocimiento que nce del amor y que tiende al amor.
Ahora bien, mi amor a Jesús, se manifiesta
- como aceptación iluminada de su voluntad,
- y como oblación de amor, entrega, de don para él.
El amor siempre encuentra el modo de hacerse presente, no lo olvidemos; el amor es don, es sorpresa. Y así toda la vida es don de amor a Jesús.
Dice el Apocalipsis: “Llegó la boda del Cordero, su esposa se ha embellecido, 8 y se le ha concedido vestirse de lino resplandeciente y puro —el lino son las buenas obras de los santos—». 9 Y me dijo: «Escribe: “Bienaventurados los invitados al banquete de bodas del Cordero”» (Ap 19,8-9).
HIMNO PASCUAL A JESÚS
Luz de la Iglesia, Luz de mi vida
Resucitó: las voces florecieron
en himnos y discursos y homilías;
mas todas se quedaron a las puertas
sin poder proferir lo que querían.
Jesús es siempre más, a lo infinito,
y es su Pascua el albergue de mis días,
oh Cristo aparecido a Magdalena,
que contemplo con gozo y sin envidia.
Jesús es mi Señor, mi Dios conmigo,
la luz que abre el sendero de mi vida,
Jesús es mi misión en esta tierra,
y es a diario mi Pan Eucaristía.
Jesús Resucitado, yo proclamo:
Tú eres mi Dios, mi ser y mi valía,
abrazo de amistad que me asegura
que tu suerte feliz es ya la mía.
Que sea yo testigo como Pedro,
y pueda yo mostrar tu faz divina;
Tú eres el Viviente y la esperanza
y en mundo en ti salvado es tu conquista.
A ti, Jesús Señor, la bendición
desde tu Iglesia, humilde y peregrina,
la gloria y gratitud eternamente
por tu luz que a nosotros diviniza. Amén.
Guadalajara, Jal., 20 mayo 2022
Fr. Rufino María Grández
Nota informativa. En el mismo espíritu de este retiro, puede verse en el blog del autor (Las hermosas palabras del Señor), el n. 1762: Retiro espiritual en Pascua. MI SEÑOR RESUCITADO. Espiritualidad pascual como clave de mi vida (puesto igualmente en YouTube: fr. Rufino María Grández, n. 771. Retiro espiritual de Pascua).
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