1765. Domingo V Pascua 2022. Jesús Resucitado nos deja el mandamiento nuevo del amor
Jesús Resucitado nos deja el mandamiento nuevo del amor
Jn 13,31-33ª. 34-35
Texto:
Cuando salió, dijo Jesús: «Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él. 32 Si Dios es glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí mismo: pronto lo glorificará. 33 Hijitos, me queda poco de estar con vosotros. […]». 34 Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros; como yo os he amado, amaos también unos a otros. 35 En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os amáis unos a otros».
Hermanos:
1. Acabamos de escuchar palabras divinas, palabras del Señor en la última Cena, cuando salió Judas del Cenáculo, palabras que hoy escucha la Iglesia de los labios del Resucitado.
Ahora es glorificado el Hijo del hombre, dice el Señor, ahora justamente cuando va a entrar en el suplició de la pasión, de la cruz, de la condena y rechazo de los hombres. Ese fracaso él lo contempla con otros: Es la glorificación de Dios en él; es el triunfo de la fidelidad del amor. Él ha amado hasta el final, por Dios, su Padre, también lo glorificará en sí mismo. Esta hablando de su santa resurrección, que nosotros seguimos celebrando con el centro vital de toda nuestra fe.
2. En estas circunstancias Jesús tiene un testamento que dejarnos. A este testamento que nos deja él lo llama “un mandamiento nuevo”. De pronto el discípulo se queda admirado. Pero ¿es que Dios no nos había dado ya el mandamiento del amor? Las páginas más bellas del Antiguo testamento están inspiradas por el amor de Dios, y en el Antiguo Testamento se nos ha mandado: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.
Jesús, sabiendo todo esto, nos dice: Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros.
Recibamos con gozo estas palabras, sabiendo que es la herencia preciosa que Jesús nos deja.
El secreto nos lo dice a continuación: como yo os he amado, amaos también unos a otros.
Jesús ha tenido una experiencia de amor como nadie la ha tenido, y quiere trasladar esa experiencia a la comunidad que deja en la tierra. Y para esto está la comunidad cristiana en la tierra; para esto existe la Iglesia; para esto estoy yo en la tierra. Mi vocación es esta y no otra: reproducir en la tierra el amor que Jesús nos ha traído.
Con la gracia de Dios vamos a desmenuzar estas palabras de Jesús, para que se nos queden dentro, como luz de vida.
3. El amor es la apetencia suprema del ser humano, y la filosofía desde tiempos milenarios ha reflexionado en ese impulso que existe en el fondo del ser humano, de amar y de ser amado.
El gran Aristóteles, siglos antes de Jesús, al hablar de la amistad, que es la cosa más necesaria de la vida – dijo en su Metafísica – al punto distingo tres maneras distintas de relación y de amor:
Te amo, porque me produces placer.
Te amor, porque me eres útil.
Te amo, por ser lo que eres, por tu propia dignidad. Este amor es, sin duda, el mejor, el verdadero. Esto es lo que dignifica y engrandece a todos. Amar a uno por lo que es en sí, sin esclavizarlo a mis intereses.
Ahora bien, de esta relación de personas a persona, bien pronto pasamos a las relaciones de grupo, y también en el grupo las relaciones se expresan con amores e intereses diferentes. Hay una relación comercial, de intereses acumulados, compartidos… ¿A eso le llamaremos amor? Habrá que buscar otra palabra diferente.
Pero hay una relación creada por un sentimiento de sintonía, de hermandad o fraternidad – que lo griegos llamaban “filía” - “busca el bien común y se expresa a través del respeto, solidaridad, cooperación, compañerismo…. Philia es un amor que se caracteriza por ser desinteresado y que se basa en el compañerismo que se alegra cuando el otro es feliz y está bien. No involucra un amor pasional ni atracción sexual” (Internet, Cuatro tipos de amor).
Incluso, los pensadores más lanzados llegaron a hablarnos del amor como “ágape” (una palabra muy querida del Nuevo Testamento): “…el amor más puro e incondicional que existe. Se refiere a un amor que nutre, generoso, consciente de sus deberes, un amor espiritual y profundo cuya prioridad es el bienestar del ser amado.
El amor Ágape se caracteriza por ser universal, es decir, es el amor que se tiene a una persona, animal, naturaleza, deidad (devoción religiosa). No es pasional, incluso, quienes aman de esta manera están dispuestos a apartarse de la relación por el bien del ser amado, se rinde si es necesario.
El amor Ágape no busca su placer propio, al contrario, encuentra satisfacción al dar amor. Por ello, es considerado como un amor sensible, tierno, cuidadoso y amable” (Ibídem).
4. De siempre y en todas las culturas se ha ido en busca del amor, porque es lo único que puede dar la felicidad al hombre. El amor ha escrito dos encíclicas sobre el amor: Amoris laetitia “sobre el amor en la familia”; Fratelli tutti “sobre la fraternidad y la amistad social”.
Sirvan todos estos pensamientos de introducción para hacernos la pregunta concreta: ¿Qué no está diciendo que Jesús cuando nos dice que nos da un mandamiento nuevo, un mandamiento que no era conocido?
Efectivamente nadie había conocido que un hombre nos amara igual que Dios nos ama. El amor divino se hizo amor un humano, y Jesús nos manda que nos amemos unos a otros con ese amor divino, que es amor humano.
Dios nos amó hasta perdonar nuestros pecados.
Dios nos amó en Jesús hasta morir por nosotros para que nosotros llegáramos a ser hijos de Dios, hermanos de Jesucristo, herederos del reino de los cielos. El amor de la Trinidad ha bajado hasta nosotros y se ha hecho amor nuestro, destinados nosotros a vivir en el gozo de Dios Uno y Trino.
Dios ha cogido el amor humano y lo ha hecho amor divino.
Ese es el amor que se nos ha infundido en nuestros corazones por el Espíritu Santo, para que entre nosotros circule ese amor.
Por eso, los apóstoles cuando hablaban a las comunidades cristiana decían cosas tan admirables y sorprendentes como éstas: “Maridos, amad a vuestras mujeres como Cristo amó a su Iglesia: Él se entregó a sí mismo por ella…” (Ef 5,25-26).
Este es un amor que solo Dios no puede dar, y que en un planteamiento así no cabe pensar en un divorcio.
Todas las cartas de los apóstoles están llenas de consejos para que los cristianos vivamos en este amor, aceptándonos, comprendiéndonos, perdonándonos, y haciendo que florezca el amor, que la belleza de la Iglesia”.
En suma, hermanos, Jesús nos dice: “En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os amáis unos a otros”.
Terminemos, pues, hermanos, pidiendo al Señor la gracia del amor, que él ha dejado como testamento suyo en esta tierra:
Señor Jesús, ante la faz del mundo resplandezca la hermosura infinita de tu amor, en el amor que nos tenemos unos a otros los que te hemos conocido y nos profesamos discípulos tuyos. Por tu gracia y misericordia, Amén.
Desde México, jueves, 12 de mayo de 2022.
Me ha parecido especialmente motivador, ver el recorrido del amor a los demás del A.T y ratificado y ampliado por Jesús: el como modelo de amor. Lo de Aristóteles, muy bien como formación. Muy bonita homilía. P
ResponderEliminar.