miércoles, 13 de noviembre de 2024

1937. Dom XXIII B – Jesús ante la desgracia humana, el sordomudo

 1937. Dom XXIII B – Jesús ante la desgracia humana, el sordomudo

Jesús ante la desgracia humana, el sordomudo

Mc 7,31-37



Texto:

31Dejando Jesús el territorio de Tiro, pasó por Sidón, camino del mar de Galilea, atravesando la Decápolis. 32Y le presentaron un sordo, que, además, apenas podía hablar; y le piden que le imponga la mano. 33Él, apartándolo de la gente, a solas, le metió los dedos en los oídos y con la saliva le tocó la lengua. 34Y mirando al cielo, suspiró y le dijo: Effetá (esto es, «ábrete»). 35Y al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y hablaba correctamente. 36Él les mandó que no lo dijeran a nadie; pero, cuanto más se lo mandaba, con más insistencia lo proclamaban ellos. 37Y en el colmo del asombro decían: «Todo lo ha hecho bien: hace oír a los sordos y hablar a los mudos».

 

Hermanos:

1. Seguimos la vida de Jesús al ritmo que nos la cuenta el Evangelio de San Marcos. Jesús pasó haciendo el bien, y lo hacia con sus palabras, anunciando el Reino de Dios como nadie lo había anunciado, y lo hacía con sus obras, curando toda dolencia y enfermedad, si bien es cierto que Jesús no había venido para crear hospitales y sanatorios, sino para dar la salvación total.

El ser humano, que lleva en sí mismos tantas contradicciones, ha nacido para ser feliz, un deseo que Dios ha puesto dentro y que nadie nos lo puede quitar. Para introducir el episodio que san Marcos nos va a contar, leemos primero una profecía del libro de Isaías, uno de los pasajes más bellos del profeta, lleno de luz y de esperanza.

 4decid a los inquietos: | «Sed fuertes, no temáis. | ¡He aquí vuestro Dios! Llega el desquite, | la retribución de Dios. | Viene en persona y os salvará». 5Entonces se despegarán los ojos de los ciegos, | los oídos de los sordos se abrirán; 6entonces saltará el cojo como un ciervo | y cantará la lengua del mudo”.

Esto había prometido el profeta, y Jesús lo sabe. Y él lo va a cumplir.

2. Estamos en tierra que no es la tierra santa de Israel. El relato comienza con un apunte geográfico, cuando dice el evangelista: Dejando Jesús el territorio de Tiro, pasó por Sidón, camino del mar de Galilea, atravesando la Decápolis. Estamos al norte de lo que hoy es Israel, en la parte oriental del lago de Generaset, en tierra pagana. Y allí le presentan a un enfermo. No sabemos si estas personas son paganos del país o acaso discípulos seguidores de Jesús. Lo que importa en este caso es la desgracia de un enfermo, que en la vida se encuentra solo e incomunicado. Es sordo. Una persona sorda es una persona que vive su mundo, que no se entera de lo que acontece en torno; y a esto sea añade otra dificultad que no raramente acompaña: que habla a medias y con mucha dificultad. Acaso podemos llamarle sordomudo.

 Y ahora san Marcos nos da unos detalles, que, de pronto, nos resultan extraños y nos hacen pensar. Jesús con una palabra puede curar. No hace falta que toque al leproso para curarle, ni que le dé una bendición: Si quieres, puedes curarme. “Quiero, queda limpio”. Pero aquí Jesús, como un humilde orante del pueblo de Israel, procede de otra manera.

 

3. Primero, lo saca de entre la gente y lo lleva aparte. Lo que va a pasar es muy serio e íntimo. Hecho con manos humanas, va a ser una acción divina. Jesús no es ningún curandero, no es ningún mago que utiliza fórmulas misteriosas. Es un siervo de Dios, que pone toda su confianza en su Padre.

Jesús ha quedado conmovido por la situación de aquel hombre, y quiere traer el alivio divino a aquella vida tan deteriorada. Apartándolo de la gente, a solas, le metió los dedos en los oídos y con la saliva le tocó la lengua.

Todo esto Jesús lo hace en un acto de intimidad, de confianza y de amor a su Padre. Dios está aquí y Dios va a actuar.

 Jesús tiene dos signos simbólicos: el dedo y la saliva. Los judíos sabían que “el dedo de Dios” hace prodigios (Ex 8,15).  Recordemos aquella frase: Pero, si yo echo los demonios con el dedo de Dios, entonces es que el reino de Dios ha llegado a vosotros (Lc 11,20). El dedo de Jesús tiene el poder del dedo de Dios.  Jesús mete los dedos en los oídos del sordo, y al tocarlos toca la miseria del hombre abre la puerta de la sordera. Jesús pronuncia una palabra, que es una palabra creadora: “Effetá”, que significa “Ábrete”, como cuando Dios dijo y el mundo existió.

Y otro signo es el de la saliva. La saliva es cosa muy íntima; en la saliva hay vida, a veces chupamos una pequeña herida, para que con la saliva se cure. Pero la saliva de Jesús es distinta. Además, esa saliva, de boca a boca, de lengua a lengua, es como un beso divino.  Cuando san Francisco fue a los leprosos, llagados, malolientes, que daba repugnancia, dicen nuestras fuentes franciscanas que los besaba en la boca. Un beso en esas condiciones está fuera de toda sospecha. Aquí Jesús, con ls saliva de su boca, de su lengua, toca la legua del que no puede hablar, y le contagia divinidad.

 

4. Nosotros como cristianos escuchamos este episodio, que nos impresiona enormemente por el realismo y atrevimiento que supone, y sacamos una conclusión inmensa de nuestra fe, que es esta. La humanidad de Jesús es santísima, porque es la humanidad de Dios encarnado, y allí donde esa humanidad toca la miseria del hombre, el hombre queda santificado, contagiado de divinidad, sanado.

 

5. Hermanos, este episodio del Evangelio tiene una realidad en nosotros. La santa humanidad de Jesús cura y santifica nuestra humanidad contagaiada por el pecado de Adán. Y esto lo expresa la Iglesia con un rito en el bautismo, que no es obligatorioa hacerlo, sono facultativo. Antes del bautismo hay que hacer la profesión y con ella la renuncia a Satanás y a todas las obras. Después del bautismo, al recién nacido, que eso significa neófito, se le pone una vestidura blanca, signod e la hermosura y blancura de su alma, y se entrega una luz a padres y padrinos: “A vosotros, padres y padrinos, se os confía acrecentar esta luz”.

Y ahora sigue el ritual: Rito del Effetá.

“Si al sacerdote la parece oportuno, puede añadir el rito del effetá de la forma siguiente: Tocando con el dedo pulgar los oídos y la boca de e cada uno de los niños, dice: El Señor Jesús que hizo oír a los sordos y hablar a los mudos, te conceda, a su tiempo, escuchar su Pablara y proclamar la fe, para alabanza y gloria de Dios Padre”. Y todos responden: Amén.

 

6. Esta escena sorprendente termina de dos modos distintos, por parte de Jesús y por parte de la gente.

Por parte de Jesús: 36Él les mandó que no lo dijeran a nadie.

Por parte de la gente: cuanto más se lo mandaba, con más insistencia lo proclamaban ellos. 37Y en el colmo del asombro decían: «Todo lo ha hecho bien: hace oír a los sordos y hablar a los mudos».

Todo lo ha hecho bien, un apunta apuntalando la obra de cada díaa frase que nos remite a la creación. Dios iba haciendo las cosas, por orden en seis días, y al autor sagrado va apuntalando la obra de cada día: Y vio Dios que era bueno. Dios iba viendop, día tras día que todo era perfecto, todo estaba bien, todo era bueno.

Hermanos, hemos venido a al Eucaristía, y la Eucaristía de cada domingo vale más que toda la creación. La santa humanidad de Jesús, Hijo de Dios, veine a nosotros para sanarnos y divinizarnos, y en la sagrada comunión nos hace uno con él. El milagro del Evangelio se realiza en cada uno de nosotros, si recibimos a Jesús con fe.

Señor Jesús, yo creo en ti, te adoro y te amo. Tú eres mi salud y mi vida. Sana del todo mi corazón, para que viva continuamente en adoración, amor y servicio. Amén.

Cuautitlán Izcalli, viernes 6 septiembre 2024.

No hay comentarios:

Publicar un comentario