sábado, 16 de noviembre de 2024

2008. Dom XXXIII B – Jesús es la última verdad

 

2008. Dom XXXIII B – Jesús es la última verdad

Jesús es la última verdad

Mc 13, 24-33



Texto

24En aquellos días, después de esa gran angustia, el sol se oscurecerá, la luna no dará su resplandor, 25las estrellas caerán del cielo, los astros se tambalearán. 26Entonces verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y gloria; 27enviará a los ángeles y reunirá a sus elegidos de los cuatro vientos, desde el extremo de la tierra hasta el extremo del cielo. 28Aprended de esta parábola de la higuera: cuando las ramas se ponen tiernas y brotan las yemas, deducís que el verano está cerca; 29pues cuando veáis vosotros que esto sucede, sabed que él está cerca, a la puerta. 30En verdad os digo que no pasará esta generación sin que todo suceda31El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán32En cuanto al día y la hora, nadie lo conoce, ni los ángeles del cielo ni el Hijo, solo el Padre. 33Estad atentos, vigilad: pues no sabéis cuándo es el momento.

 

Hermanos:

1.  Estamos en el domingo XXXIII del ciclo de domingos ordinarios del año eclesiástico. El domingo que viene será el domingo 34 y último de este recorrido anual, porque ya el domingo siguiente será el primero de los cuatro domingos de Adviento, que preceden a la Navidad del Señor.

Estamos en los días finales de la vida de Jesús, y el Señor habla y actúa en el templo. La vida de Jesús se acaba; ha sido breve en años, pero intensa a más no poder en cada una de sus etapas.

La vida pública ha sido la más breve: tres Pascuas de Israel, y estamos justamente ante la última Pascua.

Jesús ha predicado a su pueblo, y ateniéndonos a lo que se ve por fuera, Jesús ha fracasado. Jesús ha venido, ante todo, para su pueblo, para llevar a la culminación de la Ley de Moisés, revelada en tiempos antiguos en el Monte Sinaí. Él quería mostrar con palabras y obras que esa Ley desembocaba en Evangelio, en la última y buena noticia de amor y de perdón. Ha fracasado. Las autoridades y responsables espirituales de la marcha del pueblo no le han aceptado.

 

2. Los profetas, cuando daban su mensaje, eran terribles acusando los pecados públicos, pero el mensaje de los profetas no es para acusar, sino para revelar y ofrecer el amor de Dios. Todos los profetas anunciaban que, al final Dios iba a triunfar.

Este es el mensaje culminante de Jesús: el Reino de Dios existe y viene, y ya está aquí, y al final, pese a todos los pesares Dios va a triunfar. Pero he aquí que Jesús introduce algo que nadie había dicho: el triunfo de Dios es el triunfo de él mismo, que se llamó con un nombre misterioso: el Hijo del hombre.

En medio de un paisaje universal, que es propio de los profetas cuando hablan del triunfo final de Dios, cuando el sol, la luna y las estrellas entren en una convulsión final, en una especie de danza del universo, Entonces verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y gloria; 27enviará a los ángeles y reunirá a sus elegidos de los cuatro vientos, desde el extremo de la tierra hasta el extremo del cielo. 

Con esta imagen ante los ojos queremos representar un mensaje, que lo anunciamos con estas palabras:

-          Jesús es la última verdad de Dios.

-          Jesús es la última verdad de la historia.

-          Jesús es la última verdad de mi vida.

3. Nos podemos distraer inútilmente, peligrosamente si pretendemos materializar esta escena y preguntarnos sobre cuándo, dónde, cómo., que son preguntas de curiosidad, cuya respuesta nos rebasa en absoluto. Nadie lo puede explicar sobre cómo ha de ser; nadie puede dar fecha.

Jesús lo dijo taxativamente: En cuanto al día y la hora, nadie lo conoce, ni los ángeles del cielo ni el Hijo, solo el Padre. Estad atentos, vigilad: pues no sabéis cuándo es el momento.

Él mismo tampoco lo sabía, y esto nos llama poderosamente la atención, pues sus palabras son terminantes: ni el Hijo, solo el Padre.

4. Y sin embargo, Jesús no está hablando para los hombres que un día existirán en la tierra, dentro de miles de años. Jesús está hablando para esta generación, para aquellos que tiene ante sí. Son reales y misteriosas sus palabras: En verdad os digo que no pasará esta generación sin que todo suceda.

Tenemos mucho respeto y temblor para interpretar este lenguaje, porque lo más cómodo sería decir: Jesús hizo mal los cálculos y se equivocó, porque el fin del mundo no vino a los treinta o cuarenta años con esta generación.

Nosotros no podemos aceptar errores en el Hijo de Dios, y humildemente debemos decir que la interpretación debe de ser distinta.

Con sencillez y humildad pedimos a Jesús, que vive y reina con el Padre, que nos dé luz y sabiduría para interpretar estas palabras, que las dice Jesús para quienes le están escuchando, pero las dice también a nosotros, que seguimos su ejemplo y su doctrina.

 

5. Jesús está proclamando que es la última palabra de Dios en la historia, para el mundo y para mí. Palabras que en su pasión las repetirá ante el juicio de Caifás, y que por estas palabras va a ser sentenciado a muerte. La vida y la muerte de Jesús está contenidas misteriosamente en sus propias palabras. Él fue muerte para sí, por decir lo que dijo, y él es vida para mí justamente por haber hablado y haberme revelado lo que nadie, sino solo él, me pudo rebelar.

El hijo del hombre, que es el Hijo de Dios, es la palabra de mi vida, la que me da el horizonte de la verdad, la que me está salvando y me va a salvar un día cuando aparezca en todo su esplendor y gloria, rodeado de sus ángeles. Jesús es mi Salvador.

Jesús llega a decir: El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.

No es un loco al decir tales cosas, no es un iluso ni un fanático, sino que es la seguridad que yo necesito para recorrer el camino de la vida.

6. La conclusión que sacamos de este Evangelio es que Jesús es mi palabra de verdad, es mi luz y seguridad.

El pueblo de Israel había visto en sus libros sagrado, en visión apocalíptica, que el arcángel san Miguel, príncipe de las milicias celestiales se levantaría para defenderlo y darle el triunfo final, como lo vemos contemplado en la primera lectura del profeta Daniel. “…se levantará Miguel, el gran príncipe que se ocupa de los hijos de tu pueblo… Entonces se salvará tu pueblo: todos los que se encuentran inscritos en el libro” (Dan 12,1).

Aquí nos dice Jesús que será él mismo, rodeado de sus ángeles. Jesús es, pues, nuestra última verdad.

Señor Jesús, desde nuestra pequeñez y limitación, te bendecimos y adoramos a ti. Tú eres nuestro Salvador, tú eres nuestro camino, nuestra última verdad, y en ti confiamos. Amén.

Cuautitlán Izcalli, viernes, 15 noviembre 2024.

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