sábado, 16 de noviembre de 2024

2007. Viuda de dos moneditas - Coplillas e un Juglar del Evangelio)

 

952. Viuda de dos moneditas

Coplillas e un Juglar del Evangelio)



 

Lo más bello que existe, porque Dios nos lo ha dado, es el corazón. El papa nos acaba de recordar en esta su bella encíclica del 24 de octubre, Dilexit nos, que acaso nos “falta corazón”.

“En este mundo líquido es necesario hablar nuevamente del corazón, apuntar hacia allí donde cada persona, de toda clase y condición, hace su síntesis; allí donde los seres concretos tienen la fuente y la raíz de todas sus demás potencias, convicciones, pasiones, elecciones. Pero nos movemos en sociedades de consumidores seriales que viven al día y dominados por los ritmos y ruidos de la tecnología, sin mucha paciencia para hacer los procesos que la interioridad requiere. En la sociedad actual el ser humano «corre el riesgo de perder su centro, el centro de sí mismo». [Juan Pablo II, 2/VII/2000] «El hombre contemporáneo se encuentra a menudo trastornado, dividido, casi privado de un principio interior que genere unidad y armonía en su ser y en su obrar. Modelos de comportamiento bastante difundidos, por desgracia, exasperan su dimensión racional-tecnológica o, al contrario, su dimensión instintiva». [Juan Pablo II, 8/VI,1994] Falta corazón” (Dilexit nos, 9).

Jesús, lleno de emoción, nos ha revelado:

Llamando a sus discípulos, les dijo: «En verdad os digo que esta viuda pobre ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobra, pero esta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir» (Mc 12,43-44).

Al aire del Evangelio séanos permitido hacer otra reflexión: Esta viuda de las dos moneditas es signo de la Iglesia.

 


Viuda de dos moneditas

es la Iglesia que yo sueño,

que no tenga más riqueza

que la que tiene su Dueño.

 

Era humilde y pobrecilla

aquella mujer del Templo,

y quería como fuera

hacer a Dios un obsequio.

 

Los ricos echaban mucho,

muy ufanos y contentos,

y se veía que echaban

orgullosos con su ejemplo.

 

Pero aquella mujercita,

una cualquiera del pueblo,

no tenía en sus bolsillos

más que dos centavos sueltos.

 

Es lo que tengo y lo doy

para mi Dios verdadero,

no me importa lo que hagan

los sacerdotes, sus siervos.

 

Yo lo regalo a mi Dios,

que merece cuanto tengo,

tú sabes con cuanto amor

y ¡qué contenta me quedo!

 

Tú eres mi Dios y Señor,

todos los días te rezo,

tú me das todos los bienes

y con amor los presento.

 

Soy pobrecita y no sé

decirte cuanto te quiero;

toma estas dos moneditas,

que sepas que no te miento.

 

No sabía la mujer

que Jesús la estaba viendo,

no sabía que de gozo

Jesús lloraba por dentro.

 

Esa es mi Iglesia decía

Jesús en sus pensamientos,

toda pobre cual mi madre,

bella y pura en sus anhelos.

 

Jesús hacía oración

cuando pasó lo que cuento

y al Padre daba las Gracias

por este milagro bello.

 

Gracias por revelar

a los pobres tus misterios,

que nunca le ha de faltar

de tus arcas el sustento.

 

La Iglesia que he anunciado

como flor del Evangelio,

en las Bienaventuranzas,

en esta mujer la veo.

 

Iglesia sin propiedades,

que no es dueña de un imperio,

sin títulos ni políticas,

sin monumentos ni cetros

 

Familia de Dios, familia,

hermanos de Sangre y Fuego,

el servicio y la confianza

serán legítimo sello.

 

Iglesia nacida un día

de aquel corazón abierto,

que derramó sangre y agua,

las dos monedas del pecho.

 

Jesús dio cuanto tenía

todo el amor de su seno,

todo su amor sin retorno

con un abrazo y un beso.

 

Bendita, humilde mujer,

que vives en mi recuerdo,

y hoy gozas con tu señor,

a ti mis flores y versos.

 

¡Salve, Iglesia venerada

cual mensajera del Reino,

seremos como familia

hermanos y misioneros! Amén


 

Cuautitlán Izcalli, martes semana XXXII B,

12 noviembre 2024

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