1997. Dom XXIV B – Jesús se declara como el Mesías crucificado
Jesús se declara como el Mesías crucificado
Mc 8,27-35
Texto:
27 Jesús y sus discípulos se dirigieron a las aldeas
de Cesarea de Filipo; por el camino preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la
gente que soy yo?». 28Ellos le contestaron:
«Unos, Juan el Bautista; otros, Elías, y otros, uno de los profetas».29Él les preguntó: «Y
vosotros, ¿quién decís que soy?». Tomando la palabra Pedro le dijo: «Tú eres el
Mesías».
30Y les conminó a que no hablaran a nadie acerca de
esto.31Y empezó a instruirlos: «El Hijo
del hombre tiene que padecer mucho, ser reprobado por los ancianos, sumos
sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar a los tres días».32Se lo explicaba con toda claridad.
Entonces Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo.33Pero él se volvió y, mirando a los
discípulos, increpó a Pedro: «¡Ponte detrás de mí, Satanás! ¡Tú piensas como
los hombres, no como Dios!».
34Y llamando a la gente y a sus discípulos les dijo: «Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga. 35Porque, quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará.
Hermanos:
1. Esta página del Evangelio es muy consoladora;
es un regalo que nos viene del cielo. Pedro ha hablado, pero Jesús le dirá,
según nos cuenta otro evangelista, san Mateo, que eso que acaba de decir no se
lo ha inventado él, y no se lo ha dio nadie, nos e lo ha dictado ningún
maestro, no lo ha aprendido en ninguna universidad; se lo ha revelado
directamente “mi Padre”, que está en el cielo.
Pero, al mismo
tiempo es un Evangelio explosivo, porque a ese Pedro, que acaba de hablar
inspirado por Dios, Jesús le va a decir: Apártate de mí, Satanás. Porque ese
consejo que me acabas de dar no viene de Dios, sino del demonio…
Tenemos que analizar al detalle estas dos cosas, porque ocurre que el asunto no termina en Pedro, sino que Jesús se dirige a toda la gente y sus palabras llegan hasta nosotros.
2. Lo primero de todo, se siente Mesías y se
declara como Mesías ante sus discípulos. ¿Quién dice la gente que soy yo y
quién decís vosotros? La gente tiene muchas opiniones sobre Jesús.
Jesús puede ser
un iluso, bien o mal intencionado. Los ha habido personajes de estos en la
historia, fundadores de sectas religiosas.
Acaso sea un
endemoniado, que tiene pacto con el demonio. Cuando expulsó a un demonio, los
fariseos decían : Este expulsa los demonios con el poder de Belzebú, príncipe
de los demonios» (Mt 12,24).
Pero quizás la
opinión más extendida era la opinión favorable:
Unos, Juan el Bautista; otros,
Elías, y otros, uno de los profetas». Otros pensaban que era Jeremías o uno
de los antiguos profetas. Herodes tenía su opinión, según cuenta san Marcos:
“Herodes… decía: «Es Juan, a quien yo decapité, que ha resucitado» (Mc 6,16).
¿Quién es
realmente Jesús? Pedro confiesa: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo” (Mt
16,16). Cuando la multiplicación de los panes, según san Juan, Pedro confiesa:
«Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros
creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios» (Jn 6,68-69).
Los apóstoles
han aceptado a Jesús como a enviado de Dios, pero esa fe se irça desarrollando
más y más. Cuando la resurrección de Jesús, el Evangelio de san Juan anota:
“Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al
sepulcro; vio y creyó. Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura:
que él había de resucitar de entre los muertos” (Jn 20,8-9). Ni Pedro ni Juan
con toda la fe que tenían habían llegado a comprender las Escrituras: que Jesús
tenía que resucitar de entre los muertos.
Ni Pedro ni Juan
habían entendido lo que dice el profeta Isaías que hoy hemso leído en unos de
los Cánticos del Siervo de Yahveh: Ofrecí la espalda a los que me golpeaban, |
las mejillas a los que mesaban mi barba; | no escondí el rostro ante ultrajes y
salivazos (Is 50,6).
3. Hermanos, la
verdad más distintiva de neustar fe es es: que Jesús Hombre es el verdadero
Hijo de Dios. Esta es la que sustenta todas las demás. Esta es una verdad que
no se la podemos imponer a nadie; pero, como digo,e s la verdad que sustenta
todas las demás. Por ejemplo, nosotros defendemos que el matrimonio hecho ante
Dios es indisoluble, y que lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre.
Esto lo decimos porque lo ha dicho Jesús, el Hijo de Dios. Pero, si uno no cree
la divinidad de Jesucristo, puede pensar perfectamente: El matrimonio es un
contrato que lo hemos hecho los hombres, y, si no funciona, por la razón que
sea, lo mismo que lo hemos hecho, lo podemos deshacer. Un pensador puede pensar
así.
4. Pero sigamos
reflexionando sobre las palabras mismas del Evangelio. Jesús es proclamado,
confesado, como el Mesías, el Mesías de Dios. Y ahora el mismo Jesús comienza a
explicar cómo va a ser este Mesías. Va a ser rechazado por las autoridades
religiosa y hasta a ser muerto. Entonces Pedro, con la mejor intención, se lo
lleva aparte para darle un buen consejo: De eso, ni hablar; eso no puede ser
así. Estás muy equivocado si piensas así; eso no puede suceder.
¿Y qué le dice
Jesús, que ahce un momento le acaba de bendecir por la revelación que ha
recibido? Jesús ls dice: Apártate de mí, Satanás, Tentador. Tú no entindes los
pensamientos de Dios, piensas como los hombres, cuando se dejan guiar por los
pensamientos del demonio. Los hombres, a nada que nos descuidemos, desbarramos
y pensamos en nuestro triunfo y gloria, en nuestra vanidad, como si eso fuere
el querer de Dios, la gloria de Dios.
Pero Dios piensa
de modo distinto. Ya hacía siglo que lo había dicho Isaías, cuando presentaba
al Siervo sufriente como verdadero Redentor.
5. Pero ahora
viene la aplicación a nosotros mismos, que Jesús anuncia: 34Y llamando a la gente y a sus
discípulos les dijo: «Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí
mismo, tome su cruz y me siga. 35Porque, quien quiera
salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el
Evangelio, la salvará.
Hermanos,
esta es nuestra fe y no la podemos falsificar. La redención se hizo a través de
la cruz, y se sigue haciendo a través de la cruz. Cada unod e los cristianos
tiene lo que Jesús llama “su cruz”, que nos viene o de la maladad de los otros,
o de neustras limitaciones y errores, porque tal es la condiciones humana, o de
la misma naturaleza sin que nadie sea culpable. El que quiera ser discípulo,
que cargue con la Cruz, y que siga a Jesús.
Hermanos, este es el Evangelio de hoy. Hay otras cosas miu importantes, que no las hemo explicados. Y les conminó a que no hablaran a nadie acerca de esto. Las cosas de Dios nos las ha de decir Dios. Son un tesoro de amor; no son una mercancía para llevar al mercado o a la feria. Si somos amigos de Dios, si entramos en la intimidad de Dios. El Dios del cielo nos ha de ir manifestando íntimamente, en el silencio de la oración, su propia intimidad y lo que él quiere de nuestra vida.
Concluyamos
mirando a Jesús.
Señor Jesús tú era el Hijo de Dios, tú eres la revelación de Dios y el Dueño de mi vida. Haz que siempre cumpla tu santa voluntad, que en ella está la verdadera felicidad, de mi vida y de todos los hombres. Amén.
Cuautitlán
Izcalli, viernes 13 septiembre 2024.
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